La Rioja
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Fecha: febrero, 2018
Rioja 2018… by Tim Atkin
Alberto Gil 09-02-2018 | 10:10 | 0

RIO09022018 : La Rioja : GENERAL : P06

El prescriptor británico y master of wine Tim Atkin actualizó ayer en su página web su reportaje anual sobre la región vitícola de Rioja (2018) con una nueva clasificación de bodegas al estilo de los grand cru bordeleses y con su personal podio de elaboradores, vinos y descubrimientos del año (además de las puntuaciones completas de vinos). Bodegas Muga, con la elección de su director técnico, Jorge Muga, como elaborador del año y de Aro 2010 como vino del 2018, despunta en el nuevo informe, que presta también especial atención a Jesús Madrazo, a quien concede el título de ‘leyenda’, después de su histórico paso por Viñedos del Contino, bodega a la que deja en el primer escalón de la clasificación Atkin.

Madrazo, que acaba de iniciar una nueva andadura profesional con proyectos propios, está también detrás, junto con Etienne Cordonnier, de Viñas Leizaola, cuyo vino, El Sacramento, ya fue destacado como revelación por Atkin en su ‘Report 2017’. Por cierto, Madrazo y Cordonnier presentarán en mayo para lomejordelvinoderioja.com una espectacular cata vertical del Sacramento. Miguel Martínez (Bodegas Ojuel) es otro de los grandes triunfadores del año, tras haber sido elegido por Atkin como joven revelación por su trabajo con el dulce supurao, pero también por su colección de vinos parcelarios de viejos viñedos de Sojuela.

El Gran Reserva Viña Tondonia 1996 se hace con el primer puesto de los blancos en la lista, mientras que Ramón Bilbao, con su Lalomba 2016, repite (ya lo fue el año pasado) como rosado del año y Vinícola Real, por su 200 Monjes 2011 vendimia de invierno, logra el premio al mejor dulce/semidulce y sube al segundo peldaño de la clasificación de bodegas.

La mejor bodega del año pasado, Artuke, repite en la primera categoría –junto con Abel Mendoza, Lanzaga, Contador, Contino, Juan Carlos Sancha, Finca Allende, La Rioja Alta, López de Heredia, Murrieta, Muga, Remélluri, Roda, Sierra Cantabria y Viñedos de Páganos– y su último vino, Cerro Las Mulas, logra el galardón de tinto revelación. Destaca también el ascenso a primer cru de Bodegas Juan Carlos Sancha, quien ha encandilado a Atkin con su colección de garnachas centenarias, varias de las cuales sitúa entre los mejores vinos de Rioja.

Bodegas Bhilar (David Sampedro) asciende al segundo escalón y sitúa su nuevo vino Finca La Revilla como descubrimiento blanco. Bodegas Hermanos Peciña, con su Señorío de Peciña, como mejor Rioja calidad precio, y Dominio de Berzal, mejor ‘value’ blanco, son otros de los destacados. Atkin menciona también a José Gil (Bodegas Olmaza), que con una nueva colección de vinos parcelarios, logra magníficas puntuaciones. Olmaza visitará el club de catas de lomejordelvinoderioja en junio.

Los cambios legislativos
El prescriptor ha seguido durante este año muy de cerca los cambios legislativos de Rioja, con las nuevas categorías y menciones de Viñedos Singulares, Municipio y Zona y, pese a hacerse eco de algunas críticas –«satisfacer los muy diferentes intereses de los productores, las cooperativas y las pequeñas y grandes bodegas de Rioja es como intentar mantener unidas las facciones del Partido Conservador [británico]», bromea–, deja claro que «las nuevas clasificaciones son una gran noticia para los bebedores de vino, para quienes intentan probar diferentes estilos de Rioja y entender qué, quién y cómo se hacen». Atkin concluye que «nunca he estado más excitado por la calidad de los vinos de la región y por su potencial para hacer cosas aún mayores».

Bodegas Familiares de Rioja se hacía eco ayer en una nota de prensa del nuevo informe de Atkin, del que subraya que siete de sus asociados figuran entre las bodegas destacadas por el master of wine. Bodegas Familiares alude también al reconocimiento del «protagonismo» de las pequeñas y medianas bodegas, en lo que Atkin denomina el «redescubrimiento del lado humano de Rioja»: «Rioja necesita grandes marcas –explica el master of wine–, pero también necesita su creciente número de bodegas más pequeñas, con grupos como Bodegas Familiares de Rioja, Rioja&Roll o ABRA, que están ayudando a promover el lado humano de la región y permitiendo a los consumidores poner una cara y una cultura en una etiqueta».

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Castillo de Sajazarra: raíces profundas
Alberto Gil 07-02-2018 | 1:27 | 0

El enólogo en una imagen de mi compañero Juan Marín en el salón de catas

El enólogo en una imagen de mi compañero Juan Marín en el salón de catas

Jabier Marquínez expone el compromiso de la bodega con la tipicidad de la zona, pero también con las elaboraciones clásicas e históricas de Rioja

Viñedo propio, tipicidad de zona, respeto al ‘Rioja’ y atrevimiento son los pilares sobre los que Jabier Marquínez, enólogo de Castillo de Sajazarra, sujeta el proyecto bodeguero de la familia Líbano. Castillo cultiva 46 hectáreas de viñedo en Sajazarra (85%), Galbárruli y Fonzaleche y elabora vinos de zona, de pueblo, marcados por la climatología de la comarca más atlántica y fría de Rioja y con un perfil tradicional de Rioja Alta: vinos de largas crianza, trago largo y amable y, al mismo tiempo, una viticultura casi salvaje, en las mismas faldas de los Montes Obarenes, con un fuerte viento perpetuo y una fauna que se ‘aprovisiona’ a su antojo del fruto de los viñedos.
Marquínez abrió el martes por la noche la nueva temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja.com con un blanco, In Vita 2016, de la DOP Alella (norte de Barcelona), zona por la que apostaron en el 2006 cuando en Rioja todavía estaba prohibido plantar blanco: «Muchos se fueron a Rueda, otros a Rías Baixas, pero la propiedad de Castillo de Sajazarra tenía vinculación familiar con Alella, que, además, es una comarca histórica cuyos vinos, layetanos, eran ya muy apreciados por los romanos hace 2000 años». El In Vita, un blanco fresco de xarello (pansa blanca) y sauvignon blanc, poco tiene que ver con la calidez supuesta a priori a una comarca mediterránea y es que, tal y como recordó el enólogo, acumula una media de 800 milímetros de agua al año (por 600 de Rioja). El vino destaca por una mineralidad salina que combina a la perfección con las notas florales, aunque siempre en segundo plano, del sauvignon. El In Vita es un vino kosher, como lo es también el Herenza 2016 (Rioja). Castillo de Sajazarra es una de las escasas bodegas que elaboran regularmente para la comunidad judía. «El vino es el mismo, con un coste de producción más alto por el ‘lío’ que supone para la bodega, pero nos compensa porque nos ha ayudado a estar presentes en más de cien países», explicó Marquínez.
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 La aventura kosher es ejemplo de ese atrevimiento que citaba el enólogo –como lo es también la apuesta por el cultivo ecológico hasta que el oídio lo permite–: «Elaboramos con unos protocolos de hace 4.000 años». Ahora bien, la vendimia es igual –«de hecho tenemos algunos musulmanes en las cuadrillas de recogida», aclaró Marquínez– ya que el protocolo se ciñe exclusivamente en la bodega: «Sólo un rabino o judío practicante puede ver o manipular el vino; es la gran diferencia». El Herenza, a diferencia del In Vita (ambos kosher), fue pasteurizado –sometido a una temperatura de 85 grados durante unos segundos–: «La razón no es otra que el vino no pasteurizado sólo puede ser servido por judíos, pero hay muchos restaurantes en todo el mundo que ofrecen kosher aun no siendo judíos». El Herenza es un vino de semicrianza que, cada añada estrena barrica –así lo exige el protocolo hebreo–: «Lo aprovechamos para ‘limpiar’ las barricas nuevas tres meses y luego las usamos para nuestros otros vinos». En la cata el vino muestra el perfil del tempranillo de la zona: amable de trago largo y elegante.
Solar de Líbano Reserva 2013 y Castillo de Sajazarra Reserva 2012 protagonizaron el siguiente bloque de la cata. El primero es un clásico de Rioja Alta, de larga crianza en roble americano, elegante y de paso amable y el segundo aporta un poco más de estructura con parte de la crianza en roble francés: «Cuando los prescriptores comenzaron a ‘darnos’ a los clásicos de Rioja decidimos que, por respeto a nuestros clientes y la propia región vitícola, no íbamos a dejar de elaborar Solar de Líbano de siempre». «Sacamos el Castillo –añadió Marquínez–, con un poco más de potencia pero sin abusar de la sobremadurez ni la estructura, porque creo que Rioja no puede renunciar a sus principios y su historia». En ambos vinos está presente el graciano, una apuesta de la casa desde el 2006: «Estamos en la zona más fría de Rioja y el graciano es corrector natural de pH y de acidez y ha estado presente de siempre en los grandes vinos de Rioja». «Apostamos por él, aunque alguno pensaría que estábamos locos, pero estamos muy contentos porque es una gran uva de cupaje».
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Los varietales
Castillo de Sajazarra elabora también dos producciones muy limitadas, Digma y Digma Graciano, vinos más modernos y potentes y, aunque el primero tiene un poquito de graciano, es casi un varietal de tempranillo: «Aquí seleccionamos las uvas de las fincas que nos dan la fruta más negra, la mayor potencia, en aquellas añadas en las que llegamos a obtener el perfil que buscamos, que no son todas ni mucho menos». Pese a que son vinos que se pueden calificar de ‘modernos’ se etiquetan también como reserva tras una larga crianza. El Digma Graciano sale al mercado aproximadamente una de cada tres cosechas: «Estamos teniendo suerte y el cambio climático, que ya veíamos venir en el 2006, nos ayuda en este sentido», explicó el enólogo. En la cata los Digma fueron los preferidos del público en la votación con la aplicación móvil especial que estrenó JIG para el club de catas, especialmente el último –con una nariz espectacular–.
Los vinos y sus precios
In Vita 2016: Blanco (DOP Alella). Kosher. PVP: 6,5 euros.
Herenza 2016: Semicrianza Rioja. Kosher. PVP:6,5 euros
Solar del Líbano Reserva 2013: 11,5 euros.
Castillo de Sajazarra Reserva 2013: 16 euros.
Digma 2012: 36 euros.
Digma Graciano 2012: 36 euros.

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Barco: «Rioja optó en su día por ser una DOP grande y ya no es posible volver atrás»
Alberto Gil 01-02-2018 | 10:15 | 0

El profesor Emilio Barco, en una imagen de Sonia Tercero

El profesor Emilio Barco, en una imagen de Sonia Tercero

Emilio Barco Royo, doctor en Economía –y, como bien dijo ayer el consejero de Agricultura, Íñigo Nagore, en la presentación del libro ‘Análisis de un sector. Rioja 4.0’, el mayor experto del sector desde el punto de vista jurídico, económico y social– presentó ayer la última actualización de la monografía más detallada y analítica del principal sector económico de la Comunidad. Un trabajo que comenzó en 1985, con la primera ‘radiografía’ del vino de Rioja –«hecha a lapicero»– y que se actualiza ahora por quinta vez con los últimos datos del 2017. Su trascendencia, en todo caso, abarca hasta el horizonte 2030, con el reto de la liberalización del viñedo sobre la mesa y con varias decisiones que debe tomar el sector, algunas ya en marcha, para intentar mantener un modelo cuyo éxito se basa en el reparto social de viñedos, vino y beneficios.
– Dice que será su última actualización. ¿Por qué?
– En el 2030 tendré 72 años y ya estoy mayor para un trabajo tan exhaustivo como éste.
– Por primera vez se permite el ‘lujo’ de plasmar su opinión…
– Así es. Lo hago al final del libro, en un capítulo de ‘Adiós’, precisamente porque será mi última actualización.
– Intuyo en dicha despedida cierta añoranza del campesino viticultor. ¿Es posible una vuelta al pasado?
– De manera global no, y por eso hay una añoranza. Rioja tiene hoy 65.000 hectáreas, es decir, es demasiado grande para volver atrás, lo que no quiere decir que en términos individuales, como ya hace gente, se puedan hacer cosas diferentes. Hay otro modelo de cultivo, con menor dependencia de fitosanitarios, con respeto absoluto al medio. Es posible, pero no lo es de forma global, aunque sí debería apoyarse y fomentarse.
– Cita una frase en su libro, del expresidente Ángel de Jaime Baró, cuando dijo aquello de que Rioja era una ‘gran denominación grande’. Fueron esos años, el final de los 90, el punto de ‘no retorno’?
– Sí. Esa frase significaba que íbamos a seguir creciendo en hectáreas, en volumen, que los grandes grupos nacionales iban a invertir aquí… y así ha sido. ¿Se podía haber optado por una DOC pequeña de menos de 40.000 hectáreas? Entonces quizá sí, pero ahora ya no es posible.
– Alude también a la tensión territorial, entre municipios que no pueden crecer y otros que sí. ¿Hay riesgo de ruptura del Rioja actual?
– Efectivamente hay realidades productivas muy diferentes, con pueblos donde no se puede crecer en viñedo y otros en los que sí. Ahora bien, eso necesariamente no debe ser una ruptura. Soy partidario del consenso. Crecer en volumen y/o en valor no debe ser excluyente. Las DOP en su día tuvieron los retos históricos de controlar el fraude, garantizar el origen al consumidor, vincular la actividad al territorio y ahora tienen el nuevo reto de generar valor. Ahora bien, para mí no es suficiente. No me interesa una DOP que genere valor si no lo distribuye en la cadena: desde el campo hasta la mesa de mi casa. Ése es el verdadero reto.
– ¿Es necesario diferenciar claramente producciones y vinos?
– El modelo tradicional segmentaba oferta, demanda y precios con los vinos jóvenes, crianza y reserva. Ahora se propone una nueva categorización complementaria con viñedos singulares, de pueblo y zona. Para mí es bueno.
– ¿Debe acostumbrarse Rioja a pagar diferentes precios por las uvas?
– Eso ya lo decíamos en el libro anterior. ¿Por qué en Rioja nunca ha sido posible producir para tres mercados diferentes, con tres calidades distintas, con 4.000, 6.000 ú 8.000 kilos por hectárea?. Obviamente debe ser así y no vale el café para todos.
– Horizonte 2030: liberalización de plantaciones. ¿Puede Rioja autorregularse para entonces?
– Lo que está claro es que hay que trabajar en estos años ante este posible escenario. Yo expongo el modelo de champagna, que ya se ha autorregulado limitando la superficie con cartografía. Ahora bien, eso es muy duro porque significa que una parcela vale y otra no en un mismo municipio. De todas formas, yo tengo confianza. Si Rioja no hubiera limitado las plantaciones ya tendríamos la liberalización desde hace dos años. El sector supo pactar y no era fácil.
– ¿Subsistirían pequeñas bodegas y viticultores en un escenario de libertad total?
– La premonición de hace tiempo de que Rioja se iba a concentrar en unas pocas bodegas no se ha cumplido y creo que no se cumplirá. Ahora bien, ante la libertad de plantaciones el que se ‘librará’ es el que tenga vinculación con el comercio, vendiendo vino directamente o vía cooperativa o cosechero o vía contractual con una bodega.

«El disparate del AVE no quiero ni comentarlo»

Una de los ‘heridas’ que deja clara Emilio Barco en su epílogo del ‘Análisis de un sector. Rioja 4.0’ es el daño causado al paisaje en estos años de expansión de Rioja. «A medio plazo quienes gestionan la DOC deberían trabajar en dos cuestiones de enorme importancia para el futuro del sector: la necesidad de proteger un paisaje y una cultura vitivinícola tradicional, que ya es marginal en la región, y reducir el uso de productos químicos», reflexiona.
– ¿Demasiado tarde para el paisaje o aún queda margen?
– Desgraciadamente, ya llegamos tarde. Hemos perdido muchas oportunidades. Lo último del AVE me parece tal disparate que no quiero ni comentarlo. Hace año y medio le hubiera contestado con más ilusión, pero ya apenas la tengo. La protección del paisaje es urgente pero sigue sin entenderse.
– Tampoco, como riojabajeño de Alcanadre, le veo muy convencido con el cambio de nombre de la subzona Rioja Baja…
– Yo soy de la ribera. Tengo una huerta y todos los sábados mando un foto a mis amigos de mi huerta de la ribera y no veo nada peyorativo en La Rioja Baja. Pero yo no sé de marketing… y mucho menos de neuromarketing.

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