La Rioja

img
Fecha: enero, 2017
Basilio Izquierdo: “Que reconozcan tu labor en Burdeos es un subidón”
Alberto Gil 30-01-2017 | 11:49 | 0

La Escuela de Enología de Burdeos incluye al enólogo riojano entre los 50 profesionales más destacados de sus 50 años de trayectoria formativa

Basilio Izquierdo, en una imagen de mi compañera Sonia Tercero

El término ‘chauvinismo’ es una adaptación del apellido del patriota francés Nicolas Chauvin, un soldado de Napoleón que se alistó a los 18 años y resultó herido 17 veces. Chauvin pasó a la historia y el chauvinismo (chovinismo) se ha convertido en un rasgo identitario del carácter francés.
Así las cosas, aunque no es fácil ser profeta en tu tierra, es todavía más difícil serlo si eres enólogo en el país de la cultura, de la historia y del negocio del vino, algo que, sin embargo, ha conseguido el bodeguero Basilio Izquierdo, quien aparece como representante de la promoción de 1971 en el libro que la Escuela de Enología de Burdeos ha publicado por su 50 aniversario: «La verdad es no cabía en mí cuando me lo dijeron», confiesa este enólogo riojano –si aplicamos el conocido dicho de que ‘la vaca es de donde pace…’ porque en realidad nació en Socuéllamos, Ciudad Real–. «La escuela francesa para mí lo es todo; siempre he mirado a Francia como el gran modelo, con grandes maestros como Emile Peynaud, Jean Ribereau-Gayon, Pascal Ribereau-Gayon, Yves Glories, Michel Feuillat…; que reconozcan tu labor en la enología en Burdeos es todo un ‘subidón’». Basilio Izquierdo, histórico enólogo de Bodegas CVNE (desde 1974 al 2006), acudió a la cena de gala del 50 aniversario acompañado de su hija María en el Palacio de la Bolsa de Burdeos. En el libro figura como el padre del empleo de la gravedad en la elaboración del vino al poner en marcha en la bodega de Haro un sistema pionero para la recepción seleccionada de uva, los famosos OVIs, que luego se han extendido por todo el mundo.

– ¿Cómo fue eso de los OVIs?
– Fueron 15 años de estudio con don Luis Vallejo, un bodeguero hasta la médula, no un financiero como ahora ocurre a menudo. El proyecto trabajaba la recepción de la uva con el mayor mimo para que permitiese una mejor selección de las viñas de procedencia. Para ello hicimos pruebas durante cinco vendimias con puentes grúa. Vistos los buenos resultados, CVNE invirtió 1.000 millones de pesetas, de los de entonces cuando no había ayudas de I+D, en una nueva bodega de elaboración de inoxidable con el puente grúa, que inauguramos en 1990. El OVI consistía en elevar y mover por encima de los depósitos un recipiente de 6.000 litros que nos permitía seleccionar la mejor partida: metíamos las uvas en el OVI y, con el puente grúa, las transportábamos a un depósito exclusivo para selecciones. Entonces la uva sólo venía en comportas o en remolques, que formaban una gran cola, por lo que todo iba casi junto a la tolva. No era fácil seleccionar. Hasta entonces hacíamos una selección por calidades de una docena de vinos. Con el OVI separamos más de 35 calidades distintas.

– ¿Por qué lo llamaron OVI?
– Al principio era OVNI, objeto volante no identificado, porque iba ‘volando’, suspendido con el puente grúa, pero acabamos llamándolo OVI, porque en unos días lo teníamos ‘identificado’:es uva de tal sitio… (risas).

– Así que el asunto funcionó…
– Ya lo creo, el modelo lo adoptaron muchas bodegas, incluso vinieron de la cooperativa de Saint Emilion porque Yves Glories les había informado del puente grúa. Lo copiaron y lo pusieron en marcha… Luego, los americanos fueron a Saint Emilion y supongo que se extendió como si fuera una innovación francesa.

– La relación con Francia, con el barrio de la Estación especialmente, era fluida…
– Mucho. Nosotros íbamos allí a aprender, pero ellos también venían aquí. Recuerdo una visita de Jean Claude Berrouet (Petrus) y Patrick Leon (Mouton Rothschild) con sus mujeres: alucinaban al ver cómo nos las apañábamos para trasegar los vinos con las velas cuando teníamos las barricas apiladas a cinco alturas. De los intercambios guardo botellas de Petrus 83, Ausone, Lafite, Mouton Rothschild y un magnum Chateau Latour de 1964 que me regaló en 1975 Mandraud, su enólogo… Un día de estos, no sé si como Paul Giamatti en ‘Entre copas’ con un perrito caliente, la abro (risas).

– Y luego vino la selección en mesa.
– Sí, recuerdo charlar en noviembre de 1992 con Fourton de la cosecha y me repetía: «¡Ah!, mon vieux triage, triage… («¡Ah!, amigo mío, selección, selección…»). Las mesas llegaron de Francia pero en Rioja muchas buenas bodegas en los noventa empezaron a usarla. La selección es fundamental y la mesa, con la vendimia en cajas, es una de las grandes claves para elaborar vinos de calidad.

«Rioja debería volver a dignificar sus vinos de reserva y gran reserva»

El enólogo celebra una diferenciación de viñedos singulares, pero cree que es preciso también rebajar rendimientos y recuperar los vinos históricos

Basilio Izquierdo dejó CVNE en el año 2006, con 59 años, 32 vendimias a sus espaldas y en su haber algunas de las mejores añadas y botellas de la casa centenaria. Podría haber comprado una casita en la playa pero optó por emprender con una nueva bodega en Laguardia para elaborar un blanco y un tinto, B de Basilio, a su gusto, a su imagen y semejanza, además de pequeñas experimentaciones.

 

– Creo que va a celebrar aniversario en breve.

– Así es. Cumplo diez años con la bodega el 4 de julio y cumpliré también 50 vendimias. La primera fue en 1968 en el Midi, luego Rueda, La Mancha, y desde 1974 en Rioja.

– ¿Cómo ve la diferenciación de vinos en Rioja?
– Creo que es es necesaria. Es preciso un ajuste porque aquellos vinos que cuanto más roble y tiempo en madera tenían se suponía que eran mejores, ya no ‘cuelan’. Hoy ya no tiene sentido seguir por ese camino. Me parece bien una diferenciación de viñedos que no hemos hecho nunca, pero también es necesaria la dignificación de reservas y grandes reservas.

– ¿Cómo se hace esto último?
– Históricamente, en CVNE las uvas para reserva y gran reserva eran las últimas en vendimiar. Queríamos tener las uvas macerando en los depósitos durante muchos días porque eran los vinos especiales. Desde hace algún tiempo, para hacer un reserva sirve un viñedo de 3.000 kilos u otro de 12.000 kilos. No es lógico…, no puede ser. De la misma forma que veo bien que se diferencien viñedos, siempre que haya control y seriedad detrás, también creo que Rioja debería volver a recuperar el auténtico concepto del reserva y del gran reserva. Eso se hace limitando las producciones a 4.000 o 5.000 kilos por hectárea. Luego podemos trabajar con rendimientos más amplios en los vinos jóvenes, incluso en crianzas, pero deberíamos también tratar de dignificar nuestra propia historia con los reservas y grandes reservas.

Ver Post >
De los ‘vinagrillos’ a los vinazos
Alberto Gil 24-01-2017 | 5:16 | 0

El Alto Najerilla conserva el mayor porcentaje de viñedos anteriores a la Guerra, en algún caso por encima incluso de históricos municipios de Rioja Alavesa

El cambio climático abre la puerta a descubrir nuevas ‘Riojas’ consideradas históricamente de segunda por las dificultades madurativas

¿Está todo descubierto en Rioja? Ni mucho menos. La ‘industrialización’ vitícola que comenzó en los pasados años 70 ha pasado como un rodillo por los viejos viñedos de todo el mundo. En casa, las concentraciones parcelarias, las ayudas europeas a la reconversión de viñedos y, sobre todo, la peculiaridad riojana del pago uniforme para todo tipo de uvas han hecho que el viticultor optase por arrancar los viñedos más difíciles y de menor producción por nuevas plantaciones mecanizadas y más productivas.

La estadística refleja que quedan 1.442 hectáreas en el conjunto de Rioja con más de 80 años, el 2,27% del total de superficie, y curiosamente hay dos municipios del Alto Najerilla, Cárdenas y Badarán, entre los que más viñas anteriores a la Guerra Civil conservan, en porcentajes incluso superiores a municipios históricos de Rioja Alavesa con una tradición vitícola a priori mayor y sobre todo con un mayor reconocimiento: «Cotejar las cifras fue una sorpresa porque hablamos de una zona histórica, con una fuerte vinculación incluso medieval del viñedo a los monasterios, pero también de una comarca que hasta ya entrados los años 80 sufría auténticos problemas de maduración de las uvas por el frío», explica Fernando Martínez de Toda, catedrático de Viticultura de la Universidad de La Rioja (UR).

Martínez de Toda, de vendimia en Badarán

Martínez de Toda, viticultor además de Badarán, explica que «la década de los 70 es la más fría del siglo XX y los vinos del alto Najerilla los definían las bodegas de Cenicero como ‘vinagrillos’ a los que prestaban poca atención y de los que únicamente apreciaban su acidez». El profesor considera en la actualidad el Alto Najerilla es «una de las zonas más interesantes y por descubrir de Rioja, ya que, además del viñedo viejo, tiene la identidad varietal de la garnacha, protagonista en todas esas pequeñas parcelas antiguas, gran diversidad de suelos y orientaciones y, sobre todo, el cambio climático que permite alcanzar maduraciones antes inimaginables y dar vinos con mucha personalidad y diferentes».

No es la única. En la zona más occidental de Rioja, al abrigo de los Obarenes, están surgiendo nuevas bodegas y vinos con cada vez mayor reconocimiento y prestigio.También era la garnacha, y los claretes, protagonista en gran medida de la zona, aunque combinada con los tempranillos de zonas frías como Villalba, Sajazarra, Cuzcurrita… Hoy es claramente otra de las zonas emergentes de Rioja, como sucede también en La Rioja Baja en los viñedos más pegados a la sierra (La Hez, Yerga…): «El cambio climático está cambiado las cosas; de la misma forma que en Rioja Alavesa los mejores viñedos están ahora en las faldas de la sierra, cuando hace unas décadas tenían también muchos problemas de maduración», explica Martínez de Toda. «El cultivo –continúa– se desplaza hacia arriba en busca de la frescura y abre un gran abanico de posibilidades».

Viñedos singulares
El profesor recibió recientemente el encargo del Consejo Regulador para definir objetiva y técnicamente un ‘viñedo singular’: «Hice un trabajo pensando en la transversalidad, en la posibilidad de que sean reconocidas las parcelas de viticultores como ‘viñedos singulares’: por edad, que debería ser de mínimo de 40 años para eludir la selección clonal productiva, por conducción, por suelos, por prácticas culturales, variedades….». «No sé lo que saldrá de la ‘cocina’ –continúa–, pero el viticultor debería defender esta diferenciación de viñedos porque puede ser una gran oportunidad para diferenciar el pago por las uvas y también para conservar los viñedos viejos».

En este sentido, el catedrático de viticultura encuentra también oportunidades en el desarrollo de los vinos municipales: «Está claro que en todos los pueblos hay viñedos buenos y menos buenos, y por eso la importancia de catalogar los auténticos viñedos singulares propiedad de los viticultores, pero recuperar la identidad de las comarcas, de los vinos locales también es positivo para los productores». «Los viejos viñedos, que además de producir vinos de calidad son patrimonio y cultura, están amenazados con un modelo que no distingue las calidades de uva».
Martínez de Toda recuerda que «hubo en el 2015 ayudas de la Consejería para la conservación de viñedos de más de 50 años, pero se agotaron para el 2016, mientras las subvenciones a la reestructuración no tienen problemas presupuestario». «Necesitamos ser conscientes de lo que aún nos queda –continúa– y eso se hace elaborando esas uvas de viñas viejas por separado para vinos de calidad; por eso el viticultor debe ser consciente de que todo esto de la diferenciación le afecta y mucho, que no es sólo una cuestión de las bodegas y de poner en el mercado vinos singulares;la singularidad está en los viñedos».

Ver Post >
La nueva clasificación de bodegas Rioja de Atkin (2017)
Alberto Gil 21-01-2017 | 11:58 | 1

Bodegas Artuke y Marqués de Murrieta, entre los destacados del año para Tim Atkin

El prescriptor británico publica la segunda edición de su personal clasificación ‘bordelesa’ de las bodegas de Rioja

 

El prescriptor británico de vinos y master of wine Tim Atkin cumplió su palabra:«Vuelvo enseguida», anunció con su primer y controvertido informe de Rioja del año 2016 en el que por primera vez un crítico se atrevió a realizar una clasificación de bodegas –subjetiva y cuestionable por supuesto– en pleno debate sobre la pretendida diferenciación de vinos de Rioja. Y Atkin regresó el pasado jueves con la publicación del segundo monográfico, ‘Rioja 2017 Special Report’ -pincha aquí para el informe completo con puntuaciones de los 850 vinos catados (de pago)-, y con una nueva clasificación, con alguna sorpresa, pero en la que mantiene su idea de premiar a pequeñas y comprometidas bodegas con el cultivo de sus propios viñedos, junto con algunos de los ‘grandes’ nombres que tradicionalmente encabezan las clasificaciones de la crítica.

En este sentido, Atkin clasifica las bodegas riojanas en cinco categorías, equivalentes a los grand cru bordeleses (en grupos de quince). En la cúspide, destaca la incorporación de Bodegas y Viñedos Artuke, con la mención además como elaborador revelación del año para Arturo de Miguel, junto con una mezcla de casas históricas y los elaboradores más prestigiosos de los últimos 20 años.

Además de Artuke, el otro gran triunfador del año para Atkin es Marqués de Murrieta, que repite en el primer escalón, pero además su directora técnica, María Vargas, recibe el título de ‘Elaboradora del año’ y el vino Castillo de Ygay GranReserva 1986 (el de los 100 puntos Parker y 500 euros) se hace con el título de ‘blanco del año’. Contino, Marqués de Riscal y Roda suben a la primera categoría de Rioja para Atkin respecto al 2016.

En el segundo escalón, destacan los ‘ascensos’ de Finca Valpiedra, Vivanco, Peña el Gato (Juan Carlos Sancha), Leizaola, Vega Sicilia, Castillo de Cuzcurrita o Miguel Merino. El premio al vino tinto del año es para Las Beatas 2014 de Telmo Rodríguez, el tinto descubrimiento para El Sacramento 2014, de Bodegas Leizaola y el descubrimiento blanco para Reserva 2009 de Remírez de Ganuza.

En su artículo, Atkin sigue reclamando al Consejo Regulador «valentía» para dar el paso de diferenciar y clasificar los viñedos de Rioja e insiste en que «Rioja parece ser feliz siendo una región ‘seis de diez’», pero el crítico está convencido de que si hace las cosas bien podría estar en la élite mundial: «El futuro no radica en la uniformidad, sino en la diversidad».
Viña El Pisón 2014 (Artadi), Las Beatas 2014 (Telmo Rodríguez), Aurus (Finca Allende) y el 890 de La Rioja Alta, SA 2005 encabezan la lista de tintos con 98 puntos. En blancos se impone, también con 98 el Castillo de Ygay de 1986, aunque el crítico dedica un apartado especial en su artículo al nuevo panorama de blancos de Rioja, que califica de «emocionante», con la viura y las nuevas uvas autóctonas como protagonistas. Por último, Ramón Bilbao, con su Lalomba 2015 de garnacha destaca como mejor rosado con 93 puntos y el Vivanco Dulce de Invierno, con 91, en la categoría de dulces.

Las bodegas familiares, reforzadas
La Asociación de Bodegas Familiares de Rioja emitió ayer un comunicado en el que afirma que el segundo monográfico de Rioja de Tim Atkin «respalda la calidad de los vinos, el compromiso y la filosofía de trabajo de las bodegas familiares». La agrupación bodeguera explica que «el prescriptor británico sitúa las colecciones de garnachas de viñedos centenarios de Peña El Gato (Bodegas Juan Carlos Sancha) en el segundo grupo de su pirámide, mientras que Finca La Emperatriz escala hasta el tercero de la clasificación y el hotel Finca de los Arandinos (Entrena) y Bodegas Tobía (Cuzcurrita) se sitúan en el cuarto. Asimismo, la asociación dice que «el reportaje pone de manifiesto el buen hacer del modelo familiar, hasta el punto de que el 90% de las referencias destacadas son de familias que cultivan sus propios viñedos».

Ver Post >