La Rioja

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Fecha: mayo, 2016
Cosecheros del siglo XXI
Alberto Gil 26-05-2016 | 10:10 | 0

Los hermanos De Miguel, Artuke Bodegas y Viñedos, presentan su joven y espectacular proyecto asentado sobre viñedos con una tradición de cinco generaciones. La cata es el martes 7 de junio a las 20.30 horas en el hotel Gran Vía, con 50 plazas para los primeros inscritos. Pincha aquí para inscribirte (seis euros por persona)

España es este extraño país en el que, hasta hace más bien poco, el apelativo ‘cosechero’ implicaba más carga despectiva que positiva. También aquí los elaboradores de garnacha ocultaban la variedad de uva en las etiquetas por el rechazo que llegó a provocar en el consumidor. Pero las cosas cambian y, de la misma forma que tuvo que venir el gurú Robert Parker a recordarnos que algunos de los mejores vinos del mundo (Châteauneuf du Pape) se hacen con garnacha, un grupo de jóvenes y comprometidos elaboradores nos recuerdan que el cosechero –al que se llevó por delante las cooperativas y la ‘industrialización’ del sector español– es equivalente al siempre respetado vigneron francés, que conoce como nadie sus propios viñedos y que es capaz de elaborar vinos con personalidad y autenticidad.

Arturo y Kike (acrónimo de Artuke) de Miguel presentan el próximo día 7 de junio, a las 20.30 horas en el hotel Gran Vía, la filosofía de un proyecto basado en las viñas de sus padres y abuelos en la Sonsierra, pero con el carácter que estos dos jóvenes imprimen a sus vinos. Han entendido a la perfección la importancia de un legado de 23 hectáreas de viñedo y llevan con orgullo el título de ‘familia de cosecheros’: «Somos la quinta generación de viticultores y la segunda de bodegueros; mi abuelo y mi padre elaboraban graneles hasta que en 1991 decidieron empezar a comercializar vinos con la marca Artuke», explica Arturo de Miguel.

Los hermanos Arturo y Kike de Miguel, en uno de sus viñedos

Artuke comenzó con un vino joven de maceración carbónica, pero, a partir del año 2009, con la incorporación completa de Arturo y dos años después con la de Kike, la bodega reordena todas sus viñas parcela por parcela y comienza a elaborar por separado los vinos de las viñedos que, si bien sus abuelos y padres conocían perfectamente, siempre acababan ensamblando. «Queríamos conocer el potencial de cada parcela y vinificarlas por separado, con el estudio de los suelos y de las diferentes zonas y este proceso es el que ha dado lugar a nuestra actual gama de vinos», detalla Arturo.

La cata
Así las cosas, los hermanos De Miguel presentarán para los aficionados la oferta completa de Artuke: una cata en primicia, con el lanzamiento de la añada 2014 y también con una experimentación de una nueva plantación con la que trabajan desde la pasada cosecha 2015.

Artuke 2015 es el heredero del tradicional maceración carbónica de la Sonsierra, un vino de pueblo, de Baños de Ebro, con uvas de las terrazas sobre el río donde se asientan los viñedos familiares: «Es la idea del vino del cosecheros de antes, con pisado en lagos a pie y que resposa entre 3 y 4 meses en hormigón;nos recuerda las raíces y siempre hemos pensado que debía seguir siendo una de las principales señas de identidad de Artuke», avanza Arturo de Miguel.

De un vino de pueblo a otro, con el Pies Negros 2014, elaborado con uvas de los viñedos de la familia en Ábalos: «Tiene tempranillo en un 90% y un 10% de graciano, una uva que personalmente me encanta y que le aporta frescura y personalidad», explica el viticultor. «Son viñedos de tres zonas diferentes de Ábalos, que criamos por separado en barricas de 225 litros, de 500 litros y una parte en hormigón hasta su ensamblaje», detalla.

Finca de los Locos 2014 es una referencia a uno de los abuelos de Kike y Arturo. En los años 50 el viticultor compró una parcela de barbecho en una terraza sobre el Ebro para hincar viñedos en suelos en suelos de gravas y cal muy pobres para el viñedo, lo que hizo que algunos de los vecinos le tacharan de ‘loco’. De dicha finca, sale hoy uno de los vinos con mayor reconocimiento de la crítica nacional e internacional.

El K4 2014 de Artuke procede también de una única parcela en la falda de la Sierra de Cantabria (Ábalos) y es el vino que sus propios autores denominan como más personal: «Es una viña situada a más de 600 metros, de apenas una hectárea y que nos da una producción de mil botellas, con una rigurosa selección en cuatro procesos (viñedo, cepas, racimos y granos)». De ahí su nombre».

La Condenada 2014 es el tercer vino de parcela de Artuke. Un pequeño y viejo viñedo (0,6 hectáreas), que la familia adquirió a un viticultor histórico de Baños de Ebro y que estaba ‘condenado’ al arranque por sus dificultades de cultivo y de propiedad (cinco familias diferentes): «Es una plantación de tempranillo, con graciano, garnacha y palomino, típicas en los viñedos históricos de la comarca». La primera cosecha [de nuevo con extraordinarias valoraciones de la crítica] fue el 2013 y a la cata los hermanos de Miguel presentarán en primicia la del 2014.

Arturo y Kike de Miguel reservan una última sorpresa: uno de los nuevos vinos con que están trabajando. «Es un tempranillo, de Samaniego, en una finca que alcanza casi los 750 metros, pegada a la Sierra de Cantabria, con un tremendo potencial por la frescura y que, aunque todavía lo tenemos en barrica, será interesante compartir las primeras impresiones con los aficionados».

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Tim Atkin: “Rioja y España son como un ‘león dormido’; es necesario despertarlo»
Alberto Gil 23-05-2016 | 5:36 | 0

Tim Atkin, en la jornada de viticulturas de Remelluri, en una imagen de Iker BasterretxeaMetatesiofobia. Miedo al cambio. Con este sugerente título, el master of wine y prescriptor británico Tim Atkin se presentó el pasado lunes en el Primer Encuentro de Viticulturas organizado por el bodeguero Telmo Rodríguez en la Granja de Nuestra Señora de Remelluri (Labastida), donde reunió a viticultores, bodegueros, restauradores, sumilleres y periodistas de todo el país con un objetivo: la recuperación del viñedo español y el prestigio del entorno rural.

Atkin fue invitado el año pasado por el Consejo Regulador a conocer la región vitícola en profundidad y publicó una clasificación personal, la primera de bodegas de Rioja con notables sorpresas, y polémica, al colocar en la cúspide a pequeños proyectos de viticultores comprometidos con su entorno y ajenos en gran medida al concepto del Rioja ‘único’. El pasado lunes fue rotundo en sus conclusiones: «Rioja, y España, son como un ‘león dormido’ [en referencia a la peña por todos los riojanos conocida]; hay que despertarlo». El prescriptor británico apeló a viticultores y bodegueros a «perder el miedo» y aseguró no entender cómo se ha renunciado hasta ahora a mostrar la «extraordinaria variabilidad de una región vitícola». «Los políticos y los tecnócratas –afirmó– no hacen los grandes vinos, sino los productores».

Atkin repasó el cambio sustancial que está sufriendo el mundo del vino en los últimos años: «Hemos pasado la fase científica extrema; ya no sirve la opinión de un gurú, los periodistas somos menos importantes, y el origen es cada vez más exigido por el consumidor». El prescriptor británico señaló que «en Rioja las marcas son mucho más importantes que los viñedos y advirtió de que el 70% del vino de Rioja no tiene un terruño reconocido». «Es increíble –añadió– que únicamente exista una imagen genérica del vino de Rioja, con vinos que van de dos euros hasta 200».

El periodista planteó también un debate sobre tradición y modernidad y aclaró que «hay cosas buenas y malas en cada concepto». «El brett, la oxidación, la falta de higiene… estaban en la tradición y evidentemente no son buenas, pero sí lo son la transmisión del conocimiento de padres a hijos, la empatía con el territorio, la limitación de productos químicos…» En cuanto a la modernidad, apuntó que la ciencia sirve, y mucho, pero que también ha habido un problema con «la excesiva industrialización del vino». «El término ‘cosechero’ se ha empleado de forma despectiva, pero ahora vuelve a ser un orgullo; hay que dejar de dar la espalda al terruño y una región, un país, no puede permitirse padecer esa fobia a los cambios».

Atkin animó a los productores a mirar a Borgoña, Italia o Alemania, para comenzar a zonificar y clasificar sus viñedos y dejó bien claro que, pese a que Reino Unido es el mejor mercado exterior de Rioja, no es oro todo lo que reluce: «Rioja es un vino de confianza, con un sabor dulce y agradable a roble americano, pero con un precio de 5 libras para reservas, cuando la mitad son impuestos». «Rioja debe aspirar a más, simplemente porque los grandes vinos de esta región vienen de un viñedo; es la realidad y por ello hay que convencer a los que ‘mandan’ que es necesario un cambio legislativo».

En este sentido, el prescriptor señaló que quizás para comenzar un modelo como el de Chianti pueda ser válido: «¿Por qué no un Rioja genérico y otro clásico?», se preguntó: «Lo que es ridículo es que las personas, los productores de vino, no puedan indicar los nombres de sus pueblos y sus viñedos en las etiquetas».

Atkin fue muy crítico también con la política de promoción seguida por el Consejo: «Cómo es posible que omita los mejores vinos». Se mostró en cualquier caso confiando en el futuro: «Rioja reaccionó al oídio y al mildiu en el siglo XIX, a la filoxera…, siempre resurge ante la catástrofe, pero seguir pensando y argumentando que esta región un ‘gran único terroir’ o un único paraguas es una solemne tontería». El prescriptor concluyó animando a perder el miedo al cambio, tal y como comenzó su intervención. Lo hizo con dos citas expresas, una del expresidente norteamericano Roosevelt [–«sólo hay que tener miedo del miedo»–] y otra de Samuel Beckett: «¿Has probado y has fracasado?; fracasa de nuevo y fracasa mejor».

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Álvaro Palacios: “Si Rioja no permite llamar a los grandes vinos por su nombre acabarán yéndose de la DOC”
Alberto Gil 10-05-2016 | 9:56 | 1

El bodeguero, en una imagen de mi compañero Justo Rodríguez

Hombre del año para Decanter en el 2015 y para el Instituto de Master of Wine en el 2016. Probablemente, no haya bodeguero español que conozca mejor los mercados internacionales que Álvaro Palacios. Desde la bodega de Alfaro, Palacios Remondo, irrumpe en el debate de Rioja sobre la diferenciación de vinos y viñedos y lanza el capote a los viticultores: «Este asunto no es sólo de las bodegas; el reconocimiento de los mejores viñedos, el desarrollo de los vinos de cada pueblo, es lo mejor que les puede pasar a los viticultores». Palacios ve con escepticismo las propuestas para desarrollar los vinos de paraje que han llegado al Consejo Regulador:«Nada se puede hacer sin contar con las personas, con la tradición y la historia y todo ello está en los municipios». «Si Rioja no permite llamar a los grandes vinos por su nombre acabarán fuera de la denominación».
– ¿Qué pasa con el vino en España?
– Que existe un interés emergente por descubrir, por mostrar al mundo, los grandes viñedos, la historia, la tradición y la cultura del país vitícola. España ha emprendido un camino para localizar y clasificar estos viñedos, como sucede en la mayor parte de los países del Viejo Mundo porque es nuestro hecho diferencial. En España no nos hemos creído que existen auténticos tesoros vitícolas y ahora lo estamos haciendo. Las denominaciones de origen regionales mantienen las grandes economías vitícolas , pero también han ocultado viñedos maravillosos.
– ¿Qué papel juegan las denominaciones de origen?
– Deben dejar de pensar que las clasificaciones van en su contra. De hecho, deben ser ellas, con la acreditación de la administración, las que identifiquen los viñedos singulares.
–¿Por qué, como dice, se han ocultado hasta ahora?
– Por la propia historia de España. Rioja era como Borgoña, arrastramos siglos de tradición, de cultura y de oficio. Los cosecheros vendían vinos de su pueblo, con orgullo, y cultivaban sus microparcelas. Cada pueblo tenía su nombre. Siempre nos faltó comercio, pero más que por no saber vender como los franceses, porque España era un imperio en decadencia. Luego vino la industrialización del vino, con la influencia de la aristocracia francesa del Medoc y de la burguesía empresarial vasca e interesó más vender vinos de grandes mezclas. Con la guerra y la postguerra, el campo sufrió un duro golpe con el éxodo rural y aparecieron las cooperativas, lo que terminó por acabar con la tradición y mayor sensibilidad de los vinos locales.
– ¿Los vinos de pueblo?
– Sí. No podemos pretender construir una casa sin sus cimientos.
–¿A qué se refiere?
– A que las principales propuestas que he visto hasta ahora van demasiado rápido y parece que pretenden saltar el escalón de los municipios para poner en el mercado vinos de finca o de paraje. En Priorat se cometió un error y aún estamos rectificando. Desarrollamos primero los vinos de finca en el año 2005 y únicamente hay dos. Sin embargo, hay 55 vinos de villa. No se puede correr tanto como pretende Rioja. Yo aspiro, en mi ciclo vital, a que se localicen los grandes viñedos y a su reconocimiento administrativo, pero la clasificación debería hacerla quizás una próxima generación. Es en los pueblos donde viven los viticultores; ellos son la tradición en sí misma y los que transmiten el conocimiento de generación en generación.
– ¿Por qué no directamente los vinos de parcela o paraje?
– Porque debemos recuperar primero el orgullo de la gente, el orgullo de los pueblos. No podemos saltarnos a las personas ni a los viticultores que históricamente se han partido la espalda en el viñedo. Hay todavía quien duda de lo que sabían nuestros abuelos o bisabuelos, pero yo no he conocido mejor lugar para criar el vino que los viejos calados o mejores plantaciones que los antiguos vasos de marco bien estrecho… Una vez desarrollados los vinos de pueblo, los propios viticultores se preocuparan de cultivar y mimar las mejores fincas. Hay que ir paso a paso. A la gente le da igual de donde procede una barrica, que por cierto ni su roble es español… Hay interés por la cultura, la tradición de siglos de oficio, la magia de la naturaleza y eso sólo lo puede ofrecer el Viejo Mundo.
– Parece una discusión de bodegas, pero ¿qué puede significar para el viticultor?
– Es lo mejor que puede pasar. Es una posibilidad para cultivar y recibir un reconocimiento económico si tus viñas, tus uvas, son buenas. Es una opción también para que un viticultor, o sus hijos, puedan empezar a comercializar directamente. Son las personas que viven en el pueblo las que conocen la tierra y solo hay que abrir la posibilidad de indicar la procedencia de sus uvas en las etiquetas.
– ¿Pueden convivir estos pequeños viticultores con los grandes operadores?
– Por supuesto. El consumidor de un vino de 4 euros nada tiene que ver con uno de 35. Son planetas diferentes. De hecho, yo siempre he dicho que es mucho más difícil elaborar un millón de botellas que 3.000. El sistema francés ha demostrado ser bueno para todos y vende bien tanto el de alta cotización como el de mayor volumen, pero eso sí, hay que hacer la mejor calidad en cada segmento.
– Artadi se fue, supuestamente, al entender incompatible ambos modelos. ¿Hay riesgo de escisión?
– Sí. Rioja se juega mucho en esto y, si no sale bien, habrá consecuencias. Otras denominaciones, como Priorat, Ribera, Bierzo, zonas de Galicia… están marcando una tendencia y, si Rioja queda al margen, surgirán otras alternativas para vincular los vinos al auténtico origen, a la cultura y a la tradición. Si no se pueden llamar a los vinos por su nombre cuando proceden de lugares concretos, los vinos con estas aspiraciones acabarán yénose de la DOC Rioja en el futuro.
– ¿Como encajan los vinos históricos en este modelo?
– Es una particularidad de Rioja que hay que respetar y mucho. Puede haber reservas y grandes reservas con su denominación más localizada si la uva procede de un municipio concreto o seguir como hasta ahora si la uva procede de varios municipios o diferentes zonas. Pero esta diferenciación geográfica no perjudica a nadie. Sólo es cuestión de permitir poner en la etiqueta el nombre del municipio con mayor notoriedad que la palabra Rioja y, por supuesto, controlar ese origen de las uvas. No podemos olvidar que una región vitivinícola se compone de la propia región, de sus municipios y los parajes de estos pueblos, que será de donde saldrán los vinos de finca. Un vino de finca sin pasar por el rigor y la experiencia previa del vino de municipio nunca tendrá consistencia ni credibilidad en los mercados elitistas.

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Talento joven y viejos viñedos
Alberto Gil 04-05-2016 | 10:44 | 0

Bodegas Valcuerna presenta un joven proyecto basado en históricos viñedos de una de las zonas más frescas de Rioja, con 50 plazas para los primeros inscritos en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com el próximo miércoles 11 de mayo

Un joven proyecto, cuatro jóvenes viticultores y unos vinos que reflejan el carácter de una de las zonas más frescas de Rioja: Cordovín. Bodegas Valcuerna protagoniza el próximo día 11 (20.30 horas en el hotel Gran Vía de Logroño) una nueva cita con el club de catas de lomejordelvinoderioja.com con la presentación de una completa gama de vinos basada en la autenticidad de viejos viñedos de la zona y en la selección de fincas, parcelas y terruños. Adrián,Arturo, José Miguel y Sergio Benés decidieron a partir del año 2011, tras los malos precios de la uva y el vino, comenzar a elaborar sus propios vinos procedentes de sus viñas familiares y bautizar el nuevo proyecto como Valcuerna, el viñedo en el que han pasado la mayor parte de su vida:«Es una plantación de tempranillo que hincamos con nuestras manos y que ha ido creciendo con nosotros», explica Adrián Benés. La familia, dos primos y dos hermanos, se reparten las tareas desde la viticultura, a la enología y a la comercialización de los vinos, con una selección de las mejores uvas (son propietarios de entre 40 y 50 hectáreas) para elaborar con las marcas Valcuerna y Relevo. Los Benés comenzarán el próximo día 11 con la presentación de los testigos de la última añada 2015.

Arturo, Adrián, José Miguel y Sergio Benés, los cuatro de Valcuerna en una imagen de mi compañero Díaz Uriel

La propuesta
Valcuerna Blanco 2015 es un vino elaborado de viejas parcelas de viura (50%), garnacha blanca (35%) y malvasía (15%), las tres uvas blancas tradicionales de la comarca. «Es un vino fresco, redondo y con estructura; el blanco es importante en este zona y tradicionalmente buscado por su frescura y acidez». Más típico si cabe el es Valcuerna Clarete 2015, la auténtica especialidad histórica de la comarca y que, en este caso, selecciona las garnachas tintas y las viuras más viejas. «Hacemos lo de siempre en Cordovín, pero con una selección de uvas de viñedos de entre 80 y 90 años para obtener un vino superfresco, con acidez y muy agradable», describe Adrián Benés.

Valcuerna Maceración Carbónica 2015 procede de dos o tres parcelas seleccionadas de tempranillo, una técnica más habitual en la Sonsierra, pero que las jóvenes viticultores utilizan también para su tempranillo: «El cambio climático a nuestra comarca nos viene fenomenal; recuerdo que cuando nuestros abuelos alcanzaban los 12 grados el vino era capitán general;ahora ya no tenemos ese problema». En cualquier caso, la frescura y acidez del vino precisa unos meses más de reposo: «Nosotros sacamos al mercado el maceración carbónica en Semana Santa, cuando en la Sonsierra está ya listo para Navidades».

Valcuerna Crianza 2012 es también 100% tempranillo y precisa una crianza larga en madera (14/16 meses) y afinamiento en botella:«Muchas bodegas ya están con crianzas del 2013 y nosotros empezamos con la 2012». El vino pasó por un largo periodo de experimentación: «La primera vinificación la hicimos en 2006 y esperamos hasta el 2011 para salir al mercado; no tenemos prisas ni agobios financieros y queríamos estar seguros de que el vino era consistente».

El Relevo
El Relevo es la gama de vinos de autor, de ‘autores’ en este caso, cuya iconografía refleja el ‘traspaso de poderes’ de la generación anterior a la actual. El Relevo tinto 2011 es una producción limitada de entre 1.500 y 2.000 botellas, un vino de parcela con una fuerte exposición al sol criado 21 meses en roble francés, mientras que el Relevo Blanco 2012, apenas 1.000 botellas, es un vino de finca con uvas viejas de viura, malvasía y garnacha blanca:«En este caso hacemos una selección de los viñedos más viejos, trabajamos con las lías y criamos el vino en tinos de 500 litros con el resultado de una gran carga frutal», avanza Adrián Benés.

Vinos de la cata: Valcuerna Blanco 2015; Valcuerna Clarete 2015; Valcuerna Tinto Maceración Carbónica 2015; Valcuerna Crianza 2012; El Relevo Tinto 2011, El Relevo Blanco 2012.
Miércoles 11 de mayo: A las 20.30 horas en el hotel Gran Vía.
50 plazas: Para los primeros inscritos en www.lomejordelvinoderioja.com, a un precio de seis euros por persona.

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Examen a la añada 2001
Alberto Gil 02-05-2016 | 1:58 | 0

In vino veritas. Vinorum Think, la gran apuesta de Alimentaria 2016 que en su primera edición ha logrado reunir a los mejores expertos nacionales e internacionales sobre vino español, apostó por una cata horizontal de Riojas de la añada 2001. Una prueba de fuego para una de las cosechas míticas de una de las escasas zonas vitícolas españolas que puede enfrentarse a un reto de dichas características y salir airosa como sucedió esta semana en la feria internacional de Barcelona. Una selección de nueve vinos, agrupados por diferentes comarcas geográficas y con una mezcla de estilos de elaboración (tradicionales, clásicos actuales y vinos ‘modernos’), que forma parte de la propia idiosincrasia de la región vitícola fue el menú que se puso encima de la mesa con resultados, cuando menos, a la altura de lo esperado: «Una añada fantástica, sin discusión, que sólo el tiempo dirá si roza la eternidad como la de 1964», explica Guillermo Cruz, sumiller de Mugaritz.

Cruz destaca la diversidad de los vinos seleccionados para la cata, tanto por la procedencia geográfica como por los métodos de elaboración: «Pudimos disfrutar de vinos con diferentes perfiles de suelos, altitudes y climas y también de distintas elaboraciones, más clásicas y más modernas». «Los vinos modernos –continúa– seducen antes y el clásico necesita más tiempo, pero luego alarga más su vida». El sumiller de Mugaritz recordó también el momento de la añada 2001 y la tremenda influencia que entonces Robert Parker tenía en todo el mundo:«Más importante que las opiniones de los prescriptores es mantener la personalidad y Rioja forma parte de la cultura y las raíces de todos aquellos que amamos el vino, con un estilo reconocido a nivel mundial».

Una personalidad que se puso de manifiesto en la cata: de la tipicidad más atlántica del Cerrado del Castillo a la entereza y delicadeza del Valenciso o el empuje del Pujanza Norte, un vino procedente de viñedos que entonces apenas tenían once años y que pone de manifiesto que, más allá de la edad del vid, el carácter de un gran vino lo proporciona el suelo, la altitud y, también, la mano del autor.

La cata comenzó en la zona más noroccidental de Rioja, atravesó la Sonsierra y pasó también por el extremo suroriental, en la cara sur del Monte Yerga, con el Valsacro [ahora Vinsacro por un problema de registros], un vino de viejas garnachas de la zona y que se mostró especialmente agradable y entero:«Una de las sorpresas –señala Guillermo Cruz–; yo soy de tierra de garnachas [aragonés] y me gustó muchísimo». «Es un vino –continúa– que no sólo ha sobrevivido los quince años desde que se vendimió hasta la cata, sino que también ha subsistido a los arranques de viejas garnachas que, desde luego para mí, son los auténticos tesoros que todavía pueden encontrarse en algunos vinos de La Rioja Baja». Roda I, 890 y Viña Tondonia Reserva Blanco, diferentes elaboraciones de bodegas del barrio de la Estación de Haro, cerraron la propuesta con muy alta nota:desde el perfil más clásico del 890, a la elegancia y delicadeza del Roda I o la originalidad del blanco de ViñaTondonia.

Cruz entra también en el debate actual de Rioja sobre la vinculación de los vinos a los terruños, a los orígenes geográficos:«Las regiones históricas también evolucionan y creo que el consumidor, especialmente internacional, quiere saber más».«Rioja –continúa– debería mirar otros modelos internacionales y adaptar el que mejor le venga, pero diferenciando zonas y pueblos y mostrando la diversidad que existe sin tapujos ni maquillajes».

El debate ‘histórico’
El momento actual que atraviesa Rioja con cambios de modelo en el horizonte, precipitados a raíz del abandono de Artadi de la Denominación de Origen, motivó el debate durante la cata. Una discusión que, no obstante, era muy similar a la que se produjo en el año 2001, como se puso de manifiesto en una selección de noticias de la hemeroteca de Diario LA RIOJA que se proyectaron en la presentación. El control de rendimientos y la diferenciación de vinos y viñedos por calidades protagonizaba, como hoy, el debate en aquellos años, pero, finalmente, no hubo cambios. Con la calidad de la añada 2001, Rioja recuperó mercado y crecimiento y el éxito acabó ‘acallando’ las voces críticas. ¿Sucederá ahora en el 2015 lo mismo o Rioja adaptará su realidad a las propuestas de diferenciación y valoración de los terruños?

La presentación recogió también las impresiones del veterano investigador Manuel Ruiz Hernández, quien comparó con sus notas las añada 2001 con la del 64: la conclusión, mientras que la gran añada del siglo XX está viendo ya su final (tras 50 años) la mejor del XXI puede superarla en longevidad. En su contra, el pH más elevado, pero, a favor, las técnicas de extracción de taninos y polifenoles, inexistentes en el 64 y una realidad a partir de los 90 en Rioja.

 

Cerrado del Castillo 2001 (Castillo de Cuzcurrita). Un vino de finca para comenzar, de una zona atlántica y fresca (Obarenes/Tirón) y con personalidad propia de la comarca. Entero e intenso.

Valenciso 2001 (Valenciso). Cambio de zona (Ollauri), en una prolongación de la Sonsierra aunque en el lado sur del Ebro. Acidez, frescura y con largo recorrido todavía. Uno de los mejores de la cata.

Barón de Chirel 2001 (Marqués de Riscal). Uno de los vinos que renovó Rioja a finales de los años 80 con su lanzamiento por parte de una bodega histórica. Intenso, concentrado y especiado, pero que empieza a estar agotado

Pujanza Norte 2001 (Bodegas y Viñedos Pujanza). Vino de finca, de elevad altitud y suelo pobre. Pleno en este momento y una gran sorpresa que rompe tópicos. La viña tiene hoy 26 años, sólo 11 cuando se elaboró el vino.

Marqués de Vargas ReservaPrivada 2001 (Marqués de Vargas). Cambio de zona con este vino en las inmediaciones de Logroño. Vino también de finca, con fuerte extracción y madera intensa. Un perfil moderno y de vida limitada.

Valsacro 2001 (Familia Escudero-Vinsacro). Giro al extremo suroriental de Rioja (Monte Yerga) con la garnacha protagonista. Espectacular por su frescura, equilibrio e integración. Una muy agradable sorpresa.

Roda I 2001 (Bodegas Roda). Elaborado con 17 vinificaciones diferentes de toda la DOC. Elegante, sedoso…, muestra de cómo un vino en su día moderno acaba siendo un gran clásico de larga vida.

890 Gran Reserva 2001 (La Rioja Alta, SA). El único gran reserva con sólo dos años en el mercado. Un gran clásico. Un vino para beber ya, pero también para guardar muchos años.

Viña Tondonia Blanco Reserva 2001 (López de Heredia). Otro gran vino fino de Haro y blanco para cerrar la cata tras ocho tintos. Especial, único (nadie elabora blancos de tan larga crianza) y sorprendente. Un gran cierre.

 

 

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