La Rioja

img
Fecha: noviembre, 2016
De cata con Javier San Pedro
Alberto Gil 24-11-2016 | 6:07 | 0

Puro ‘nervio’. Así es Javier San Pedro y así se muestran sus vinos, que reflejan no sólo la tipicidad de antaño de su pueblo, Laguardia, sino la propia personalidad del autor. El joven viticultor presentó el pasado miércoles por la noche en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com su colección de vinos parcelarios, un proyecto personal (Bodegas Javier San Pedro) que inició en el año 2013 y que en el 2017 culminará en una primera fase con la puesta en funcionamiento de una instalación propia en Laguardia.
Javier San Pedro pertenece a una quinta generación de viticultores y, aunque en la actualidad ha tomado los mandos de Vallobera, la bodega familiar, sigue desarrollando su propio camino: «Cuando empecé en Vallobera, con 17 años, hice un vino de alta gama y yo pensaba que era un enólogo muy bueno, pero me di cuenta de que no era yo, sino el viñedo; que con la mejor parcela de viñas viejas era muy sencillo hacer el mejor vino, así que decidí explorar por mi cuenta».

El viticultor y bodeguero, en una imagen de mi compañero Díaz Uriel

El viticultor elabora dos gamas de vinos, Cueva de Lobos, con los viñedos más jóvenes que controla (de menos de 20 años) y con perfil más alegre y juvenil. A la cata acudió, sin embargo, con toda la ‘artillería’, la colección Viuda Negra de vinos parcelarios, con la que muestra las extraordinarias posibilidades de un único pueblo de Rioja, Laguardia, y con la que, además de su concepto de tipicidad municipal –vinos frescos y largos, pero no excesivamente voluptusos–, pone de manifiesto su sello personal: el nervio, la viveza y la raza.

La cata
Javier San Pedro comenzó con el Crianza Viuda Negra, un vino procedente de una selección de uvas de seis parcelas distribuidas por diferentes zonas del municipio de Laguardia, en todos los casos cepas de más de 20 años. No responde a los cánones de un ‘crianza’ convencional y, pese a los 14 meses de envejecimiento en roble francés, la madera queda totalmente relegada a una segunda función: aterciopelar en la boca los taninos pero dejando rienda suelta a la expresión primaria de un vino muy frutal.
Después del vino de pueblo, el viticultor comenzó con los parcelarios. En primer lugar, con el Viuda Negra Prado de las Almas, un rosado (tempranillo 100%) de una finca cuyas uvas iban anteriormente a la gama Cueva de los Lobos y a las que ahora Javier San Pedro ha encontrado un nuevo acomodo. Es un rosado muy fresco, una curiosa experimentación que el enólogo fermenta en barricas de roble francés y cría con sus lías en robles de 500 litros: «Los vinos de Prado de las Almas eran muy aromáticos, pero muy ligeros para un tinto, así que, tras probar un rosado ‘convencional’ en el bar de mi pueblo, pensé que podía hacer otra cosa diferente pensando más en un vino de guarda». De momento, el vino es pura chispa muy bien encajado con las tenues notas de madera y, como sospecha el propio autor, ganará con unos cuantos meses de estancia en botella.
Lo mismo sucede con el Viuda Negra Nunca Jamás, toda una declaración de intenciones de Javier San Pedro: Como Peter Pan, el viticultor no quiere que su vino ‘crezca’. Tiene una gran potencia aromática y unos taninos, incluso afilados, que se irán domando poco a poco con el reposo, pero que San Pedro lo deja a criterio del consumidor: «El que quiera guardarlo un poco más, perfecto, pero a mí me gusta así; es un vino que vendemos en el mismo año, pero que ha sido elaborado y criado en barricas francesas nuevas, aunque mantiene la idea de fruta fresca, para beber a ‘trago’ y a diario».
La Taconera es la viña de los ojos de Javier San Pedro. Apenas media hectárea plantada en 1921 que Javier San Pedro compró hace seis años, con retorcidas cepas de dos metros de altura que tardó cuatro vendimias en recuperar, incluso después de convertir en leña viejos brazos con la motosierra: «Nos daba 2.500 botellas cuando empezamos, pero ahora la hemos dejado en 900». Es un gran vino, muy trabajado también en la crianza como todos, largo, con potencia pero sin abusar y con la frescura que caracteriza a todos los del bodeguero. Un vino que no cansa y de los que siempre se acaban antes de terminar la comida o la cena.

Los blancos
Javier San Pedro cerró la cata con dos blancos. Viuda Negra Villahuercos es su apuesta por el tempranillo blanco, un vino de una parcela (la primera que plantó en su vida) de 0,9 hectáreas: «Lo del tempranillo blanco fue un flechazo cuando estudiaba enología en La Laboral; lo vinificamos experimentalmente y me encantó». San Pedro asegura haber encontrado en este variedad un potencial extraordinario: «Su volumen en boca, su capacidad de guarda, su regularidad, su acidez…». «Para mí –continúa– es una bomba».
Para terminar, Viuda Negra Vendimia Tardía, un semidulce (viura 100%) de una parcela al norte del municipio que la familia que Javier San Pedro deja vendimiar hasta, casi, la podredumbre por botrytis: «En Vallobera veíamos que ese blanco nunca llegaba a madurar y no la vendimiábamos porque ya había entrada el tinto y era un incordio». «Ahora –agrega–, la estamos cultivando expresamente para este semidulce y recogemos las uvas cuando empieza a salir un ligero velo de botrytis».
El resultado es espectacular: un blanco maduro, como comer granos de uva dulce, con ligeras notas de la barrica francesa donde se cría 6 meses pero con una frescura y acidez que le augura larga vida: «Llevo cinco añadas y, según avanza el tiempo, cada vez está mejor». Más opciones para la viura, tan denostada en Rioja, pero que si se cultiva con un fin demuestra su versatilidad.

Vinos y precios

Viuda Negra Crianza 2013 8,5 €
Prado de las Almas Rosado 2015 16 €
Nunca Jamás 2015 17€
La Taconera 2014 18,5 €
Finca Villahuercos 2015 16,5 €
Viuda Negra Vendimia Tardía 25 €

Ver Post >
Juan Carlos Sancha: “El acuerdo del blanco de Rioja se incumple sistemáticamente”
Alberto Gil 14-11-2016 | 7:17 | 0

Juan Carlos Sancha, uno de los responsables de la investigación que permitió recuperar una decena de variedades minoritarias de vid tintas y blancas de Rioja, fue el más crítico con el acuerdo del Consejo Regulador del pasado viernes que permitirá elaborar vinos monovarietales de uvas foráneas en los blancos de Rioja -chardonnay, sauvignon blanc y verdejo-: «Vamos de chapuza en chapuza con el blanco, no se respetan los acuerdos y nos hacemos además un flaco favor de imagen».

Juan Carlos Sancha, en una imagen de Díaz Uriel

El nuevo acuerdo revisa parcialmente en del año 2007 para la renovación varietal, que incluyó también la autorización de uvas autóctonas minoritarias –turruntés, maturana y tempranillo blanco– y que se hizo entonces bajo la premisa de que las uvas foráneas tuvieran la condición de complementarias, no de protagonistas, y, por lo tanto, no podían superar en porcentaje a una base de uva autóctona: es decir, no podían llevar más 49% con la idea de garantizar al menos parte de la tipicidad riojana.

Sancha explica que «estamos tratando de recuperar credibilidad con la singularidad de nuestras viñas y apostar por lo que no es nuestro es un error histórico». El vocal de las Bodegas Familiares de Rioja denuncia que «aquel acuerdo inicial del blanco se ha incumplido sistemáticamente». En este sentido, el vocal de las Bodegas Familiares recuerda que «se paralizaron las nuevas plantaciones durante años en un despacho ajeno al Consejo Regulador, se permitió hincar viura cuando inicialmente no se contemplaba también por decisiones tomadas fuera del sector, luego se eliminaron las precintas específicas que impedían que la uva blanca fuera a parar a tinto y, ahora, se vuelve a incumplir el compromiso de que las variedadas de fuera no pudieran ser más que complementarias». «Todo está siendo un auténtico despropósito y la verdad es que dan ganas de no suscribir ningún acuerdo más porque nada tiene que ver lo del 2007 con lo que hay ahora».

Ver Post >
Balance de vendimia: producir más costará más
Alberto Gil 11-11-2016 | 6:45 | 0

La segunda vendimia más copiosa de la historia de Rioja ha puesto ya sobre la mesa reflexiones interesantes. El viticultor, con unas buenas perspectivas de precios y de cantidad de uva, ha intentado garantizarse llegar al 118% de producción en su cartilla –el máximo permitido, aunque el rendimiento amparado no podía superar el 107%–, lo cual es absolutamente legítimo y respetable, pero la madre naturaleza decidió echar unas gotas en el momento crítico y los números se dispararon. Hay quien se ha sentido acosado por los precintados del Consejo Regulador pero convendría preguntarnos qué hubiera sucedido sin esa política de control porque el excedente oficial suma 20 millones de kilos de uva, pero el extraoficial es imposible de contabilizar.

Como es imposible también poner puertas al campo, se han escapado millones de kilos por la gatera, con lo que algunos avispados continúan haciendo el agosto en octubre, pero lo que hay que empezar a tener claro es que producir más también puede costar más. En Ribera del Duero ha habido igualmente problemas de excesos de rendimientos y, según mis noticias, cientos de parcelas han sido descalificadas sin previo aviso por el Consejo Regulador: si antes de vendimiar te inspeccionaban los viñedos y había exceso se dejaba fuera la parcela íntegramente.

Uvas en el suelo en una imagen de mi compañera Sonia Tercero

En Rioja ha habido también descalificaciones pero, por mucho ruido que hacen los precintados, se ha avisado con antelación e incluso se ha permitido corregir excesos tras las inspecciones en campo. Ahora bien, por cumplimiento de la normativa europea pero también por credibilidad, la denominación se ha dado un plazo de tres vendimias (sólo ha pasado la primera) para que el control de las producciones deje de ser por cartilla (tarjeta de viticultor) y pase a ser por parcela. Es decir, si una finca tiene exceso flagrante de producción no podrá compensar a otra del mismo viticultor que se haya quedado escasa.

Así las cosas, aprovechando que se ha abierto el melón de la diferenciación de vinos, a lo mejor es conveniente no cerrarlo y, además de con una distinción de vinos por arriba, que está muy bien, conviene además acometer una por abajo. A nadie se le escapa que hay tierras, clones y conducciones preparadas para producir 15.000 kilos. Y, a nadie se le escapa tampoco, que si no llegamos a tener este tiempo en octubre muchas de esas uvas no hubieran llegado a madurar.

En este sentido, quizá ha llegado el momento de diferenciar vinos de Rioja por rendimientos y calidades y dejar al viticultor, y a las bodegas, elegir si quieren operar en un nivel superior con unas normas o, en otro más genérico, con otras prerrogativas, entre ellas diferente carga de kilos. La peor imagen de esta vendimia son los millones de kilos de uvas, alimento al fin y al cabo, que, sobre todo quienes no saben que el vino es cosa de números, han visto perplejos cómo se pudrían en el suelo.

Ver Post >