La Rioja
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Fecha: diciembre, 2015
Artadi ya no es Rioja
Alberto Gil 30-12-2015 | 10:40 | 21

Hace un año y dos días, Diario LA RIOJA publicó la exclusiva de que Bodegas y Viñedos Artadi ultimaba el abandono de la Denominación de Origen Calificada (DOC) Rioja y ayer el bodeguero Juan Carlos López de Lacalle entregó oficialmente al Consejo Regulador la «baja con carácter inmediato» de las dos instalaciones bodegueras que mantenía inscritas.

Artadi rompe así con Rioja –es la primera baja voluntaria de la denominación de origen por discrepancias con el modelo de gestión en su larga historia (1926)– y cumple con los anuncios que ha venido reiterando a lo largo del año. De momento, según ha podido saber Diario LA RIOJA, la baja afecta únicamente a las instalaciones bodegueras pero, presumiblemente, hará lo propio en los próximos días con los viñedos (tiene en propiedad 83 hectáreas en Rioja Alavesa).

Artadi, con bodegas también en Navarra (Artazu) y Alicante (El Seque), pasará a elaborar vinos de mesa en sus instalaciones de Laguardia y en Viña El Pisón, una pequeña bodega donde elaborará su vino de finca más conocido y con el que ha logrado el mayor reconocimiento de la crítica nacional e internacional.

López de Lacalle, en viña El Pisón, en una imagen de mi compañero Díaz Uriel

De hecho, en la nota en que confirma su marcha de Rioja, ya aparecen estas dos bodegas referenciadas simplemente a ‘Álava’ como único origen geográfico y también en la propia página web de Artadi, sin alusión alguna a Rioja ni a Laguardia, el municipio donde se enclava la bodega y cuyo ‘uso’ está también protegido por la denominación de origen. «Ha sido una decisión larga y meditada, fundamentada en la intención de ofrecer, a través de nuestros vinos, un mensaje claro de nuestra tierra, de nuestros viñedos y nuestros paisajes», explica Juan Carlos López de Lacalle en la nota. «Regiones vitivinícolas de reconocido prestigio –continúa–, como Burdeos, Borgoña o Champagne, ofrecen al consumidor vinos reflejo de zonas determinadas que han sabido poner en valor estas diferencias como algo enriquecedor, lleno de mensaje y contenido». En Artadi, asegura el comunicado, «creemos que es fundamental ofrecer al consumidor la oportunidad de descubrir la diversidad de nuestra tierra, que dota a los vinos de valor, carácter diferenciador y autenticidad».

El discurso es el mismo que Juan Carlos López de Lacalle mostró hace un año en declaraciones a Diario LA RIOJA: «Se dirán muchas cosas, pero lo que pretendemos es poner en marcha un nuevo modelo de negocio porque entendemos que una denominación de origen tan grande confunde al consumidor y diluye nuestro mensaje». «Rioja –explicaba el bodeguero– ampara a todos por igual, no distingue de zonas, de suelos, de viñedos ni de vinos y únicamente el tiempo de crianza diferencia a unos de otros».

En solitario y vino de mesa
Hace un año, los planes de marcha de Artadi pasaban por conseguir el apoyo del Gobierno Vasco para crear una pequeña denominación de origen alavesa en la que dar cabida a su proyecto, junto con otras pequeñas bodegas de la zona, en lo que apuntaba a una escisión similar a la que se produjo en la DO Cava cuando catorce bodegas se marcharon a finales del año pasado y crearon Classic Penedés para vender sus espumosos.

Sin embargo, al menos por el momento, ninguna bodega acompaña a Artadi en la aventura ni tampoco el Gobierno vasco ha accedido a la creación de la denominación de origen por que la bodega de Juan Carlos López de Lacalle saldrá el mercado sin ningún tipo de amparo geográfico.

¿Qué ha pasado durante este año? Los acercamientos entre el bodeguero y Rioja han sido prácticamente inexistentes. Tras conocer la noticia de sus planes, al anterior presidente del Consejo Regulador, Luis Alberto Lecea, mantuvo un encuentro con López de Lacalle en el que le pidió que expusiera por escrito sus demandas. Nada más se supo de aquello y tampoco los movimientos de la institución rectora del vino de Rioja –que trabaja ya con varias propuestas para desarrollar y diferenciar vinos más ligados al origen (de pueblo o de finca)– han convencido al bodeguero de Laguardia, que, finalmente, ha cumplido con su anuncio de seguir adelante por su cuenta y riesgo.

Tampoco las conversaciones con el Gobierno Vasco –cuyo viceconsejero Bittor Oroz eludió hacer declaraciones– han salido demasiado bien, puesto que Artadi no ha logrado su pretensión inicial de ser amparado por una pequeña denominación de origen alavesa. De hecho, en los últimos tiempos tanto el Ejecutivo foral como la Diputación alavesa han ‘suavizado’ su discurso originalmente muy crítico con Rioja y las asociaciones de bodegas alavesas, que en determinados momentos han aludido a posibilidades de ruptura con el supuesto apoyo de varias bodegas, han presentado propuestas en el Consejo Regulador para desarrollar vinos de pueblo y de finca.

Artadi surgió en 1985 como una cooperativa de cosecheros que explotaban sus viñedos en el entorno a la localidad de Laguardia, en Rioja Alavesa. Durante la década de los noventa, con Juan Carlos López de Lacalle como artífice principal, Artadi se convirtió en una de las bodegas más prestigiosas de Rioja con el lanzamiento de vinos de finca como Viña El Pisón y otras elaboraciones singulares como Grandes Añadas y Pagos Viejos. Hace unos años, López de Lacalle lanzó al mercado también una colección de vinos de parcela que ha obtenido también el respaldo inmediato de la crítica nacional e internacional.

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Atkin pone el dedo en la llaga de Rioja
Alberto Gil 14-12-2015 | 10:45 | 1

El crítico británico Tim Atkin, uno de los más reputados y mayores conocedores internacionales de Rioja, acaba de publicar una «controvertida», en sus propias palabras, clasificación de las bodegas de Rioja. Atkin –que preparó su reportaje durante dos semanas de visitas ‘in situ’ en plena ebullición del caso Artadi y su anunciado abandono de la DOC– es rotundo en sus conclusiones. «La de Rioja es una historia de éxito, pero también es víctima de su éxito» y se muestra abiertamente partidario de vincular la calidad y autenticidad de los vinos a orígenes geográficos: los vinos de pueblo y de finca. Atkin argumenta que «Rioja es un vino de calidad, con muchos menos ‘riesgos’ que vinos de Burdeos, Borgoña o Chianti, pero la consistencia no excelencia». «Rioja –continúa– ha expresado sólo una pequeña parte de su potencial paralizado por normas a veces sin sentido [en alusión a la rigidez en las normas de crianza y tiempos de estancia en barrica]».

Polémica clasificación
Nadie, hasta ahora, se había atrevido a publicar una clasificación de bodegas de Rioja. Atkin sigue el modelo bordelés (Medoc) que ideó en su momento, 1855, Napoleón III para clasificar los chateaux bordeleses, con cinco escalones diferentes, aunque en esta ocasión el crítico asegura que únicamente la calidad guía la categorización (en 1855 el criterio fue la fama y el precio de las botellas).
Un sexto grupo de bodegas se incluyen en la categoría Crus Bourgeois, que en Francia acoge a firmas y viñedos posteriores a la rígida, y hasta hoy prácticamente inamovible, clasificación del XIX. La pretensión de Atkin, sin embargo, es actualizar «anualmente» la suya, citando en el reportaje a Arnold Schwarzenneger en ‘Terminator’: «Vuelvo enseguida», avisa el crítico.

En cuanto a los resultados, el primer escalón (’first growth’s o ‘primer crus’) lo componen Bodegas Abel Mendoza (San Vicente); Artadi (Laguardia); Contador (San Vicente); Finca Allende (Briones); La Rioja Alta (Haro); Marqués de Murrieta (Logroño); Muga (Haro); López de Heredia (Haro); Remélluri (Labastida); Sierra Cantabria (San Vicente); Viñedos de Páganos (Laguardia); y Vinos de Telmo Rodríguez (Lanciego). Atkin ha sabido conjugar elaboradores de vinos históricos, como López de Heredia, Murrieta o La Rioja Alta, con los talentos surgidos en los pasados noventa y, quizá, la principal sorpresa es la inclusión del viticultor Abel Mendoza en lo más alto de la cúspide.

Los ‘premios’ del año
De hecho, Atkin concede a Abel Mendoza el título de ‘Bodega del año’ en su reportaje por sus tintos, pero también por su apuesta por los blancos con variedades autóctonas. Roberto Oliván (Tentenublo) que, con un proyecto de apenas cinco años en el mercado, escala hasta el segundo escalón de la clasificación, es para el crítico británico el ‘Joven bodeguero del año’. El podio lo completan Artadi, con Viña el Pisón 2012 como ‘Tinto del Año’, López de Heredia con su Viña Tondonia Gran Reserva 1999 como ‘Blanco del Año’ y Palacios Remondo, con el próximo vino que Álvaro Palacios sacará al mercado en el 2016, ‘Quiñón de Valmira’, como ‘Tinto revelación del año’ y Gomez Cruzado, con su ‘Montes Obarenes’ como ‘Blanco revelación’.

Más allá de su controvertida, o no, clasificación de bodegas, Atkin se confiesa un enamorado de los vinos de Rioja. Desde luego, las puntuaciones de cata son espectaculares: más de 90 puntos para más de 400 vinos de los 532 catados y 90 de ellos más de 95 puntos (sobresalientes).

El Pisón 2012 y el Castillo de Ygay 2007, de Murrieta, logran 99 puntos, mientras que de nuevo Artadi, con su vino de finca El Carretil 2012; Telmo Rodríguez, con las Beatas 2012; Finca Allende, con Aurus 2010, y los Eguren, con La Nieta 2012, logran 98 puntos.

Rioja&Roll y otros jóvenes talentos

Bryan McRobert, viticultor sudafricano afincado un Rioja (Laventura Wines) envío un mail a Atkin informándole del nacimiento de los jóvenes de Rioja&Roll. El ‘toque’ de atención surtió efecto y el crítico mostró un especial interés por sus proyectos. De hecho, Atkin sitúa a Tentenublo, bodega revelación, y a Bodegas Artuke, con elevadas puntuaciones, en el segundo escalón de Rioja; a Olivier Riviere, en el cuarto y a Bárbara Palacios (Barbarot), entre los Crus Bourgois, es decir, un reconocimiento expreso a estos jóvenes de Rioja&Roll.

Atkin no duda de que «tienen el futuro en sus manos». Pero no solo ellos, David Sampedro (Bodegas Bhilar); Lauren Rosillo (Finca Valpiedra); Pedro Balda; Agustín Marauri (Marqués de Terán); Ruth Rodríguez (Izadi y Orben); Mario e Iván Santos (Aldonia); Pablo de Simón (La Marquesa); David González (Gómez Cruzado); Juan Baustista García (Paco García); Pedro Balda; Luis Arnedo (Lacus); Marta Apellániz (Pujanza) y Simón Robles (Baigorri) son  citados como «jóvenes talentos impresionantes».

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Tentenublo: cata&roll el día 16
Alberto Gil 03-12-2015 | 12:52 | 0

Atado a un poste de viña, enterrado entre gavillas… Son imágenes con las que podemos encontrar a Roberto Oliván en Internet, un joven viticultor de Viñaspre (pedanía de Lanciego) que, sin complejos, se rebela contra las ataduras y convencionalismos. Con su discurso y sus hechos, Oliván reivindica el orgullo del viticultor de Rioja, apesadumbrado hoy en día por la presión de la globalización vitivinícola: «Tengo 8,5 hectáreas, hago 45.000 botellas y el proyecto Tentenublo acaba ahí».

Oliván, Tentenublo Wines, tiene claros los orígenes: «Corría el año 2010 y la uva la pagaban a 50 pesetas; había que echar para adelante y lo hice porque, de la misma forma que mi abuelo y mis padres vivieron de esto, yo también creo que puedo hacerlo». Tentenublo nació en el 2011 y hoy es un proyecto reconocido, primero por los consumidores y más tarde por la crítica, que se ha rendido al empuje de este joven viticultor que vive por y para sus viñas: «He catalogado 22 parcelas diferentes y podría tener 30 ó 40 vinos distintos; con esta diversidad cómo voy a pretender hacer otras cosas si aún me falta casi todo por descubrir en nuestras viñas familiares», se pregunta.

Este alegato de la diversidad natural contrasta con las exageradas inversiones en edificios, en tecnología, en barricas… que se impusieron en el mundo del vino y que, en realidad, lo único que hacían era dificultar las posibilidades de desarrollo de los auténticos protagonistas, los viticultores: «En la sencillez está la complejidad», asegura Roberto Oliván.

El nombre Tentenublo hace referencia al repique de campanas con que en los pueblos de Rioja se avisaba de la posibilidad de granizada; Oliván elabora en depósitos de hormigón y en tinos de castaño (anteriores a la llegada de este material a las bodegas de Rioja) y uno de sus vinos, Xérico, reproduce la imagen de su abuelo: «Él si que tenía el título de viticultor…, yo todavía me estoy sacando el carné», bromea. Su proyecto, en definitiva, es un repetido guiño a la viticultura tradicional de Rioja de hace 50 años, lo que se traduce en unos vinos que -lejos de la ‘explosión’ y la concentración que hasta hace poco se pedía a cualquier vino de más de diez euros- resultan muy agradables, pero, al tiempo, ricos en matices y complejidad: «Nos hemos olvidado para qué servían los vinos, para beber básicamente», argumenta.

La cata
Roberto Oliván presentará el próximo día 16 para los aficionados de lomejordelvinoderioja.com su gama de vinos de ‘aldea’ y su colección de parcelas: el Escondite del Ardacho (un lagarto ocelado que vive en sus viñedos), cuyo diseño -obra de la empresa riojana Calcco y del propio Roberto- ha sido premiado en varios concursos nacionales e internacionales.

Tentenublo Blanco 2014 se elabora con viura, malvasía y calagraño procedentes de las cabezadas de cinco parcelas. La principal sorpresa es esta última uva, desdeñada por la mayoría (racimo y grano gordo) pero apreciada por este joven viticultor: «No es aromática, pero tampoco lo es la viura, y, en viñedos viejos y en su sitio, aporta mucha complejidad; a mí, personalmente, me recuerda mucho a la variedad palomino».

Xérico 2014 responde al concepto de vino de aldea de Roberto Oliván, con mezcla de tempranillo y viura: «Las uvas proceden de tres parcelas de margas calizas y es el vino más directo y ‘sencillo’, el que se ha bebido en mi casa toda la vida a diario». Aunque en este caso, el joven viticultor le aporta una crianza en tinas de roble durante unos 6 meses.

Tentenublo Tinto 2014 responde también al concepto de vino de pueblo, con mezcla de diferentes parcelas (18) de terrenos de margas areniscas que le aportan más estructura que al anterior. «La diferencia fundamental la marca el suelo», explica Oliván.

Los vinos ‘escondidos’
El Escondite del Ardacho es la colección de vinos de parcela, producciones limitadísimas de menos de una hectárea que forman parte de un proyecto en el que Roberto Oliván se ha ‘enfrascado’ para demostrar las infinitas posibilidades de los terruños de Rioja, en este caso localizados en exclusiva en la pequeña localidad de Viñaspre. De momento, la colección se compone de tres ‘Ardachos’ -las Paredes, las Guillermas y el Abundillano-, aunque es muy posible que en breve vayan asomando de su escondite por el mercado nuevos ‘lagartos’.

El viticultor presentará en la cata dos de ellos: Las Guillermas y el Abundillano, agotados en bodega. «Las Guillermas -explica el viticultor- incorpora un porcentaje elevado de viura de más de 70 años y el resto es empranillo de la misma parcela, de un suelo aluvial muy raro en la zona que nos encontramos y que es lo que aporta la personalidad propia al vino». Escondite del Ardacho el Abundillano es un vino marcado por un suelo de areniscas rojas y, sobre todo, por la uva garnacha que, en una zona alta y fresca como Viñaspre, aporta un perfil muy diferente a las más tradicionales garnachas cálidas mediterráneas.

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Rioja: así nos vemos (desde dentro)
Alberto Gil 01-12-2015 | 11:29 | 0

No es la primera vez que Rioja llega a una encrucijada. A lo largo de su historia, bodegas y viticultores han tomado decisiones, más o menos traumáticas, en momento decisivos y todo parece indicar que en la actualidad se ha llegado a uno de ellos. Diario LA RIOJA reunió a cuatro bodegueros/viticultores de prestigio, cada uno con modelos de negocio diferentes y que en los años 90 fueron artífices de la renovación, de la vuelta al viñedo, que reclamaban los mercados.

Aunque ajenos totalmente a cuestiones políticas, los cuatro coinciden en que el modelo actual –un paraguas único con las menciones tradicionales de calidad (crianza, reserva y gran reserva) como único factor diferencial de los vinos– está agotado. El reconocimiento de singularidades, bien por una nueva clasificación geográfica (vinos de pueblo, de finca) bien por un compromiso real por la viticultura de calidad (protección del viñedo viejo y control real de rendimientos de producción), está en la mente de todos ellos para diferenciar a diferentes operadores de un sistema, que, si bien ha tenido un éxito extraordinario, ha tocado o está tocando techo.

El quid de la cuestión es cómo seguir garantizando la convivencia de vinos a cuatro euros con otros de doce o quince, distinguidos en ambos casos con la misma contraetiqueta de reserva y sin más diferenciación.  A la vista de las manifestaciones de los participantes en el debate, Rioja tiene un problema y quien no quiera verlo deberá taparse los ojos:

Agustín Santolaya (Bodegas Roda): «Rioja es hoy una denominación que está enferma»

Bodegas Roda es un proyecto nacido en los 90 del siglo pasado y recibido en su día, entonces también un momento de crisis, como un renovador de una Rioja en decadencia. Roda es diferente a la mayoría de bodegas: selecciona viñedos, terruños variados de cepas viejas por toda la región para su vinificación separada, aunque finalmente ensambla los vinos en sus Roda y Roda I. Ha recuperado viejo material genético perdido por toda la denominación en proyectos de investigación y su director general, Agustín Santolaya, asiste apesadumbrado a la deriva de los acontecimientos: «La Denominación de Origen está hoy enferma; estamos vendiendo a precios ridículos y la imagen de la región cae profundamente». Santolaya recuerda precisamente una entrevista que Diario LA RIOJA publicó en el año 2000. «Fue una charla muy dura, en la que cuestionaba los rendimientos de 10.000 o 15.000 kilos por hectárea y hoy seguimos en las mismas».

El director general de Roda tiene claro que no hay que hacer demasiadas cosas, pero que hay que hacerlas: «Cumplir el reglamento de Rioja; no se pueden ni se deben producir más de 6.500 kilos por hectárea, pero por parcela, sin compensaciones ni intercambios de cartillas». De hecho, Santolaya, apoyado en la base de su negocio de rebuscar viñedos con identidad en toda la geografía de la región, recela de la corriente que apuesta por las comarcas y los vinos de pueblo: «Hay que tener cuidado; estoy de acuerdo con que se pueda indicar a título informativo pero no podemos condenar a determinados municipios cuando a lo mejor tienen parajes, viñedos únicos que además aún están por descubrir». «Rioja es tan rica que hay extraordinarios paisajes –continúa– que serán otras generaciones quienes los explotarán; por ello hay que tener cuidado con estos temas». En este sentido, se pregunta si no pueden aspirar al club de ‘primera división’ bodegas que «pueden seguir abriendo vinos de hace cien años y que mezclaban uvas de toda la región».

Santolaya insiste en la base del problema: «Hay dos tipos de Riojas, los de marca, con calidad, y los de supermercado, y la balanza de está inclinando peligrosamente a estos últimos cuando nadie es capaz de aguantar más de diez años en los lineales». La solución, reitera, son «los rendimientos» y una «promoción con sentido»: «El crecimiento exportador de Rioja, a precios tirados, nos ha destrozado a quienes estábamos en los mercados con vinos de calidad». «Rioja ha sustituido cimientos de piedra por otros de arena y nuestra imagen se ha resentido; eso costará mucho recuperarlo, pero, con pocos cambios, podríamos ser de las mejores denominaciones del mundo».

«Rioja lo gobiernan hoy exclusivamente los litros» (Miguel Ángel de Gregorio, Finca Allende).

Miguel Ángel de Gregorio, Finca AllendeMiguel Ángel de Gregorio fue otra de las figuras renovadoras de Rioja en los 90 con su proyecto de Briones (Finca Allende). Pionero en la utilización de los vinos de paisaje y del concepto de vino de pueblo (todo su viñedo de Allende está en Briones) no cree, sin embargo, que un desarrollo legal de estos conceptos sea la solución: «Estoy a favor de que se pueda indicar en una etiqueta, en que se desarrollen porque sirven para vender vinos premium y porque se basan en el territorio, pero también creo que hay otras bodegas que hacen también calidad y marca y no siguen esa filosofía». «La libertad –continúa– es terapéutica y necesitamos es un marco para jugar todos en igualdad».

Marco que, a juicio del bodeguero, no existe en la actualidad: «En Rioja gana quien vende más litros; el Consejo Regulador está dominado por los litros, que gobiernan en exclusiva; tenemos un modelo de ‘pan para todos’ sin importar cómo se cultiva el viñedo o cómo se elabora el vino». De Gregorio alude al reciente acuerdo de rendimientos pactado en los grandes operadores: «Pero cómo se puede justificar un acuerdo a tres años sin saber cómo van a ser las campañas para tener más vino y barato».

El bodeguero es especialmente crítico con la política de promoción del Consejo Regulador: «Es difícil convivir cuando tu modelo se basa en el viñedo contra grandes operadores que toman las decisiones». «La vinculación a la tierra es fundamental, pero ha llegado un momento en que las decisiones de Rioja se toman en Londres, en París o en Ciudad Real, no aquí».
De Gregorio recuerda que «la singularidad en el mundo del vino es el territorio y, mientras en otras zonas las bodegas que han hecho marca, que venden mejor, son la punta de lanza, aquí no sólo no lo somos, sino que nos ‘sacan’ de los mercados a precios tirados con las ayudas de promoción de marca genérica». El bodeguero considera que el «mal» es casi endémico, fruto de la configuración del ‘Rioja moderno’ en el siglo XIX a medida de los negociants franceses de entonces: «Nunca ha importado la viticultura, sino que se compraba vino, no uva, y hoy en día seguimos igual». «Tenemos una visión de la viticultura industrial, en la que importa el ‘papel’ del viñedo, el ‘papel’ de los vinos, de forma que el ‘señor ratio’ regula nuestra vida».

De Gregorio es claro: «Yo tengo viñedos en Ciudad Real y puedo hacer vinos correctos con 30.000 kilos por hectárea, pero aquí es imposible». «Si se va Artadi –continúa– es una pérdida para todos y, de seguir así, todos lo que no están cómodos pueden acabar cogiendo el mismo camino; el vino es negocio, pero no sólo eso, también es corazón e ilusión y duele mucho ver lo que está pasando».

«Rioja va camino de convertirse en el ‘low cost’ del vino» (Abel Mendoza, Bodegas Abel Mendoza).

La de Abel Mendoza es una historia de trabajo y superación. Era un cosechero de San Vicente que un día decidió embotellar las uvas de sus viñedos y, mochila al hombro, patear mercados hasta encontrar una pequeña red de distribuidores que confía en la honestidad de sus vinos. Cuando hiela, no hay vinos de Abel Mendoza, cuando se venden sus vinos no hay más y quien compra sus botellas sabe que adquiere una filosofía de vida: «Personalmente estoy harto de normas, de burocracia».

Mendoza, en toda esta polémica sobre sobre escisiones, vinos de comarca, de pueblo, de finca… se queda con algo más sencillo: «Respeto y convivencia; los presupuestos de promoción del Consejo Regulador, cada vez más importantes, no guardan un sólo céntimo para modelos singulares y, sencillamente, no lo entiendo porque, a mi juicio, son los que realmente están vinculados al territorio y aportan al conjunto».

Abel Mendoza piensa en este sentido en las nuevas generaciones: «No les estamos ayudando nada; necesitamos abrir una nueva vía, basada en la calidad y en la vinculación al territorio». «Hay jóvenes –continúa– con ideas nuevas, que quieren explotar terruños, variedades…, lo que sea, pero no hay ningún soporte al que se puedan agarrar, sencillamente, porque les estamos cerrando las puertas». Este viticultor de San Vicente tiene claro que producir uvas de calidad no es barato; que a partir de determinados precios no caben los pesticidas ni los herbicidas y que los consumidores que compran esas botellas quieren saber prácticamente todo del viñedo y de la elaboración: «Sin embargo, en Rioja estamos al margen de esta corriente y corremos el riesgo de convertirnos en el ‘low cost’ del mundo del vino». Mendoza considera que el modelo de diferenciación basado en las categorías crianza, reserva y gran reserva «ha tocado techo» y que hace falta una revisión del modelo, aunque tampoco tiene claro que sea con más normativa: «No podemos encasillar a los nuevos talentos, que los hay, lo que hay que hacer es mirar al territorio, al paisaje, y controlar, sí o sí, los rendimientos de producción para premiar a quien respeta las normas en lugar de a quien no lo hace».

El viticultor se pregunta hacia donde van «las pretensiones de obtener una declaración de patrimonio de la humanidad cuando no respetamos ni el paisaje ni nuestro propia historia». «Veo viñas emparradas con alambras, jardines de cepas como si los hubiera peinado Llongueras». «Si el paisaje, la tradición, no es nuestro cómplice poco podemos hacer». Abel Mendoza insiste en la primera idea, en el respeto: «Yo no cuestiono el modelo de los ‘grandes’ pero sí reclamo un espacio para ser diferente».

«No soy secesionista pero sin cambios, Rioja es insostenible» (Juan Luis Cañas, Familia Luis Cañas)

Familia Luis CañasJuan Luis Cañas (Familia Luis Cañas) cogió el timón de la bodega familiar (Villabuena de Álava) en 1989. Heredero de una tradición cosechera y viticultora con un poso de varias generaciones, Juan Luis fue combinando la elaboración de vinos jóvenes con la crianza y así fundó en 1994 las actuales instalaciones de Luis Cañas. Comenzó entonces a trabajar en la selección del viñedo con las cepas más antiguas que luego dieron lugar a Amaren y, en el año 2009, dio el salto a Ribera del Duero con Dominio de Cair.

Juan Luis Cañas se presentó al debate convocado por Diario LA RIOJA con una propuesta que la asociación sectorial en la que se integra, Araex, acaba de registrar en el Consejo Regulador: «No soy secesionista, creo en Rioja y en el sector, pero si no hay cambios esto es insostenible», asegura. La propuesta de Araex, en líneas con otras que también ha llegado al Consejo, apuesta por desarrollar una pirámide de calidad en Rioja, que parte del vino más genérico, sube al de subzona, de ahí el de municipio o pueblo y, finalmente, al de finca: «Debe ser un sistema sencillo, que el consumidor de Japón entienda, con municipios o con control de rendimientos y apuesta por el auténtico viñedo viejo, pero necesitamos una segmentación porque hoy jugadores de ‘tercera’ están en ‘primera división’ de Rioja y los buenos, los realmente buenos, están condenados a jugar por el descenso».

El bodeguero cree en que «debe ser el propio sector quien discuta su futuro, no los políticos ni de uno ni de otro lado», y aclara que no está por la ruptura: «No soy secesionista, pero sin cambios Rioja es insostenible». Cañas recuerda, con datos, que «los precios de Rioja son menores, tanto en tinto como blanco y rosado que en el año 2002 y que sus vinos se han quedado prácticamente «fuera de los segmentos premium y superpremium». «Vendemos –continúa– en el nivel más bajo y en el medio bajo y esos vinos, además, están sacando con el nombre de Rioja a quienes hace treinta años impulsaron la exportación». En cualquier caso, el bodeguero entiende que «aquí cabemos todos, pero hacen falta normas nuevas y diferenciación».

En este sentido, considera que el desarrollo de una pirámide geográfica, con exigencias reales –por supuesto origen de las uvas, menores rendimientos, edad del viñedo…– es una opción porque «creo en el paisaje» pero está abierto a otras: «Lo importante es la imagen que damos en el exterior; ahora tenemos vinos en un supermercado americano a 9 euros con otros a 24 y los dos son reserva, es decir, amparados legalmente por igual; eso debe cambiar».

 

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