La Rioja

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Vendimiando en febrero
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Alberto Gil | 07-02-2017 | 17:01

No solo en el hemisferio Sur se ‘vendimia’ en febrero. Miguel Martínez (Ojuel Wines, Sojuela) termina estos días de elaborar la cosecha de ‘supurao’, un vino dulce tradicional riojano que, de no ser por la cabezonería de este joven viticultor, hubiera fenecido como tantas otras cosas pasto del progreso:«Lo que te enseñan académicamente es agricultura moderna, concentraciones parcelarias, métodos casi intensivos, pero mi entorno, Sojuela, es muy distinto, con minifundios trabajados a mano…». «Preferí ‘perder’ el tiempo y escuchar a los abuelos, a quienes conocían los viñedos para hacer algo diferente, mis vinos, ni los mejores ni los peores, pero míos».

Así es Miguel Martínez, quien ha documentado por escrito la tradición y la elaboración del supurao y quien, casi boca a boca, ha logrado situar esta producción artesanal entre los mejores vinos dulces del país. En la actualidad, es la única bodega que elabora este vino amparado por la DOC Rioja. Es habitual ver a Miguel Martínez con unas botellas bajo el brazo en diferentes ferias, en modestos expositores ‘apartados’ para los ‘frikis’ de la viticultura ecológica –cada vez más [gente] y menos [‘frikis’] afortunadamente– y poco a poco ha ido dándolo a conocer entre sumilleres, restauradores y críticos.

Familia y amigos, con el supurao en imágenes de mi compañero Miguel Herreros

La 2016 será la sexta añada de este vino, con el que Miguel Martínez sigue improvisando: «La tradición dice que los padres elaboraban un ‘supurao’ cuando nacía una hija o un hijo y lo bebían el día de su boda». «Es decir –continúa–, son vinos de larga guarda, pero no hemos hecho más que empezar». «Con este vino trabajo por intuición, prueba, ensayo y error».

La nueva cosecha
Miguel Martínez vendimió las uvas del 2016 en el puente del Pilar –cultiva diez hectáreas en Sojuela que ha clasificado en 34 parcelas y elabora también vinos ‘convencionales’ ecológicos–. Las colgaderas han sostenido durante tres meses unos 6.000 kilos de uva, de los que obtendrá apenas unos 1.100 ó 1.200 litros de vino (con un rendimiento de poco más del 20%): «Son uvas amparadas por Rioja, no excedentes, sino cultivadas y vendimiadas para elaborar este vino», aclara el viticultor.

Los racimos seleccionados se cuelgan manualmente en un altillo fresco y ventilado apropiado para el ‘curado’ de las uvas (o de chorizos). Así se hacía antaño y quizás muchos lectores tengan recuerdos de este tipo: la cosecha procuraba las pasas para Nochevieja y los abuelos elaboraban el vino dulce desecado 100% natural pasado Reyes con el resto de uvas.

El pasado fin de semana Miguel, familia y amigos fueron bajando, en cunachos a mano, la producción a la pequeña prensa: «Obtenemos el mosto y luego fermentamos lentamente en acero inoxidable, unas tres semanas, hasta que ésta se para espontáneamente sobre los 12 grados».

Miguel ya tiene experiencia y sabe que, cuando hay tradición de por medio, es importante seguir el refranero: «Vendimia el supurao por El Pilar y prénsalo por San Antón», dice la sabiduría popular. «Un año –explica el viticultor– lo dejamos hasta marzo y se nos fue hasta los 27 grados…». El método de desecado en las colgaderas, como también saben los abuelos del lugar, es el idóneo para Rioja:«Nuestra climatología no es la más apta para los vendimias tardías o los vinos de hielo; tampoco para los asolados del Levante o el Sur», explica Miguel Martínez. «El supurao –continúa– se hace a ‘fuego lento’ durante estos tres meses con el frío y la aireación».