EL PUENTE DE MI ALDEA

SECCIÓN: TIEMPOS DE CAMBIO

 

Debe de ser la nostalgia, pero echo de menos el viejo puente de mi aldea. Ése que gritaba con un chirrido de mil demonios al girar sus viejas barras oxidadas. Ése en el que una amiga me hizo una foto con la bici de mi hermano y con las montañas al fondo. Hace ya unos años se lo llevó la corriente. Tiene gracia: un río que todos los veranos se seca cuando llega el tiempo de las lluvias se desborda y arrastra con su fuerza un puente, el puente de mi infancia.

Dicen que la patria de uno es allí donde pasó su infancia y su juventud. Y todos los veranos iba allí. Me gustaba sentarme en el centro del puente, tenía la sensación de estar flotando sobre el agua. Me gustaba oír el ruido de la corriente, cerrar los ojos y escuchar su música. El sonido del agua se mezclaba a veces con el de los pájaros, sobre todo por las mañanas. También me gustaba ver las piedras de todos los colores del fondo y los peces que a veces, cada vez en menor medida, se veían en el fondo.

Recuerdo el color naranja de esas barras, el musgo junto a mis pies y la sensación de inmensa paz que me llenaba en esas largas horas sentado en su borde. El tiempo se congelaba y yo veía avanzar al sol en el cielo, desplazándose poco a poco sobre mi cabeza. A veces me entretenía mirando las nubes de ese cielo tan azul, adivinando las formas que iban adquiriendo al moverse. Cuando te sentabas en ese puente todas las montañas te rodeaban, te transmitían su energía. Supongo que esperaba una respuesta a mis preguntas, una respuesta a todas esas cosas que por aquellos años aún no entendía.

Me parecía un milagro disfrutar de esa sensación de inmensidad, plenitud y belleza absoluta. Creo que fui un privilegiado por haber podido disfrutar de todo eso. Ahí estaba la felicidad.

Luego construyeron otro más moderno, más grande, con grandes barras de acero que no se giran. Me siento en este nuevo puente pero ya no es lo mismo, pues recuerdo ese otro viejo puente de cemento en el que pase los mejores momentos de mi vida. Recuerdo que para mí era mucho más que un puente que atraviesa un río la mayor parte del año seco. Su centro me unía a las dos orillas.

 

Este artículo tamién puede enocntrarse en www.paginadenausicaa.com

 

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Sobre este blog

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Tiempos de cambio

Óscar Garrido García (Logroño, 1977).
Es poeta, licenciado en Humanidades por la Universidad de la Rioja (2001) y Máster en Didáctica para Profesores de Lengua y Cultura Españolas en Centros Educativos Extranjeros (2006).

Ha publicado el poemario Martillos de silencio (Nausicaa , 2005) y relatos en libros recopilatorios como Cosas de niños (Ayuntamiento de Logroño, 2003) y Una palabra en la recámara (Ayuntamiento de Logroño, 2004). Asimismo ha colaborado en la revista literaria Portales y en las web de crítica política y opinión Veredas y Represión en la Rioja durante la Guerra Civil

Además ha sido colaborador del diario independiente Noticias de La Rioja donde ha publicado artículos de opinión, tribunas y reseñas literarias.

Correo electrónico: oscargarridogarcia77@yahoo.es

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