Dice la copla que “algo se muere en el alma cuando un amigo se va”. Ni a mi amigo le voy a decir que no se vaya, ni mi guitarra va a temblar, fundamentalmente porque ni tengo, ni creo que en un futuro inmediato tenga el preciado instrumento.
Pero tampoco estoy de acuerdo con la afirmación. Creo que en la vida constantemente conoces a gente y te despides de ellos. Unos pasan sin pena ni gloria y otros calan hondo, allá donde uno ni siquiera piensa que nadie puede llegar.
De toda esa gente, unos se marchan de forma definitiva y lo de otros es un simple hasta pronto... hasta que nuestros caminos vuelvan a reunirnos.
En los primeros días se añora al amigo que se ha marchado, pero después uno se da cuenta de que cada uno ha de seguir su camino porque cada uno tiene que seguir caminando como dijo Machado.
Por fortuna, siempre hay un momento para el reencuentro y yo sé que cuando dentro de unos instantes la luz roja que avisa de que estamos en el aire se apague, estaré más cerca de reencontrarme de mi amigo Iñigo Jalón.
Más de veinte años en la radio dan para conocer a todo tipo de gente. Buenas y malas personas... buenos y malos profesionales.
Punto Radio La Rioja pierde un grandísimo profesional, un tío con un potencial enorme.. Con un futuro prometedor. Y yo, que he tenido la fortuna de compartir muchísimas horas con él, gano un amigo para los restos. Será difícil llenar el hueco, es grande, pero estoy seguro de que la tecnología jugará a nuestro favor.
Sólo me queda un último detalle, agradecerte la infinita paciencia que has tenido conmigo y todo lo que me has ayudado.
Y aquella frase que decía que para cumplir una determinada tarea me dejaré la piel a jirones, yo la adapto y a partir de ahora me dejaré la piel a “Jalones”
Suerte amigo y ¡dale caña Jalón!
Que triste es decir adiós, ¿no es cierto? El caso es que lo decimos continuamente, pero no porque nos estemos despidiendo de verdad sino porque empleamos la palabra adiós como el que emplea un hasta luego.. o un hasta la vista... o un bueno tronco ya nos vemos... pero cuando uno tiene que decir adiós de verdad, la cosa cambia.
Se preguntarán ustedes por qué esta despedida hoy.. pues es que esta despedida es una despedida de verdad. No es para ustedes, que les tendremos aquí el próximo viernes sino para nuestro técnico Iñigo Jalón. La personita que, aunque ustedes no vean ni oigan, pues siempre está ahí, detrás del cristal. Haciendo posible de verdad, que ustedes disfruten del privilegio de la radio. Decimos adiós demasiadas veces y no nos acostumbramos nunca. Iñigo, nos has aguantado, has soportado nuestras histerias.. te has vuelto loco... y siempre siempre ahí con una sonrisa... ya me han contao ya!...
Y ahora te vas, te voy a decir dos cosas: una, mucha suerte, te echaremos de menos. Ojalá nos reencontremos... y dos: no te pongas triste por tener que marcharte, dale la vuelta. Una despedida es necesaria para volver a reencontrarse y un reencuentro, después de un momento o después de toda una vida, es algo inevitable, ¿Por qué? Porque somos amigos de verdad. Hasta siempre y un beso.
Y tanto que es difícil decir adiós!!
Hace casi cuatro años que inicié mi andadura en esta empresa y he visto desfilar por ella de todo.. muy buenos y muy malos profesionales, muy buenas y muy malas personas y ahora, por fin, me ha tocado a mí desfilar..
Los textos reproducidos anteriormente son la transcripción de las palabras que dos de las personas a las que más quiero de cuantas han pasado por allí y que aprovechando que tenían un micrófono delante, me soltaron esas lindezas. Desde aquí lo mínimo que puedo hacer es agradecerles a ellos lo mismo: los momentos vividos y los conocimientos adquiridos.
Son más los compañeros y amigos que dejo atrás. El conglomerado multimedia de esta empresa a la que pertenecen estos blogs, se sustenta básicamente en el equipo humano que lo forman.. Si no fuese por ellos, el ir cada día a trabajar sería una tarea bastante más complicada de lo que ya es de por sí.
Como en botica, hay casi de todo pero por suerte la mayoría de ellos son tan grandes profesionales como personas y lo jodido de todo es que apenas se reconoce el esfuerzo diario de su trabajo.
Ha llegado mi momento. Siempre me tocaba ver marcharse a la gente y esta vez el que se marcha soy yo. Me voy de un trabajo que es como una droga, una necesidad que me produce estados de euforia y de relax, un somnífero que me duerme o un estimulante que me excita. Es mi droga particular que como todas ellas, si las tomas en exceso, son perjudiciales para el cuerpo.
Han sido cuatro años de droga y de ilusión, cuatro años de alegrías, de cabreos, de lloros de jueves sociales... Cuatro años de bienvenidas y despedidas, de gente y más gente, de jefes y más jefes, de trabajo y más trabajo... Cuatro años en los que si no fuera por el grupo humano que allí estábamos, hubiese sido bastante más difícil de llevar.
Es cierto que sería muy falso decir que todos son buenos y majísimos y buenas personas, pero no. Quizás yo sea el primero que soy mal profesional y mala persona y que hay muchos que me dan mil vueltas pero por lo menos hay personas que se han ganado mi cariño y respeto y ellas el mío. A todos ellos no tengo mas que palabras de agradecimiento, de respeto, de cariño y de tristeza.
Tristeza por abandonar a mi única hija, la radio. Una hija que apenas tiene dientes pero que ya muerde a los que se introducen en ella. Una hija a la que quiero como si fuese mía y en la que puse todos mis esfuerzos. Ahora, por desgracia está un Pekín enferma. Le han diagnosticado una enfermedad (que en principio se cura) que le produce mareos, fatiga, desorientación y falta de equilibrio. Médicos se supone que hay muchos a su alrededor pero no sé si son capaces de ver su enfermedad. Además, me han dicho que sus padres están embarazados y que pronto mi hijita tendrá hermanos, aunque de momento en la ecografía no conseguimos ver cuántos.
Espero por el bien de mi niña que cuando sus hermanitos estén en este mundo, los médicos encuentren una solución a su pequeña enfermedad y cuando esté crecidita poder volver a estar con ella aunque solo sea de visita.
Han sido unos últimos días muy duros, no sabía que era tan difícil decir un simple hasta luego; que costara tanto separarse de compañeros a los que tanto quiero y de darse cuenta que hay gente a la que no importas y gente a la que crees que no importas pero que, en el fondo, es todo lo contrario.
A todos ellos, mil gracias por estos momentos y hasta siempre. |