La Rioja
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Rioja: 1,20 euros, la tinta y 0,85, la blanca
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Alberto Gil | 06-09-2017 | 19:08

El ‘secretismo’ sobre los precios de la uva, pese a la obligación de formalizar contratos con plazos de pago y cantidades antes de entregar las partidas, es la nota dominante de la vendimia 2017, que sigue avanzando en La Rioja Baja y que está a punto de iniciarse en zonas de Rioja Alta y Alavesa. No obstante, alguna bodega ha hecho público ya el precio que va a pagar a sus proveedores.

Es el caso de Bodegas Riojanas, una de las firmas centenarias de Cenicero, que va a liquidar, como punto de partida, el kilo de uva tinta a 1,20 euros y a 85 céntimos el de blanca, según confirmó a Diario LA RIOJA, Santiago Frías, director general de la compañía, en la que sería la primera operación pública de la campaña. «Son los precios base, de partida, que hemos marcado, aunque a partir de ahí aplicaremos primas y minusvalías, en función de la calidad de las uvas», explica el bodeguero. Frías recuerda que Cenicero está en fiestas esta semana y que la previsión es abrir la bodega para recoger las primeras uvas «el próximo martes o incluso el lunes». Por ello, Bodegas Riojanas reunió a sus proveedores a finales de la semana pasada y les comunicó los precios de vendimia: «Yo creo que la gente salió contenta y a partir de ahora nos queda trabajo a las bodegas para defender los precios de las botellas».

Al margen de esta operación, los rumores son continuos, pero no es fácil confirmar contratos, aunque, probablemente, comenzarán a generalizarse cuando se abra la vendimia en las bodegas de las zonas más afectadas por la helada (la Sonsierra y La Rioja Alta occidental).  De momento, los precios parecen moverse en ese entorno de los 1,15/1,20 euros para la tinta y de 85 o incluso 90 céntimos para la blanca. También diversas fuentes del sector confirman que hay operaciones por encima, incluso hasta 1,5 euros, aunque se trata de partidas de uva elegidas, por lo que no son significativas para aproximarse a un precio medio.

Algunos grandes operadores trabajan también con los contratos plurianuales que firmaron con grupos de agricultores o cooperativas en años anteriores para garantizarse el abastecimiento, por lo que tampoco han movido demasiado el mercado por el momento. En estos casos, los contratos suelen tener una parte variable en función de la evolución del mercado que habría que revisar, pero sería ya en el futuro, una vez terminada la vendimia. En todo caso, varios viticultores, que son proveedores habituales de bodegas, confirman que siguen sin conocer los precios a los que se les pagarán las uvas pese a estar casi en vísperas de llevar sus remolques a las básculas.

Bodegas Riojanas, en una imagen de mi compañero Miguel Herreros

Bodegas Riojanas, en una imagen de mi compañero Miguel Herreros

Un 33% más que hace un año, pero lejos del 99

El gran temor del sector ante la actual vendimia era que los precios se disparasen y alcanzasen valores similares a los de 1999. Entonces, Bodegas Bilbaínas ‘reventó’ el mercado nada más comenzar la vendimia con una operación a 425 pesetas el kilo de uva (2,55 euros). La cántara de vino se disparó también exponencialmente en los meses posteriores pero, a partir de abril del 2000, se hundió en picado de forma que varias cooperativas prácticamente tuvieron que regalar el vino al año siguiente para hacer sitio a la nueva vendimia, con precios de la uva también desplomados.

De hecho, las normas de campaña, ante el temor de una caída extrema de producción por la helada, ampliaron los rendimientos en las zonas no heladas con el fin de que prácticamente toda la uva de Rioja pudiera entrar en las bodegas. El precio de 1,20 euros, que parece ser el que, de momento, está empezando a marcar una referencia, supone un incremento del 33% sobre los 90 céntimos de media del año pasado. La preocupación ha sido, y continúa siendo, muy intensa en el sector –falta por ver cómo se moverán las bodegas de Haro ante las consecuencias de la helada–. De hecho, la semana pasada en Ribera del Duero se empezó a barajar la cifra de 3 euros el kilo, con una cosecha inferior en el 60% a la del 2015, y saltaron las alarmas.