LA SEMANA SANTA EN EZCARAY

La Semana Santa en Ezcaray tenía de especial el fervor, las procesiones, Las Aleluyas y el pan de La Soledad.

El fervor era colectivo, no individual, quiero decir que era contagioso. Sentías una emoción especial porque todo estaba organizado para que así fuese. Las autoridades aparecían juntas y en primera fila de los diferentes actos. Desde la capilla de los chicos nos daban las horas y éramos testigos de excepción de todo lo que acontecía en la iglesia. A los ...

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Esperanza

Esperanza dijo

Querido Javier, Qué sorpresa al encontrarme tu comentario en el ese blog sin organizar, como banco de pruebas, que no he tocado hace meses, pero que sí, que voy a empezar, porque en algún ricón tenemos que guardar esas pequeñas cosas... :las mías van ser mis lecturas, en fin, como decía Cernuda (o Heráclito), carácter es destino, y eso ha sido mi vida, aunque haya que seguir nadando contracorriente.
No creo haber perdido memoria, pero la tengo censurada, en esto igual Freud tenía razón..., y lo que escribes la abre.
Yo también voy poco a Ezcaray, pero qué bien me siento en el monte....
Si nos vemos, creo yo que nos reconoceremos enseguida; hemos tenido que coincidir en la infancia o en la adolescencia. Claro que me fui muy pronto, pero hasta los 17 ó 18 pasé los veranos siempre.
Conservo pocas amistades, por eso, porque no voy, las circunstancias de los que hemos emigrado, pero tengo una relación muy especial, realmente un puntal que mantiene vículos afectivos antiguos en un muy rico presente, con Marisita Paniego. Los dichos, las frases, los recuerdos (su madre, Marisa, es una mina de maravillas cuando cuenta y recuerda, aderezadas, como su cocina, con un sentido del humor muy inteligente), vuelven frescos.
Otra cosa: Mi hermana me dice que tiene una foto de la casa de la Cirila, bueno, a ver si te la manda. No me acordaba del nombre, pero la recuerdo allí, desbordando de carne aquella ventanita. Y yo todavía hago torrijas, y antes buñuelos en semana santa, y me gusta el zurracapote: estaba rico, ¿verdad? Lo que recuerdo como un mal, y que me daba vergüenza, es el ritos del vía cruci, porque mi padre nos obligaba a ir cuando ya éramos adolescentes, y jorobaba mucho aquella procesión matinal entre mayores, y sobre todo porque ya muy crítica entonces, y muy de concilio. Las aleluyas sí. Me hubiera gustado que fuera mi hija. Mi hija no tiene esa raíz, y me gustaría que heradara algo, me va resultar difícil. Por cierto, estudia en Barcelona.
En fin, Javier, vayan estas palabras atropelladas.Y mi cariño.
Y hablaremos de literatura. Me ha gustado mucho este oficio nuestro, lo he pasado bomba, pero no sabes hasta qué punto me hace sufrir la parte funcionarial, la desidia, el aburrimiento de claustros y demás... No me puedo permitir dejarlo, como todos, pero me gustaría hacer otras cosas...

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Sobre este blog

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SIENTO EZCARAY

Mi nombre es Javier. Nací, claro, en Ezcaray. La nostalgia me trae, a veces, estos recuerdos.

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