La Rioja
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Autor: albertogil
Viticultura al extremo: Rioja Alta tras la helada
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Alberto Gil | 09-08-2017 | 6:25| 0

Mientras los tempranillos más precoces están casi listos en el extremo oriental de Rioja, en el límite occidental aún están enverando. La heterogeneidad madurativa por parcelas e incluso por cepas marca una de las campañas más difíciles en La Rioja Alta.

A la izquierda, tempranillo casi listo de Aldeanueva. A la derecha, un racimo de La Rioja Alta más occidental y, junto a éste, otro en la misma cepa cuyos granos aún no han comenzado a cambiar de color, lo que muestra las diferencias madurativas extremas.

A la izquierda, tempranillo casi listo de Aldeanueva de Ebro. A la derecha, un racimo de La Rioja Alta más occidental a medio enverar y, junto a éste, otro en la misma cepa cuyos granos aún no han comenzado a cambiar de color, lo que muestra las diferencias madurativas extremas.

Habitualmente poco tiene que ver la situación del viñedo de un extremo al otro en una denominación tan amplia como Rioja que alcanza ya las 65.000 hectáreas de viñedo. En cualquier caso, en esta ocasión, la diferencia es prácticamente extrema y, mientras los tempranillos de la zona oriental están cada vez más cerca de estar a punto, en La Rioja Alta en algunas zonas acaba de comenzar el envero (40 días hasta la vendimia) y, sobre todo, el desequilibrio madurativo por fincas, parcelas y cepas es impresionante: «La heterogeneidad está incluso en cada cepa, con racimos medio enverados y otros que no han comenzado», explica Miguel Ángel de Gregorio, bodeguero de Briones (Finca Allende), una de las zonas más afectadas por la helada de San Prudencio. «Es una campaña difícil y lo será también en vendimia; lo ideal sería hacerla en varias pasadas, pero es complicado técnicamente porque hace falta capacitación profesional y económicamente es también muy caro». En cualquier caso, De Gregorio confía en que las maduraciones vayan equilibrándose: «En la zona esperamos vendimiar sobre el 20 de septiembre y lo cierto es que, al haber poca uva, las plantas retrasadas por la helada están tirando, por lo que esperamos corregir al menos parcialmente la irregularidad actual».

Las previsiones de Bodegas Muga (Haro) se sitúan también para mediados de septiembre, aunque para los blancos: «Las uvas blancas, en general, están recuperando el retraso rápido, pero los tempranillos heladas de la zona más occidental siguen yendo despacito, aunque al haber poca carga de uva esperamos que arranquen», explica Isaac Muga, responsable de viticultura de la bodega. «Todavía no ha acabado el envero –continúa–, con lo que quedan por lo menos cuarenta días».

Muga confirma que el ‘corte’ entre las diferencias madurativas lo sigue marcando Torremontalbo (el Najerilla), la ‘raya’ de la helada: «En zonas como Uruñuela, Nájera o Fuenmayor se vendimiará pronto, para mediados de septiembre seguro, pero en la zona alta habrá que ir incluso a tres ritmos: con las viñas no heladas, las de daño intermedio y las más afectadas». Muga trabaja también la zona del Najerilla, donde «garnachos y blancas se están recuperando bien, por lo que es posible haya incluso un pelín de adelanto». Eso sí, la heterogeneidad madurativa está garantizada, aunque Isaac Muga no tira la toalla: «Soy más optimista que hace unos días y puede haber buena calidad, sobre todo si no vendimiamos como ‘locos’».

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‘Devoluciones’ de plantaciones de viñedo
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Alberto Gil | 07-08-2017 | 12:51| 0

Ínigo Nagore, en una foto de Juan Marín

Ínigo Nagore, en una foto de Juan Marín

Casi el 40% de los adjudicatarios de viñedo, 231 de los 645 del 2016, se enfrentan a un proceso de revisión por parte de la Consejería de Agricultura que podría saldarse con la devolución de las plantaciones. Así lo confirma el consejero de Agricultura, Íñigo Nagore, quien recuerda que «ya dijimos que íbamos a velar porque los adjudicatarios cumplieran realmente con la legalidad; no podemos anular el proceso, como piden algunos grupos políticos porque sería injusto con los que sí cumplen, pero sí garantizar el respeto de la normativa».

En este sentido, Agricultura no ha reconocido la inclusión solicitada en el Grupo I (reparto prioritario) a 418 solicitantes del 2017. De ellos, 234 pidieron también plantaciones en el 2016: «Si no han podido demostrar que eran jefes de explotación con actividad agraria en el 2017 probablemente no podrán hacerlo tampoco en el 2016, con lo que revisaremos todos esos expedientes, además de otros en los que actuamos de oficio por claras sospechas y seguimos investigando», explica Nagore. La revisión no queda ahí, sino que el consejero asegura que la lista de 197 adjudicatarios del 2017 se verá también reducida y será «diferente» a la enviada provisionalmente al Ministerio. «Gracias a los controles de la Consejería, al final los repartos de viñedo serán mucho más razonables de lo que la gente piensa», avisa Nagore. De hecho, avanza que propondrá al Ministerio sumar las plantaciones finalmente recuperadas de los años 2016 y 2017 al futuro reparto del 2018.

– ¿Por qué en el 2016 se fijaron unas normas de acceso más laxas y se endurecieron en el 2017?
– El punto de partida eran unos criterios de reparto que primaban a jóvenes no viticultores con actividad agraria. Siempre consideramos inadecuadas las directrices del Ministerio y queríamos que se pudiera primar al viticultor joven y profesional. Al estar demasiado indefinida la figura del ‘jefe de explotación’ y la superficie admisible para plantar hubo una avalancha de peticiones y pactamos con las organizaciones profesionales agrarias (OPA) y cooperativas que les daríamos el beneficio de la duda, pero siempre dijimos que verificaríamos que no fueran ficticias.

– ¿Cuál fue el papel, entonces, de OPA y cooperativas?
– Pactamos con ellas todo lo relacionado con las superficies admisibles y los requisitos exigidos para demostrar la actividad agraria. De hecho, la Consejería propuso eliminar los pastos porque veíamos que muchos los acreditaban como tierra para engrosar solicitudes y no con deseo real de plantar, pero las OPA y las cooperativas nos pidieron que no lo hiciéramos porque, decían, no podíamos cambiar las reglas en mitad de la partida. Es habitual en la Consejería pactar todas estas cuestiones y así lo hicimos. La normativa no exigía más y atendimos la petición del sector, aunque, insisto, advirtiendo de que haríamos comprobaciones.

– ¿Quiere decir que si no se hubieran admitido los pastos en el reparto del 2016 no habría habido grandes adjudicatarios?
– Así es. Varios de los casos más llamativos habrían desaparecido.

– ¿Hubo uso de información privilegiada por algunos solicitantes?
– No. Todo se pactó con las organizaciones agrarias, y de hecho, son ellas las que tramitan la mayor parte de solicitudes, así que la información estaba para todo el mundo.

– Si pactó con las OPA y cooperativas, si le pidieron la inclusión de pastos y la laxitud en la admisión de solicitudes… ¿se siente traicionado por la reacción posterior?
– Más que traicionado, dolido. Todos sabíamos que los criterios del Ministerio eran malos, pero gran parte de los males añadidos vinieron porque los representantes del sector productor nos pidieron que no cambiáramos la reglas de juego. Asumo mi responsabilidad, pero la decisión fue compartida por lo que no entendí las críticas posteriores.

– En el 2017 cambió y endureció las condiciones de acceso sin consenso con las OPA, ¿por qué?
– A la vista de lo sucedido, pedimos al Ministerio que regulase mucho más las definiciones de superficie admisible y de jefe de explotación.Las organizaciones agrarias se seguían contentando con pocos requisitos de acceso, pero esta vez dijimos ‘no’. Decidimos no especificar lo que íbamos a pedir para demostrar la actividad agraria porque ante la apetencia por las nuevas plantaciones, si lo llegamos a decir, mucha gente hubiera acabado ‘cumpliendo formalmente’ como pasó en el 2016.

– ¿Por qué no se paró el reparto del 2017 tras el precedente del 2016?
– Es un reparto nacional, regulado por un real decreto que La Rioja está obligada a cumplir. Nos hubiera gustado pero no teníamos margen legal. El problema se da únicamente en Rioja por la apetencia por nuevo viñedo, pero otra cosa hubiera sido que el Consejo Regulador hubiera decidido no repartir viñedo este año. El plazo para solicitarlo lo marcó la publicación del Ministerio de las limitaciones de plantación para las diferentes regiones, pero si realmente los criterios no gustaban a nadie hubo margen para paralizar el reparto.

– Cooperativas y Bodegas Familiares lo intentaron en el Consejo…
– Era probablemente tarde, pero hubo margen anteriormente. Creo que en el fondo tanto las organizaciones agrarias como las bodegas querían que se repartiera el viñedo.

– La nueva lista, con 197 adjudicatarios provisionales, muchos menos que en el 2016, para 471 hectáreas eleva el porcentaje de prorrateo del 11 al 32%. Da miedo… ¿cuántas hectáreas se llevará el mayor solicitante?
– Las que le correspondan si cumple. Somos conscientes de que con el reparto de nuevo viñedo, con 647 hectáreas para Rioja este año, 471 para La Rioja, estamos hablando de entre 15 y 20 millones de euros [unos 25.000 euros la hectárea] y, en este sentido, el prorrateo, que viene marcado por la Unión Europea, es perverso. Por eso estamos siendo tan estrictos y seguimos trabajando para poner límites y cambiar criterios. De momento, nuestra labor es separar el grano de la paja y eliminar los incrementos artificiales de superficie.Creo que, gracias a las medidas de control, quedará un reparto mucho más razonable de lo que la gente se piensa.

– Habló en el Parlamento de ‘fraude sofisticado’. Explíqueme ese concepto.
– Hemos detectado que mucha gente solicita viña para ver si le toca, con contratos de arrendamientos entre familiares pese a no tener actividad agraria. Pero en los cruces de datos nos hemos encontrado también casos en los que el montaje del expediente es mucho más sofisticado. De un plumazo, aunque puede haber algún error, nos quitamos el 80% de los solicitantes, pero quedan 197 adjudicaciones provisionales que seguimos revisando y en algunas hemos detectado esas sospechas de fraude más sofisticado y se anularán también las adjudicaciones.

– Hay un caso del 2016 en la Fiscalía. ¿Cómo va el asunto?
– Está en proceso.

– ¿Tiene más datos concretos de las revisiones del 2016?
– Aún estamos en ello. Ante la apertura del nuevo proceso del 2017 pensamos que quien solicitó el año pasado también lo haría éste. Así las cosas, este año 418 expedientes que pedían su inclusión al Grupo I los pasamos al II [fuera del reparto] al no poder acreditarnos la actividad agraria real. De ellos, 234 habían pedido y recibieron plantaciones en el 2016. Como no han podido demostrar la condición de jefe de explotación en el 2017 les vamos a exigir que demuestren la del 2016.

– ¿Publicará la lista del 2017?
– Por supuesto. Es nuestra obligación por ley. Lo haremos cuando sea definitiva y no dudo de que será diferente a la de los 197 adjudicatarios provisionales que se envió al Ministerio.

– ¿Hay responsabilidad para quien acredita una supuesta condición que luego no puede demostrar?
– El año pasado decidimos otorgar el beneficio de la duda al aspirante y admitir solicitudes para luego comprobarlas. Este año hemos decidido cruzar los datos de forma previa y hemos detectado muchos solicitantes que no son titulares de una explotación con actividad. Somos partidarios de la revisión y de la posible denegación o suspensión de la plantación, pero en los casos de fraude más sofisticado sí hay alguna responsabilidad que va más allá del intento fraude administrativo. Hay un expediente en la Fiscalía del 2016 y no descarto que este año pueda haber alguno más.

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¡Sálvese quien pueda!
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Alberto Gil | 12-07-2017 | 11:33| 0

DOCU_RIOJAPodía ser peor y tiene pinta de que lo será. El regalo envenenado que el Ministerio de Agricultura entregó a Rioja con la elección de los criterios de prioridad (jóvenes agricultores sin viñedo) para el acceso a las nuevas plantaciones de viñedos ha roto el histórico equilibrio social, y territorial, en los repartos. La Consejería de Agricultura, que en el año 2016 vio cómo las organizaciones agrarias con las que había pactado las condiciones de acceso al nuevo viñedo la echaron a los tiburones, decidió, porque no le quedaba otra, comprobar si los solicitantes de viñedo tenían actividad real agraria y endurecer así los criterios de acceso. El año pasado, el 2,61% de los adjudicatarios se llevaron casi el 30% de las 362 hectáreas repartidas en La Rioja: 17 personas se hicieron con más de tres hectáreas y, una de ellas, aunque su caso está ahora en la Fiscalía por presunta falsedad documental, consiguió inicialmente más de 20 hectáreas.

El aumento del botín de este año (645 hectáreas para el conjunto de la denominación de origen, de las que 471 irán para La Rioja), pero, sobre todo, la reducción de los solicitantes aptos puede provocar que quien el año pasado acreditara tierra disponible (propia o arrendada) para llevarse 10 hectáreas, en esta ocasión consiga 30. La inversión, con diferencia más importante, para una bodega es el viñedo y ahí tenemos el caso de familias que llevan años invirtiendo cada perra que ganan en aumentar su explotación, pero ahora habrá supuestos no viticultores, y supuestas no bodegas, que se llevarán cinco, diez o quince hectáreas de un plumazo.

Lo que es intolerable es que ni el Ministerio, por dejadez, ni la Consejería, por falta de valentía, ni el Consejo Regulador, por vaya usted a saber qué intereses, hayan sido capaces de parar este despropósito cuando la solución era sencilla: tras el desastre del 2016 únicamente había que haber congelado las plantaciones para, en el 2018, hacer un reparto social y territorial de verdad con nuevos criterios. Las plantaciones, al fin y al cabo, son dinero público que, cuando se entregan sin criterios sociales, lo que generan es una grave competencia desleal.

Hay otra estadística que nunca se sabrá por la protección de datos, pero sería interesante conocer quién han sido los receptores de las diferentes, y millonarias, anualidades del Plan de Apoyo al Sector Vitivinícola que, con fondos comunitarios, cofinancia inversiones en bodega de hasta el 40%. Conozco varias pequeñas bodegas que se rindieron ante la burocracia y complejidad legal y desistieron del programa y otras que presentaron importantes inversiones para su capacidad pero, con el prorrateo para atender las fuertes inversiones de grandes empresas, se quedaron sin fondos o con porcentajes mucho más bajos de ayudas de lo previsto. Lo dicho: ¡sálvese quien pueda!

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El artesano urbano
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Alberto Gil | 26-06-2017 | 6:59| 0

Javier Arizcuren abre en el centro de Logroño, entre comercios convencionales, una bodega donde elabora, vinifica, cría, embotella, etiqueta… cata y vende sus vinos

El arquitecto y viticultor reivindica el concepto artesanal de elaboración en un espacio urbano y multificional, donde incluso recepciona la uva

LOGRONO. Calle Santa Isabel. Javier Arizcuren en su bodega urbana, en una imagen de Justo Rodriguez

LOGRONO. Calle Santa Isabel. Javier Arizcuren en su bodega urbana, en una imagen de Justo Rodriguez

En pleno centro de Logroño, en la discreta calle de Santa Isabel, una bajera de apenas 180 metros acoge la primera y única bodega urbana de La Rioja y, probablemente, de España. Javier Arizcuren, arquitecto de profesión y viticultor por tradición y devoción, vinificó ya la pasada vendimia por primera vez en Santa Isabel los 7.000 kilos de uva de sus propios viñedos del entorno de Quel y las laderas de Yerga: «Hacía 40.000 kilómetros al año, de Logroño a Quel continuamente, en muchos casos de noche, y un día decidimos en la familia que si quería seguir con esto tenía que pensar en elaborar el vino en Logroño». «Ahora –continúa– son las uvas las que hace 55 kilómetros en la vendimia en una furgoneta refrigerada y todo es más sencillo».
Bodegas urbanas con elaboración incluida, aunque habituales en los pueblos vitícolas, están apareciendo poco a poco en varias ciudades de EEUU, en Londres, en París, en Sidney… y, desde hace unos meses, hay una en Logroño. Arizcuren ha trabajado en el diseño de varios proyectos bodegueros ‘convencionales’, tanto de la edificación como de la ingeniería, y tiene claro que no va a pillarse los dedos: «Cuando trabajas para terceros –explica– los proyectos te vienen preconcebidos y, en algunos casos, están sobre dimensionados por lo que no acaban bien». «Este mundo del vino –continúa– no es fácil y en mi caso, aunque tengo 16 hectáreas en propiedad de mi familia, únicamente selecciono de momento entre dos y tres para elaborar mis vinos».
En este sentido, el arquitecto tuvo claro donde ubicar su bodega: «Es una bajera continua al despacho de arquitectura, la otra pasión de mi vida y en la que seguiré trabajando; el local estaba vacío durante décadas, así que cuando hablé con el propietario le encantó la idea». Sí que muchos vecinos no terminan de entender el concepto: «Cuando preguntan les digo que es una bodega de elaboración…, y me contestan: ¡ahhh!, una tienda…! No, una bodega…», … «pues eso, una tienda de vinos»… «De hecho, una señora me insistió tanto en la vendimia para que le vendiera un par de kilos de uva que se los regalé, pero poco a poco se irán familiarizando».

Normativa municipal
Arizcuren aprovechó un cambio de la normativa municipal del año 2016 que permitió utilizar las plantas bajas urbanas de hasta 200 metros para actividades artesanales: «Los técnicos municipales fliparon un poco cuando les hablé de abrir una bodega, pero lo cierto es que no hay artesanía más propia en Rioja que la elaboración de vinos». «En las ciudades –continúa– hemos echado a las bodegas a los polígonos industriales y, aunque está claro que algunas muy grandes no pueden convivir en un casco urbano, otras más pequeñas, desde mi punto de vista, enriquecen mucho una ciudad como la nuestra».

Asegura que no hay molestia alguna para los vecinos ni hubo tampoco ningún problema con Sanidad, más allá de construir un depósito subterráneo para el almacenamiento aguas y residuos: «No hay olores, no hay nada… únicamente una furgoneta aparcada en la puerta en la vendimia».

En el interior de la bodega –‘Taller de Arizcuren Vinos’ en Internet, donde se pueden concertas catas y visitas–, destaca el pragmatismo: los pequeños espacios son multifuncionales y en esos 180 metros es capaz de completar todo el proceso: «tengo depósitos, barricas, un mini laboratorio, etiquetadora y hasta embotelladora portatil, con la que nos apañamos por poco más de 1.000 euros». «No hacen faltan grandes cosas, más allá de buenas uvas, para hacer vinos», sostiene. «No tengo equipos de frío –continúa–, traigo la uva refrigerada en una furgoneta que alquilo en vendimia y no me hace falta una inversión de 20.000 euros».

Arizcuren ha recreado un antiguo dispensador de vinos, con suelo de hormigón con resina para mantener la pulcritud y baldosín blanco como el de añtaño en las paredes:todo un lujo, una auténtica bodega urbana visitable y activa en el centro de Logroño… y quizás precursora de futuros artesanos del vino.

Los viñedos: Yerga, el mazuelo y las garnachas por identidad

En sus poco más de media docena de depósitos reposan el trabajo de Javier Arizcuren, mientras que en la poco más de docena de barricas se crían unos vinos auténticos, mazuelos y garnachas que, con una rigurosa selección y trabajo de campo, han llevado los vinos de Arizcuren a más de 25 restaurantes con estrella Michelín de España. «Este modelo, de unos pocos miles de botellas, funciona en Francia, en Italia, en países del Nuevo Mundo… por qué no hacerlo en Rioja».

Arizcuren reclama espacio para el pequeño vitivinicultor en esta denominación de origen que ha apostado por la generalidad y que sólo en los últimos años intenta revertir el camino para dejar espacio a las singularidades, a los vinos originales y al talento de nuevas generaciones comprometidas con los viñedos.
Sus viñas escalan hasta las laderas norte de Yerga, en la comarca de Quel. Una viticultora prácticamente salvaje, despensa habitual de corzos y jabalíes y que sigue luchando contra la erosión: «El viñedo lamentablemente bajó al valle, se sustituyeron garnachas por tempranillo y el monte fue ‘invadiendo’, desertizando, las viejas garnachas abandonadas». «El proceso es reversible y yo personalmente creo mucho en esta zona, muy desconocida, pero con un extraordinario potencial histórico». De momento, la primera apuesta del viticultor con un varietal de mazuelo (‘Sólo Mazuelo’) le ha llevado a los mejores restaurantes de España y de Europa. La siguiente ya está en la calle ( ‘Solo Garnacha’) y en bodega reposa la siguiente: otro varietal, espectacular recién embotellado, de garnacha a casi 750 metros de altitud, una pequeña ‘isleta’ de viñedo prefiloxérico (120 años) en el mismo bosque.

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Fernando Salamero: el nuevo presidente de Rioja
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Alberto Gil | 22-06-2017 | 11:46| 0

Ilustración de Manolo Romero

Ilustración de Manolo Romero

La condición de alavés, nacido en Elciego, de Fernando Salamero aparece en todos los titulares de prensa como el asunto más significativo de su elección. Sin lugar a dudas, es un hecho histórico, sobre todo en un momento en que parece posible superar las tensiones territoriales de los últimos años. Pero, en cualquier caso, y tal y como el propio presidente de la DOC Rioja puso de manifiesto en su primera intervención pública, quizá sea más importante la propia experiencia que arrastra en el Consejo Regulador para confiar en que, con su mandato, se acabará enterrando el ‘hacha de guerra’.

En este sentido, Fernando Salamero es el vocal más antiguo del pleno, nada más y nada menos que desde 1982: «He visto los cambios que ha experimentado Rioja durante las tres últimas décadas», recordó… y ha llovido mucho desde entonces. Tanto que pocos se acuerdan que ya en 1984 hubo un primer intento de constituir una Organización Interprofesional de Rioja, aunque luego hubo que esperar treinta años para que fructificase: «Participé en aquellos lejanos encuentros en La Grajera, aunque la decisión se maduró tanto como los grandes reservas», bromeó Salamero.

El nuevo presidente de Rioja es director financiero de Bodegas Marqués de Riscal y miembro de una de las familias fundadoras de esta casa centenaria. Riscal ‘importó’ de Francia para Rioja en el siglo XIX los métodos de elaboración del vino moderno. Es decir, Rioja no sería hoy lo que es sin esta bodega alavesa que, casi siglo y medio después, sigue siendo uno de los grandes referentes nacionales e internacionales de la denominación de origen.

La diferenciación de vinos es una vieja demanda que incluso las Bodegas Familiares de Rioja reclamaban ya desde los años noventa. Y Salamero dejó ayer claro que el grupo mayoritario de bodegas que representa, y especialmente la suya, apuestan en la actualidad por la diferenciación geográfica de los vinos, por el desarrollo de los vinos de municipio y por las subzonas y, por supuesto, por los Viñedos Singulares. Son prácticamente las mismas reivindicaciones que las bodegas alavesas ‘secesionistas’ pedían a Rioja antes de tomar la iniciativa .

Salamero marcó ya ayer el camino que seguirá Rioja en el futuro para intentar crecer en valor de sus ventas y, al mismo tiempo, se mostró inflexible con la defensa de la marca paraguas. Algo se está cociendo y ayer en los pasillos del Consejo Regulador –en un acto al que asistieron todas las administraciones políticas– se empezaba a barruntar que, más pronto que tarde –aún a la espera de que cooperativas y Asaja acepten la regulación de los vinos municipales y de subzona– habrá un acuerdo.

La petición de la DOP alavesa, de momento, no ha salido del Gobierno vasco y Rioja sigue dando pasos. Fernando Salamero, después de un ‘agitado’ mandato del sector productor, con el cambio de presidencia a los dos años, tiene por delante cuatro para cerrar esta herida. En esos mismos pasillos, ayer el viceconsejero de Industria y Agricultura vasco, Bittor Oroz, emplazaba a Diario LA RIOJA para una entrevista. «En septiembre, en septiembre… hablamos». Quizá para entonces el cocido esté servido.

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