La Rioja
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Fecha: abril, 2016
¿Y si la diferenciación fuera más sencilla de lo que parece?
Alberto Gil 28-04-2016 | 8:00 | 0

En pleno debate institucional sobre cómo articular un sistema de diferenciación de vinos, sobre cómo revalorizar los terruños, ‘Rioja ‘N’ Roll’ mostró que es posible hacerlo en Barcelona con apenas media docena de mesas y carteles: Vinos de Rioja (con uvas de varias subzonas); vinos de pueblo; vinos de finca y vinos de parcela… Todos juntos, pero perfectamente separados por categorías y sin pirámides ni mayores pretensiones protagonistas. Vinos hechos con uvas de toda la región vitícola conviviendo en perfecta armonía y con la garantía de origen de la honestidad de sus elaboradores.

Antes de la fiesta

Un lugar céntrico, la antigua cervecera Moritz de Barcelona, viticultores con camisetas rojas –con el nombre de cada bodega grabado a la espalda–, jamón, buena música en directo y, sobre todo, vinos personales, auténticos y artesanales de Rioja fueron los ingredientes de la presentación de ‘Rioja ‘N’ Roll’ en Barcelona el pasado domingo, víspera de Alimentaria.

La convocatoria superó con creces las previsiones más optimistas y de un aforo inicial previsto para 200 personas se amplió hasta duplicarse y, aún con todo, resultó corto para el tirón de este movimiento que reivindica la autenticidad en el cultivo y la elaboración de vino. El éxito de la presentación demuestra el interés histórico que Cataluña (la región española con más cultura internacional y nacional de vinos) ha tenido, y tiene, por el Rioja.

Con los últimos de la fiesta

Nombres como Luis Gutiérrez, el catador de ‘The Wine Advocate’ (Parker) para España, José Peñín o Ferrán Centelles (jancisrobinson.com), junto con importantes figuras de la restauración barcelonesa como Monvinic, se dejaron ver por Moritz en la puesta de largo de este pequeño colectivo.

Elaboradores en bodegas de ‘alquiler’ en su mayoría, pequeños propietarios de viñas familiares y algunos arrendatarios de fincas de cultivo, los Rioja ‘N’ Roll comparten un espíritu reivindicativo de la extraordinaria diversidad de terruños de Rioja y de las personas que hacen las cosas de forma diferente y rebuscan en lo más hondo de la propia tradición vitícola. De la misma forma que una pequeña, e irreductible, aldea de la Galia resistió al imperio romano, la voz de Rioja ‘N’ Roll reclama un espacio propio ante la industrialización del vino.

Lo hizo desde la sencillez. Apenas una decena de mesas, con botellas de vinos clasificados por su origen, sin precios ni distinción alguna de mayor o menor prestigio, todos ellos al alcance de 400 copas sin manteles ni fichas de cata: «Prueba los vinos y, si te interesa, coméntanos lo que quieras», explicaba Óscar Alegre (Alegre&Valgañón), «pero hazlo a tu bola».

Vinos de finca, de parcela, de pueblo y de Rioja, algunos de ellos ‘top’ de las listas de la crítica internacional, junto con otros más ‘modestos’ o nuevos lanzamientos. Pero todos ellos elaborados con dedicación, ilusión y con las diferentes personalidades de las viñas y de los propios viticultores como elemento común. Este Rioja sí que interesa.

Los ‘Rioja’N’ Roll’

Arturo y Kike de Miguel
Artuke: Elaboran vinos pegados al origen, con 32 parcelas en Baños de Ebro, Ábalos y San Vicente.

Bárbara Palacios
Barbarot Wines: Elabora, hoy por hoy, un único vino de siete hectáreas en los Riscos de Bilibio de Haro.

Bryan MacRobert
Laventura Wines: Trabaja viñedos en la Sierra Cantabria con dos vinos, un blanco y un tinto.

Olivier Rivière
Olivier Rivière Vinos: Elabora en Rioja, con 1,5 hectáreas propias, y se abastece de uvas viñas que controla en toda la DOC. También hace vino en Arlanza y Navarra.

Óscar Alegre y Eva Valgañón
Alegre&Valgañón: Cultivan 15 hectáreas y 17 parcelas en Fonzaleche, pueble límite noroccidental de la DOC Rioja (Obarenes).

Sandra Bravo
Sierra de Toloño: Con experiencia por todo el mundo, se instaló en Villabuena para trabajar 8,5 hectáreas en Labastida y Rivas de Tereso y elaborar vinos artesanales.

Tom Puyaubert
Exopto: Elabora de alquiler en Laguardia y es propietario de viñedo en Ábalos. Controla además parcelas en Yerga (Rioja Baja).

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Domingo Rodrigo: “Si todo el mundo pretende hacer ahora vinos de finca, Rioja fracasará”
Alberto Gil 19-04-2016 | 11:07 | 0

Domingo Rodrigo

En la imagen de Sonia Tercero, Rodrigo sostiene un ejemplar de Diario LA RIOJA de 1977, con la crónica de una añada desastrosa

Casi 40 vendimias, primero como veedor (1997), y desde 1988 como jefe de los Servicios Técnicos, ha vivido Domingo Rodrigo desde el Consejo Regulador hasta su jubilación en noviembre del año pasado. Ha sido testigo de cambios tan trascendentes como la supresión de graneles, la consecución de la Calificada, la creación de la Interprofesional o el éxito productivo y comercial de Rioja del nuevo siglo. Ha trabajado con seis presidentes de la institución y asegura que nunca tuvo que soportar injerencias: «Todos fueron importantes, unos por poner las bases y otros por desarrollar la denominación». «Estoy orgulloso de la evolución de Rioja; el agricultor ha vivido bien, del viñedo y de su trabajo; los últimos 30 años, aunque con alguna sombra, han sido muy buenos».
– Se estrenó usted con una cosecha ‘horrorosa’…
– Así es (risas). Hubo un grave problema con el mildiu o el oídio y, de hecho, aquel fue el primer año en que se empezaron a tomar muestras de vinos para analizar porque fue un auténtico desastre de cosecha.
– Poco que ver aquellos tiempos con aquellos…
– Nada que ver. No había registro de viñedo y los veedores no teníamos ni una máquina de escribir. Todo se hacía a mano. Cuando yo entré se duplicó la plantilla de veedores, de tres a seis, y comenzó a crearse el órgano de control que hoy conocemos.
– Enseguida se metió mano al control de añadas…
– Sí. Cuando entramos en 1977 sólo se diferenciaba el vino genérico del crianza y luego, con Santiago Coello, establecimos la etiqueta diferenciada para las cuatro categorías y a controlar la añada. Hasta entonces, teníamos cosechas que, cuando eran excelentes, eran interminables. Fue una decisión importantísima y en 1985 se empezó a exigir un control de calidad con la recogida de muestras. Muchísimos viticultores tuvieron que dejar de elaborar al no disponer de medios, lo que impulsó las cooperativas, pero sobre todo se mejoró mucho la calidad de los vinos.
– Y en estas se llegó a la Calificada
– Entonces se planteó como una diferenciación sobre el resto de denominaciones de origen. Cuando entré se vendían 67 millones de litros, de los que 27 se exportaban, 14 de ellos en graneles. Había mucha falsificación de Rioja y eso hacía mucho daño. Finalmente se aprobó el embotellado en origen tras una batalla muy dura, sobre todo con las instituciones comunitarias.
– Hábleme de errores...
– El mayor, para mí, ha sido con el tema del blanco. Se perdió un tiempo precioso y varias bodegas se hartaron y decidieron poner los huevos en otras cestas. Con el tinto, el sector aguantó la fuerte presión del ‘cabernitis’ de los noventa y no se autorizó la variedad porque con el graciano, y luego con la maturana, había opciones propias. Aquél fue un gran acierto pero la viura sí necesitaba uvas mejorantes. La promoción, que tardó mucho en empezarse, y la escasa investigación son otros de los errores históricos de Rioja.
– ¿Debería aspirar Rioja a ser algo más que el mejor vino de precio/calidad?
– Sí. Somos los mejores al precio que vendemos, pero también hacemos algunos de los mejores vinos del mundo y no somos capaces de venderlos a la mitad de precio que otras grandes DDOOs internacionales con vinos similares, incluso con medias peores. El futuro va por ahí. Hace falta valor añadido. La liberalización es un error y Rioja debe defender su modelo de control de producción y para ello tiene vender más caro.
– ¿Me habla de diferenciación de vinos?
– Sí. El debate no es nuevo. Surgió hace muchos años pero entonces había que consolidar otras cosas. Me gusta el modelo de los vinos de finca, valorando suelos, menores producciones, analíticas más rigurosas… Ahora bien, si todo el mundo hace vino de finca fracasaremos. Viñas de regadío no pueden hacer vinos de finca. En ese sentido, el caso de Artadi, más allá de que no es buena noticia, creo que puede ser beneficioso para Rioja. Juan Carlos López de Lacalle ha sido valiente. Fuera de Rioja hace mucho frío y veremos cómo le va, pero, al final, para el sector creo que puede ser ‘positivo’ porque ya se está trabajando en la diferenciación.
– ¿Hay espacio de futuro por tanto para los viñedos singulares?
– Sí. Hemos perdido mucho viñedo viejo y, en mi zona, Tudelilla, garnachas sensacionales. La ‘trempranitis’ se las llevó por delante pero el problema es que no se pagaba la diferencia de producir 3.000 kilos. Ahora se está empezando a hacerlo y hay que seguir valorando esos viñedos. Todavía nos queda bastante viña vieja y hay que potenciarla para que sea rentable. Creo que ahora el sector está maduro para estas cosas y son necesarias para Rioja.
– ¿Cómo encajan las subzonas tradicionales en este modelo?
– Perfectamente. Desde 1998 se puede poner en la etiqueta la subzona correspondiente. Todo el que ha querido lo ha hecho, aunque muchas veces se ha falseado la realidad. Rioja Alavesa es la que más la ha desarrollado pero la gran bodega y mediana no han visto ese valor diferencial pretendido y tampoco se puede obviar que no menos del 40% del vino que se trabaja en Rioja Alavesa no es de allí. La realidad es que la subzona no ha aportado una diferenciación sustancial y, por el mismo motivo, tengo mis dudas de que funcionen los vinos de pueblo. Sí creo que pueden hacerlo los de finca, pero estas otras delimitaciones tan genéricas no sé si aportan el valor añadido pretendido.
– ¿Justifica la diferenciación de vinos y viñedos los fuertes movimientos de concentración de grandes y bodegas vivimos en Rioja?
– Está claro que la tendencia mundial son grandes compañías y el resto está en serio riesgos de desaparecer. La diferenciación de viñas y vinos es clave para que los pequeños puedan subsistir. Especialmente crudo lo va a tener el agricultor pequeño si se rompe el modelo de Rioja.

“Los rendimientos de 10.000 kilos en Rioja deben desaparecer”

Pese a haber puesto medios y voluntad para controlar los excesos de rendimiento, Domingo Rodrigo asume este tema como «mi fracaso personal». «No puede haber viñedos que producen 10.000 kilos por hectárea en Rioja; intenté tomar medidas pero me vi desbordado por la falta de amparo legal». Rodrigo recuerda que desde el 2003 hasta hace poco «el Consejo tenía una inseguridad jurídica brutal y, de hecho, es lo que más ha desmoralizado a los servicios técnicos». «Ahora se pueden tomar estas decisiones y hay que llevarlas hasta el final». Rodrigo muestra no obstante su preocupación por el nuevo sistema de control. «Los veedores, afortunadamente, siguen ahí, pero no se puede caer en la burocracia de los sistemas ISO y contentarse con realizar 20 inspecciones al año perfectamente documentadas». «El exigente nivel de control de Rioja –continúa– es necesario porque las puertas del campo están abiertas y hay más de 1.000 bodegas».

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Telmo Rodríguez: «El productor excepcional no es enemigo del de volumen»
Alberto Gil 06-04-2016 | 3:03 | 0

Telmo Rodríguez en una imagen del Diario Vasco con su vino Las BeatasParalelamente al fuerte proceso de concentración que vive el sector del vino español, y de Rioja, con la apuesta de grandes compañías como García Carrión (con la compra de Bodegas Lacort, antigua Patermina) y otras medianas (Marqués del Atrio en su alianza con el gigante chino Changyu por ejemplo), un movimiento de viticultores que reclaman un espacio propio intentan recuperar la identidad y autenticidad de los terruños. Un ‘grande’ Telmo Rodríguez nos da su visión sobre estos temas.

Desde que hace cinco años Telmo Rodríguez regresó a la bodega familiar Granja de Remelluri (Labastida), Rioja ha vuelto a ser el centro principal de actividad de este bodeguero y viticultor que con su Compañía de Vinos ha explorado y recuperado terruños, incluso mini parcelas, por toda la geografía nacional. Es además el promotor del ‘Manifiesto del Club Matador’, que reivindica la personalidad de los viñedos de excepción y reclama a las denominaciones de origen la diferenciación de suelos y paisajes.

– ¿Se ha convertido Rioja en un territorio para grandes bodegas?
– Rioja se ha convertido en una marca que no diferencia lo excepcional, lo bueno, lo regular y lo malo. Es un gran error trabajar una marca que no diferencia, pero no tengo nada en contra de las grandes empresas. En Burdeos hay un 1% o un 2% de viñedos excepcionales y se vende mucho más vino que en Rioja. Si se trabaja bien es bueno para todos, para García Carrión y para López de Heredia, por ejemplo, pero es evidente que tiene que haber una diferenciación. El productor excepcional no es enemigo del productor de volumen.

– ¿A qué nos llevaría esa diferenciación de terruños y suelos?
– A mostrar que hay una ‘gran’ Rioja. Lo está haciendo Ribera del Duero con talentos como Peter Sisseck, o Priorato, y falta Rioja por dar el paso. En Rioja hay talento y algunos de los mejores viñedos del mundo, pero como en Borgoña o Burdeos no más del 1%. Debemos asumir que hay cosas muy buenas y otras regulares.

– ¿Este problema de falta de sensibilidad existe en toda España?
– España históricamente ha dado la espalda al viñedo, pero ahora hay una nueva generación de viticultores productores, en Canarias, en El Bierzo, en Baleares, en Ribeira Sacra…, en Rioja…, que han abierto una puerta muy interesante, que defienden la historia, el paisaje, las variedades autóctonas. Los ‘héroes’ del viñedo están ahí y este tren, el de la calidad, ya no hay quien lo pare.

– ¿Hay riesgo de que tome una vía distinta a la de las denominaciones de origen como ha hecho Artadi?
– Lo de Artadi ha sido una muy mala noticia para Rioja. El tema se ha llevado muy mal y lo lamento porque Viña El Pisón era uno de esos vinos excepcionales. Si la gente no se siente amparada por el Consejo y no se valora el trabajo del que sacrifica el volumen acabará tomando otro camino, pero soy optimista.

– ¿Por qué?
– Porque la convivencia es buena para todos. El Consejo Regulador está dominado por el volumen, pero si miramos a Burdeos, Borgoña o Priorato, los ‘buenos’, los grandes vinos, están en sus consejos reguladores. Necesitamos a los vinos excepcionales y para ello es necesario un cambio en el timón del barco del vino porque, también a los grandes, les irá mejor. Es como tener a Gasol y dejarlo en el banquillo. Yo creo en Rioja y, de hecho, he sido uno de sus embajadores por todo el mundo. Ferrán Adriá, atendiendo a grupos muy reducidos, ha hecho más por la gastronomía española que nadie.

– ¿Está la liberalización del sector detrás de esta demanda de revalorización de los terruños?
– Es más una cuestión de la nueva generación de viticultores. En cinco o diez años habrá un cambio radical del vino en España. La gente que paga por una botella quiere cosas especiales, no genéricas. Lo que está pasando es por la madurez que hemos alcanzado en España. Sólo hay que preguntarse por qué hay vinos más caros de zonas españolas más desconocidas que muchos buenos vinos de Rioja.

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