La Rioja

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Fecha: octubre, 2016
Fernando Gómez: “Rioja está fallando si el viñedo viejo no es rentable para los viticultores”
Alberto Gil 30-10-2016 | 8:38 | 0

Fernando Gómez, con 43 vendimias a cuestas, recuerda que las bodegas arriesgan y hacen cambios y que también debe hacerlo la denominación

El enólogo con una elaboración especial de la añada 2016, en una imagen de mi compañero Justo Rodríguez.

Cuarenta y tres vendimias en Rioja. Fernando Gómez Sáez es, probablemente, el enólogo en activo con mayor trayectoria y siempre en el mismo sitio: Marqués de Cáceres. Autodidacta, participó en la ‘revolución’ enológica que Enrique Forner –fundador de Marqués de Cáceres fallecido en el 2011– trajo a Rioja a principios de los setenta y ha asistido a pie de viña y depósito a los trascendentales cambios de las últimas décadas:«La denominación ha dado un salto tremendo; en las bodegas hemos vivido una revolución industrial; profesionalmente la preparación ahora es extraordinaria y hemos pasado de 20.000 a 65.000 hectáreas». «El cambio es radical –continúa–, si bien es cierto que ahora Rioja también tiene que hacer ajustes porque, aunque lo vendemos todo, no lo hacemos a unos precios acordes a nuestro prestigio».

– Cuando dice cambios…¿se refiere a los viñedos singulares?
– Las bodegas cambiamos continuamente renovando vinos y Rioja, la denominación, no puede quedarse atrás. Una distinción de vinos, como hace 20 o 30 años, por tiempos de envejecimiento no es suficiente. Por qué un viñedo singular, con una uva excepcional y una elaboración especial, tiene que estar más durante años en barrica para poder acceder a una categoría, a priori, superior como la crianza, la reserva o la gran reserva. Hay que reflexionar sobre lo que hemos hecho con el viñedo viejo: se ha subvencionado el arranque cuando debería ser patrimonio intocable. Rioja falla si el viejo viñedo no es rentable para el viticultor. Si una nueva categoría de viñedos singulares sirve para paliar ese defecto, bienvenida sea. Si el viñedo pasa a pocas manos de grandes empresas, la personalidad de Rioja se perdería. Es cierto que antes se vivía con 1.000 cántaras y hoy es imposible, pero también lo es que el 80% de la maquinaria agrícola sobra porque cada uno quiere tener la suya. Se puede hacer más rentable el cultivo y tenemos que hacer un esfuerzo porque los grandes latifundios no son un buen modelo.

– Usted comenzó en 1973. ¿Cómo se elaboraba aquellos años?
– En 1973, cuando se estaba montando la bodega, Enrique Forner me citó en agosto y me preguntó que sabía hacer: «¿Yo…?, de todo», le dije. «Si sabes hacer de todo empieza a trabajar». Me incorporé en septiembre a una empresa en construcción e hice, efectivamente, de todo: trasegar barricas, embotellar, analizar… Tuve mucha suerte porque Forner tenía las ideas claras y contaba con el asesoramiento de Emile Peynaud: un mes trabajando con ese hombre era mejor que un master. Todo lo he aprendido aquí.

– ¿Marqués de Cáceres revolucionó en los 70 la elaboración en Rioja?
– Sí. Enrique Forner pertenecía a una tercera generación dedicada al vino, con ideas de Burdeos. Entendía que aquí en Cenicero había grandes uvas, pero que faltaba profesionalidad. Cambió el estilo de vinos de Rioja: con más tiempo en barrica, pero nueva y francesa, y más tiempo en botella, además de conseguir una mayor extracción de la uva. Entonces en Rioja se vinificaba en depósitos de hormigón, no se remontaba, no se controlaban las temperaturas… Nadie daba importancia a la fermentación maloláctica, pero nosotros seguíamos las directrices de Forner y Peynaud. Hacíamos remontados y en la cooperativa de Cenicero, donde elaboramos hasta que hicimos bodega, se preguntaban qué hacía esta gente dándole vueltas al vino. Después vino el acero inoxidable y la revolución industrial de las bodegas.

– Y ahora se está volviendo atrás...
– Sí, especialmente en el viñedo. Mi padre, que era un viticultor de Cenicero, decía que las mejores viñas le traían a «diez cántaras por obrada», es decir, 4.600 kilos por hectárea. Esas viñas que antes ya eran las mejores son las que ahora utilizamos ahora para hacer los vinos top. Gracias a esos viñedos había grandes vinos también hace 50 o 60 años.

– ¿A qué atribuye el éxito internacional de Marqués de Cáceres?
– A la personalidad. Hubo unos años en que, con la nueva tecnología, muchos vinos eran iguales. Nosotros empezamos, y seguimos hoy en día, con los mismos proveedores y hacemos un estilo de vino propio. Enrique Forner aprovechó que él y su familia eran propietarios de dos chateaux en Francia con red comercial. Él sabía que había uvas fabulosas en Rioja pero que se podían hacer mejores vinos con un estilo propio. En el mercado nacional, sin embargo, no conocía a nadie y al principio el 90% del vino iba a exportación. Luego vino Antonio Mareca y montó la red nacional. Ofrecíamos un vino diferente de Rioja. A la gente le gustaba la finura y la elegancia y que de una añada a otra no había grandes diferencias.

– A finales de los ochenta y noventa se vuelve a mirar más a la viña y aparecen vinos más modernos, también de Marqués de Cáceres…
– En aquellos años a Rioja le vino muy bien el empuje de Ribera del Duero. Nos puso las pilas y aquí, en Marqués de Cáceres, no fue fácil. Cristina Forner, la hija de Enrique y actual presidenta, ya estaba en la bodega pero el fundador era un clásico y le gustaban los vinos finos y elegantes. Cuando sacamos Gaudium, en 1994, llevábamos un montón de tiempo dándole la ‘paliza’: «Nuestros clientes quieren vinos fáciles de beber, nos insistía…, elegantes y alegres». Finalmente, le convencimos. Más difícil fue aún con el MC en la añada 2001. Cuando venían los prescriptores, Cristina me pedía que sacara una botella y yo le decía que la pusiera ella porque su padre me echaría la bronca. Una vez, comiendo con Rafael García Santos, pusimos el MC. García Santos le dijo a Enrique Forner que no «iba a tener cojones para sacarlo al mercado». Yo creo que aquel reto le picó… (risas).

– ¿No es fácil sacar nuevos vinos?
– En una bodega como Marqués de Cáceres cuando apuestas por un estilo diferente arriesgas. Es lo que decía antes de Rioja:las bodegas cambiamos y la denominación no se puede quedar parada. En nuestro caso, los vinos clásicos tienen mucho éxito. Cristina, la siguiente generación, tiene una visión más abierta. Ahora, hemos sacado la gama Excellens, rosado y tintos, y siempre trabajo, cuando la añada da la cara, con selecciones especiales como la que estoy haciendo ahora para la familia.

– ¿Su ‘regalo’ de despedida?
– No lo sé (risas). Marqués de Cáceres es una empresa familiar y mi relación con la presidenta es de gran amistad. Tenemos un gran equipo, incluso contamos con el asesoramiento de Michel Rolland, y yo soy ahora para mi equipo el apoyo que era Enrique Forner en su día para mí. Creo que ya llevo suficientes años…, pero, de momento, Cristina Forner no me ha ‘dejado’ irme a casa.

Fernando Gómez está encantado con la calidad de la última añada, aunque, como casi todos, sorprendido por la cantidad: «La viña no la entiende nadie; casi nunca son dos y dos cuatro; los viticultores han descargado uva pero la naturaleza es así». En este sentido, defiende que el viticultor aspire a cubrir su cartilla. «Nadie está a favor de rendimientos de 15.000 kilos por hectárea, pero en la segunda quincena de agosto y la primera quincena de septiembre la sequía presumía que el fruto se vería resentido». «Lo más importante –continúa– es que puede ser una añada para recordar». De sus 43 vendimias tiene claro con la que se queda: «La 2001, aquellas uvas eran todas, todas, buenísimas…»

 

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Pablo Franco: “Protegemos el negocio y los ingresos de mucha gente”
Alberto Gil 21-10-2016 | 6:18 | 0

Pablo Franco es el jefe de los Servicios Técnicos del Consejo Regulador y ésta es su primera vendimia. Es consciente del ‘lío’ montado a finales de vendimia por las uvas tiradas en el suelo, pero aclara que «no es cosa del ‘gallego’ [nació en Galicia] que ha venido aquí a poner todo patas arriba, sino de defender la marca Rioja y cumplir con el pliego de condiciones».

¿Es consciente del malestar y la imagen del campo en determinadas zonas?

Soy consciente de que Rioja tiene un planteamiento exigente, que somos una marca con valor, respeto y reconocimiento y que tenemos que cumplir con un pliego de condiciones. Hemos tomado medidas para el control de excedentes, pero no lo hemos hecho a ‘traición’. Llevo todo el año yendo a pueblos y reuniéndome con viticultores y bodegas para explicar que los excesos de producción no caben en Rioja y estamos aplicando lo que ya anunciamos.

¿Quizá nadie esperaba el ‘cosechón’ que estamos teniendo?

Por San Mateo presentamos un informe en el Consejo Regulador en el que decíamos que la cosecha se había regulado por la sequía y estimábamos una producción media del 113% pero ya advertíamos de que si llovía podría dispararse. Es lo que ha pasado y afecta fundamentalmente a la zona de La Rioja Alta, aunque no es culpa de nadie. Soy consciente de que el viticultor ha descargado uvas en el envero más que nunca, que ha entendido los mensajes, pero las normas siguen siendo las mismas y hay que cumplirlas.

¿Ha habido además un cambio legislativo del que quizá no todos son conscientes?

Es posible, pero el pliego de condiciones se aprobó en 2012 y la Ley de Denominaciones Suprautonómicoas en junio del 2015. Esta norma hace independiente jerárquica y funcionalmente al órgano de control, a los veedores, del Consejo Regulador. El Ministerio audita con carácter anual nuestra labor y además debemos cumplir con los requisitos que exige la Empresa Nacional de Acreditación (ENAC) para 2018.

Pablo Franco, jefe del servicios técnicos del Consejo Regulador en una imagen de EFE

¿Quiere decir que los controles han venido para quedarse?

Sí. Hubo un acuerdo del pleno que establecía una implantación gradual de medidas de control de excedentes, entre otras, hasta 2018. Esta campaña se ha actuado con los famosos ‘precintos’, que lo único que persiguen es garantizar el origen. Es decir, que las uvas proceden de viñas sin exceso de producción. Han sido nuevos, pero son necesarios y, respecto al bulo que se ha creado sobre la supuesta advertencia del Consejo Regulador a los titulares de viñedos que no hayan vendimiado parcelas para tirar las uvas, no es del todo cierto.

¿Y cómo es entonces?

El Consejo no obliga a tirar las uvas. El sector decidió en las normas de vendimia limitar al 107% la producción amparada y al 118% la total. Cuando la tarjeta de un viticultor llega al 118% se bloquea. Si alguien se pasa es un productor excedentario y en estos casos se actúa si se detecta el exceso. Nosotros no ordenamos tirar las uvas, sino simplemente velamos porque la producción máxima sea, precisamente, máxima.

¿Son necesarias estas medidas?

Absolutamente. Estamos protegiendo el negocio y la forma de vida de mucha gente. No se puede tener a la suegra borracha y la cuba llena. Hay buenos precios y lo mejor que le puede pasar al viticultor es que se mantengan o mejoren. 15.000 ó 20.000 kilos por hectárea no dan uvas de calidad y toda la uva no da para pagarse a 90 céntimos. Estamos trabajando en distinguir nuestros viñedos singulares y eso significa seguir apostando por la calidad y por el control de producciones.

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Cata con Ortega Ezquerro: vinos de Tudelilla
Alberto Gil 20-10-2016 | 10:27 | 0

Bodegas Ortega Ezquerro relanza su proyecto con la apuesta por los vinos y viñedos de Tudelilla , una de las históricos municipios vitícolas de Rioja.El próximo 3 de noviembre (Hotel Gran Vía, 20.30 horas) en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Pincha para comprar entradas (seis euros por persona). 

Tudelilla ha sido uno de los municipios ‘despensa’ para la elaboración de Riojas históricos. Sus garnachas, cultivadas en suelo pedregoso muy característico y un microclima propio debido a la cercanía de la sierra de Carbonera, siguen siendo muy buscadas por los elaboradores de vino. Sin embargo, la etiqueta de ‘cenicienta’ –precisa más cuidados en la elaboración y el cultivo– que en los ochenta se colocó a esta variedad provocó rápidas e importantes sustituciones por tempranillo, que, si bien ofrece también vinos de calidad, pierde parte de la autenticidad original en la zona.

La garnacha, con las tecnologías actuales, vive hoy, sin embargo, un buen momento, incluso como varietal, y Bodegas Ortega Ezquerro participa de este renacimiento con el relanzamiento de un proyecto que, con la colaboración del enólogo David Bastida, presenta el próximo día 3 de noviembre a los aficionados en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Ortega Ezquerro es una pequeña bodega familiar, propietaria de 16 hectáreas de viñedo enTudelilla –también se aprovisiona de viticultores de la comarca–, a cuyo frente se encuentra Carmelo Ortega, biznieto del fundador Quintín Ortega, en 1896. Carmelo pasó de cosechero a criador y, desde hace cinco años, se lanzó a revitalizar un proyecto basado en los vinos de pueblo y en la identidad de Tudelilla. «No somos un grupo bodeguero­ –explica David Bastida–, sino un proyecto familiar cuya razón de ser es la autenticidad de unos viñedos y de una zona privilegiada». El enólogo, con amplia experiencia en Rioja y otras zonas españolas –la última en Viña Herminia– lleva años colaborando con Carmelo Ortega para poner en el mercado una gama de vinos de pueblo de Tudelilla: «Aún nos quedan un par de cosechas para completarla, pero ya estamos en el mercado con unos vinos que responden a nuestras expectativas», asegura.

Carmelo Ortega y David Bastida en los viñedos de La Pedriza

La propuesta de David Bastida y Carmelo Ortega comenzará con el blanco y el tinto joven de la casa de la añada 2015: «El primero son viuras y malvasías de plantaciones de antaño, mezcladas entre cepas tintas, y el segundo –tempranillo, garnacha y viura– una muestra del vino histórico de la localidad, de maceración carbónica». David Bastida presentará a continuación los Ortega Ezquerro Crianza 2013 y Reserva 2010: «Es nuestra gama clásica de dos vinos elaborados con tempranillo y garnacha y, en algunas ocasiones con un pequeño aporte de graciano, de viñedos viejos, de unos 70 años, a 650 metros de altitud».

Don Quintín –en referencia al bisabuelo de Carmelo y fundador de la dinastía de viticultores– es la línea alta de Bodegas Ortega Ezquerro. Bastida expondrá en la cata la versión de blanco (añada 2015) y de tinto (2010): «El blanco es un fermentado en barrica, que trabajos mucho con sus lías para obtener el perfil y la complejidad de los blancos típicos de Rioja, mientras que el tinto, de tempranillo y garnacha, es un vino moderno, que elaboramos y criamos con plena libertad en función de lo que entendemos que nos demanda el vino cada añada».

El enólogo tiene claro que La Rioja Baja es de por sí complicada en los mercados: «Tudelilla es espectacular, con prácticamente el 100% del viñedo en secano, con garnachas históricas que van escalando por el suelo pedregoso hacia la sierra, pero el propio apelativo de la subzona nos hace tener que explicar más las cosas». «Es curioso –continúa–, que la mayoría de nuestros viñedos supera los 650 metros de altitud, más que en Haro, y nos llamamos Rioja Baja». En este sentido, David Bastida confía en romper tópicos también en la cata: «Las garnachas están espectaculares este año y todavía no hemos empezado ni a vendimiarlas cuando todo el mundo piensa que está la cosecha en las bodegas de La Rioja Baja».

Bodegas Ortega Ezquerro reabre así la temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja.com, el próximo día 3 a las 20.30 horas, como siempre, con 50 plazas para los primeros inscritos en www.lomejordelvinoderioja.com.

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La Vega Sicilia riojana: su primera vendimia
Alberto Gil 17-10-2016 | 7:30 | 0

Agua, Sol y Tierra. Así definieron arquitectónicamente los tres edificios de la nueva bodega que las familias Rothschild (accionistas de Chateau Lafite) y Álvarez (Vega Sicilia) han construido en Samaniego y en la que, por primera vez esta vendimia, elaboran sus vinos Macán y Macán Clásico: «Agua –la nave de recepción de uva y vinificación– es la más alta (al norte), en referencia a la familia Rothschild y sus viñedos bordeleses;Sol, la tercera y más al sur, recuerda a la familia Álvarez y a sus viñedos españoles de Castilla y León;y Tierra, la intermedia, es la fusión de ambas familias para este gran proyecto», explica Ignacio Calvo de Mora, gerente de Bodegas Benjamin de Rothschild &Vega Sicilia.

Imagen de la planta de elaboraciíon

La bodega ha trabajado contra reloj durante los últimos meses para poder vinificar en sus propias instalaciones: «¡Uff! ha habido momentos que pensábamos que no llegamos… pero aquí estamos». El interior de la Vega Sicilia riojana recuerda a la original de Valladolid: pulcritud al extremo, última tecnología, espacios diáfanos para facilitar el trabajo…, al servicio de la casi obsesión de Pablo Álvarez y Ariane de Rothschild por elaborar los mejores vinos posibles: «Éste es un proyecto a largo plazo y los Macán irán creciendo con el tiempo a medida que lo haga la propia bodega», explica Ignacio Calvo.

La nave de barricas, todavía vacía

Rothschild&Vega Sicilia concluyó la semana pasada la vendimia, temprana para la comarca, antes de las lluvias y con extraordinarias expectativas: «Nuestros rendimientos medios son de 3.600 kilos por hectárea;hemos tenido una maduración perfecta, así que hemos ido despacito y con tranquilidad», apunta Aitor Fernández, responsable de viticultura de Rioja.

Las dos familias promotoras han invertido 22 millones de euros en las nuevas instalaciones, aunque la mayor parte del desembolso ha sido para la compra de viñedos: «Tenemos 120 hectáreas, 90 de ellas en producción, con la idea de mantener siempre esas 30 de sustitución para reposiciones y replantaciones», explica Fernández. El grueso del viñedo, prácticamente el 90%, se localiza en San Vicente, el alma de los Macán –el nombre de los vinos hace referencia al apodo con que se conoce a los vecinos y a un antiguo utensilio de vendimia del pueblo– , aunque la bodega se instalase en Samaniego: «Vendimiamos en cajas de doce kilos unos 280.000 kilos de uva, pero de momento estamos seleccionando poco más de 200.000», explica el responsable de viticultura.

Selección de las uvas

El concepto es plenamente bordelés,un gran vino y una segunda marca que comercializa Vega Sicilia con cupos: «La idea es llegar hasta un máximo de 350.000 botellas, pero despacio, entendiendo los viñedos y la elaboración de Rioja, así que de momento nos ‘conformamos’ con 200.000 botellas», indica Ignacio Calvo. Luis Carlos Crespo es el bodeguero de Rioja, que ya elaboró las primeras cosechas de los Macán en las instalaciones de alquiler de Leza: «Nada tienen que ver con las actuales, así que todo esto se irá reflejando en los vinos».

 

Del OVI a la tina de madera

El procesado
La bodega vendimia y, al día siguiente, procesa. La uva se enfría en las propias cajas de vendimia durante 24 horas en las naves de refrigeración integradas en la fachada norte del edificio más alto. Al día siguiente, pasan por una mesa de selección de racimos y, en segunda instancia tras su despalillado, por una nueva selección de granos.

Las uvas caen por gravedad a unos minidepósitos de acero inoxidable, OVIs de 500 kilos –aunque no se desplazan por grúas sino por ruedas terrestres con Wi-Fi–, que se cierran automáticamente cuando alcanzan la capacidad y que trasladan la uva sin golpeo ni presión alguna a los depósitos de fermentación: «Tenemos 45 depósitos;20 son tinas de madera para el Macán y 25 de acero inoxidable para el clásico». En la viña, la bodega ha identificado 120 parcelas y el enólogo trabajará con 22 lotes diferentes de vinos: «Más o menos viene marcado desde el viñedo si van para Macán o para Clásico, pero la selección definitiva se hará antes de pasar a barrica».

Exterior de la bodega

La sala de barricas, por el momento, continúa vacía:«Cuando acabemos la vendimia, iremos a por ellas [siguen en Leza]».Vega Sicilia pasa todas sus barricas por un tren de lavado y, tras someterlas a una temperatura de 74 grados –fruto de un proyecto de I+D la bodega ha comprobado que desaparece cualquier resto de brett– estarán listas para envejecer los vinos. La nave cuenta con un panel de cristal móvil que permite aislar una zona y aumentar la temperatura para las fermentaciones malolácticas, un proceso que ha puesto bajo la lupa Luis Carlos Crespo. «Nos gustaría ‘quitar’ un poco de madera al Macán y vamos a empezar a combinar la barrica nueva con otras de un vino y también pensamos en limitar a un 20% las malolácticas en madera».

En la nave intermedia de la bodega se encuentran los depósitos de homogenización del vino antes del embotellado y el enólogo cuenta también con pequeños depósitos de 10.000 litros para la experimentación: «Estamos probando el cemento y el hormigón; trabajamos también en su momento con roble húngaro pero lo descartamos». «Sacamos los Macán después de varios años de prueba –continua–, hasta estar seguros de que daban la talla y éste sigue siendo un proyecto a largo plazo que seguirá mejorando».

Fotografías: Todas las imágenes son de mi compañero Justo Rodríguez

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