José Hidalgo
13 Feb 2009
VINOS TINTOS CONCENTRADOS: ¿TODOS NATURALES?
Lo sentimos mucho, pero volvemos a presentar batalla contra algunas prácticas de bodega, que pueden hacer mucho daño a nuestro sector vitivinícola, en el caso de que la prensa especializada tomara verdadera conciencia de lo fraudulento de las mismas, y que decir más, si nuestras autoridades quisieran también darse por aludidas de su existencia… En particular, nos estamos refiriendo al uso indebido de las máquinas concentradoras de mostos o vinos, objeto también de un comentario nuestro en un blog anterior. Pocos somos los viticultores y enólogos que somos conscientes de esta triste situación, y desde estas líneas deseamos iniciar un movimiento reivindicativo de los vinos naturales elaborados sin tapujos ni artificios. Este es nuestra primera demanda: ¡abajo los concentradores!
El último cuarto del siglo XX y comienzos del presente siglo XXI se ha caracterizado en el ámbito vitivinícola, por una notable influencia de la moda en el estilo de los vinos, marcada sin duda alguna por la opinión de determinados prescriptores de reconocido nivel internacional. Este efecto ha estado especialmente marcado en la elaboración de los vinos tintos de guarda, quizás considerados como el máximo paradigma cualitativo de los vinos, y donde la práctica totalidad de las bodegas iniciaron hace unos años, una desenfrenada carrera en la obtención de vinos cada vez más concentrados y poderosos, llegando al paroxismo, con algunos vinos que prácticamente han llegado a resultar imbebibles, y que de forma preocupante se han venido a calificar como “vinos para críticos” o “vinos de alta expresión”, término éste último que apareció con mayor o menor fortuna, hace una docena de años en nuestro país, para diferenciar estos nuevos vinos de los producidos tradicionalmente en
Desde nuestro punto de vista, la elaboración de este tipo de vinos tintos más potentes y concentrados, merece todo respeto, consideración y valoración, siempre que sean una fiel expresión de la vendimia, o mejor dicho de la zona de cultivo de donde proceden, y con la aplicación de una tecnología enológica que sea respetuosa y lo menos deformante posible. Condenamos sin embargo, aquellos vinos donde de forma deliberada, el exceso de madera se apodera del vino, apareciendo una generación de “vinos clónicos”, todos elaborados con excelentes y costosas maderas muy aromáticas, y donde el vino pasa a un lamentable segundo plano en importancia, llegando incluso muchos críticos y aficionados a distinguir al fabricante de las barricas..... ¿Dónde está el vino? Las barricas deben de cumplir con el papel de mejorar y perfeccionar el vino que contienen, permitiendo una suave y medida entrada de aire a través de sus paredes; teniendo como efecto colateral, la cesión de sustancias aromáticas de la madera, pero nunca éste debe ser el objetivo principal para la crianza de los vinos en la búsqueda de una mayor intensidad sensorial.
Otras técnicas de elaboración también pueden ser muy discutibles, como la utilización de “concentradores”, máquinas capaces de eliminar del mosto o la vendimia una determinada cantidad de agua, cuya cuantía oscila entre un
El origen de la utilización de los concentradores para la elaboración de vinos tintos procede de la zona vitícola de Burdeos, donde en determinados años se autoriza legalmente el enriquecimiento en azúcares. Obteniendo al eliminar parte del agua contenida en la vendimia, no solo una mayor concentración de azúcares, si no también del resto de sustancias contenidas, y donde en la elaboración en tinto destacan los polifenoles: antocianos y taninos, responsables del carácter de este tipo de vinos. La extracción del agua contenida en el mosto se realiza antes de la fermentación alcohólica, realizando ésta más tarde en presencia de los hollejos tintos y las pepitas, consiguiendo de este modo un vino tinto con una mayor carga polifenólica, y por lo tanto más concentrado.
La bondad de esta práctica reside en la posibilidad de elaborar vinos tintos de buena calidad en zonas septentrionales, donde las condiciones climáticas impiden una buena maduración, supliendo esta técnica, las condiciones de una adecuada insolación de los viñedos durante el período de maduración. Sin embargo, su utilización en otras zonas con mejores posibilidades climáticas es bastante más discutible, pues en algunos casos, cuando se pretende elaborar “vinos tecnológicos” simplemente con una mayor concentración y sin mayores pretensiones, puede entonces considerarse como una técnica aceptable; sin embargo, es condenable cuando la utilizan algunos elaboradores que presumen de la expresión del “terroir” u origen vitícola de sus vinos. ¿Dónde se encuentra en éstos la expresión del viñedo?
Llamamos la atención sobre este particular, pues en nuestro país, y en particular en las zonas vitivinícolas tintas de prestigio, son bastantes los elaboradores que utilizan estas máquinas concentradoras, para la obtención de vinos tintos de “alta expresión”, donde su uso no está autorizado, cuando no lo está la práctica de enriquecimiento de azúcares, y además dando origen a un falseamiento de lo datos legales de elaboración, cuando no se puede reflejar el no despreciable volumen de mosto extraído en forma de agua, que a veces llega a superar más del 30 por 100 del total de la vendimia o del vino tratado. Algunas bodegas son perfectamente conscientes de que la existencia de una máquina concentradora fija en sus instalaciones, puede suponer una pérdida de credibilidad en los vinos que elaboran, solucionándolo fácilmente con equipos concentradores portátiles, que esconden fuera de sus instalaciones cuando no los utilizan…
Afortunadamente esta moda o tendencia de vinos excesivamente concentrados está pasando, dando paso a otros de más fácil consumo, menos empalagosos, más elegantes y con una mayor cantidad de sutiles matices sensoriales, pero sin confundirlos con los vinos de estilo más clásico de antaño, siendo éstos muchas veces ligeros, abiertos de color y a menudo bastante maderizados. La vuelta hacia otra tendencia, nunca se hace en sentido circular, si no más bien en forma de espiral, donde la nueva situación de retorno se encuentra en un plano superior al punto de salida, y por lo tanto en una posición distinta.
Estos nuevos vinos deben presentar un carácter más natural, es decir, con una mayor expresión del medio de cultivo de donde procede la uva, definida como “terroir” o literalmente como “terruño”, y siempre supliendo con buenas prácticas vitícolas, el uso de estas máquinas concentradoras o prácticas similares, que nada aportan al factor calidad y tipicidad, que por suerte ahora se empieza a demandar. Mejor si los vinos se elaboran y embotellan con poca o ninguna manipulación, para evitar la pérdida de sus atributos sensoriales, y por supuesto, en el caso de los tintos, con una presencia de la madera siempre en un discreto segundo plano. Las enseñanzas de la agricultura ecológica y también biodinámica, pueden ser muy interesantes y también necesarias, para la obtención de este nuevo estilo de vinos para comienzos del siglo XXI.
(Nota del autor: sentimos mucho extendernos más de lo que es habitual y conveniente para un blog, pero pensamos que el interés del tema lo exigía, y además a nadie obligamos a leerlo….)
21 Nov 2008
¿Donde está el error?
Hace unos días volé en un avión de Iberia Regional, donde en estos días se viene realizando una importante campaña turística institucional, y en el faldón posterior de los reposacabezas, para que el viajero lo lea casi forzosamente, aparece el siguiente texto:
LAS ÚLTIMAS AÑADAS EXCELENTES DEL VINO DE RIOJA HAN SIDO:
2004, 2001, 1995, 1994 Y 1982
¿No te parece que éste es un año excelente para visitar
¿Dónde está el error? Yo diría el grave error… Fácil de adivinar ¿no?. Alguien se ha olvidado de la cosecha del 2005, quizás la mejor cosecha del siglo. Sin comentarios.
02 Nov 2008
NADA ES NUEVO BAJO EL SOL....VUELVE EL SUELO VITÍCOLA
Después de estos últimos años, con una clara dominación de todo lo relacionado con la fotosíntesis en la gestión de los viñedos, iniciada por el investigador francés Alain Carbonneau en los años ochenta y seguida en los años noventa por el australiano Richard Smart, donde preconizaban las bondades del equilibrio entre la superficie foliar del viñedo y su producción de uva, como casi única verdad para obtener vinos de calidad; surge en estos primeros años del siglo XXI una nueva corriente, donde el suelo de la viña, o mejor dicho su sistema radicular, toma el relevo de un nuevo protagonismo en las técnicas de cultivo del viñedo.
En el fondo de esta cuestión, subyace la guerra comercial a muerte, que desde hace años existe en el mundo del vino, entre los nuevos países productores de vino y los tradicionales países vitivinícolas, los primeros procedentes de los continentes América y Oceanía, en incluso también Asia con China incorporada recientemente al mundo del vino, y lo segundos, casi todos ellos ubicados en la vieja Europa, como zona originaria del cultivo del viñedo. Es también la lucha, entre los vinos tecnológicos, donde las variedades y clones de uva, unido a una moderna tecnología de gestión del viñedo, y generalmente contando con elevadas producciones; se enfrentan al modelo tradicional basado en el origen de los vinos, donde el equilibrio vid-clima-suelo toma protagonismo como elemento diferenciador, y bajo el concepto del “terroir”, que confiere a los vinos un carácter único e irrepetible.
Entre las personas que lideran esta nueva tendencia, están por una parte Nicolas Joly, nuevo apóstol de la viticultura biodinámica, y sobre todo Claude Bourguignon y su inseparable colaboradora Lydia Gabucci, que a diferencia del primero, ofrecen un discurso lleno de fundamentos científicos y nada esotérico. Las teorías de estos últimos investigadores, dan mucho que pensar, y explican la singularidad de algunos viñedos y sus afamados vinos, desde una interesante óptica muy apegada al medio de cultivo.
Todos conocemos la diferencia que existe entre el concepto “suelo natural”, como el producto de transformación de la roca madre, mediante la intervención de diversos factores físicos, químicos y biológicos naturales; y el de “suelo agrícola”, donde a partir del anterior se produce una modificación del mismo, debida a la intervención humana y mediante la aplicación de diversos métodos de cultivo.
El concepto diferenciador de los vinos elaborados en un determinado “suelo agrícola”, los franceses lo denominan más poéticamente como “terroir”, que traducido literalmente al castellano en una expresión más dura como “terruño”, llega a definir algo más profundo y a la vez más extenso que el suelo como mero soporte del cultivo. “Terruño” o “terroir” es la expresión de un conjunto de factores naturales derivados del suelo, topografía y microclima, todos ellos dedicados al cultivo del viñedo y bajo la acción de la mano del hombre. El viticultor es entonces, una parte muy importante del “terruño”, pues a lo largo de los años de cultivo del viñedo, desde la preparación del terreno, hasta las sucesivas plantaciones y arranques, así como la aplicación de diversos sistemas y tecnologías de cultivo, interviene de tal manera, que hace que un viñedo se vaya diferenciando de los situados en su entorno y por lo tanto también los vinos elaborados a partir del mismo.
Los vinos de “terroir” también pueden ser conocidos con los nombres de “crus” en la zona de Burdeos, o como “clos” en la Borgoña, tomando en nuestro país el nombre de “vinos de terruño”, “vinos de finca” o “vinos de pago”; ésta última denominación amparada recientemente en la Ley 24/2003 de la Viña y del Vino, como alternativa o complemento a las tradicionales Denominaciones de Origen, generalmente de carácter más extenso, y en algunos casos algo prostituidas en su esencia, debido al transcurrir del tiempo y a los frecuentes interese comerciales entre los distintos operadores que intervienen en las mismas.
Las nuevas tendencias lideradas por Claude Bourgignon, van todavía mucho más lejos que el tradicional concepto del “terroir” antes expuesto, y donde se trata de restar la acción de la mano del hombre a lo indispensable en el cultivo del viñedo, para así poder expresarse el medio de cultivo de una manera más nítida en los vinos obtenidos, y donde la clave se encuentra en la fertilidad biológica natural del suelo de cultivo, y sobre todo en conseguir un abundante y profundo sistema radicular del viñedo, que colonice de manera natural el mayor volumen de suelo posible, para que las raíces extraigan los elementos orgánicos y sobre todo minerales del mismo, singularizando de este modo los vinos elaborados en su medio de cultivo como algo único e irrepetible.
La filosofía de Claude Bourgignon en este aspecto de la Viticultura, dice textualmente que “hay que obligar a la vid a hacer sus raíces. Este es su verdadero capital”. Y añade que, “los grandes vinos nacen de las raíces del suelo, que es el que produce carácter y complejidad. Hay que lograr un enraizamiento profundo y una menor producción, con una capa vegetal adecuada. Y aquí tendremos un gran suelo”.
Las plantaciones realizadas en “suelos vírgenes o naturales”, convenientemente elegidos para el cultivo de la vid, en la búsqueda de obtener vinos únicos de gran calidad, puede hoy día ser la máxima expresión del “terroir”. Donde la mano del hombre no ha intervenido en absoluto, pues cuando los terrenos de cultivo son suficientemente profundos, y se encuentran totalmente vivos, es decir colonizado por los sistemas radiculares de otras especies vegetales espontáneas, que en ocasiones llegan a desarrollar más de diez mil millones de kilómetros de raíces por hectárea, contando además con un contenido en materia orgánica natural, elaborada en el mismo lugar durante muchos años, y estando también dotado de fauna y microorganismos autóctonos que vitalizan el suelo en profundidad, puede hacer que la vid plantada se integre en este ecosistema y permite producir vinos de singulares caracteres irrepetibles. En este sentido no se aconseja realizar en el terreno, ninguna de las labores preparatorias tradicionales, como son los desfondes, subsolados o abonados de fondo tradicionales entre otras, si no que simplemente, la plantación se realiza abriendo unos agujeros en el terreno para recibir los plantones de vid, y manteniendo siempre el cultivo bajo su cubierta natural espontánea y sin modificación alguna.
En los terrenos donde ya existió viñedo, y por lo tanto se encuentran más o menos alterados o deformados por el ser humano, una posible solución es dejarlos un determinado número de años sin cultivar, como si se tratase de un largo barbecho natural, para que en ese tiempo se consiga un desarrollo de la vegetación espontánea del entorno, que traerá como consecuencia una revitalización natural del terreno, para terminar plantando el viñedo en los términos anteriormente expuestos. O bien, acortar este plazo de tiempo, cultivando una rotación de determinadas especies vegetales, que reestructuran más rápidamente el suelo, combinando plantas de desarrollo invernal y estival, para nunca dejar el suelo desnudo a merced de la erosión, a la vez que se produce una colonización radicular del terreno, que produce un esponjamiento del mismo y una fácil vía de penetración para las futuras raíces de la vid, todo ello acompañado de su correspondiente fauna y flora espontánea, e incluso trabajando con plantas de propiedades nematocidas durante uno o dos años, como son los Tagetes o la Mostaza Blanca, aspecto muy interesantes para asegurar la sanidad de la posterior plantación del viñedo. Todo esto se controla periódicamente mediante la apertura de calicatas en el terreno, para observar la recuperación de la estructura del mismo en toda su profundidad, así como la reaparición de la fauna y flora espontáneas.
También se vuelve a pensar volver al cultivo del viñedo “franco de pie”, es decir sin la utilización de los portainjertos de origen americano, que constituyó una solución a la plaga de la filoxera, que a finales del siglo XIX asoló los viñedos europeos, pero que por desgracia supuso una pérdida de la identidad de la vid cultivada directamente sobre el terreno, además de una irreparable pérdida de variedades poco productivas, y que sin duda por esta razón, producían vinos de gran calidad y tipicidad. El Nuevo Mundo destruyó por primera vez nuestros viñedos con la filoxera, y ahora lo está haciendo también con la competencia por el mercado de vino….
Los portainjertos utilizados pueden ser más o menos resistentes al contenido en caliza del suelo, pero ninguno de ellos es afín a este elemento, por lo que en este tipo de terrenos, su sistema radicular tiende a quedarse en la superficie, donde el nivel de caliza en inferior y éste no penetra suficientemente hasta niveles inferiores del suelo. Por el contrario, la Vitis vinifera originaria de la cuenca mediterránea, presenta un sistema radicular de tipo calcícola, es decir con una gran afinidad a la caliza, pudiendo en consecuencia bajar a una gran profundidad en suelos de estas características, y así poder explorar un gran volumen de suelo, generalmente muy rico en elementos minerales, los cuales pueden contribuir a caracterizar los vinos elaborados. Simplemente se trata de que la viña pueda convivir con la filoxera, lo que se puede conseguir si sus raíces llegan a penetrar en una gran profundidad, donde la filoxera no puede vivir, pues esta plaga se localiza en los primeros 20 a 30 cm de suelo, y teniendo en cuenta además que, sobre todo los daños que ésta produce se localizan en las raíces más pequeñas en desarrollo y actividad, normalmente situadas en el extremo inferior del sistema radicular.
También existe la alternativa de luchar contra la filoxera por medios biológicos naturales, fenómeno observado en las vides salvajes espontáneas no injertadas, que se desarrollan en terrenos vírgenes con fuerte actividad biológica, y en los que también existe la filoxera en buena convivencia. El investigador alemán Lans Huber, ha encontrado unos hongos parásitos que atacan a los insectos del suelo, destacando entre ellos los géneros Metarhizium y Beauveria que actúan específicamente sobre la esta plaga.
La plantación de vides sin portainjertos, también presenta la ventaja de evitar los frecuentes problemas de afinidad entre el patrón y el portainjerto, que en muchas ocasiones conducen a obtener un desequilibrio de vigor en los viñedos, con las negativas consecuencias sobre la calidad de los vinos.
La idea está en recuperar las formas de cultivo prefiloxéricas en Europa, donde el ciclo de cultivo de los viñedos llegaba hasta tres a cuatro generaciones, situación que hoy día es impensable, pues ahora las expectativas de producción de los viñedos injertados pueden llegar hasta 30 a 40 años como mucho, y que por desgracia se tienen que descepar justo en el momento cuando están ofreciendo la mejor calidad. También se trata de recuperar los excelente y únicos suelo calizos europeos, que pueden diferenciar y aportar una importante calidad a nuestros vinos, pues no debemos olvidar que las rocas calizas tan sólo representan en el mundo un 7 por 100 de las rocas del mundo, estando todas ellas prácticamente concentradas en la cuenca mediterránea, y precisamente donde históricamente se ha desarrollado la cultura del vino. Muy raros son los “terroir” calizos de elevada calidad que se pueden encontrar en la actualidad en el mundo, mientras que los suelos con diferente composición, donde los niveles de caliza son bajos o nulos y las raíces pueden explorarlos en profundidad, entonces aparecen con mucha más frecuencia, citando como ejemplo, los profundos suelos aluviales, o los terrenos derivados de las rocas pizarrosas, entre muchos otros de distinta naturaleza.
La técnica del “amugronamiento”, antiguamente utilizada para aumentar la vida productiva de los viejos viñedos, también vuelve a la actualidad. La cual consiste en bajar un sarmiento de suficiente longitud o “mugrón” hasta el suelo, enterrando la punta del mismo para que emita raíces, y así este elemento contribuya a captar más recursos en un medio vitícola cada vez más agotado, pero por el contrario, productor de excelentes calidades de uva. En esta situación, también se produce un equilibrio entre las nuevas raíces que pueden ser atacadas por la filoxera en la superficie del terreno, y las antiguas raíces más profundas y en muchas ocasiones procedentes de portainjertos resistentes a esta plaga.
07 Ene 2008
SOBRE LA CHAPTALIZACIÓN EN LOS VINOS DE RIOJA
En los pasados días del mes de diciembre se produjeron un cruce de acusaciones entre
Como señalaba el citado Diario, todo este asunto parece estar enmarcado en la campaña electoral en la que estamos inmersos, llegando incluso a calificar el Consejero de Agricultura de
La vulgarmente llamada chaptalización, real y legalmente se llama de enriquecimiento en azúcares de la vendimia, que se pueden realizar mediante “prácticas aditivas”, como son la adición de sacarosa procedente de la remolacha o caña azucarera, llamada chaptalización propiamente dicha, o de otros azúcares derivados de la uva, tales como mosto concentrado o mosto concentrado rectificado. Pero también el enriquecimiento en azúcares se puede realizar con “prácticas sustractivas”, donde se produce una eliminación parcial del agua que contiene la vendimia, consiguiendo de este modo una elevación de los azúcares naturales de la uva por concentración, utilizando para ello unos aparatos denominados vulgarmente como concentradores, funcionando unos mediante ósmosis inversa y otros por destilación en condiciones de vacío.
La zona productora de vinos de Rioja está clasificada por
El origen de la utilización de los concentradores para la elaboración de vinos tintos procede de la zona vitícola de Burdeos, donde en determinados años se autoriza legalmente el enriquecimiento en azúcares. Obteniendo al eliminar parte del agua contenida en la vendimia, no solo una mayor concentración de azúcares, si no también del resto de sustancias contenidas, y donde en la elaboración en tinto destacan los polifenoles: antocianos y taninos, responsables del carácter de este tipo de vinos. La extracción del agua contenida en el mosto se realiza antes de la fermentación alcohólica, realizando ésta más tarde en presencia de los hollejos tintos y las pepitas, consiguiendo de este modo un vino tinto con una mayor carga polifenólica, y por lo tanto más concentrado.
La bondad de esta práctica reside en la posibilidad de elaborar vinos tintos de buena calidad en zonas septentrionales, donde las condiciones climáticas impiden una buena maduración, supliendo esta técnica, las condiciones de una adecuada insolación de los viñedos durante el período de maduración. Sin embargo, su utilización en otras zonas con mejores posibilidades climáticas es bastante más discutible, pues en algunos casos, cuando se pretende elaborar “vinos tecnológicos” simplemente con una mayor concentración y sin mayores pretensiones, puede entonces considerarse como una técnica aceptable; sin embargo, es condenable cuando la utilizan algunos elaboradores que presumen de la expresión del “terroir” u origen vitícola de sus vinos, o también en las Denominaciones de Origen donde se supone que la calidad de sus vinos procede de un ecosistema. ¿Dónde se encuentra en éstos la expresión del viñedo? ¿En la de un aparato concentrador…?
Llamamos la atención sobre este particular, pues en nuestro país, así como también en nuestra zona vitivinícola, son bastantes los elaboradores que utilizan estas máquinas concentradoras, para la obtención de vinos tintos de “alta expresión”, donde su uso no está autorizado, cuando no lo está la práctica de enriquecimiento de azúcares, y además dando origen a un falseamiento de lo datos legales de elaboración, cuando no se puede reflejar el no despreciable volumen de mosto extraído en forma de agua.
Hace unos días, comentando la pasada vendimia con un colega y buen amigo, me explicó que debido a las elevadas condiciones de maduración de este año, no tuvo más solución que añadir una buena cantidad de agua para posibilitar la fermentación alcohólica, que ahora tendrá que eliminar con un aparato concentrador, así como bajar también el grado alcohólico de los vinos que resultará elevado por la concentración, y por último pasar el vino por resinas de intercambio catiónico para reducir la acidez volátil que resulta también concentrada… Escuché atónito estos comentarios, pues después de este despliegue tecnológico, me pregunté donde estaba la uva y el vino como bebida natural. Pero no se asusten, pues no se trataba de un vino de Rioja, aunque podría perfectamente haberlo sido, ya que no existe el más mínimo control sobre estos aparatos y prácticas por parte de nuestras autoridades.
05 Oct 2007
Algunos comentarios sobre la futura OCM del vino
Desde hace unos meses, se viene anunciando en numerosos medios de comunicación, la reforma de la “Organización Común del Mercado (O.C.M.) del Vino”, donde se pretenden desarrollar una serie de medidas, de cuya posible aplicación van a ocasionar notables consecuencias para este importante sector agrícola de nuestro país.
Pues bien, el pasado mes de julio de 2007, la Comisión presentó la propuesta definitiva de esta reforma, que se debatirá en los próximos meses por los Estados Miembros, pudiendo llegar a un acuerdo como objetivo para el próximo mes de diciembre de 2007, bajo la presidencia portuguesa, o posiblemente, dada la complejidad del asunto, para el primer semestre del próximo año 2008 y bajo la presidencia eslovena.
Lo cierto es que respecto del contenido original, esta propuesta definitiva no ha supuesto grandes sorpresas, salvo la reducción de la superficie de viñedo a arrancar previsto, desde las 400.000 ha iniciales, hasta las actuales 200.000 ha que se proponen. Se mantiene el presupuesto de 1.300 millones de euros, que se dividirá fundamentalmente es tres capítulos: arranques, sobres nacionales y fondos para el desarrollo rural, y donde España será el país más beneficiado, con una cuantía cercana al 31 por 100, seguido de Italia con casi un 27 por 100 y Francia con aproximadamente un 23 por 100. Es de destacar que estos tres países se llevan casi todo el presupuesto europeo destinado a este fin.
Pero quizás el aspecto más importante de esta reforma, que puede afectar al sector vitivinícola europeo y sobre todo español es la liberalización de las plantaciones, donde se prevé el fin de los derechos de plantación para el año 2014, así como también la desaparición de todas las ayudas destinadas hasta ahora para destilación, exportación y almacenamiento para el próximo año 2008.
Todo esto parece un contrasentido, pues a priori no se entiende que, por una parte se fomente el arranque de viñedos, destinando para ello unas primas degresivas que van desde los 7.100 euros por hectárea en el año 2008, y por otra parte, desde el primero del año 2014, las plantaciones en Europa sean totalmente libres, y donde cualquier persona física o jurídica, podrá plantar nuevos viñedos con total libertad.
La explicación a esta política es bien sencilla, y que además resume el espíritu de la reforma planteada. Simplemente se trata de liberalizar totalmente el sector vitivinícola europeo, para que éste compita con total libertad con los nuevos países emergentes productores de vino, y que al mismo tiempo esto no suponga una carga económica para la Unión Europea. Ahora bien, se establece una moratoria de unos cinco a seis años, para que los operadores que lo deseen, sobre todo los viticultores, puedan salirse lo más airosamente de este sector, que año tras año se está poniendo cada vez más complicado.
Para la Denominación de Origen Calificada “Rioja”, muchas de las medidas que se proponen no le afectará, ni positiva, ni negativamente, e incuso algunas de ellas pueden ser muy beneficiosas, como por ejemplo las primas que se establecerán a quien realice la vendimia en verde, o los importantes fondos que se destinarán al ecoturismo, medidas ambientales, jubilación e incorporación de viticultores, etc.
Lo cierto es que otras medidas propuestas, sí pueden ser negativas para las viñas y vinos de nuestras Denominaciones de Origen, y donde fundamentalmente se destaca la liberalización de las plantaciones, pues en este momento no sabemos con exactitud que modelo se va a seguir. O bien se producirá para el año 2014 una total libertad para plantar viña, lo que ocasionará una importantísima pérdida del valor de los viñedos españoles. Como botón de muestra de lo dicho, solamente en la D.O.Ca. Rioja, donde en la actualidad el derecho de plantación se cotiza entorno a los 30.000 a 36.000 euros por hectárea, esta medida supondrá una pérdida por un valor total de unos 2.000 millones de euros para una superficie de viñedo inscrita de 60.000 ha. O bien se autorizará que cada Denominación de Origen, o mejor dicho que cada Organización Interprofesional pueda gestionar su masa vegetal de viñedo, en cuyo caso se podrá mantener es estatus actual....
El otro aspecto negativo a considerar es, que nos tememos que el Gobierno de España destine gran parte de los fondos recibidos, a paliar los efectos de la supresión de ayudas a destilación, exportación y almacenamiento, sobre todo en zonas vitivinícolas españolas excedentarias, y que el resto del sector vitivinícola, que no presenta este problema, se vea afectado en un recorte presupuestario para otras medidas que contempla la O.C.M. propuesta.
En cuanto a las menciones en el etiquetado de variedad y añada para la totalidad de los vinos, nuestra opinión es que si estos datos se ajustan a la verdad, no tendría porqué suponer un mayor inconveniente, salvo las ventajas comerciales donde unos vinos pueden ponerlo en sus etiquetas y en otros no lo pueden hacer. Las personas que creemos en la libre competencia, cuando ésta es en verdad leal, pensamos que el sistema actual de etiquetado puede ser injusto y hasta ilegal. Para nosotros, el problema puede venir del sistema de control para asegurar la veracidad de estos datos, que en los vinos de Denominación de Origen ya están establecidos y aplicados, mientras que en las otras categorías de vinos, nos tememos que esta medida sea de difícil aplicación, y entonces la teórica libertad de mercado se podría traducir en un simple fraude.
Todas estas medidas deberán ser armonizadas con la “Estrategia Vino 2010” presentado recientemente por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, donde en un ambicioso y económicamente débilmente dotado plan, se pretende situar a nuestro país como el líder del mercado mundial del vino.... Y por si todo esto fuera poco, la reciente creación de la denominación “Viñedos de España”, viene a aportar una mayor confusión al sector, y sobre todo a los consumidores, donde les estamos ofreciendo un nuevo sistema nada claro respecto de las Denominaciones de Origen tradicionales.
23 Jun 2007
EL CAMBIO CLIMÁTICO EN LOS VINOS DE RIOJA
12 May 2007
VIÑAS VIEJAS: ¿MITO O REALIDAD?
24 Abr 2007
VINOS TINTOS CONCENTRADOS: ¿TODOS NATURALES?
13 Abr 2007
DIEZ RAZONES QUE EXPLICAN Y JUSTIFICAN LAS NUEVAS VARIEDADES BLANCAS EN LA D.O.Ca. RIOJA.
Sobre este blog
Vino con sal y pimienta
j-hidalgo-ampeloenos-comJosé Hidalgo Togores, doctor ingeniero agrónomo, enólogo y diplomado en planificación de empresas, es profesor de universidad con una amplia y reconocida labor investigadora, técnico y gerente de numerosas bodegas en toda España y presidente de la Asociación Nacional de Enólogos durante ocho años, entre otros cargos. En la actualidad es asesor técnico de bodegas de prestigio en zonas vitícolas punteras, especializado en nuevos proyectos o desarrollos vitivinícolas. Autor de innumerables artículos y más de una decena de libros especializados, recibió el premio de la OIV al mejor libro del año 2002 por su obra Ingeniería y Mecanización Vitícola, en el 2004 por su Tratado de Enología, y en el 2007 por la obra la Calidad del Vino desde el Viñedo. José Hidalgo es digno heredero del conocimiento y de la labor divulgadora e investigadora de su padre, Luis Hidalgo, bautizado como el sabio de las viñas por su contribución investigadora a la vitivinicultura española y mundial.
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