La Rioja
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Fecha: junio, 2017
El artesano urbano
Alberto Gil 26-06-2017 | 6:59 | 0

Javier Arizcuren abre en el centro de Logroño, entre comercios convencionales, una bodega donde elabora, vinifica, cría, embotella, etiqueta… cata y vende sus vinos

El arquitecto y viticultor reivindica el concepto artesanal de elaboración en un espacio urbano y multificional, donde incluso recepciona la uva

LOGRONO. Calle Santa Isabel. Javier Arizcuren en su bodega urbana, en una imagen de Justo Rodriguez

LOGRONO. Calle Santa Isabel. Javier Arizcuren en su bodega urbana, en una imagen de Justo Rodriguez

En pleno centro de Logroño, en la discreta calle de Santa Isabel, una bajera de apenas 180 metros acoge la primera y única bodega urbana de La Rioja y, probablemente, de España. Javier Arizcuren, arquitecto de profesión y viticultor por tradición y devoción, vinificó ya la pasada vendimia por primera vez en Santa Isabel los 7.000 kilos de uva de sus propios viñedos del entorno de Quel y las laderas de Yerga: «Hacía 40.000 kilómetros al año, de Logroño a Quel continuamente, en muchos casos de noche, y un día decidimos en la familia que si quería seguir con esto tenía que pensar en elaborar el vino en Logroño». «Ahora –continúa– son las uvas las que hace 55 kilómetros en la vendimia en una furgoneta refrigerada y todo es más sencillo».
Bodegas urbanas con elaboración incluida, aunque habituales en los pueblos vitícolas, están apareciendo poco a poco en varias ciudades de EEUU, en Londres, en París, en Sidney… y, desde hace unos meses, hay una en Logroño. Arizcuren ha trabajado en el diseño de varios proyectos bodegueros ‘convencionales’, tanto de la edificación como de la ingeniería, y tiene claro que no va a pillarse los dedos: «Cuando trabajas para terceros –explica– los proyectos te vienen preconcebidos y, en algunos casos, están sobre dimensionados por lo que no acaban bien». «Este mundo del vino –continúa– no es fácil y en mi caso, aunque tengo 16 hectáreas en propiedad de mi familia, únicamente selecciono de momento entre dos y tres para elaborar mis vinos».
En este sentido, el arquitecto tuvo claro donde ubicar su bodega: «Es una bajera continua al despacho de arquitectura, la otra pasión de mi vida y en la que seguiré trabajando; el local estaba vacío durante décadas, así que cuando hablé con el propietario le encantó la idea». Sí que muchos vecinos no terminan de entender el concepto: «Cuando preguntan les digo que es una bodega de elaboración…, y me contestan: ¡ahhh!, una tienda…! No, una bodega…», … «pues eso, una tienda de vinos»… «De hecho, una señora me insistió tanto en la vendimia para que le vendiera un par de kilos de uva que se los regalé, pero poco a poco se irán familiarizando».

Normativa municipal
Arizcuren aprovechó un cambio de la normativa municipal del año 2016 que permitió utilizar las plantas bajas urbanas de hasta 200 metros para actividades artesanales: «Los técnicos municipales fliparon un poco cuando les hablé de abrir una bodega, pero lo cierto es que no hay artesanía más propia en Rioja que la elaboración de vinos». «En las ciudades –continúa– hemos echado a las bodegas a los polígonos industriales y, aunque está claro que algunas muy grandes no pueden convivir en un casco urbano, otras más pequeñas, desde mi punto de vista, enriquecen mucho una ciudad como la nuestra».

Asegura que no hay molestia alguna para los vecinos ni hubo tampoco ningún problema con Sanidad, más allá de construir un depósito subterráneo para el almacenamiento aguas y residuos: «No hay olores, no hay nada… únicamente una furgoneta aparcada en la puerta en la vendimia».

En el interior de la bodega –‘Taller de Arizcuren Vinos’ en Internet, donde se pueden concertas catas y visitas–, destaca el pragmatismo: los pequeños espacios son multifuncionales y en esos 180 metros es capaz de completar todo el proceso: «tengo depósitos, barricas, un mini laboratorio, etiquetadora y hasta embotelladora portatil, con la que nos apañamos por poco más de 1.000 euros». «No hacen faltan grandes cosas, más allá de buenas uvas, para hacer vinos», sostiene. «No tengo equipos de frío –continúa–, traigo la uva refrigerada en una furgoneta que alquilo en vendimia y no me hace falta una inversión de 20.000 euros».

Arizcuren ha recreado un antiguo dispensador de vinos, con suelo de hormigón con resina para mantener la pulcritud y baldosín blanco como el de añtaño en las paredes:todo un lujo, una auténtica bodega urbana visitable y activa en el centro de Logroño… y quizás precursora de futuros artesanos del vino.

Los viñedos: Yerga, el mazuelo y las garnachas por identidad

En sus poco más de media docena de depósitos reposan el trabajo de Javier Arizcuren, mientras que en la poco más de docena de barricas se crían unos vinos auténticos, mazuelos y garnachas que, con una rigurosa selección y trabajo de campo, han llevado los vinos de Arizcuren a más de 25 restaurantes con estrella Michelín de España. «Este modelo, de unos pocos miles de botellas, funciona en Francia, en Italia, en países del Nuevo Mundo… por qué no hacerlo en Rioja».

Arizcuren reclama espacio para el pequeño vitivinicultor en esta denominación de origen que ha apostado por la generalidad y que sólo en los últimos años intenta revertir el camino para dejar espacio a las singularidades, a los vinos originales y al talento de nuevas generaciones comprometidas con los viñedos.
Sus viñas escalan hasta las laderas norte de Yerga, en la comarca de Quel. Una viticultora prácticamente salvaje, despensa habitual de corzos y jabalíes y que sigue luchando contra la erosión: «El viñedo lamentablemente bajó al valle, se sustituyeron garnachas por tempranillo y el monte fue ‘invadiendo’, desertizando, las viejas garnachas abandonadas». «El proceso es reversible y yo personalmente creo mucho en esta zona, muy desconocida, pero con un extraordinario potencial histórico». De momento, la primera apuesta del viticultor con un varietal de mazuelo (‘Sólo Mazuelo’) le ha llevado a los mejores restaurantes de España y de Europa. La siguiente ya está en la calle ( ‘Solo Garnacha’) y en bodega reposa la siguiente: otro varietal, espectacular recién embotellado, de garnacha a casi 750 metros de altitud, una pequeña ‘isleta’ de viñedo prefiloxérico (120 años) en el mismo bosque.

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Fernando Salamero: el nuevo presidente de Rioja
Alberto Gil 22-06-2017 | 11:46 | 0

Ilustración de Manolo Romero

Ilustración de Manolo Romero

La condición de alavés, nacido en Elciego, de Fernando Salamero aparece en todos los titulares de prensa como el asunto más significativo de su elección. Sin lugar a dudas, es un hecho histórico, sobre todo en un momento en que parece posible superar las tensiones territoriales de los últimos años. Pero, en cualquier caso, y tal y como el propio presidente de la DOC Rioja puso de manifiesto en su primera intervención pública, quizá sea más importante la propia experiencia que arrastra en el Consejo Regulador para confiar en que, con su mandato, se acabará enterrando el ‘hacha de guerra’.

En este sentido, Fernando Salamero es el vocal más antiguo del pleno, nada más y nada menos que desde 1982: «He visto los cambios que ha experimentado Rioja durante las tres últimas décadas», recordó… y ha llovido mucho desde entonces. Tanto que pocos se acuerdan que ya en 1984 hubo un primer intento de constituir una Organización Interprofesional de Rioja, aunque luego hubo que esperar treinta años para que fructificase: «Participé en aquellos lejanos encuentros en La Grajera, aunque la decisión se maduró tanto como los grandes reservas», bromeó Salamero.

El nuevo presidente de Rioja es director financiero de Bodegas Marqués de Riscal y miembro de una de las familias fundadoras de esta casa centenaria. Riscal ‘importó’ de Francia para Rioja en el siglo XIX los métodos de elaboración del vino moderno. Es decir, Rioja no sería hoy lo que es sin esta bodega alavesa que, casi siglo y medio después, sigue siendo uno de los grandes referentes nacionales e internacionales de la denominación de origen.

La diferenciación de vinos es una vieja demanda que incluso las Bodegas Familiares de Rioja reclamaban ya desde los años noventa. Y Salamero dejó ayer claro que el grupo mayoritario de bodegas que representa, y especialmente la suya, apuestan en la actualidad por la diferenciación geográfica de los vinos, por el desarrollo de los vinos de municipio y por las subzonas y, por supuesto, por los Viñedos Singulares. Son prácticamente las mismas reivindicaciones que las bodegas alavesas ‘secesionistas’ pedían a Rioja antes de tomar la iniciativa .

Salamero marcó ya ayer el camino que seguirá Rioja en el futuro para intentar crecer en valor de sus ventas y, al mismo tiempo, se mostró inflexible con la defensa de la marca paraguas. Algo se está cociendo y ayer en los pasillos del Consejo Regulador –en un acto al que asistieron todas las administraciones políticas– se empezaba a barruntar que, más pronto que tarde –aún a la espera de que cooperativas y Asaja acepten la regulación de los vinos municipales y de subzona– habrá un acuerdo.

La petición de la DOP alavesa, de momento, no ha salido del Gobierno vasco y Rioja sigue dando pasos. Fernando Salamero, después de un ‘agitado’ mandato del sector productor, con el cambio de presidencia a los dos años, tiene por delante cuatro para cerrar esta herida. En esos mismos pasillos, ayer el viceconsejero de Industria y Agricultura vasco, Bittor Oroz, emplazaba a Diario LA RIOJA para una entrevista. «En septiembre, en septiembre… hablamos». Quizá para entonces el cocido esté servido.

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Rioja en movimiento
Alberto Gil 14-06-2017 | 11:42 | 0

No hay mejor ejercicio que una cata vertical de vinos para conocer la evolución de una bodega. La centenaria Rioja Alta, S.A. (Haro) organizó la semana pasada una cata vertical de Viña Ardanza, su buque insignia, que cumple este año su 75 aniversario. Viña Ardanza es una de esas grandes marcas que las familias españolas reservaban para las grandes ocasiones, un vino del barrio de la Estación de Haro, aunque, si por algo se distingue, es por el aproximadamente 20% de garnacha de Rioja Baja que históricamente ha incorporado. Julio Sáenz, director técnico de la bodega, recordó el origen de la botella de borgoña que acompaña desde 1942 a este vino y que mucho tiene que ver con el ‘afrancesamiento’ de las casas riojanas de la época: cepa medoc, cepa sauternes…, o ‘estilo borgoña’ en el caso del Viña Ardanza, eran frases que habitualmente solían acompañar a las etiquetas de aquellos vinos históricos riojanos. La Rioja Alta es una bodega familiar con una impecable trayectoria histórica, aunque con un ‘debe’ en la misma: la escasa conservación del botellero histórico por lo que Julio Sáenz tuvo que comenzar la cata a partir de 1970 ante la imposibilidad de remontarse a décadas anteriores.

ardanza

La vertical de ocho cosechas de Viña Ardanza, 1970, 1982, 1985, 1989, 1995, 2001, 2005 y 2008, sirvió para apreciar la pausada evolución que tanto la marca como la bodega han tenido en las últimas cuatro décadas (la última botella en el mercado es la 2008). El ‘secreto’ del vino está en la composición varietal, con tempranillos de La Rioja Alta y por ese 20% de garnacha de Tudelilla. La cata comenzó con un glorioso 1970 que, ante quienes hemos tenido la suerte de probar bastantes Riojas viejos, vuelve a poner de manifiesto que aquel mito oxidativo de la garnacha que denostó hasta el arranque esta incomprendida variedad de uva no es, precisamente, más que un mito.

Elegante y profundo dejó paso a un Ardanza de 1982 también vivo y tan fresco como su predecesor. Julio Sáenz recordó que José Gallego, enólogo histórico de la casa, siempre le recomendó que cuando hiciera una vertical de Viña Ardanza recurriese al de 1985, que fue el tercer vino que guió esta vertical: no defraudó y cerró con plenitud esta primera tanda de tres vinos clásicos y finos que, junto con otras marcas de bodegas históricas, llevaron el nombre de Rioja por todo el mundo.

Viña Ardanza 1989 empieza a mostrar una ligera evolución de la casa, que luego se intensifica con el de 1995, hacia la tendencia de los mercados de entonces que demandaban mayor intensidad y frescura a los vinos, aun siendo La Rioja Alta, SA una de las bodegas clásicas por antonomasia de Rioja: «Os acordáis de aquellos vinos de ‘alta expresión’», apuntó el enólogo. Sobre la cata de la pareja de vinos, magnífica evolución en la copa del 1989, que supera al de 1995.

Viña Ardanza 2001, ya con Julio Sáenz al frente en solitario de la dirección enológica, es un vinazo espectacular en todos los sentidos: redondo, fino, elegante y que, ante la espectacularidad de la añada –no había grano de uva malo, recordó el enólogo– la bodega ya embotelló como Reserva Especial (sólo lo ha hecho en tres ocasiones en 75 años).

Bodegas Rioja Alta. 31/10/2012. DIAZ URIEL 2012

Bodegas Rioja Alta. 31/10/2012. DIAZ URIEL 2012

Es el comienzo de la línea actual de Ardanza, con más intensidad y más fruta aunque, como siempre, ensamblada a la perfección con la madera por las largas y particulares crianzas. Viña Ardanza 2005 sigue esa curva ascendente de ‘actualización’ de un vino clásico para acabar con un refrescante y elegante 2008, en el que la tradicional fruta madura deja paso a un fruta de garnacha mucho más fresca.

Es un Ardanza nuevo, especialmente el 2008, que quizá los consumidores de la marca más clásicos deban esperar a tomarlo dentro de unos años para no desentonar con su memoria histórica. En todo caso, la 2008 será siempre una añada histórica para la casa: por su calidad y porque por primera vez incorpora las uvas de la Finca de la Pedriza, en Tudelilla, que la bodega compró en propiedad para garantizarse que la esta uva histórica de la comarca de Rioja Baja estará siempre en la composición del Viña Ardanza.

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Juego de tronos (II)
Alberto Gil 08-06-2017 | 11:41 | 2

juego_de_tronos_serie_de_tv-293142110-largeCooperativas y Asaja, las mismas organizaciones que hace dos años decidieron en un momento crítico convertir en una pantomima digna de Juego de Tronos el primer mandato histórico del sector productor de Rioja en el Consejo Regulador, han paralizado, de momento parece, el desarrollo de los vinos municipales y de los vinos de subzona. Mientras la amenaza secesionista perdía fuelle, incluso político, las dos principales familias del sector productor vuelven a alimentar el fuego de dragón.

En Rioja conviven dos tipos de viticulturas, la mecánica y la manual, y, aunque en todas las zonas ambas están presentes, es en el entorno del valle en Aldeanueva y Alfaro y la ribera Navarra, donde producir uvas, y por tanto elaborar vinos, es más barato que en otras comarcas. Los vinos de subzona, y también los de pueblo, están regulados por el pliego de condiciones de Rioja. La primera indicación la emplean 126 bodegas (sólo una de La Rioja Baja) y la segunda la podrá utilizar cualquier que lo solicite formalmente, lo apruebe o no el pleno. En este sentido, su regulación es importante porque puede convertirse en un coladero y cargarse la pretendida y objetiva comarcalización.

Personalmente, no creo que los vinos de pueblo aporten una calidad objetiva al vino por la mera indicación de su procedencia (como sí lo hacen los viñedos singulares), pero si Rioja se ha embarcado en un viaje de determinar y concretar el origen de sus vinos no parece razonable que se obvien las zonas, las comarcas naturales y los municipios. Es decir, ninguna casa se puede empezar por el tejado.

Rioja necesita dejar de pensar que si a mi vecino le puede ir bien a mí me va a ir peor y, en este caso concreto, quitarse complejos. Hay parajes, paisajes y viñedos maravillosos en La Rioja Baja, sus zonas de sierra tienen un extraordinario potencial de expansión y, en este sentido, sus viticultores están aprovechando casi en exclusiva la nueva normativa de reparto de la Comisión Europea, con nuevos derechos de viñedo ‘gratis’ que apenas llega a las subzonas alta y alavesa.

Con un Rioja que no diferencia, se gana más dinero con la viticultura intensiva, pero no es ésta la viticultura, ni sus vinos, los que dan prestigio. Impedir que el viticultor o la bodega que lo desee pueda etiquetar su vino con su municipio es renunciar a la historia misma de Rioja y, por supuesto, al mayor diamante en bruto que seguimos sin explotar: la diversidad de la tierra de los mil vinos.

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Asaja y cooperativas mandan al ‘cajón’ los vinos de pueblo y de subzona
Alberto Gil 07-06-2017 | 1:04 | 0

riojaEl orden del día del pleno del Consejo Regulador de hoy venía cargado de asuntos como son la aprobación de los denominados vinos de Viñedos Singulares, el desarrollo de los vinos municipales y las nuevas condiciones para la elaboración de los de subzona (Rioja Alta, Alavesa y Baja) que, si bien son una realidad desde 1999, permitirían a cada comarca tener una notoriedad mayor en las etiquetas. Las cooperativas, al menos las riojanas de Fecoar, pretendían votar en contra de los vinos municipales y de subzona y contaban además con el apoyo de ARAG-Asaja, ya que, según confirmaron fuentes de la organización a Diario LA RIOJA, «son cuestiones que no se pueden aprobar si no hay consenso con las cooperativas».

Finalmente, se han aprobado los Viñedos Singulares y los nuevos espumosos de Rioja, pero la postura de Cooperativas y Asaja mandó al ‘cajón’, al menos de momento, los vinos de pueblo y subzona. La presidencia decidió no votar estas dos últimas categorías de vinos, para evitar el rechazo, confiando en alcanzar un hipotético consenso más o menos en breve.

Consecuencias
La decisión de cooperativas y Asaja puede tener consecuencias, ya que existía un pacto tácito en el conjunto del sector para permitir que la indicación de subzona en las etiquetas pudiera ampliarse hasta el mismo tamaño que la de Rioja (2/3 actualmente) en atención a una demanda de las asociaciones de Rioja Alavesa y que estaba pendiente de atención desde el año 2015. Con la paralización del desarrollo de estos vinos, las cosas quedarían como hasta ahora y la indicación deberá seguir siendo, por tanto, inferior en tamaño.

Asimismo, la no regulación de los vinos de municipio, prevista en el pliego de condiciones de Rioja como entidad local menor desde 1999, puede provocar que varios operadores decidan tirar por su cuenta e indicar en sus etiquetas el municipio de donde proceden las uvas de sus vinos sin los controles de trazabilidad y la regulación que estaba contemplada en la propuesta, lo que, evidentemente, afecta a la credibilidad de las hipotéticas indicaciones.

El rechazo de estas dos últimas propuestas disgusta no sólo en La Rioja Alavesa, sino que también bodegas y productores de uva de La Rioja Alta pretendían, o al menos estudiaban, trabajar en esa línea de localización de los viñedos que seguirá cerrada al menos parcialmente o sin una regulación adecuada: «Se está planteando una ‘guerra’ de comarcas de Rioja –explican fuentes del sector comercial–, que nada tiene que ver en este caso con cuestiones políticas, y no se entiende cuando se llevan más de dos años trabajando en estas figuras de forma conjunta y cuando existe unanimidad de todo el sector bodeguero, lo cual no es habitual ni fácil».

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