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SECCIÓN: TIEMPOS DE CAMBIO

Aviso previo: Lo siento, voy a hacerme la victima, va en el lote y es una de mis especialidades, a quien no le mole esa actitud puede dejar de leer.

Hoy cumplo treinta años. Fue un 31 de octubre (en el 31 la lista, tan cerca y tan lejos…), hasta la fecha era premonitoria de la tristeza de fondo por la que iba a discurrir mi vida. Han sido treinta años de derrotas; treinta años de trenes perdidos, de sueños rotos, luchas, dolor, poesía y mucha (demasiada) TV.

Haré un inventario de golpes, dolores y lesiones musculares. Empezaré desde abajo e iré ascendiendo: plantas de los pies (fascias plantares), talones, tobillos, soleo, rodillas, lumbares, cervicales, pecho, hombros, cuello, etc. Podemos añadir a todo ello una mala postura al andar, una visita al podólogo infinitamente postergada porque tiene el mismo horario de trabajo que yo y vive en otra localidad, unos pies y unas piernas prematuramente envejecidos, etc. Casi no hay un músculo o parte de mi cuerpo que no me duela o haya dolido en el pasado más reciente. He postergado mis sueños por un salario ínfimo. A algunos nos abandonaron durantes largos periodos de tiempo (varios meses) las musas por el camino; se perdieron los versos entre el cubo de la fregona y las pelusas de las mopas. Ni un solo día he dejado de estar al pie del cañón, en primera línea de batalla. En esta última etapa de mi vida he seguido buscando de forma estéril esa seguridad que me inculcaron desde pequeño que debía de buscar. Llegados hasta aquí es necesario preguntarse si ha merecido la pena. Como dice Egea “hoy es preciso un alto en la derrota”. Es una autentica rabia no recordar del todo bien esas ideas.

Y la respuesta es sí. “Náufragos del tiempo” y “Como de nadie” nacieron entre horas ganadas a estaciones y andenes. Entre el dolor y el hastío recuerdo aún algunas preguntas sobre fechas no del todo olvidadas, esas que me hizo cuando era pequeño otra persona que se me parecía mucho; recuerdo también aquel abrazo del pequeñazo este verano, el guiño del compañero cuando sólo la inercia de seguir adelante, sin nadie por delante, daba fuerzas en la batalla, también puedo recordar aquella otra caricia en la mejilla, su mano, la mirada temblorosa, los saltos de una piedra a otra remontando el río sin tocar el agua, las vistas desde la chuma, los poemas que he leído esta mañana, el bosque y la montaña. Algo ahí y algo queda de todo ello. Sería muy largo explicarlo.

Hablaba de la tristeza. Muchos años he reflexionado acerca de este sentimiento. También sobre la voluntad y el deseo y sobre la envidia y la pena, pero eso lo dejaré para otros momentos. El otro día mientras transportaba la maleta por el Paseo de la Florida vinieron a mi mente algunos de esos pensamientos, recordé algunas de esas ideas. Comencé recordando las palabras de una mujer que me decía hace muchos años algo parecido a esto: “las canciones más bellas son también las más tristes”. Si tenemos en cuenta esto parece que existe una relación entre tristeza y belleza. Creo recordar que ella desconocía el porqué de esto, como otro amigo decía desconocer (no creo que en realidad lo desconozca pues detrás de su máscara de gamberro se oculta una persona muy intuitiva y “mundológica”) el enigma insondable que escondía el deseo de muchas mujeres por lo que él llamaba cuatreros. Una de las razones es la necesidad de sentir y de sentir el dolor y todas las sensaciones posibles y extremas, de sentirse vivo/a, lo cual nos lleva a su vez a la estrecha relación que existe entre amor y muerte, a ese momento en el que ya no se ve el deseo en la mirada sino cada vez de forma más clara la muerte, la mirada de la muerte. Ahí llegaré por otro camino, que conectará el primer discurso con éste, pero me estoy desviando del tema principal. ¿Por qué vemos belleza en algo triste? Es algo muy complejo sólo en apariencia simple pero intentaré explicarlo.

La tristeza es un sentimiento que nos acerca a lo que nos rodea y también al otro y al amor. Por ejemplo al escuchar una melodía triste esa música conecta instantáneamente con lo más profundo de nuestro ser, nos conmueve, nos hace reflexionar, lo identificamos como propio al sentir que esa melodía nos conecta con la tristeza de fondo que existe en la propia vida, por eso creo que en parte le prestamos atención de un modo similar a aquel con el contemplamos la belleza. La belleza nos atrae y también nos atrae la tristeza, se trata de un instinto en cierto modo relacionado con la muerte. En ocasiones este instinto puede llegar a tener algo de macabro y siniestro. A la vez la tristeza está muy relacionada con la compasión y es cierto que hay personas con una mayor predisposición a sentirse conmovidas por algo triste, como en todo no puede generalizarse.

En mi caso al vislumbrar tras otros unos ojos la tristeza empiezo a sentir amor, o desde luego y ala menos una empatía que lo preludia, de forma casi inmediata, me siento identificado con esa tristeza, me uno a la otra persona en su sentimiento. Siempre que he sentido amor ha sido porque he visto la tristeza en la mirada de esa mujer. Todas eran muy diferentes pero les unía esa tristeza en la mirada. Es tanta la información que puede leerse en cada mirada… Es tanta que a veces asusta.

Pero la tristeza va mucho más allá. Mientras arrastraba la maleta pensaba en lo tristes que somos, en lo triste que es el mundo, la tristeza que anida en el fondo de las cosas, creo que esa tristeza tiene que ver con nuestros deseos de un mundo no atado ni a las necesidades ni a los intereses; esas mismas necesidades e intereses que instintivamente intentamos cubrir a lo largo de la vida. Ese choque entre el deseo de un mundo ideal no ligado a necesidades y deseos y una realidad que nos ata a ellos unido al descubrimiento paulatino de los mecanismos que articulan las relaciones humanas y sociales y el interés y la necesidad que subyace en la base de ellos son, al menos personalmente, una de las principales razones por las que siento esa tristeza en el comienzo de la “madurez” de mi vida, una tristeza muy unida por cierto a la desilusión, etc. Creo que desde niños hay personas que tenemos esa predisposición ala melancolía y la tristeza, con la madurez esa tristeza se va reafirmando con la intuición de ideas y realidades como las que he expuesto anteriormente.

Esa tristeza recorre de parte a parte mi vida, parece que no hay salida, pues por un lado siento asco por lo tristes que somos, en el sentido de miserables, y por otro me recreo y en cierto modo me deleito en ese sentimiento de tristeza como ya he dejado ver anteriormente. Pero sí hay una salida; en este contexto sentimental pueden apreciarse mejor y en toda su dimensión actos generosos como los de Enrique o los de otra persona cuyo nombre también empieza por E. No diré aquí el nombre, como dice Benjamín Prado en su texto sobre Egea: “No todavía.” Nota: El texto al que me refiero se titula “Todo lo que digo cuando digo Javier Egea” y aparece recogido en la antología del poeta granadino titulada a su vez “Contra la soledad”, publicada en Barcelona por la editorial DVD en el año 2002.

Hay personas que pueden decir que existe una contradicción entre mis palabras y el poema “Ley de vida” que colgaré más adelante, les diré que todos tenemos diferentes estados de ánimo en los que se ven de maneras diferentes las mismas cosas o cosas similares. También puedo decirles que soy un impostor, pero eso puede decirse siempre y no vale…

Es todo tan largo de explicar. Por eso os dejo con tres poemas. Soy el autor del primero. Se titula “Ley de vida”. Es un poema que pertenece a un poemario inacabado titulado “Náufragos del tiempo” que estoy ultimando con mi compañero poeta José Ignacio. El poema también está inacabado. Lo cuelgo tal y como lo dejé el 3 de octubre de este año con la música del adagio de la quinta sinfonía de Bruckner de fondo. Tengo anotaciones escritas con el bolígrafo que no sé aún si incluiré en el poema. Los primeros apuntes (los primeros versos y el final) de este poema se remontan a finales del año 2004 o al año 2005. Los otros dos poemas pertenecen al poemario de Carmen Beltrán titulado “Pecado original”, Logroño: 4 de agosto, 2007. Leí este poemario por primera vez el sábado pasado, fue la propia autora quien me lo regalo. Nada más escuchar “Los hombros de los gigantes” sentí que estaba ante un gran poema, un “peazo” poema. No me gustan los cuatro últimos versos por varios motivos, pero aún así opino que estamos ante un poema redondo, un poema de madurez y con un peso especifico. Después os colgaré otro poema de “la tomatera”, se titula “Lo que no somos” (Carmen, siempre he pensado esto: el amor está en la renuncia) y ahora que lo pienso también el que le dediqué a ella hace años, “Almacenes de cariño”, con el cual le respondí en la velada poética del sábado pasado (tranqui kb que no te la levanto, jeje), y otro en el que hablo del pecado original y que también escribí hace años dedicado a mi amigo Luís Ángel, el pianista en el océano, aquel que ahora está tan lejos y al que tanto se le echa de menos… Deseo hacer otro aviso previo, en el poema “Ley de vida” también me hago la victima.

Os dejo en buena compañía, que hablen ahora los versos.

Estrenemos con ella estas primeras horas de treinteañero.

Óscar Garrido García, en Alfaro a 31 de octubre del año 2007.

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

oscargarridogarcia77 dijo

Las sangrías no están colocadas correctamente y me es imposible añadir una línea en blanco entre cada párrafo. Tengo muchas cosas que hacer, así es que voy colgando todo sin preocuparme de la forma en la que vaya a quedar. Este editor de textos del blog mes está volviendo loco entre borradores y follones similares.

Sandra

Sandra dijo

Y para cuándo y donde ese libro junto a José Ignacio?

oscargarridogarcia77 dijo

Hola Sandra, gracias por tu mensaje y por tu interés.

Son buenas preguntas.

La verdad es que desconozco el lugar en el que saldrá, es lo que tiene bogar sin rumbo, jeje, Sé que va a ser en Internet, aún no sabemos donde.

El cuando depende del impresentable que escribe estas líneas.
Tengo que pedir mil veces perdón a José Ignacio, pues he ido postergando indefinidamente la conclusión de algún poema, por ejemplo "Ley de vida".

Antes ordenamos los poemas, fue bastante costoso, además nos podía el hambre de partidas de ajedrez, y tal...

De todos modos creo que este tiempo ha venido bien para dejar al proyecto madurar, que tuviese cierto poso antes de darlo a conocer aunque esta casi cerrado desde hace meses. José Ignacio creo que va cambiar algún poema. Dejar pasar un poco de tiempo sé que va a enriquecer y consolidar el poemario.

No tenemos prisa. Siempre me ha gustado el número siete, pero si tiene que aparecer el año que viene no pasará nada.

Muchas gracias de nuevo.
Un abrazo.
Óscar.

---Fue a las ocho y media, para esa hora ya estábamos dando guerra...

k

k dijo

Marica.

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Sobre este blog

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Tiempos de cambio

Óscar Garrido García (Logroño, 1977).
Es poeta, licenciado en Humanidades por la Universidad de la Rioja (2001) y Máster en Didáctica para Profesores de Lengua y Cultura Españolas en Centros Educativos Extranjeros (2006).

Ha publicado el poemario Martillos de silencio (Nausicaa , 2005) y relatos en libros recopilatorios como Cosas de niños (Ayuntamiento de Logroño, 2003) y Una palabra en la recámara (Ayuntamiento de Logroño, 2004). Asimismo ha colaborado en la revista literaria Portales y en las web de crítica política y opinión Veredas y Represión en la Rioja durante la Guerra Civil

Además ha sido colaborador del diario independiente Noticias de La Rioja donde ha publicado artículos de opinión, tribunas y reseñas literarias.

Correo electrónico: oscargarridogarcia77@yahoo.es

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