La Rioja

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Fecha: septiembre, 2016
Las entrañas de Rioja, al desnudo
Alberto Gil 17-09-2016 | 12:33 | 1

Las bodegas históricas comparten sus ‘secretos’ para reivindicar los vinos de mezcla. Pedro Ballesteros dirige una cata magistral que, ante el debate de los vinos singulares, demuestra que el ‘todo’ también puede sumar más que las partes.

Era el momento de ‘sacar pecho’ y las bodegas históricas de Haro lo hicieron con la complicidad de Pedro Ballesteros, master of wine y segundo Maquinista del Barrio de la Estación. En una cata inédita, las siete bodegas del barrio mostraron el viernes ante un auditorio de 200 profesionales, en sesiones de mañana y tarde, los secretos de sus grandes e históricos vinos, la mezcla de variedades, terruños, maderas y, sobre todo, el conocimiento y la experiencia para elaborar algunos de los vinos más prestigiosos de España.

Ballesteros no pasó de puntillas sino que entró al trapo a la primera: «Es necesario lo que está haciendo Rioja para reconocer sus viñedos singulares, pero esos vinos de finca, de parcela, no son de por sí mejores». «Los históricos elaboradores tienen un conocimiento íntimo de los terruños, las variedades, los suelos…, que dan lugar a grandes vinos que luego mezclan para elaborar uno todavía mejor; es la base de Rioja y no podemos olvidarla». El master of wine planteó una cata atrevida. Siete ‘problemas’ -resolubles con mezclas de vinos con las que trabajan las bodegas–, 200 soluciones –tantas como catadores– y siete conclusiones: los dictámenes de los propios bodegueros.

Imagen de la cata de mi compañero Jonathan Herreros en la impresionante sala de Bodegas Bilbaínas

López de Heredia. El ‘juego’ de María José López de Heredia fue de añadas. La bodega mezcla ligeramente vinos de diferentes cosechas (la legislación exige un mínimo del 80% de la cosecha referenciada) y trabaja con sus reservas con una larga crianza de seis años en barrica. Son los vinos de ‘sexto año’, algo que no es capricho sino consecuencia de una experiencia transmitida de generación en generación: «El vino necesita dos ‘inviernos’ (frío) para estabilizarse pero la fijación del color precisa una microoxigenación lenta que se hace con más estancia en barrica». «Es –añadió– la crianza perfecta del vino fino y elegante». Así será el futuro Viña Tondonia 2008, para el que, en la ‘deconstrucción’, María José descartó una muestra del 2007 e incorporó un 5% (más estructura) del 2009.

Bodegas Roda. Agustín Santolaya, director general Roda, planteó un reto de terruños:cuatro vinos de fincas distintas del 2015 del entorno (Labastida, Haro, Villalba y Briñas) y con un doble perfil, dos de frutas rojas, que irán a parar al vino Roda, y dos de frutas negras, más intensos, que serán Roda I. El ejercicio de mezcla lo hace la bodega todos los años por estas fechas, pero no con cuatro sino con 17 vinos diferentes, que vinifica y cría en su primer año por separado hasta su ensamblaje: «¿Por qué un vino de un viñedo es mejor que el de varios?», preguntó Santolaya. La respuesta de cada cual, pero lo cierto es que cada uno de los cuatro vinos de muestra podría etiquetarse en el mercado perfectamente como ‘vinazo’ y, sin embargo, se funden en busca de una mayor riqueza.

Bilbaínas. El juego que propuso Alejandro López, enólogo de la bodega, fue elaborar Viña Pomal Reserva y Viña Pomal Gran Reserva con las mezclas oportunas de cuatro muestras del 2015. Dos tempranillos para el Pomal Reserva y un tempranillo con un espectacular graciano para el futuro GranReserva: «La clave está en equilibrar la frescura y la acidez con la potencia y la estructura para una larga guarda, logrando vinos elegantes, suaves y equilibrados como el primer Pomal de 1904».

La Rioja Alta, SA. Julio Sáenz, enólogo de La Rioja Alta, elaboró en ‘directo’ el futuro Viña Ardanza 2008, una mezcla de procedencias más amplias de Rioja, con dos vinos de tempranillo de Cenicero, otro más ‘rotundo’del entorno de Haro y un viaje hasta Tudelilla (La Rioja Baja) con una sensacional garnacha de la finca La Pedriza:«Para nosotros ahí está la mejor garnacha de Rioja y es clave para el Ardanza». Un 20%, que se suma a los tempranillos, fue la resolución del enólogo.

Bodegas Muga: Manu Muga propuso deconstruir varietalmente el futuro Torremuga de 2014. Un vino muy especial para él puesto que su padre, Manuel Muga, ‘sudó’ lo suyo para convencer a su tío Isacín a finales de los ochenta de que, además de la gama clásica, debían elaborar un vinazo potente al estilo Burdeos: «Torremuga fue un hito para nosotros, pero sobre todo a partir de ahí cambio la filosofía de la bodega con mucha mayor atención a la viticultura». Tempranillo, garnacha, un ‘cortante’ mazuelo y graciano, las cuatro uvas históricas, componen el Torremuga:un 70% del primero, 20% de garnacha y un 10% de mazuelo y graciano fue la solución.

CVNE. María Larrea, enóloga de CVNE, planteó una ‘ecucación de barricas’ para elaborar el Imperial Gran Reserva 2014: tempranillos criados en roble americano nuevo (muestra base), roble francés, americano usado y en tina grande de madera. Con las ‘cuatro copas’, cada catador ensambló su propio Imperial y María lo hará realmente en dos o tres meses: «Lo embotellaremos hasta finales del 2019 o 2020 y la clave es que el vino esté excelente ahora, después de tres años en botella y también durante 20, 30 ó 40 años».

Gómez Cruzado: David González puso el broche final con un blanco, Montes Obarenes, de una de las zonas más frías de Rioja, con vinos de viura y tempranillo blanco muy trabajados en bodega para ensalzar el protagonismo de la intervención humana que, aunque a veces obviada, siempre existe: un vinocriado en roble francés con sus lías, otro de vendimia temprana (acidez), uno en huevo de hormigón y un tempranillo blanco muy maduro… Un caso clarísimo de que «la mezcla gana» y de que los futuros vinos singulares de Rioja convivirán con estos de ensamblaje, cuando menos, de igual a igual.

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Pedro Ballesteros: “¿Necesita Rioja poner nombre a sus viñedos?, la respuesta es sí, sí y sí”
Alberto Gil 08-09-2016 | 5:13 | 0

Pedro Ballesteros

Pedro Ballesteros, en una imagen del Norte de Castilla

Pedro Ballesteros es, de momento, el único ‘máster of wine’ español -un selecto club de ‘caballeros’ del vino cuyo acceso requiere un extraordinario conocimiento de los vinos del mundo y un compromiso real, casi de ‘amor’, con este milenario producto- y será el segundo ‘Maquinista’ de la Cata de la Barrio de la Estación, que el fin de semana del 16 y 17 (viernes y sábado) reunirá a profesionales y miles de aficionados en el maravilloso entorno del barrio centenario de Haro. Ballesteros sucederá a Tim Atkin (también ‘máster of wine’), primer ‘maquinista’ que dirigió la cata magistral para profesionales con algunos de los mejores vinos del grupo de bodegas centenarias de la localidad, y propondrá un reto a los asistentes: elaborar por su cuenta algunos de los históricos vinos de Rioja, es decir, ensamblar las diferentes procedencias con que se elaboran.

- ¿Se va a meter usted en cocina con las ‘deconstrucciones’?

- Yo siempre estoy metido en cocina (risas). Mi idea es meter en cocina a los asistentes. Será una cata interactiva, no pasiva, porque la grandeza de Rioja siempre ha venido de la mano de la mezcla de vinos de orígenes, subzonas y comarcas, muy diferentes. Un vino de una sola finca, que también puede ser extraordinario, no tiene por qué ser mejor.
- Vaya, va a poner usted el ‘dedo en la llaga’. Como sabe, Rioja está trabajando con la diferenciación de vinos y los viñedos singulares…

- Y me parece perfecto. Debatir y discutir es reflejo de la madurez de una región vitícola. Hay mercados para vender vinos muy diferentes. Entiendo que es una vía por explorar y que hay que hacerlo. Se está hablando de ejemplos como Burdeos y Borgoña, pero creo que hay otras opciones como Languedoc, por ejemplo, donde a partir de denominaciones genéricas se trabajó en subdenominaciones más distinguidas y luego en losgrand cru. Rioja debe trabajar sin tensión. Si me pregunta si es necesario poner nombre a los grandes viñedos la respuesta es sí, sí y sí.

- ¿Y qué pasa con los vinos históricos, de mezcla?

- Que seguirán estando ahí. Los grandes Riojas han mezclado uvas y procedencias y los Burdeos, también. No tiene sentido decir que un vino de mezcla es inferior, pero para nada es incompatible con identificar los grandes viñedos. Pensar que haces el mejor vino del mundo con 800 botellas de un viñedo es una tontería. Rioja es, sin discusión, la mejor región española para elaborar un millón de botellas de calidad excelente. Hay que estar en todo el mundo con tu vino y eso con 800 botellas no se hace. Rioja debe tener más de 50 bodegas de 50.000 botellas a 50 euros. Eso te convierte en una región, en un país, de ‘primera’: hoy solo lo son Francia, Italia y EEUU.

- Sin embargo, parece que ahora el ‘operador’ de un millón o varios millones de botellas es incompatible…

- Todo es compatible y cada cual juega su papel necesario. Rioja necesita lo que hizo, por ejemplo, Marqués de Riscal con Barón de Chirel: grandes vinos con producciones amplias. Rioja es todo un ‘país’, con una variedad enorme y creo que su gran ventaja es precisamente su tamaño. Ahora bien, debe tener cuidado con que las calidades no bajen de un nivel, como ha pasado algunos años, y respetar la diferenciación de vinos.

- Aquí hemos tenido un ‘Riexit’ y ahora la amenaza también de varias bodegas alavesas…

- Hay un debate y tiene que haber cambios. No hay buenos ni malos, sino jugadas de ajedrez. No me gustan, eso sí, los componentes políticos, pero soy optimista. Vimos el caso de Cava y como la DO con gran agilidad reaccionó cambiando la normativa y funcionamiento.

- ¿Vive España, no sólo Rioja, un punto de inflexión en este sentido?

- Hay varios puntos de inflexión. Estamos inmersos en un cambio generacional, pero que todavía no es lo suficientemente fuerte a nivel nacional. Nos falta mucho todavía para ser un país vinícola ‘civilizado’: no hay los suficientes vinos innovadores, divertidos y debemos olvidar el discurso en ocasiones ‘casposo’ de la tradición. Otro punto de inflexión es que en la exportación debemos dejar de ser el país de los graneles y, por último, el control del mercado. Aquí siguen siendo los grandes embotelladores los que dominan el mercado, no los productores y los propietarios de tierra asociados. El valor añadido sigue sin estar en la uva, en la tierra, y cuando esto suceda llegará de verdad el punto de inflexión para el gran cambio.

- ¿Se la juegan las denominaciones de origen en este proceso?

- Es posible. La vida, no sólo el vino, ha cambiado. Las lealtades hacia las instituciones son diferentes. Tanto a los nuevos productores como a los consumidores no les van las jerarquías ni las inercias heredadas. La gente joven sabe mucho y en Rioja, en particular, hay un ‘cluster’ de nueva generación muy interesante.

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Los mejores Riojas de la ‘lista Parker’ 2016
Alberto Gil 01-09-2016 | 4:56 | 1

Luis Gutiérrez, el catador para España de la revista erobertparker.com, ha concedido sus primeros cien puntos (el vino perfecto) a un vino de Rioja y han sido para un blanco, por primera vez también en España: el Castillo de Ygay Gran Reserva Especial de 1986 de Marqués de Murrieta. Se trata de un vino especial, un gran reserva que la bodega guardaba casi en secreto desde hace 30 años y del que Vicente Cebrián, presidente de la compañía, dio las primeras pistas de su existencia a finales del 2014 con la inauguración del rehabilitado Castillo de Igay.

Luis Gutiérrez, que desde el 2014 es el encargado de las valoraciones españolas de la revista de los ‘puntos Parker’, publicó ayer su revisión de Rioja del año 2016. Las principales novedades hay que buscarlas precisamente en los blancos –Gutiérrez no había dado hasta ahora 100 puntos a ningún Rioja–, con las altas puntuaciones que reciben además otros vinos como el Mártires, de Finca Allende, el López de Heredia Viña Tondonia Reserva, el Placet Valtomelloso de Álvaro Palacios, el Abel Mendoza 5V o el Pujanza Añadas Frías, todos ellos con 94.

También sitúa en los puestos más altos otros blancos de Abel Mendoza, Basilio Izquierdo, Mirando al Sur, del francés Olivier Rivière, el Qué Bonito Cacareaba de Benjamín Romeo, el reserva de Tempranillo Blanco Viña Pomal y, como gran novedad, el sorprendente Añadas de Honorio Rubio que alcanza, como el resto de los citados, los 93 puntos. De hecho, Gutiérrez destaca tres blancos de viura del bodeguero de Cordovín que, con la ayuda del enólogo Alberto Pedrajo, le han resultado «emocionantes».

En la lista de tintos aparecen los productores ‘habituales’ como Artadi, Telmo Rodríguez, Pujanza, los hermanos Eguren, Abel Mendoza, Miguel Ángel de Gregorio, Valenciso, Roda, Muga…, además por supuesto de los vinos clásicos de López de Heredia, La Rioja Alta , CVNE o Hermanos Peciña, muy del gusto de Luis Gutiérrez. Entra con 96 puntos el último lanzamiento de Álvaro Palacios, la garnacha de Quiñón de Valmira, de la misma forma que irrumpe también con fuerza y varios de sus vinos Olivier Rivière, uno de los impulsores del grupo de Rioja&Roll, al que Gutiérrez cita en su resumen del año como una de las buenas noticias de Rioja.

Gutiérrez analiza la situación de la denominación («Riexit» de Artadi incluido) en el artículo que acompaña la lista de puntuaciones y la contextualiza en un movimiento generalizado en el sector del vino español que reclama la diferenciación entre vinos industriales y singulares. Tentenublo, Artuke, Exopto, Brian Mac Robert, Bárbara Palacios, Pedro Balda, Sandra Bravo, Oxer Basteguieta, Javier San Pedro… son jóvenes elaboradores que, entre otros, cita Rodríguez como nuevos talentos, y de los que, considera el crítico, «lo mejor está por llegar».

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