La Rioja

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“Los pequeños somos tan importantes o más que los grandes para Rioja”
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Alberto Gil | 12-12-2016 | 11:04

El nuevo presidente de Bodegas Familiares de Rioja advierte del estancamiento del modelo del ‘Rioja único’ y recuerda que «los grandes vinos del mundo son de pequeñas bodegas»

Eduardo Hernáiz en Finca La Emperatriz

Eduardo Hernáiz (Bodegas Finca la Emperatriz) reclama un espacio diferencial para la pequeña bodega, para ‘las familias de Rioja’, a las que considera las «auténticas propietarias, junto con generaciones de viticultores, de una ‘marca colectiva’ que gracias al trabajo y la dedicación de estas pequeñas y medianas empresas es hoy conocida en el mundo». Hernáiz, que acaba de asumir la presidencia de la Asociación de Bodegas Familiares de Rioja, lo hace con un discurso reivindicativo que quiere hacer llegar también a las instituciones: «Lo único que pedimos es que entiendan que los ‘pequeños’ somos tan importantes para la marca Rioja como lo son los ‘grandes’».

–Bodegas Familiares de Rioja es abiertamente partidaria de la diferenciación geográfica de vinos de Rioja. ¿Por qué?
–Hace muchos años que venimos reclamando un nivel de calidad superior para vinos procedentes de viñedos diferentes, con diferentes costes de producción y con una calidad contrastada. Esto sucede en todo el mundo. Rioja mantiene hoy un potencial comercial muy fuerte, pero hasta determinado nivel de precios. El modelo de ‘Rioja único’, con la única distinción de vinos en función del tiempo de estancia en barrica, ha tocado techo. El vino ‘moderno’, de hace 150 o 200 años, lo inventaron los franceses y desde el primer momento distinguieron zonas geográficas y la calidad de sus viñedos, hasta el detalle incluso de las parcelas. Es la asignatura pendiente en Rioja, y en España.

–¿Cómo están las negociaciones en ese sentido en el Consejo Regulador?
–Se lleva prácticamente un año trabajando y hay un consenso bastante amplio sobre crear una nueva categoría de viñedos singulares, que implicará mayores costes para el elaborador, menores rendimientos de producción, una edad mínima del viñedo y, en definitiva, una diferenciación necesaria para empezar a valorar nuestros mejores viñedos. Pero no la hay, por ejemplo, de momento en cuanto a los vinos de pueblo.

–¿Por qué?
–Es algo que no entiendo. Personalmente, sería incluso partidario de limitar también las condiciones de cultivo sobre la marca genérica para poder elaborar vinos municipales, pero lo que se plantea es simplemente poder indicar en la etiqueta la procedencia de tu vino siempre que sea verdad. El viticultor, y hablo mucho con ellos, entiende perfectamente esta idea, ya que hasta no hace muchos años le gustaba tomar el vino de su pueblo. Cuando vas fuera a vender vino la gente quiere conocer la procedencia y creo que todo el mundo está orgulloso de su viñedo y de su pueblo. Todos queremos hacer un vino mejor y ése es el camino.

–¿Dichos cambios implicarían, o empezarían al menos, a diferenciar los pagos de la uva por calidades?
–Así debería ser. Etiquetar un vino como ‘viñedo singular’ implica más costes y unas uvas de viñedos de más de 35 años, con rendimientos de 5.000 kilos por hectárea y una viticultura sostenible, serán de mayor calidad. Estoy seguro de que eso se pagará y, si no es así, habremos fracasado y el propio sistema se caerá por su propio peso. Hemos visto arrancar viñedos extraordinarios, viejas cepas, porque al viticultor no le era rentable cultivarlos y deberíamos ser muy autocríticos y luchar para no seguir perdiendo patrimonio e identidad.

–Reclama apoyo institucional para las bodegas familiares. ¿A qué se refiere?
–El Consejo Regulador ha diluido nuestra voz a simplemente cinco votos del sector comercial. Entiendo que no es justo que los votos se cuenten por botellas, con una pequeña ponderación que no responde realmente al precio, sino a la categoría crianza;es decir, da igual cuáles son las botellas que suman a la marca Rioja y cuáles son las que ‘tiran’ de ella. Lo hemos visto recientemente también con la autorización para elaborar varietales foráneos de blanco cambiando un acuerdo mayoritario del año 2007 por un pacto entre los grandes grupos del sector. Hay bodegas en Rioja, con un gran altavoz internacional, que llevan muchos años reclamando una segmentación geográfica, una identificación de los mejores viñedos y la gente, el consumidor, se pregunta por qué no se hace. Los grandes vinos del mundo son de pequeñas bodegas y, en Rioja, los pequeños somos tan importantes como los grandes, aunque no se refleje en la representatividad del Consejo. Creamos empleo, estamos en el medio rural, hacemos investigación, somos una pieza fundamental en el sostenimiento de Rioja como región y sumamos tanto o más a que cualquier otro; de hecho pagamos aquí nuestros impuestos y eso no sucede en muchos casos. El vino es quizá el único sector en que siendo pequeño incluso puedes ser más fuerte. Hay una tendencia global hacia la concentración empresarial, pero me niego a que nos hagan creer que esto debe pasar también en Rioja.

–Sin embargo, la concentración se está produciendo y los grandes grupos vitivinícolas españoles e internacionales ya tomaron posición en Rioja hace años
–Es cierto y no digo que sea malo. En Rioja no sobra nadie, pero insisto en que la cultura del vino y la economía de esta región la hemos hecho las familias. Los grupos llegados de fuera, y no digo ni mejor ni peor, tienen otra cultura que no es la nuestra y por ahí iba cuando decía que necesitamos apoyo institucional. Por ejemplo, las pequeñas bodegas tenemos muchos problemas en el día a día con la burocracia. Ha habido grandes subvenciones de la OCM que en muchos casos sólo van a grandes compañías con personal especializado en burocracia. Existen multitud de trámites, incluso ridículos, como presentar la misma información de forma diferente a cuatro organismos (Consejo Regulador, Consejería de Agricultura, Hacienda e Impuestos Especiales). El día a día de una pequeña bodega cada vez es más complicado y ése es el apoyo institucional que necesitamos.

–En Rioja Alavesa ha nacido un movimiento de escisión. ¿Cómo está el ánimo a ‘este lado del Ebro’?
–Más calmado. En nuestro caso, las bodegas familiares, de mi asociación y otras por supuesto, somos las que hemos hecho Rioja, las que creamos empleo y fijamos población rural. Sentimos Rioja como propia y aspiramos a cambiarla para mejor. Ahora bien, no entendemos lo que está pasando: por qué no puedo indicar en las etiquetas de mis vinos de qué pueblo es o de qué finca si es verdad. Lo que no puede ser es que se discutan las medidas que benefician a la calidad, como ha pasado por ejemplo esta última vendimia. Rioja debe empezar a dejar de funcionar por ‘números’, tanto en la viticultura como en la bodega, y a mostrar la realidad: que no todos los viñedos ni las bodegas son iguales. Esto no es rupturista, hay espacio para todo el mundo, pero no es lo mismo quien tiene una bodega, un viñedo propio, una familia y una tradición que quien hoy está aquí y ¿mañana? Puede estar en otra parte del mundo porque encuentra un negocio más rentable y porque tiene ligero equipaje.