Blog de política, poesía y otras cuestiones
13 Abr 2008
MIRADAS
SECCIONES: POÉTICA Y DELIRIOS PERSONALES
Hace tiempo que abandoné el refugio del cómodo interior y me lancé a la aventura de escrutar las miradas de los rostros ajenos. Esta apasionante experiencia a la que me entregué desde muy joven me permitió adivinar todo tipo de emociones y sentimientos que se dibujaban en las pupilas y los semblantes ajenos. Esas miradas delataban comprensión, ternura, cariño, bondad, desesperación, perversidad, dolor, tristeza, maldad, alegría, expectación, felicidad, entusiasmo...
Recuerdo que fue mucho antes de que aquella profesora nos lo dijera. Ella sólo expresó aquello que ya había experimentado, aquello a lo que aún no le había puesto palabras, que sólo había intuido. Decía que éramos muy jóvenes para ver más allá de nuestro propio interior que crecía y que aún estábamos formando y configurando. Nos comentaba que el sentido dotado de una mayor profundidad era el de la vista, pero que aún no estábamos preparados para ver lo que había fuera de nosotros mismos. Recuerdo su voz aterciopelada y su mirada al decir esas palabras, su gesto y la posición de su cuerpo. En un solo segundo podía pasar de la mirada más dulce a la más implacable, de la voz más dulce a la más dura e inquebrantable. Detrás de esa ficción de poder había fragilidad y bondad, comprensión y ternura: la lágrima siempre presta a asomar en sus ojos. Esa ternura solía quedar oculta por un sentido del humor inquebrantable con el que siempre era capaz de reírse del mundo y en primer lugar de ella misma.
También recuerdo que pude adivinar en otros rostros maduros esa tristeza que en el fondo lo llenaba todo. Me hablaban de alguna oportunidad perdida, de algún dolor pasado, de alguna herida no cerrada del todo... Miraba emocionado aquellas miradas que aún no habían perdido del todo el brillo de sus ojos.
Poco a poco aprendí yo también a dirigir la mirada, a lanzarla hacia delante atravesando cuerpos y otras pupilas. Me divertía ver cómo otros se inquietaban al ser atravesados por mi mirada y entre "no me mires así" y lágrimas sobre el sofá fui coleccionando bonitos recuerdos, relatos y poesías. Otras veces llenaba las pupilas de paz y tranquilidad o de ilusión y entusiasmo. Me gustaba ver cómo la tranquilidad se transmitía, contribuyendo a generar ese clima tan placentero, o cómo se contagiaba el entusiasmo, pudiendo levantar el ánimo hasta del más alejado de la sonrisa.
Fui perfeccionando la técnica, era capaz de sentir mi propia mirada y su eficacia al ser proyectada a través de la reacción que se producía en el otro e incluso sin este efecto retroproyectivo. Asimismo percibía cómo otros comprendían que había leído y entendido las suyas.
Al principio resultaba una gran suerte poder saber lo que pasaba en el interior de esas personas, pero con el tiempo se volvió algo inquietante. Me empezaba a no gustar tanto la idea de comprender muchas de las cosas que veía en esas miradas. Un día al traspasar una puerta el aire se volvió denso y pesado, me oprimía hacia el suelo, parecía como si el tiempo se hubiese suspendido y una tristeza absoluta lo llenase todo. El mundo de colores se transformó en otro blanco y negro.
Ahora sólo espero no tener que esquivar mis propios ojos algún día.
Artículo publicado en el diario independiente "Noticias de la Rioja" el domingo 8 de mayo del año 2005. Este artículo también apareció en Nausicaa.
LOLA
En un primer momento, cuando leí la noticia, precisamente en el "Noticias de la Rioja" que habían traído a casa, no podía creerlo. Lola, una de las mejoras profesoras que había conocido, había muerto. No pude evitar las lágrimas hasta la hora de cenar.
Recuerdo que corría el año 2002, qué tiempos aquellos, y estaba haciendo un curso de guía turístico en la escuela de turismo de Logroño. Uno de los módulos, precisamente el de técnicas de comunicación, lo impartía Lola. Recuerdo que conocer a aquella mujer me dejó impresionado, conmocionado e impactado, mejor dicho, nos dejó impresionados a Isabel y a mí, para nosotros un ángel de voz grave. Personalmente me dejó marcado, pues muchas de sus ideas las hice mías, más aún al ser cotejadas y contrastadas a lo largo de los años en y con la realidad. Recuerdo que al acabar las clases con ella le preguntamos si podíamos ir a algún otro curso que ella impartiese, pues en muy pocas horas habíamos aprendido muchísimo. En cierto modo el recuerdo de algunas de sus palabras ha guiado mi vida.
Nos hablaba de los cursos que impartía en toda España y más allá de nuestras fronteras, a importantes políticos y empresarios.
Ella nos enseñaba cómo hablar en público sin ponernos nerviosos, cómo proyectar la voz, nos decía que lo realmente importante era tener seguridad en uno mismo y tener algo realmente interesante que decir, dominar el tema del que íbamos a hablar. Nos explicaba que la posición más expuesta para hablar en público era estar de pie ante un auditorio, detrás de una mesa se sentía más seguridad.
Pero ella, con su voz de radio, profunda y llena de matices nos enseñó cosas mucho más importantes. Nos enseñó que a cierta edad las personas aún no están preparadas para mirar al exterior, en cierto modo sólo ven dentro de su mundo y de sí mismos, ese interior que en la juventud vamos construyendo a marchas forzadas. Sólo a una cierta edad, al menos la mayor parte de las personas, empezamos a ver en profundidad a través de los ojos del otro. El sentido más profundo, con una mayor capacidad de penetración, nos decía, es la vista.
Yo miraba a sus ojos y veía detrás de esa fuerza, seguridad y sentido del humor mucha tristeza, una tristeza infinita. Creo que esa tristeza provenía de la profunda comprensión de los mecanismos que rigen el mundo y la vida y que sólo una mente privilegiada como la suya era capaz de entender en toda su dimensión y tragedia.
Aquella mujer era fuerte y al mismo tiempo frágil y sensible en su interior, seguía estando expuesta a las emociones y a la vida, desde luego desde otra perspectiva. Aquella mujer era firme pero a la vez solía rodearse con un sentido del humor "de pinta y colorea". Era capaz de modular la voz como he conocido a pocos personas, capaz de expresar las más profundas emociones. Era una mujer brillante, luchadora y comprometida. Pero por encima de todo lo que más destacaba en ella era su integridad, su inquebrantable posición ética, su compromiso lleno de rebeldía, un compromiso con la realidad de fondo, la que está detrás de los lazos de color rosa y las luces de neón, un compromiso con sus propias convicciones e ideas, más allá de la apariencia y la superficie.
En su constante análisis del lenguaje y de lo que se oculta tras él había percibido la deshumanización del hombre en su permanente suicidio egoísta, manifestado en lo poco que en el fondo nos importa el otro. Nos llamaba la atención acerca de la expresión "gente", empleada por casi todas las personas para referirse al resto de los hombres. Sí "gente", esa masa informe y gris, el otro, el competidor, tal vez el enemigo. El inconsciente también estaba presente en el lenguaje. Nos venía a decir que anduviéramos con ojo cuando alguien emplease esa expresión, pues detrás de sus palabras políticamente correctas no siempre había lo que parecía. Para ella existían las personas, a las cuales trataba siempre con respeto. Todavía recuerdo su enfado por no terminar de ponernos de acuerdo y de una forma rápida para pagar unos cafés, nos decía: "hace años esto no pasaba".
Precisamente entonces, tomando un café en la pausa de un viaje, nos comentaba que en aquellos tiempos proliferaban las noticias de sucesos en los informativos. Si se informa mayoritariamente de ese tipo de noticias no se informa con tanta extensión de otras noticias...
Todavía recuerdo muchos de sus consejos personales, sus respuestas: "sigue así, sin querer obtener dinero ni cantidad monetaria alguna de la poesía", este consejo me lo dio años después al reencontrarnos en un curso del CPR, hace muchos años, hablando de las ventaneras y mujeres pizpiretas. Otra respuesta a una pregunta mía: "acercamiento físico progresivo y suerte".
Recuerdo que íbamos en un autobús camino de San Millán de la Cogolla. Lola sorteó un perro de peluche, nos preguntó la diferencia entre "lívido" y "libido", en realidad la respuesta y el regalo en forma de peluche se lo debo a otro gran profesor, el cual nos explicó en sus clases la diferencia. En aquellos días tristes (y los que estaban por venir) aquel perro de peluche fue mi consuelo, lo llamé "Millancito", pues fue cerca de ese monasterio donde di la respuesta. También fue cerca de San Millán, precisamente en ese autobús, donde empecé el poema que le dediqué a ella y a otra mujer. Después entre los muros del monasterio di la forma casi definitiva al poema. Ahora Millancito me observa desde la estantería situada a la derecha del ordenador, donde ha estado siempre, frente a los libros de Nietzsche y Saint Exupéry a los que hace compañía y sirve de contraste, sobre unos cuadernos de notas sin páginas en blanco, justo debajo de la foto de los dos hermanos de cinco años con el oso de peluche.
Se nos ha muerto Lola. Nada ni nadie podrá hacer que eso cambie. Para quienes la conocimos es una perdida y irreparable.
Hace años le dediqué un poema, no sé que más dedicarle, si acaso las tres clases del viernes, las tres clases con los tres terceros. Después de escribir estas líneas he recordado que hace años escribí un artículo titulado "Máscaras". Lo he leído después de varios años y he vuelto a llorar. Nunca me olvidaré de ti Lola, nunca, de eso puedes estar segura.
NI UN PASO ATRÁS
Y juré no dar
un solo paso atrás
en la vida,
ser yo mismo,
atreverme a ser
lo que siempre he sido,
en los errores reincidente:
ser pasado y estar presente,
ser futuro y vivir ausente.
04 Abr 2008
VA POR TI
(SECCIÓN: TIEMPOS DE CAMBIO)
Lo recuerdo perfectamente, pues largo ha sido el camino y ancho es el recuerdo. Tendríamos unos diez años y a mi hermano y a mí nos gustaba jugar a la historia. Nos desafiábamos preguntándonos el uno al otro fechas de todo tipo de acontecimientos históricos: guerras, batallas, paces, periodos históricos, etc... No recuerdo una actividad que despertase mayor pasión en nuestras mentes. Apuntábamos las preguntas y las respuestas en papelitos con bolígrafos de diferentes colores. Era un juego muy divertido. Recuerdo que en COU saqué todo notables menos en una asignatura en la que saqué sobresaliente "Historia del mundo contemporáneo". En la selectividad no me fue mal, un 6,25, aunque sin duda me fue mejor en filosofía, 9,5 y en arte, un 8. Lo primero tiene explicación, fue la única asignatura que estudié a fondo antes de la selectividad, recuerdo a mi abuela viendo como estudiaba en aquellas largas noches, asomándose a la habitación en la aldea. Lo segundo también, tras el suspenso del primer trimestre me tome como un asunto personal superar la dura prueba que planteaba ante mí una profesora exigente, una de las mejores que he tenido. Me sentaba en esa mesa que daba a las montanas y mañana, tarde y noche trabajaba sin descanso haciendo ejercicios de selectividad de arte durante todos los fines de semana. Así fue durante unos cinco o seis meses. No tuve que tocar un libro antes del examen en esa asignatura. La verdad es que en mis inicios no fui un alumno brillante. Suspendía varias asignaturas de forma reiterada, sobre todo matemáticas e inglés. Eso sí, destacaba en ciencias sociales y literatura y en los test de inteligencia me diagnosticaron una memoria importante, fui el segundo de la clase en ese apartado, y ciertas habilidades lingüísticas. Necesite la ayuda de varios profesores particulares para aprobar inglés y matemáticas de 2° de BUP (con la inestimable ayuda del bueno de Santi). Sólo el esfuerzo, el trabajo, el interés y por supuesto la memoria me hicieron situarme en el notable. Fue en COU cuando alcance el nivel máximo de conocimientos. Mi mejora en los resultados académicos se explica porque sentía cómodo y feliz estudiando las asignaturas que me gustaban: historia, arte, latín, filosofía, literatura... Si tuviese que decantarme por sólo tres de ellas no habría dudas a pesar de mi pasión por el arte: literatura, historia y filosofía. Por otra parte en mi mente ya se había formado una red cognitiva, sobre todo lógica e instrumental, capaz de defender y sacar adelante casi cualquier tipo de prueba o examen en el ámbito de los denominados estudios de letras. Después vino la universidad (ni una sola asignatura suspendida en toda la carrera y una media en el expediente de notable) y con ella la lesión y el bueno de Pedro. También vinieron los trabajos sobre mentalidad revolucionaria y difusión de las ideas ilustradas y sobre tantos y tantos temas (Maquiavelo, Hernán Cortes, El pensamiento de Hobbes, Felipe II, El reformismo en tiempos de Carlos II, las revoluciones burguesas, la independencia de Cuba, la orientación ideológica del diario La Rioja durante la primera guerra mundial, la republica de Weimar). Más tarde vino el CAP y los viajes por España en busca de una oportunidad (Zaragoza en el año 2002 y Valladolid en el año 2004, con risas, familia y amigos como música de fondo), las preguntas que teníamos que hacernos para entender la historia, para poder escribirla (¿te acuerdas José Luis? Claro que sí, ¿cómo no ibas a acordarte?), los diez cursos del CPR, el Máster en busca de otra oportunidad en el extranjero al ver que aquí se me negaba. De nuevo conseguí un expediente brillante y los elogios de numerosos profesionales. Son tantas las cosas acaecidas en el transcurso del citado Máster, tantas las personas a las que pude conocer y de las que pude aprender... Pero he de ser breve, no puedo extenderme. Después vino la limpieza de las clases, la oportunidad para el olvido, el maestro Geru, sus lecciones silenciosas y sus gestos de grandeza, los apuntes para "ley de vida" escritos en aquella mesa bajo tierra, nueve páginas y más de cuatro años de trabajo, la lectura de reojo de las pizarras en busca de ideas para un futuro que se dio (Brest Litovsk, Versalles, Locarno...). Aún así no pude aprobar. El listón, como siempre, estaba por las nubes. No tocó el único tema que dominaba plenamente: el debate historiográfico sobre la revolución francesa. Una carambola del destino, tras la que se esconde la lucha de otros para perpetuar su privilegiada situación laboral, y un golpe de suerte enorme van a permitirme trabajar por un breve periodo de tiempo de profesor. Mi sueño desde la infancia está a punto de hacerse realidad. Ya siento la felicidad de quien desea animar y ayudar a despertar conocimientos e inquietudes. Ya siento la satisfacción intelectual de quien desea compartir conocimientos e ideas y debatir con espíritu crítico. Ya siento la felicidad de lo único que puede hacerme feliz en ausencia del amor. Pasaré del grupo E al grupo A sin visitar ni el B, ni el C, ni el D, al avanzar más de 300 puestos tras varios tirones en una lista de la que formo parte desde febrero del año 2004. ¿Quién iba a apostar por ello?, ¿quién lo hubiese hecho? Eso sí que es un salto espectacular. Tomás y Valiente, oí hablar de él primero en la televisión, después vi su nombre en los catálogos y los listados bibliográficos sobre el antiguo régimen y la edad moderna, más tarde en unas hojas camino del sur en un autobús que viajaba en compañía del alba: fue el día de su muerte en un atentado. Algunos todavía lo recuerdan, recuerdan casi todo, la memoria... Ahora hasta los carteles del espejo de la secretaría me reciben como a un hermano, el trabajo abrumador apilado en una mesa, el reencuentro con Chuchi que me devuelve a otros tiempos, otros sueños que eran los mismos junto a la pizarra, sin palabras... A veces te da por pensar que esto del destino existe, otras veces creo que es un juego de la mente que busca coincidencias y puntos de giro. El lunes es mi primer día de clase y ya siento la felicidad. Sé que en ausencia del amor sólo la realización de mi vocación profesional puede hacerme feliz. Ahora que mi sueño está a punto de cumplirse no puedo dejar pensar en mi abuela María, en su apoyo y cariño incondicional, en su apuesta personal y afectiva por mí. Ella estaría orgullosa. Allí donde estés seguro que sonríes al verme feliz. Aquí estoy. Sigo luchando. Esto va por ti.
19 Mar 2008
DA MEDIO PARA AMAR SIN MUCHA PENA
SECCIÓN: PRÉSTAMO INTERBIBLIOTECARIO (TEXTOS AJENOS)
Yo no puedo tenerte ni dejarte,
ni sé por qué, al dejarte o al tenerte,
se encuentra un no sé qué para quererte
y muchos sí sé qué para olvidarte.
Pues ni quieres dejarme ni enmendarte,
yo templaré mi corazón de suerte
que la mitad se incline a aborrecerte
aunque la otra mitad se incline a amarte.
Si ello es fuerza querernos, haya modo
que es morir el estar siempre riñendo:
no se hable más en celo y en sospecha,
y quien da la mitad, no quiera el todo;
y cuando me la estás allá haciendo
sabe que estoy haciendo la deshecha.
Sor Juana Inés de la Cruz, Antología de poesía barroca, biblioteca didáctica Anaya, edición, introducción, notas, comentarios y apéndice de Vicente Tusón, Madrid: ANAYA, 1986, página 178.
14 Nov 2007
Pregúntale, Ana Botella (BENJAMIN PRADO)
SECCIÓN: PRÉSTAMO INTERBIBLIOTECARIO (TEXTOS AJENOS)
Pregúntale, Ana Botella;
pregúntale, tú que puedes.
-¿Dónde vas, José María,
dónde vas con los que extienden
el óxido y su mar rojo,
el musgo y su cáncer verde?
-¿Por qué olvidas que las balas
cantan igual que serpientes
y abren caminos que llevan
de la razón a la muerte?
Pregúntale, Ana Botella;
pregúntale, tú que puedes.
-¿Qué sembraréis en Bagdad:
cruces blancas y cipreses?
¿Cómo echaréis al tirano:
asesinando a su gente?
El petróleo mueve el mundo,
la sangre sin fuego hierve.
¿Tendrán más poder los tanques/
o el odio del inocente?
Pregúntale, Ana Botella;
pregúntale, tú que puedes.
Dile que somos millones
los hombres y las mujeres
que gritamos -¡No a esta guerra!
¡No al exterminio y la fiebre!
-¿No era tu Dios quien decía:
mejor ser justos que fuertes?
Pregúntale en nuestro nombre,
díselo tú al presidente.
Díselo tú, Ana Botella;
pregúntale, tú que puedes.
Benjamín Prado es autor de "Iceberg".
04 Nov 2007
EL VIAJERO (Benjamín Prado)
SECCIÓN: PRÉSTAMO INTERBIBLIOTECARIO (TEXTOS AJENOS)
para Javier Egea
Te acompañaban siempre los violines.
Tus poemas estaban en ti como los peces
en el fondo de un río.
Eso es lo que vi en ti:
peces en el desierto,
música amenazada.
Te vi hacer bosques y subir montañas,
te vi cavar abismos con tus manos.
No supe dónde ibas.
Te vi buscar la sombra entre la luz,
te vi buscar la muerte entre la vida,
y no pude entenderte.
Yo no sé qué has ganado, pero sé qué has perdido:
tu música,
tus peces,
tus montañas azules.
No puede ser feliz quien entierra un tesoro.
No puede ser feliz
quien envenena el agua de su vida.
Benjamín Prado, De "Un caso sencillo" 1986
Fuente: http://amediavoz.com/prado.htm
31 Oct 2007
30
SECCIÓN: TIEMPOS DE CAMBIO
Aviso previo: Lo siento, voy a hacerme la victima, va en el lote y es una de mis especialidades, a quien no le mole esa actitud puede dejar de leer.
Hoy cumplo treinta años. Fue un 31 de octubre (en el 31 la lista, tan cerca y tan lejos…), hasta la fecha era premonitoria de la tristeza de fondo por la que iba a discurrir mi vida. Han sido treinta años de derrotas; treinta años de trenes perdidos, de sueños rotos, luchas, dolor, poesía y mucha (demasiada) TV.
Haré un inventario de golpes, dolores y lesiones musculares. Empezaré desde abajo e iré ascendiendo: plantas de los pies (fascias plantares), talones, tobillos, soleo, rodillas, lumbares, cervicales, pecho, hombros, cuello, etc. Podemos añadir a todo ello una mala postura al andar, una visita al podólogo infinitamente postergada porque tiene el mismo horario de trabajo que yo y vive en otra localidad, unos pies y unas piernas prematuramente envejecidos, etc. Casi no hay un músculo o parte de mi cuerpo que no me duela o haya dolido en el pasado más reciente. He postergado mis sueños por un salario ínfimo. A algunos nos abandonaron durantes largos periodos de tiempo (varios meses) las musas por el camino; se perdieron los versos entre el cubo de la fregona y las pelusas de las mopas. Ni un solo día he dejado de estar al pie del cañón, en primera línea de batalla. En esta última etapa de mi vida he seguido buscando de forma estéril esa seguridad que me inculcaron desde pequeño que debía de buscar. Llegados hasta aquí es necesario preguntarse si ha merecido la pena. Como dice Egea “hoy es preciso un alto en la derrota”. Es una autentica rabia no recordar del todo bien esas ideas.
Y la respuesta es sí. “Náufragos del tiempo” y “Como de nadie” nacieron entre horas ganadas a estaciones y andenes. Entre el dolor y el hastío recuerdo aún algunas preguntas sobre fechas no del todo olvidadas, esas que me hizo cuando era pequeño otra persona que se me parecía mucho; recuerdo también aquel abrazo del pequeñazo este verano, el guiño del compañero cuando sólo la inercia de seguir adelante, sin nadie por delante, daba fuerzas en la batalla, también puedo recordar aquella otra caricia en la mejilla, su mano, la mirada temblorosa, los saltos de una piedra a otra remontando el río sin tocar el agua, las vistas desde la chuma, los poemas que he leído esta mañana, el bosque y la montaña. Algo ahí y algo queda de todo ello. Sería muy largo explicarlo.
Hablaba de la tristeza. Muchos años he reflexionado acerca de este sentimiento. También sobre la voluntad y el deseo y sobre la envidia y la pena, pero eso lo dejaré para otros momentos. El otro día mientras transportaba la maleta por el Paseo de
La tristeza es un sentimiento que nos acerca a lo que nos rodea y también al otro y al amor. Por ejemplo al escuchar una melodía triste esa música conecta instantáneamente con lo más profundo de nuestro ser, nos conmueve, nos hace reflexionar, lo identificamos como propio al sentir que esa melodía nos conecta con la tristeza de fondo que existe en la propia vida, por eso creo que en parte le prestamos atención de un modo similar a aquel con el contemplamos la belleza. La belleza nos atrae y también nos atrae la tristeza, se trata de un instinto en cierto modo relacionado con la muerte. En ocasiones este instinto puede llegar a tener algo de macabro y siniestro. A la vez la tristeza está muy relacionada con la compasión y es cierto que hay personas con una mayor predisposición a sentirse conmovidas por algo triste, como en todo no puede generalizarse.
En mi caso al vislumbrar tras otros unos ojos la tristeza empiezo a sentir amor, o desde luego y ala menos una empatía que lo preludia, de forma casi inmediata, me siento identificado con esa tristeza, me uno a la otra persona en su sentimiento. Siempre que he sentido amor ha sido porque he visto la tristeza en la mirada de esa mujer. Todas eran muy diferentes pero les unía esa tristeza en la mirada. Es tanta la información que puede leerse en cada mirada… Es tanta que a veces asusta.
Pero la tristeza va mucho más allá. Mientras arrastraba la maleta pensaba en lo tristes que somos, en lo triste que es el mundo, la tristeza que anida en el fondo de las cosas, creo que esa tristeza tiene que ver con nuestros deseos de un mundo no atado ni a las necesidades ni a los intereses; esas mismas necesidades e intereses que instintivamente intentamos cubrir a lo largo de la vida. Ese choque entre el deseo de un mundo ideal no ligado a necesidades y deseos y una realidad que nos ata a ellos unido al descubrimiento paulatino de los mecanismos que articulan las relaciones humanas y sociales y el interés y la necesidad que subyace en la base de ellos son, al menos personalmente, una de las principales razones por las que siento esa tristeza en el comienzo de la “madurez” de mi vida, una tristeza muy unida por cierto a la desilusión, etc. Creo que desde niños hay personas que tenemos esa predisposición ala melancolía y la tristeza, con la madurez esa tristeza se va reafirmando con la intuición de ideas y realidades como las que he expuesto anteriormente.
Esa tristeza recorre de parte a parte mi vida, parece que no hay salida, pues por un lado siento asco por lo tristes que somos, en el sentido de miserables, y por otro me recreo y en cierto modo me deleito en ese sentimiento de tristeza como ya he dejado ver anteriormente. Pero sí hay una salida; en este contexto sentimental pueden apreciarse mejor y en toda su dimensión actos generosos como los de Enrique o los de otra persona cuyo nombre también empieza por E. No diré aquí el nombre, como dice Benjamín Prado en su texto sobre Egea: “No todavía.” Nota: El texto al que me refiero se titula “Todo lo que digo cuando digo Javier Egea” y aparece recogido en la antología del poeta granadino titulada a su vez “Contra la soledad”, publicada en Barcelona por la editorial DVD en el año 2002.
Hay personas que pueden decir que existe una contradicción entre mis palabras y el poema “Ley de vida” que colgaré más adelante, les diré que todos tenemos diferentes estados de ánimo en los que se ven de maneras diferentes las mismas cosas o cosas similares. También puedo decirles que soy un impostor, pero eso puede decirse siempre y no vale…
Es todo tan largo de explicar. Por eso os dejo con tres poemas. Soy el autor del primero. Se titula “Ley de vida”. Es un poema que pertenece a un poemario inacabado titulado “Náufragos del tiempo” que estoy ultimando con mi compañero poeta José Ignacio. El poema también está inacabado. Lo cuelgo tal y como lo dejé el 3 de octubre de este año con la música del adagio de la quinta sinfonía de Bruckner de fondo. Tengo anotaciones escritas con el bolígrafo que no sé aún si incluiré en el poema. Los primeros apuntes (los primeros versos y el final) de este poema se remontan a finales del año 2004 o al año 2005. Los otros dos poemas pertenecen al poemario de Carmen Beltrán titulado “Pecado original”, Logroño: 4 de agosto, 2007. Leí este poemario por primera vez el sábado pasado, fue la propia autora quien me lo regalo. Nada más escuchar “Los hombros de los gigantes” sentí que estaba ante un gran poema, un “peazo” poema. No me gustan los cuatro últimos versos por varios motivos, pero aún así opino que estamos ante un poema redondo, un poema de madurez y con un peso especifico. Después os colgaré otro poema de “la tomatera”, se titula “Lo que no somos” (Carmen, siempre he pensado esto: el amor está en la renuncia) y ahora que lo pienso también el que le dediqué a ella hace años, “Almacenes de cariño”, con el cual le respondí en la velada poética del sábado pasado (tranqui kb que no te la levanto, jeje), y otro en el que hablo del pecado original y que también escribí hace años dedicado a mi amigo Luís Ángel, el pianista en el océano, aquel que ahora está tan lejos y al que tanto se le echa de menos… Deseo hacer otro aviso previo, en el poema “Ley de vida” también me hago la victima.
Os dejo en buena compañía, que hablen ahora los versos.
Estrenemos con ella estas primeras horas de treinteañero.
Óscar Garrido García, en Alfaro a 31 de octubre del año 2007.
TRAS LAS VALLAS
(a Luis Ángel, el pianista tocando en medio del Océano,
gracias por sacar uno de mis mejores yo reales y por hacerme mejor persona)
Cuando éramos niños mirábamos con curiosidad
lo que sucedía más allá de las vallas del colegio,
todo lo que sucedía fuera nos parecía fascinante:
la libertad nos estaba esperando.
Ahora que hemos crecido
(al menos en estatura física)
sólo queremos volver atrás en el tiempo,
volver a ese encierro de ilusión, seguridad y fantasía,
a ese espacio cerrado y limitado
en el que sacábamos el máximo partido
a cualquiera de los objetos que en nuestras manos caía.
Ahora que debemos escoger tantas cosas
y que cada decisión nos hunde un poco más
acercando nuestros hombros al suelo
(al saber que cada acto tiene pros y contras)
nos damos cuenta de que se estaba mejor
pegados a esas vallas con nuestras manos
tocando sus formas regulares y esa música sencilla,
lejos de esa otra música demasiado grande y hermosa
de la que el héroe del ideal habla en la película,
esa que no sabemos tocar
(al no querer tras-pasar esos aros que se dibujan en la línea)
o tal vez sí,
tal vez esas sean las cosas que no son inmensas,
aquellas por las que se mueve la vida,
no lo sé, compañero, hermano de fatigas,
sólo sé que estarás a mi lado
y que harás más ligero el CAMINO.
Algo más te diré aún,
ahora que ya se nos está haciendo tarde amigo
y que empieza a caer la noche,
es la hora de pararnos un momento a pensar
echándonos a un lado en esta travesía:
el pecado original consiste en no limitar al ser,
sí, seguro que ha merecido la pena,
saber esperar antes de dejarnos devorar
Óscar Garrido García, Logroño -11-5-2005-.
ALMACENES DE CARIÑO
SECCIÓN: POÉTICA
A Carmen Beltrán
Alguien me dijo un día
al oído
que los bebes en los primeros meses
son esponjas de cariño:
lo van almacenando
para después devolverlo
a lo largo del camino.
Tal vez seamos sólo eso:
contenedores de cariño,
el que nos dieron o nos arrebataron,
ese que
poco
a
poco
vamos devolviendo
ese que
poco
a
poco
vamos recuperando.
LEY DE VIDA
SECCIÓN: POÉTICA
el andén como un reto,
los trenes que perdimos.
Lo terrible no es ni siquiera el dolor.
Lo que duele terrible y zarandea
es que ya sólo queda
recurrir a la vida por tus ojos
que son una distancia casi absurda
que son un túnel negro de esperanza.
(Javier Egea, Paseo de los tristes)</div>
(A María, Enrique Cabezón, Javier Egea, Ernesto Puertas, David González y aquellos a quienes no se puede leer pero sí escuchar en el fondo de mi corazón)
Como Javier Egea
la vida siempre estaba entre creérmela y no creérmela,
como si fuese un sueño del que cada noche te despiertas.
Me quedé en los títulos de crédito de la película.
Supongo que no supe ver más allá,
avanzar sin tropezar en la primera secuencia de la vida.
El niño fue recibiendo palos de la vida,
pero algo en su interior le decía que debía seguir siendo sensible,
seguir siendo él mismo a pesar de las heridas.
Siguió buscando en la luz del otro
la sonrisa y la alegría.
Era ya tarde, demasiado tarde:
cuando ya no hay alternativas se revela necesaria esa picardía,
descargar el mal en el otro
-o si eres fuerte y sabio esquivarlo o superarlo-
antes de que se apoderé de ti
y no te dejé ninguna salida.
Y no pudo, no supo detener el sol,
retener sus rayos con los dedos
evitar que se escapasen con la brisa.
Atormentado abría su alma
y de él siempre huían las tiernas golondrinas,
sin dejar un verde rastro a su paso.
Se quedó solo, perplejo, asustado,
sin saber reaccionar ante el paso de las aves
mientras desde el vértigo del vacío le contemplaba la espuma fría de las rocas
el discurrir de los ríos.
Tras el naufragio su única compañía en la isla
era un barco encallado en las rocas
y un mapa que indicaba con una cruz la posición de un cofre que nunca encontró;
tal vez no existía,
tal vez lo habían robado,
tal vez se lo había dejado robar.
Fue entonces
demasiado tarde ya para todo
cuando todo se hizo claro
el enigma que explicaba los actos, los gestos, las palabras,
antaño inexplicables y frías
ahora candente llama viva.
Fue entonces,
sí entonces,
cansado ya de todo,
cuando las verdades fueron reveladas
y fue imposible la vida,
insoportable el placer y la sonrisa.
La vida se arrastraba presa del dolor y las cadenas,
castigada por la lucidez de la conciencia.
No era el interés y sus diferentes formas la clave
ni siquiera lo era la vida con su ley del más fuerte y la lengua homicida
tampoco lo era el vértigo de lo prohibido
había algo más,
tenía que haberlo,
era un todo inexplicable
un conjunto de impulsos que bailaban con diferentes ritmos
una fuerza imparable,
un plan trazado, sin duda, desde la distancia
-por algo o por alguien-
y que ahora resonaba lejos entre las nubes,
cuando ya era casi de noche
y se adivinaba al fondo la tormenta
bañando con su negra luz la superficie del agua
atormentada por el frío.
El niño se volvió cínico, triste y escéptico
se convirtió sin querer queriendo en un cabrón con pintas
Tal y como se le presentaba dudaba demasiadas veces
si todo aquel circo valía la pena
al fondo estaban la lucha, la entrega,
aquellos que le quisieron ver feliz
desafiando a las tormentas.
Se quedó rezagado y solo
no supo seguir la música
que a la cueva conducía.
Pero también fue entonces,
lejos de los suyos,
lejos de las montañas que le vieron sonreír feliz y escribir sus primeros versos,
lejos de todo y de todos pero atado a sus recuerdos,
cuando otros ojos le miraron adivinando su tristeza
acariciando su mejilla y compartiendo sus penas,
cuando una mano generosa le dio fuerzas.
Se enamoró de la tristeza de aquellos ojos
que miraban al patio y al horizonte,
de nuevo ante aquellas vallas de la libertad que a la paz eterna conducían.
Pronto comprendió que de nuevo era necesario renunciar
a aquella tristeza en la mirada,
al rayo tierno,
a la suavidad de esa piel,
antes del saqueo de los ojos y del alma
-esos ojos que ahora escrutaban los suyos temerosos
buscando anhelantes una respuesta,
acaso la maldita ilusión bendita,
acaso el vértigo del suspiro-
antes de que la historia volviera a repetirse.
No se había perdido el tiempo
de todo se había aprendido
sin embargo era amargo el sabor en el paladar
y en sus ojos se adivinaba la tristeza,
empezaba a formarse como preludio del adiós una lágrima
la voz tiembla.
Ese hombre al que dieron un nombre
se desnuda cada mañana frente al espejo
sabiendo que no puede conocerse,
que está condenado a ser un desconocido
ya que con cada pensamiento se reinventa.
Cuando entendió los mecanismos de la vida
se sintió feliz sólo en la siesta
incluso en ella luchaba contra sus propios sueños,
cómplices culpables de sus deseos.
Para otros pensar era dolor,
para él había sido un desafío,
hace años dejó de pensar.
Lentamente asumió la condena de quien lleva a cuestas el dolor y el sufrimiento
la locura y la soledad son sus herencias.
Un héroe cansado no se rinde nunca
lucha
con los brazos retorcidos en el suelo.
Héroe en Logroño, héroe en Lublin, héroe en Alfaro,
pringado en todos los sitios,
en estos malditos tiempos ser héroe es sinónimo de ser pringado
es algo así como la perversidad implacable que al cosmos equilibra.
Sólo esos ojos tiernos le miraban como platos
interrogándole
buscando en él las respuestas,
el arco iris de julio en una cocina con vistas
sólo esos ojos y aquella sonrisa limpia justificaban permanecer en pie
seguir luchando
buscando una salida.
Sólo esos ojos tiernos y su pequeño gran abrazo
daban sentido al dolor y las cadenas,
pero poco después descubrió con dolor que también la sonrisa estaba prohibida.
Todos los eslabones de la cadena están partidos
no queda ni uno sano
ni uno cuerdo;
ni una sola esperanza
abre la puerta.
Fue inevitable
la aniquilación de las ilusiones,
el suicidio del beso.
Ya nada queda,
(no hay sentido)
no hay nada por lo que luchar
por lo que tomársela en serio
merezca la pena.
Sobre este blog
Tiempos de cambio
oscargarridogarcia77Óscar Garrido García (Logroño, 1977).
Es poeta, licenciado en Humanidades por la Universidad de la Rioja (2001) y Máster en Didáctica para Profesores de Lengua y Cultura Españolas en Centros Educativos Extranjeros (2006).
Ha publicado el poemario Martillos de silencio (Nausicaa , 2005) y relatos en libros recopilatorios como Cosas de niños (Ayuntamiento de Logroño, 2003) y Una palabra en la recámara (Ayuntamiento de Logroño, 2004). Asimismo ha colaborado en la revista literaria Portales y en las web de crítica política y opinión Veredas y Represión en la Rioja durante la Guerra Civil
Además ha sido colaborador del diario independiente Noticias de La Rioja donde ha publicado artículos de opinión, tribunas y reseñas literarias.
Correo electrónico: oscargarridogarcia77@yahoo.es
Algunos enlaces:
Nausicaa
Pequeña posibilidad de honestidad Ciudad del hombre Timón de Orfeo
Eva Vaz
Fotoblog de Lucas Isabel Bono Noticias de La Rioja
Veredas
Foro por la memoria
Represión en la Rioja durante la Guerra Civil
Aula Literaria de Logroño
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