La Rioja

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Fecha: diciembre, 2016
Nueve catas, nueve vinos (2016)
Alberto Gil 30-12-2016 | 11:21 | 0

Nueve bodegas han vuelto a pasar por la sala de catas del Hotel Gran Vía para explicar sus proyectos en esta nueva temporada recién concluida del club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Son ya diez años cumpliendo los objetivos iniciales: acercar la cultura del vino, poner cara a los bodegueros que se lo curran día a día -es curioso que cuando empezamos ninguno de los grandes nombres había hecho una cata abierta el público en Rioja- y, sobre todo, mostrar la diversidad de la denominación de origen, para quien escribe, el gran diamante en bruto todavía por pulir y por explotar de Rioja. Ésta es una recomendación de nueve vinos que son una selección de las propuestas de las bodegas que en este 2016 han pasado por nuestro club de catas:

1 Exopto 2012 (32 euros):

Comenzamos el año haciendo ‘ruido’ con Tom Puyaubert (Bodegas Exopto), en pleno momento de efervescencia de los ‘Rioja and Roll’. Tom presentó la añada 2012 de Exopto, un vino del ‘copón y con dos cojones’ –así podrá leerlo en la sopa de letras de la etiqueta, en referencia al reto que supuso su apuesta por el graciano en el año 2005–. Esta uva (60%), de viñas viejas de Ábalos, es la protagonista de este vino singular y muy trabajado por el autor.

2 Ojuel Supurao (15 euros):

Presentar la ilusión de Miguel Martínez (Ojuel Wines) ha sido para el que escribe una de las satisfacciones del año. Viticultura ecológica, compromiso personal con el medio ambiente y con la tradición de la comarca (Sojuela), sin apenas medios para elaborar, distinguen a este chaval. Si hay un vino que recomendar de Miguel es el Ojuel Supurao, una tradición histórica perdida y rescatada por empeño personal. Ahora bien, el viticultor elabora también otros vinos, como el Tinto Fuente de León 2014, que procede de plantaciones jóvenes de maturana tinta y viejas parcelas de mazuelo. Como curiosidad, se despalilló grano a grano por un sencillo motivo: se le fastidió en la vendimia la despalilladora y tuvo que llamar a la cuadrilla de amigos para hacerlo a mano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3 Inspiración Edición Limitada 2011 (26 euros):

Encajando clasicismo y modernidad, Valdemar presentó vinos de ensamblaje con una colección de parcelarios (Inspiración), que dará lugar a varios vinos singulares en un futuro cercano. Por no repetir graciano (muy bueno el Seis Alhajas), nos quedamos con Inspiración Edición Limitada 2011 (con variedades tempranillo, maturana y graciano).

4 La Condenada 2014 (35 euros):

Vinos de pueblo, Baños de Ebro y Ábalos, y vinos de parcela con uno de los grandes proyectos de Rioja de la actualidad:Bodegas y Viñedos Artuke, la Sonsierra en su máxima expresión. Arturo De Miguel presentó una colección de grandes vinos, desde el ‘básico’ maceración carbónica a La Condenada 2014, un vinazo de una parcela de viejos viñedos de Baños que estaba ‘condenada’ al arranque por su bajo rendimiento.

5 El Relevo 2011 (11 euros):

Cambio de Sierra, de la de Cantabria a La Demanda, en busca de la tipicidad de Cordovín. Los hermanos y primos Benés presentaron Bodegas y Viñedos Valcuerna, con un clarete típico sensacional de la comarca (el ‘Valcuernazo’) y un tinto, Relevo 2011, con tempranillo de un suelo atípico de la zona y la frescura de una de las zonas más frías de Rioja.

6 Inédito S 2011 (13 euros):

El primer semestre concluyó con la primera incursión en La Rioja Baja, con Luis Arnedo (Bodegas Lacus). Un viticultor concienzudo, un ‘currante’ en la viña, con diversos materiales en la bodegas y un soplo de aire fresco en Rioja. El Inédito S, graciano (60%) y garnacha (40%), es pura tipicidad histórica de la comarca. Y, como destacamos pocos blancos, una recomendación también para su espectacular Inédito Garnacha Blanca (17 euros).

7 Don Quintín Ortega Tinto Especial 2010 (15,2 euros):

El segundo semestre se reanudó con otra de las grandes e históricas localidades de Rioja Baja como protagonista: Tudelilla. David Bastida defendió la identidad de la comarca con los vinos de Bodegas Ortega Ezquerro, con las viejas garnachas, combinadas con tempranillos más jóvenes como protagonistas. Una gran sorpresa, con un gran maceración carbónica y un estupendo Don Quintín Ortega (tempranillo y garnacha), potente y elegante.

8 La Taconera 2014 (18,5 euros):

De extremo a extremo, en este caso norte, con los vinos de pueblo y parcela de Javier Sampedro Ortega de Laguardia (Rioja Alavesa). Sampedro es un joven viticultor ‘puro nervio’ como la mayoría de sus vinos. La Taconera procede de un viñedo casi centenario de apenas media hectárea muy trabajado en campo y bodega. Un vinazo, con la frescura y viveza que caracteriza todo lo que hace este viticultor.

9 Urbina Gran Reserva 1994 (21 euros):

Bodegas Urbina cerró la temporada, con un proyecto extremo a la sombra de los Obarenes, en Cuzcurrita. Vinos con tipicidad y la personalidad de una bodega clásica que sigue sacando los vinos al mercado tras muchos años en bodega. Pedro Benito presentó la gama actual y tradicional, con dos grandes clásicos: el Urbina Reserva Especial 2001 y el Urbina Gran Reserva 1994, atípicos hoy en día por cuanto son las añadas actuales en venta. Vinazos que, para después del café y la tertulia navideña, son sensacionales. Para viajar en el tiempo.

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Viaje en el tiempo con Bodegas Urbina
Alberto Gil 15-12-2016 | 5:40 | 0

Pedro Benito enfrenta la elaboración más clásica con la moderna en una cata con discurso y la personalidad del viñedo de una de las zonas más frías de Rioja

«Los vinos de Rioja por naturaleza son finos, con una maduración lenta que, en la zona noroccidental es más patente; ésa es la regla principal que seguimos en Urbina». Así definió Pedro Benito la filosofía de una bodega que mantiene una personalidad y una identidad propia y que, a la contra de los sucedido en las últimas dos décadas en el sector, sigue sacando sus vinos al mercado después de muchos años de estancia en bodega.

Pedro Benito cerró el miércoles por la noche la temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja, que ha permitido a los aficionados viajar por distintas comarcas con pequeños proyectos que recuperan la identidad de los vinos de pueblo, de finca y parcela y que, con el broche propuesto por Bodegas Urbina, permitió también a los asistentes viajar también a través del tiempo.

En este sentido, el bodeguero de Cuzcurrita enfrentó la elaboración clásica de la marca Urbina en una cata de vinos por parejas frente a la nueva gama Salva [que hace referencia al bisabuelo de la saga de viticultores}, en la que la fruta primaria y la intensidad son las notas dominantes: «Prácticamente, estamos hablando de los mismos vinos, que salen ahora al mercado como Salva pero que volverán a lanzarse como Urbina dentro de unos cuantos años después de un largo tiempo de estancia en botella y en depósitos», avanzó Benito. «Es como cuando vas a un restaurante y pides el solomillo: la mejor materia prima, poco, al punto o muy hecha».

Pedro Benito, en la cata en una imagen de Díaz Uriel

Bodegas Urbina elabora únicamente uvas de sus 60 hectáreas de viñedo, unas 200.000 botellas anuales y en un 95% del entorno de Cuzcurrita. Vinos de pueblo, de una de las zonas más frías de Rioja y con una personalidad clara que responde también al carácter del propio autor: vinos pausados, tranquilos para tomar relajados, como las propias explicaciones de uno de los mejores comunicadores con que cuenta actualmente el vino de Rioja.

La cata
Urbina Crianza 2009 y Salva Crianza 2011 fueron la primera pareja de cata. Prácticamente el mismo vino, con un poco más de roble francés aunque también mayoritariamente americano para el segundo, pero con diferentes tiempos de ‘cocción’: «Ambos estuvieron un año en barrica, pero el Salva sólo un año en botella mientras que el Urbina ha estado tres». En ambos casos, los vinos, como toda la gama, pasan largas temporadas en depósito de acero inoxidable: «No hemos inventado nada, pero, de la misma forma que un vino en mágnum envejece mejor que en una botella convencional porque evoluciona menos, cuanto mayor es el depósito que contiene el vino mejor se conserva», explicó Pedro Benito. «Es lo que hace Vega Sicilia, con su Único, que pasa diez años en una tina grande antes de ser embotellado, y a nosotros nos permite estabilizar los vinos y eliminar los sedimentos sin clarificados ni filtrados, siguiendo la filosofía Urbina de intervenir lo menos posible en campo y en bodega». Sobre los gustos, pues eso, como el solomillo: hay quien optó por el carácter más joven y frutal y quienes, incluido el cronista, se inclinaron por la finura del Urbina 2009.

La siguiente pareja ahonda en las diferencias: Salva Reserva 2010 y Urbina Reserva Especial 1997. «Estamos para ofrecer felicidad y tenemos por un lado un vino fresco, en su primera etapa de vida y un vino mucho más delicado, con ese bouquet que ha caracterizado los históricos de Rioja hasta finales de los años 70 del siglo pasado». De nuevo en el auditorio, división de opiniones: «El Salva será dentro de 13 años el Urbina Reserva Especial 2010, pero de momento, el que quiera ya lo puede disfrutar en su juventud». La acidez natural de la comarca sujeta a la perfección ambos vinos que, evidentemente, muestran perfiles casi opuestos, pero con elegancia y finura, primaria en el primer caso y terciaria en el segundo.

Urbina Reserva Especial 2001 es un exponente de la magia de aquella cosecha. Redondo, equlibrado, elegante, muy rico aromáticamente y delicado y Urbina Gran Reserva 1994 es una nueva vuelta de tuerca hacia esos grandes vinos que explica por qué Rioja es una de las grandes regiones vitícolas del mundo [el mejor de la cata para el que escribe]: «En España se hacen grandes vinos en muchas zonas, pero sólo Rioja ha sido capaz de garantizar un buen envejecimiento, como sucede en Borgoña, Burdeos o Barolo, y por eso son las regiones históricas porque antes, sin carreteras ni transporte, únicamente los vinos que se podían guardar servían para comerciar».

Y, finalmente, los precios: entre 8 y 9 euros para los crianzas, 17 para los reservas y 21 para el gran reserva que, después de 22 de guarda en la bodega, apenas supone un euro al año por el ‘garaje’: «Evidentemente, si no tienes una historia y los vinos en bodega para este tipo de elaboraciones, sería imposible plantear un negocio así con una nueva empresa», concluye Pedro Benito.

Salva Crianza 2011 8€
Urbina Crianza 2009 9€
Salva Reserva 2010 16 €
Urbina Rva. Especial 1997 17 €
Urbina Rva. Especial 2001 17 €
Urbina Gran Reserva 1994 21 €

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“Los pequeños somos tan importantes o más que los grandes para Rioja”
Alberto Gil 12-12-2016 | 12:04 | 0

El nuevo presidente de Bodegas Familiares de Rioja advierte del estancamiento del modelo del ‘Rioja único’ y recuerda que «los grandes vinos del mundo son de pequeñas bodegas»

Eduardo Hernáiz en Finca La Emperatriz

Eduardo Hernáiz (Bodegas Finca la Emperatriz) reclama un espacio diferencial para la pequeña bodega, para ‘las familias de Rioja’, a las que considera las «auténticas propietarias, junto con generaciones de viticultores, de una ‘marca colectiva’ que gracias al trabajo y la dedicación de estas pequeñas y medianas empresas es hoy conocida en el mundo». Hernáiz, que acaba de asumir la presidencia de la Asociación de Bodegas Familiares de Rioja, lo hace con un discurso reivindicativo que quiere hacer llegar también a las instituciones: «Lo único que pedimos es que entiendan que los ‘pequeños’ somos tan importantes para la marca Rioja como lo son los ‘grandes’».

–Bodegas Familiares de Rioja es abiertamente partidaria de la diferenciación geográfica de vinos de Rioja. ¿Por qué?
–Hace muchos años que venimos reclamando un nivel de calidad superior para vinos procedentes de viñedos diferentes, con diferentes costes de producción y con una calidad contrastada. Esto sucede en todo el mundo. Rioja mantiene hoy un potencial comercial muy fuerte, pero hasta determinado nivel de precios. El modelo de ‘Rioja único’, con la única distinción de vinos en función del tiempo de estancia en barrica, ha tocado techo. El vino ‘moderno’, de hace 150 o 200 años, lo inventaron los franceses y desde el primer momento distinguieron zonas geográficas y la calidad de sus viñedos, hasta el detalle incluso de las parcelas. Es la asignatura pendiente en Rioja, y en España.

–¿Cómo están las negociaciones en ese sentido en el Consejo Regulador?
–Se lleva prácticamente un año trabajando y hay un consenso bastante amplio sobre crear una nueva categoría de viñedos singulares, que implicará mayores costes para el elaborador, menores rendimientos de producción, una edad mínima del viñedo y, en definitiva, una diferenciación necesaria para empezar a valorar nuestros mejores viñedos. Pero no la hay, por ejemplo, de momento en cuanto a los vinos de pueblo.

–¿Por qué?
–Es algo que no entiendo. Personalmente, sería incluso partidario de limitar también las condiciones de cultivo sobre la marca genérica para poder elaborar vinos municipales, pero lo que se plantea es simplemente poder indicar en la etiqueta la procedencia de tu vino siempre que sea verdad. El viticultor, y hablo mucho con ellos, entiende perfectamente esta idea, ya que hasta no hace muchos años le gustaba tomar el vino de su pueblo. Cuando vas fuera a vender vino la gente quiere conocer la procedencia y creo que todo el mundo está orgulloso de su viñedo y de su pueblo. Todos queremos hacer un vino mejor y ése es el camino.

–¿Dichos cambios implicarían, o empezarían al menos, a diferenciar los pagos de la uva por calidades?
–Así debería ser. Etiquetar un vino como ‘viñedo singular’ implica más costes y unas uvas de viñedos de más de 35 años, con rendimientos de 5.000 kilos por hectárea y una viticultura sostenible, serán de mayor calidad. Estoy seguro de que eso se pagará y, si no es así, habremos fracasado y el propio sistema se caerá por su propio peso. Hemos visto arrancar viñedos extraordinarios, viejas cepas, porque al viticultor no le era rentable cultivarlos y deberíamos ser muy autocríticos y luchar para no seguir perdiendo patrimonio e identidad.

–Reclama apoyo institucional para las bodegas familiares. ¿A qué se refiere?
–El Consejo Regulador ha diluido nuestra voz a simplemente cinco votos del sector comercial. Entiendo que no es justo que los votos se cuenten por botellas, con una pequeña ponderación que no responde realmente al precio, sino a la categoría crianza;es decir, da igual cuáles son las botellas que suman a la marca Rioja y cuáles son las que ‘tiran’ de ella. Lo hemos visto recientemente también con la autorización para elaborar varietales foráneos de blanco cambiando un acuerdo mayoritario del año 2007 por un pacto entre los grandes grupos del sector. Hay bodegas en Rioja, con un gran altavoz internacional, que llevan muchos años reclamando una segmentación geográfica, una identificación de los mejores viñedos y la gente, el consumidor, se pregunta por qué no se hace. Los grandes vinos del mundo son de pequeñas bodegas y, en Rioja, los pequeños somos tan importantes como los grandes, aunque no se refleje en la representatividad del Consejo. Creamos empleo, estamos en el medio rural, hacemos investigación, somos una pieza fundamental en el sostenimiento de Rioja como región y sumamos tanto o más a que cualquier otro; de hecho pagamos aquí nuestros impuestos y eso no sucede en muchos casos. El vino es quizá el único sector en que siendo pequeño incluso puedes ser más fuerte. Hay una tendencia global hacia la concentración empresarial, pero me niego a que nos hagan creer que esto debe pasar también en Rioja.

–Sin embargo, la concentración se está produciendo y los grandes grupos vitivinícolas españoles e internacionales ya tomaron posición en Rioja hace años
–Es cierto y no digo que sea malo. En Rioja no sobra nadie, pero insisto en que la cultura del vino y la economía de esta región la hemos hecho las familias. Los grupos llegados de fuera, y no digo ni mejor ni peor, tienen otra cultura que no es la nuestra y por ahí iba cuando decía que necesitamos apoyo institucional. Por ejemplo, las pequeñas bodegas tenemos muchos problemas en el día a día con la burocracia. Ha habido grandes subvenciones de la OCM que en muchos casos sólo van a grandes compañías con personal especializado en burocracia. Existen multitud de trámites, incluso ridículos, como presentar la misma información de forma diferente a cuatro organismos (Consejo Regulador, Consejería de Agricultura, Hacienda e Impuestos Especiales). El día a día de una pequeña bodega cada vez es más complicado y ése es el apoyo institucional que necesitamos.

–En Rioja Alavesa ha nacido un movimiento de escisión. ¿Cómo está el ánimo a ‘este lado del Ebro’?
–Más calmado. En nuestro caso, las bodegas familiares, de mi asociación y otras por supuesto, somos las que hemos hecho Rioja, las que creamos empleo y fijamos población rural. Sentimos Rioja como propia y aspiramos a cambiarla para mejor. Ahora bien, no entendemos lo que está pasando: por qué no puedo indicar en las etiquetas de mis vinos de qué pueblo es o de qué finca si es verdad. Lo que no puede ser es que se discutan las medidas que benefician a la calidad, como ha pasado por ejemplo esta última vendimia. Rioja debe empezar a dejar de funcionar por ‘números’, tanto en la viticultura como en la bodega, y a mostrar la realidad: que no todos los viñedos ni las bodegas son iguales. Esto no es rupturista, hay espacio para todo el mundo, pero no es lo mismo quien tiene una bodega, un viñedo propio, una familia y una tradición que quien hoy está aquí y ¿mañana? Puede estar en otra parte del mundo porque encuentra un negocio más rentable y porque tiene ligero equipaje.

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Cata en el extremo occidental de Rioja: Bodegas Urbina
Alberto Gil 07-12-2016 | 11:28 | 2

Pedro BenitoPedro Benito presenta el 14 de diciembre (20.30 horas en el Hotel Gran Vía) el carácter más clásico de los históricos Urbina de larga guarda con la nueva colección de vinos más frescos y afrutados de la bodega de Cuzcurrita. Inscríbete aquí (seis euros por persona)

¿Qué aporta la crianza a los vinos? Pedro Benito Sáez, miembro de la actual generación de Bodegas Urbina (Cuzcurrita) pretende resolver el interrogante con una interensatísima cata sobre los vinos más clásicos, finos de larga guarda en bodega antes de salir al mercado, y la nueva colección de la casa, vinos más actuales y afrutados en los que la gran diferencia está en el momento de consumo:««Nuestros vinos se hacen a ‘fuego lento’, con una maduración muy pausada y una larga estancia en bodega, pero también podemos sacarlos antes al mercado; al fin y al cabo, estamos para vender felicidad…», explica.

La cita, el próximo miércoles 14 de diciembre con 50 plazas para los primeros inscritos en www.lomejorelvinoderioja.com a un precio de seis euros por persona (inscríbete aquí). Bodegas Urbina es una bodega familiar del extremo occidental de Rioja, una de las zonas más frescas de la denominación:«Somos de los últimos en vendimiar en toda Europa; este año nos hemos ido a avanzado noviembre y el hecho de estar protegidos por un valle nos libera de las heladas tempranas y tardías», detalla el viticultor.

Pedro Benito, licenciado en Empresariales en EEUU y también con formación vitivinícola, lleva, junto con sus dos hermanos, ambos ingenieros agrónomos, y la colaboración de sus padres, la bodega familiar: «Somos la quinta generación de viticultores, aunque fue mi padre quien comenzó a elaborar, primero en una cochera, luego en depósitos de hormigón en el barrio de las bodegas y, finalmente, en las actuales instalaciones». La familia elabora exclusivamente con uvas de viñedo propio, el 95% en el entorno de Cuzcurrita y un 5% de una plantación de Uruñuela de su familia materna.

La cata
El ejercicio que propone Pedro Benito no dejará a nadie indiferente. En primer lugar, presentará Salva Crianza 2011, un tinto criado un año en barrica y otro en botella, y a continuación Urbina Crianza 2009, que supone el 50% de las ventas de la bodega:«La diferencia fundamental esté en los tres años más de edad de este último, con el mismo tiempo casi en barrica, pero más depósito y botella con la idea de trabajar el ‘bouquet’ que caracteriza nuestra gama clásica».

Unas diferencias que serán aún más notables en el Salva Reserva 2010 y el Urbina Reserva Especial 1997, que el viticultor propondrá como siguiente pareja de cata:«Son añadas que están en la actualidad en el mercado, lógicamente con un perfil frutal más primario en el primer vino y uno mucho más evolucionado hacia las compotas y la complejidad de la larga crianza en el segundo».

Los vinos clásicos de Urbina son excepcionales puesto que salen al mercado después de mucho tiempo en botella y depósito: «Nos gusta la estabilización natural con estas largas estancias en depósito, no los filtramos ni clarificamos, de la misma forma que no trabajamos con levaduras añadidas ni usamos pesticidas en campo salvo casos irremediables». «Nos gusta –continúa– intervenir lo más mínimo y las características de nuestra zona nos permite trabajar estos vinos tan longevos».

Como cierre, Pedro Benito guarda otra nueva pareja de excepción. El Urbina Reserva Especial 2001, un vinazo que ha encontrado el reconocimiento unánime de la crítica y que salió al mercado con casi quince años en bodega: «Es muy redondo, consecuencia de la gran añada y un vino que suele gustar a todo el mundo». Su hermano mayor, el Urbina Gran Reserva 1994 es una referencia también actual de la bodega en el mercado: «Estuvo dos años en barrica y 18 o 19 en botella, es un vino muy delicado y elegante, como los grandes vinos finos históricos de Rioja que se elaboraron hasta finales de los años 70».

El bodeguero tiene claro que Rioja marca la diferencia respecto a otras zonas españolas y del mundo, precisamente, por las posibilidades de guarda de sus vinos:«En España siempre se ha hecho vino y la gran diferencia de Rioja con el resto de regiones vitícolas es la capacidad de envejecimiento; sucede lo mismo en Burdeos, Borgoña o Piamonte… antes no había coches y sólo los vinos que envejecían bien tenían posibilidad de exportarse», explica Pedro Benito.

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