La Rioja
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‘Apenas un 3% se ha hecho portavoz de Rioja Alavesa cuando hay 1.900 familias viticultoras’
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Alberto Gil | 22-05-2017 | 14:54

Salvador Velilla. Profesor, etnógrafo e investigador de la comarca riojanoalavesa

Este profundo conocedor del territorio vasco de la DOP Rioja lamenta que, “por interés político, se omita la opinión de la gran mayoría silenciosa”

Salvador Velilla. Suplemento 70 aniversario correo de Alava. AMURRIO. 08/11/2016 Sandra Espinosa

Salvador Velilla, en una imagen de Sandra Espinosa (El Correo).

Mientras la DOP ‘Viñedos de Álava’ (Arabako Mahastiak) sigue su curso administrativo, Salvador Velilla, nacido en Lapuebla, escritor y etnógrafo de la comarca –además de colaborador habitual de Vocento, en la edición alavesa de El Correo–, reflexiona sobre lo que considera puede ser un «error histórico» y anima a la que él denomina, «mayoría silenciosa», a hacer público su punto de vista: «Apenas un 3% se ha hecho portavoz de Rioja Alavesa, cuando hay 1.900 familias de viticultores a las que nadie les ha preguntado nada». Velilla, uno de los grandes defensores de la identidad de la comarca, y de los vinos de Rioja Alavesa no duda de que ‘Viñedos de Álava’ «arrastra una intensa carga política detrás» e insiste en que, en lugar de profundizar en la identidad, una DOP como la planteada «diluye la que nos hemos forjado a través de siglos».

– Ha sido usted crítico en diversos artículos de opinión de prensa con la nueva DOP? ¿Por qué?
– Rioja Alavesa es una pieza fundamental de Rioja. La historia del vino de Rioja no sería igual sin esta comarca. Manuel Quintano, en el siglo XVIII, trabajó por mejorar los vinos con las técnicas de Burdeos y un siglo después el Marqués de Riscal trajo al enólogo Jean Pineau e introdujo definitivamente el ‘Rioja moderno’. Yo me considero riojanoalavés y no entiendo por qué se está intentando obligar a la gente a elegir. En mi casa hay dos diplomas del Consejo Regulador que ganó mi padre en los años setenta, uno de ellos el primer premio en vinos de calidad Rioja Alavesa. Mi madre hablaba de La Rioja castellana y de la alavesa, sin desprecio alguno. Hay dos Riojas, siempre las ha habido, y no entiendo que alguien pretenda que se renuncie a un apellido histórico.

– ¿Cree que la nueva DOP generara división en la comarca?
– Sin lugar a dudas. En Rioja Alavesa hay casi 2.000 familias que viven de la viña y el vino, pero resulta que son sólo 40 los que quieren abandonar Rioja. Es decir, ABRA supone un 14% de la comercialización de Rioja Alavesa y, de 126 socios, son supuestamente 40 los que apoyan la nueva DOP. Eso no es ni el 3% de los más de 1.900 viticultores de la comarca. A la inmensa mayoría ni se le ha escuchado y ni tan siquiera se le ha preguntado. La mayoría de los viticultores venden sus uvas a grandes bodegas y a las cooperativas e incluso los pequeños bodegueros tienen que vender la uva o el vino que les sobra al no poder sacar embotellada toda la cosecha. No creo que aquéllos sean peores viticultores que los que embotellan. ‘Viñedos de Álava’ fomentaría muchísimo la división.
– ¿‘Viñedos de Álava’ nace de un ‘calentón’ tras no lograr en un determinado momento una mayor diferenciación de la subzona?
– Posiblemente, pero quizás haya tenido más influencia la manera cómo se ha llevado la candidatura del paisaje del viñedo a Patrimonio de la Humanidad. Yo estuve cuando se constituyó la candidatura y únicamente entraba el paisaje de Rioja Alavesa y Rioja Alta. Intervino la política, en este caso de Logroño, y se cambió lo firmado para incluir a La Rioja Baja. Aquello fue un punto de inflexión y un error, pero tampoco entiendo el recelo y el desprecio que se está creando hacia La Rioja Baja. Si se mira la historia ha habido siempre viñedo en Alfaro o en Aldeanueva y también hemos tenido hace unos años cultivos hortícolas en Lapuebla, pero ahora confundimos la Historia con las cosas de hace cuatro días.
– ¿Es posible la diferenciación dentro de Rioja?
– Debe serlo. Es necesaria y, de hecho, no es nada nuevo. En los años 80 la gente de Vitoria, de Bilbao…, cuando cataban los vinos de cosechero, reconocía de qué pueblo venía cada uno, por su diferente clima, altura, suelo…, identificándolo por su paladar. Yo no tengo fronteras. Está claro que la Sonsierra es una misma comarca y que las administraciones han puesto una raya. Creo en la diferenciación, pero dentro de la misma Rioja Alavesa: de los 400 metros de Laserna a los 700 de Kripán o lo que se está plantando ahora en Labastida hay una diferencia enorme. Siempre ha habido discrepancias entre Rioja Alavesa y la ‘Rioja castellana’ y éstas han servido para avanzar. En el siglo XVIII los caminos para transportar el vino fueron el problema, en el XIX la conservación, el envejecimiento del vino fue el gran reto y ahora tenemos la diferenciación. La Rioja Alavesa ha mantenido sus viticultores y su identidad y, si no somos capaces de potenciarla ahora, deberíamos pensar en si no somos nosotros mismos los culpables.
– Desde ese punto de vista, usted considera que la DOP Álava no sólo no diferencia, sino que diluye…
– Por supuesto. Yo vivo en Amurrio, donde he ejercido profesionalmente durante más de 25 años como técnico de cultura en el Ayuntamiento. Allí también tenemos viñedos, de chacolí, y somos Álava. Si a los viñedos que están junto al Ebro les llamamos Viñedos Alaveses, ¿qué diferenciación es esa? Es como si fuéramos a Idiazábal y les dijéramos que renunciaran a su identidad y pusieran Euskadi en las etiquetas de sus quesos, borrando Idiazábal. Cuando tomo un vino de Rioja Alavesa soy consciente de que estoy tomando un Rioja, un Rioja alavés, un Rioja de Euskadi.
– ¿Cree que el Consejo Regulador de Rioja debería ayudar en esa diferenciación?
– Yo no soy entendido en legislación vitivinícola. Creo que deberían cambiar las cosas pero de una forma sencilla y natural y, sobre todo, tratar de ayudar a la incorporación de jóvenes para intentar comercializar sus propios vinos. ¿Por qué son necesarias 50 barricas para poder indicar ‘crianza’ en un vino? ¿Por qué no puedo poner que el vino es de mi pueblo si lo es? Insisto en que no soy experto pero mucha gente se queja de la rigidez, de la tremenda burocracia y en este sentido sí que creo que debería haber cambios. Hace unos días leía en el XL Semanal de Vocento un reportaje en el que extranjeros que vivían en España hablaban muy de bien del estilo de vida y del carácter de la gente, pero se quejaban… de la burocracia y el papeleo. La clave del éxito, y estamos en un momento crucial como muchos otros que ha habido en la historia, es ofrecer calidad y calidad que, aquí, la tenemos.
– ¿Juega un papel importante la política en todo esto?
– Por supuesto, yo lo tengo claro. En cuatro días se anunció la DOP ‘Viñedos de Álava’ y apareció el pliego de condiciones que se había contratado a la Universidad Rovira i Virgili. Estaba preparado de antes. Me ha chocado que los políticos hayan entrado tan ‘de cabeza’ en este tema. Desgraciadamente, en casi todas partes los políticos confunden lo que piensan sus amigos o su entorno más cercano con lo que piensa el conjunto de la sociedad. En este caso, como decía, no se ha preguntado a los 1.900 viticultores riojano-alaveses.
– De hecho, el sindicato alavés UAGA se ha desmarcado de ABRA.
– Así se ha publicado en la prensa. Y los viticultores son absolutamente claves para tomar una decisión de este tipo. Respeto mucho lo que ha hecho Bodegas Artadi, pero tiene su reconocimiento y su trayectoria, mientras que el resto… ¡Cuesta mucho abrirse camino! Estoy convencido de que con una DOP ‘Viñedos de Álava’ como la que se está planteando tendríamos los mismos problemas que tenemos con el actual Consejo Regulador. ¿Quién va a comprar las uvas que le sobran al viticultor alavés? ¿Dónde van a comprar las uvas las bodegas alavesas ante un desgraciado accidente natural como la helada de este año? Está claro que Rioja debe mejorar el precio de venta para que los viticultores y pequeñas bodegas puedan vivir decentemente de su trabajo. Es el gran reto y creo que habría que hacer más por esa diferenciación objetiva y, como decía, por suprimir burocracia y rigidez y por ayudar a los jóvenes a emprender y constatar que el duro trabajo de la viña y la bodega les compensa con unos precios dignos y con un reconocimiento. Si no somos capaces de mantener la identidad y supervivencia de nuestros viticultores, sin duda que todos debemos mirar hacia adentro y ver qué estamos haciendo mal.