La Rioja
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Autor: albertogil
Juego de tronos (II)
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Alberto Gil | 08-06-2017 | 11:41| 0

juego_de_tronos_serie_de_tv-293142110-largeCooperativas y Asaja, las mismas organizaciones que hace dos años decidieron en un momento crítico convertir en una pantomima digna de Juego de Tronos el primer mandato histórico del sector productor de Rioja en el Consejo Regulador, han paralizado, de momento parece, el desarrollo de los vinos municipales y de los vinos de subzona. Mientras la amenaza secesionista perdía fuelle, incluso político, las dos principales familias del sector productor vuelven a alimentar el fuego de dragón.

En Rioja conviven dos tipos de viticulturas, la mecánica y la manual, y, aunque en todas las zonas ambas están presentes, es en el entorno del valle en Aldeanueva y Alfaro y la ribera Navarra, donde producir uvas, y por tanto elaborar vinos, es más barato que en otras comarcas. Los vinos de subzona, y también los de pueblo, están regulados por el pliego de condiciones de Rioja. La primera indicación la emplean 126 bodegas (sólo una de La Rioja Baja) y la segunda la podrá utilizar cualquier que lo solicite formalmente, lo apruebe o no el pleno. En este sentido, su regulación es importante porque puede convertirse en un coladero y cargarse la pretendida y objetiva comarcalización.

Personalmente, no creo que los vinos de pueblo aporten una calidad objetiva al vino por la mera indicación de su procedencia (como sí lo hacen los viñedos singulares), pero si Rioja se ha embarcado en un viaje de determinar y concretar el origen de sus vinos no parece razonable que se obvien las zonas, las comarcas naturales y los municipios. Es decir, ninguna casa se puede empezar por el tejado.

Rioja necesita dejar de pensar que si a mi vecino le puede ir bien a mí me va a ir peor y, en este caso concreto, quitarse complejos. Hay parajes, paisajes y viñedos maravillosos en La Rioja Baja, sus zonas de sierra tienen un extraordinario potencial de expansión y, en este sentido, sus viticultores están aprovechando casi en exclusiva la nueva normativa de reparto de la Comisión Europea, con nuevos derechos de viñedo ‘gratis’ que apenas llega a las subzonas alta y alavesa.

Con un Rioja que no diferencia, se gana más dinero con la viticultura intensiva, pero no es ésta la viticultura, ni sus vinos, los que dan prestigio. Impedir que el viticultor o la bodega que lo desee pueda etiquetar su vino con su municipio es renunciar a la historia misma de Rioja y, por supuesto, al mayor diamante en bruto que seguimos sin explotar: la diversidad de la tierra de los mil vinos.

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Asaja y cooperativas mandan al ‘cajón’ los vinos de pueblo y de subzona
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Alberto Gil | 07-06-2017 | 1:04| 0

riojaEl orden del día del pleno del Consejo Regulador de hoy venía cargado de asuntos como son la aprobación de los denominados vinos de Viñedos Singulares, el desarrollo de los vinos municipales y las nuevas condiciones para la elaboración de los de subzona (Rioja Alta, Alavesa y Baja) que, si bien son una realidad desde 1999, permitirían a cada comarca tener una notoriedad mayor en las etiquetas. Las cooperativas, al menos las riojanas de Fecoar, pretendían votar en contra de los vinos municipales y de subzona y contaban además con el apoyo de ARAG-Asaja, ya que, según confirmaron fuentes de la organización a Diario LA RIOJA, «son cuestiones que no se pueden aprobar si no hay consenso con las cooperativas».

Finalmente, se han aprobado los Viñedos Singulares y los nuevos espumosos de Rioja, pero la postura de Cooperativas y Asaja mandó al ‘cajón’, al menos de momento, los vinos de pueblo y subzona. La presidencia decidió no votar estas dos últimas categorías de vinos, para evitar el rechazo, confiando en alcanzar un hipotético consenso más o menos en breve.

Consecuencias
La decisión de cooperativas y Asaja puede tener consecuencias, ya que existía un pacto tácito en el conjunto del sector para permitir que la indicación de subzona en las etiquetas pudiera ampliarse hasta el mismo tamaño que la de Rioja (2/3 actualmente) en atención a una demanda de las asociaciones de Rioja Alavesa y que estaba pendiente de atención desde el año 2015. Con la paralización del desarrollo de estos vinos, las cosas quedarían como hasta ahora y la indicación deberá seguir siendo, por tanto, inferior en tamaño.

Asimismo, la no regulación de los vinos de municipio, prevista en el pliego de condiciones de Rioja como entidad local menor desde 1999, puede provocar que varios operadores decidan tirar por su cuenta e indicar en sus etiquetas el municipio de donde proceden las uvas de sus vinos sin los controles de trazabilidad y la regulación que estaba contemplada en la propuesta, lo que, evidentemente, afecta a la credibilidad de las hipotéticas indicaciones.

El rechazo de estas dos últimas propuestas disgusta no sólo en La Rioja Alavesa, sino que también bodegas y productores de uva de La Rioja Alta pretendían, o al menos estudiaban, trabajar en esa línea de localización de los viñedos que seguirá cerrada al menos parcialmente o sin una regulación adecuada: «Se está planteando una ‘guerra’ de comarcas de Rioja –explican fuentes del sector comercial–, que nada tiene que ver en este caso con cuestiones políticas, y no se entiende cuando se llevan más de dos años trabajando en estas figuras de forma conjunta y cuando existe unanimidad de todo el sector bodeguero, lo cual no es habitual ni fácil».

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Zapatero a tus zapatos
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Alberto Gil | 01-06-2017 | 7:26| 0

La familia Escudero reivindica la identidad de Rioja Baja con su apuesta por garnachas históricas y gracianos marcados por la influencia mediterránea y la continentalidad de la cercanía al Moncayo

Potencia. Es el denominador común en los vinos de Bodegas y Viñedos Ilurce. La bodega familiar de Alfaro exporta el 90% de su producción a los mercados americanos (Canadá y, sobre todo, EEUU). Quizá por ello la estructura y la intensidad es una demanda de sus propios clientes, aunque también es consecuencia de la coherencia de la familia Escudero con la localización de sus viñas –60 hectáreas en Alfaro, con la calidez de la influencia mediterránea y la rotundidad continental de los viñedos en altura próximos al Moncayo– y con su apuesta por las variedades ‘locales’ garnacha y graciano.

Amador Escudero tiene claro que la garnacha necesita completar su maduración para ofrecer toda su expresión frutal y que el graciano es una uva que se adapta a la perfección a la comarca: «Nuestros viñedos no están en el valle, sino en las laderas del monte Yerga donde todavía conservamos plantaciones centenarias de garnacha y donde los gracianos llegan a su ciclo completo madurativo para ofrecernos vinos diferentes, muy propios de nuestros terruños», explicó el viticultor de la familia que comparte con su hermana Ana las labores en bodega.

Amador y Ana Escudero, en una imagen de Juan Marín

Amador y Ana Escudero, en una imagen de Juan Marín

La familia Escudero presentó el miércoles por la noche para lomejordelvinoderioja.com el nuevo proyecto de Bodegas Ilurce, una firma familiar que hunde sus raíces en varias generaciones de viticultores y que en el año 2010 inauguró la actual bodega y puso en marcha un nuevo proyecto: la elaboración de garnachas históricas de finca, cuyos primeros resultados compartió ayer con los aficionados.

La cata
Amador y Ana Escudero comenzaron con el Ilurce Rosado 2016, la referencia más conocida de la casa. «De todas, todas –señalaron–, el vino que más trabajo nos da en la bodega». «Pese a la uniformidad cromática actual de los rosados nosotros mantenemos la elaboración que nos enseñó nuestro padre, con una selección de viejas garnachas que elegimos muy bien cada año, no siempre de los mismos viñedos para que tengan la maduración necesaria y no se nos dispare el grado». El resultado es un vino espectacular, con una gran carga frutal y una golosidad envolvente que poco tiene que ver con los refrescantes claretes de otras zonas típicas de Rioja.

El Ilurce Joven 2016 es el único tempranillo que embotella la bodega con tempranillos en altura, en zonas como Cornago, Igea o Rincón de Olivedo, para garantizar la frescura y cumplir el cometido principal de un tinto joven: refrescar y hacer fácil el trago. Para los vinos de crianza, Ilurce trabaja casi en exclusiva con garnachas y gracianos. El Ilurce Crianza 2012, aunque en algunas añadas –no en ésta–, incorpora algunas uvas de tempranillo, viene marcado por las viejas garnachas que incorpora y por la contundencia del 20% de graciano que aporta sus notas especiadas que se suman a las de la madera. El vino es potente y con estructura, como toda la gama, aunque es con el Ilurce Graciano Crianza 2010 donde se aprecia plenamente la contundencia de esta variedad: «Es, desde luego original, que tiene algunos fieles seguidores pero también consumidores que la rechazan; para nosotros ha sido una apuesta clara hasta el punto de que somos una de las bodegas que más hectáreas de graciano tenemos en propiedad», explicó Ana Escudero.

Garnachas históricas
La familia presentó, prácticamente en primicia, sus dos nuevas elaboraciones. Dos vinos históricos, con mucha carga sentimental para la familia –dedicadas a su tío Ángel y su abuelo Amado en referencia a los viñedos que plantaron con sus propias manos en 1965 y en 1918–, con los que Amador Escudero lleva varios años trabajando: «Lanzar un nuevo vino no se hace porque sí… hay mucho trabajo previo de preparación de los viñedos, de pruebas en vendimias y con las maderas seleccionadas para la crianza, pero ya tenemos los primeros resultados».

Ángel 2015 es una explosión frutal, un vino consistente de alto equilibrio –grado, estructura y acidez–, una garnacha ‘tremenda’ con el carácter mediterráneo de la zona, que la familia envejece durante unos meses en barrica de roble francés de segundo uso y que recuerda a un bocado de uvas frescas con un gran fondo balsámico. Al igual que sucede con El Sueño de Amado 2014, la familia Escudero no tiene reparo con las altas graduaciones: «Para sacar todo el potencial de esta variedad tenemos que llegar casi a la sobremaduración y ello implica que el grado alcohólico también sube», explicó Amador Escudero.

El Sueño de Amado procede de dos fincas casi centenarias (1918, el año en que se casó su abuelo, fecha por la que pudieron identificar la edad histórica de la plantación) de 4,5 hectáreas, a mayor altura que las seis hectáreas del Ángel. Son cepas históricas, muy trabajadas por la familia como muestran las fotografías que acompañaron la presentación: «Son viñedos de secano rabioso, que jamás han recibido una gota de agua que no sea de lluvia y que si aguantan cien años es porque son una tierra óptima para la vid, muy fresca y con mucha roca, pero totalmente aclimatadas a esta variedad rústica como es la garnacha de Alfaro», detalló el viticultor. Otro ‘vinazo’, con más complejidad que al anterior, para tomar de forma más reposada y que muestra las claras y apreciables diferencias de dos terruños localizados en una misma zona, en un mismo municipio. La familia Escudero continuará trabajando para seguir demostrando que la comarca, La Rioja Baja, tiene mucho que decir en la elaboración de vinos: cada variedad en su sitio… y zapatero a tus zapatos.

Ilurce Rosado 2016: 2,6 euros.
Ilurce Tinto Joven 2016: 2,5 €.
Ilurce Crianza 2012: 5 euros.
Ilurce Graciano 2010: 7,2 euros.
Ángel 2015: 6 €.
El Sueño de Amado 2014: 10 €.
(**) Los precios marcados son en bodega, no en tienda.

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‘Apenas un 3% se ha hecho portavoz de Rioja Alavesa cuando hay 1.900 familias viticultoras’
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Alberto Gil | 22-05-2017 | 4:54| 0

Salvador Velilla. Profesor, etnógrafo e investigador de la comarca riojanoalavesa

Este profundo conocedor del territorio vasco de la DOP Rioja lamenta que, “por interés político, se omita la opinión de la gran mayoría silenciosa”

Salvador Velilla. Suplemento 70 aniversario correo de Alava. AMURRIO. 08/11/2016 Sandra Espinosa

Salvador Velilla, en una imagen de Sandra Espinosa (El Correo).

Mientras la DOP ‘Viñedos de Álava’ (Arabako Mahastiak) sigue su curso administrativo, Salvador Velilla, nacido en Lapuebla, escritor y etnógrafo de la comarca –además de colaborador habitual de Vocento, en la edición alavesa de El Correo–, reflexiona sobre lo que considera puede ser un «error histórico» y anima a la que él denomina, «mayoría silenciosa», a hacer público su punto de vista: «Apenas un 3% se ha hecho portavoz de Rioja Alavesa, cuando hay 1.900 familias de viticultores a las que nadie les ha preguntado nada». Velilla, uno de los grandes defensores de la identidad de la comarca, y de los vinos de Rioja Alavesa no duda de que ‘Viñedos de Álava’ «arrastra una intensa carga política detrás» e insiste en que, en lugar de profundizar en la identidad, una DOP como la planteada «diluye la que nos hemos forjado a través de siglos».

– Ha sido usted crítico en diversos artículos de opinión de prensa con la nueva DOP? ¿Por qué?
– Rioja Alavesa es una pieza fundamental de Rioja. La historia del vino de Rioja no sería igual sin esta comarca. Manuel Quintano, en el siglo XVIII, trabajó por mejorar los vinos con las técnicas de Burdeos y un siglo después el Marqués de Riscal trajo al enólogo Jean Pineau e introdujo definitivamente el ‘Rioja moderno’. Yo me considero riojanoalavés y no entiendo por qué se está intentando obligar a la gente a elegir. En mi casa hay dos diplomas del Consejo Regulador que ganó mi padre en los años setenta, uno de ellos el primer premio en vinos de calidad Rioja Alavesa. Mi madre hablaba de La Rioja castellana y de la alavesa, sin desprecio alguno. Hay dos Riojas, siempre las ha habido, y no entiendo que alguien pretenda que se renuncie a un apellido histórico.

– ¿Cree que la nueva DOP generara división en la comarca?
– Sin lugar a dudas. En Rioja Alavesa hay casi 2.000 familias que viven de la viña y el vino, pero resulta que son sólo 40 los que quieren abandonar Rioja. Es decir, ABRA supone un 14% de la comercialización de Rioja Alavesa y, de 126 socios, son supuestamente 40 los que apoyan la nueva DOP. Eso no es ni el 3% de los más de 1.900 viticultores de la comarca. A la inmensa mayoría ni se le ha escuchado y ni tan siquiera se le ha preguntado. La mayoría de los viticultores venden sus uvas a grandes bodegas y a las cooperativas e incluso los pequeños bodegueros tienen que vender la uva o el vino que les sobra al no poder sacar embotellada toda la cosecha. No creo que aquéllos sean peores viticultores que los que embotellan. ‘Viñedos de Álava’ fomentaría muchísimo la división.
– ¿‘Viñedos de Álava’ nace de un ‘calentón’ tras no lograr en un determinado momento una mayor diferenciación de la subzona?
– Posiblemente, pero quizás haya tenido más influencia la manera cómo se ha llevado la candidatura del paisaje del viñedo a Patrimonio de la Humanidad. Yo estuve cuando se constituyó la candidatura y únicamente entraba el paisaje de Rioja Alavesa y Rioja Alta. Intervino la política, en este caso de Logroño, y se cambió lo firmado para incluir a La Rioja Baja. Aquello fue un punto de inflexión y un error, pero tampoco entiendo el recelo y el desprecio que se está creando hacia La Rioja Baja. Si se mira la historia ha habido siempre viñedo en Alfaro o en Aldeanueva y también hemos tenido hace unos años cultivos hortícolas en Lapuebla, pero ahora confundimos la Historia con las cosas de hace cuatro días.
– ¿Es posible la diferenciación dentro de Rioja?
– Debe serlo. Es necesaria y, de hecho, no es nada nuevo. En los años 80 la gente de Vitoria, de Bilbao…, cuando cataban los vinos de cosechero, reconocía de qué pueblo venía cada uno, por su diferente clima, altura, suelo…, identificándolo por su paladar. Yo no tengo fronteras. Está claro que la Sonsierra es una misma comarca y que las administraciones han puesto una raya. Creo en la diferenciación, pero dentro de la misma Rioja Alavesa: de los 400 metros de Laserna a los 700 de Kripán o lo que se está plantando ahora en Labastida hay una diferencia enorme. Siempre ha habido discrepancias entre Rioja Alavesa y la ‘Rioja castellana’ y éstas han servido para avanzar. En el siglo XVIII los caminos para transportar el vino fueron el problema, en el XIX la conservación, el envejecimiento del vino fue el gran reto y ahora tenemos la diferenciación. La Rioja Alavesa ha mantenido sus viticultores y su identidad y, si no somos capaces de potenciarla ahora, deberíamos pensar en si no somos nosotros mismos los culpables.
– Desde ese punto de vista, usted considera que la DOP Álava no sólo no diferencia, sino que diluye…
– Por supuesto. Yo vivo en Amurrio, donde he ejercido profesionalmente durante más de 25 años como técnico de cultura en el Ayuntamiento. Allí también tenemos viñedos, de chacolí, y somos Álava. Si a los viñedos que están junto al Ebro les llamamos Viñedos Alaveses, ¿qué diferenciación es esa? Es como si fuéramos a Idiazábal y les dijéramos que renunciaran a su identidad y pusieran Euskadi en las etiquetas de sus quesos, borrando Idiazábal. Cuando tomo un vino de Rioja Alavesa soy consciente de que estoy tomando un Rioja, un Rioja alavés, un Rioja de Euskadi.
– ¿Cree que el Consejo Regulador de Rioja debería ayudar en esa diferenciación?
– Yo no soy entendido en legislación vitivinícola. Creo que deberían cambiar las cosas pero de una forma sencilla y natural y, sobre todo, tratar de ayudar a la incorporación de jóvenes para intentar comercializar sus propios vinos. ¿Por qué son necesarias 50 barricas para poder indicar ‘crianza’ en un vino? ¿Por qué no puedo poner que el vino es de mi pueblo si lo es? Insisto en que no soy experto pero mucha gente se queja de la rigidez, de la tremenda burocracia y en este sentido sí que creo que debería haber cambios. Hace unos días leía en el XL Semanal de Vocento un reportaje en el que extranjeros que vivían en España hablaban muy de bien del estilo de vida y del carácter de la gente, pero se quejaban… de la burocracia y el papeleo. La clave del éxito, y estamos en un momento crucial como muchos otros que ha habido en la historia, es ofrecer calidad y calidad que, aquí, la tenemos.
– ¿Juega un papel importante la política en todo esto?
– Por supuesto, yo lo tengo claro. En cuatro días se anunció la DOP ‘Viñedos de Álava’ y apareció el pliego de condiciones que se había contratado a la Universidad Rovira i Virgili. Estaba preparado de antes. Me ha chocado que los políticos hayan entrado tan ‘de cabeza’ en este tema. Desgraciadamente, en casi todas partes los políticos confunden lo que piensan sus amigos o su entorno más cercano con lo que piensa el conjunto de la sociedad. En este caso, como decía, no se ha preguntado a los 1.900 viticultores riojano-alaveses.
– De hecho, el sindicato alavés UAGA se ha desmarcado de ABRA.
– Así se ha publicado en la prensa. Y los viticultores son absolutamente claves para tomar una decisión de este tipo. Respeto mucho lo que ha hecho Bodegas Artadi, pero tiene su reconocimiento y su trayectoria, mientras que el resto… ¡Cuesta mucho abrirse camino! Estoy convencido de que con una DOP ‘Viñedos de Álava’ como la que se está planteando tendríamos los mismos problemas que tenemos con el actual Consejo Regulador. ¿Quién va a comprar las uvas que le sobran al viticultor alavés? ¿Dónde van a comprar las uvas las bodegas alavesas ante un desgraciado accidente natural como la helada de este año? Está claro que Rioja debe mejorar el precio de venta para que los viticultores y pequeñas bodegas puedan vivir decentemente de su trabajo. Es el gran reto y creo que habría que hacer más por esa diferenciación objetiva y, como decía, por suprimir burocracia y rigidez y por ayudar a los jóvenes a emprender y constatar que el duro trabajo de la viña y la bodega les compensa con unos precios dignos y con un reconocimiento. Si no somos capaces de mantener la identidad y supervivencia de nuestros viticultores, sin duda que todos debemos mirar hacia adentro y ver qué estamos haciendo mal.

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El AVE del vino pasa por Ciudad Real
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Alberto Gil | 15-05-2017 | 4:54| 0

Después de los fallidos intentos de Salical y del Foro Mundial del Vino en La Rioja, la feria Fenavin de Ciudad Real se consolida como la principal referencia del sector del vino español. La semana pasada celebró su IX edición, con formato bienal y con el compromiso de la Diputación de Ciudad Real de construir un pabellón para el 2021, cuadriplicar el espacio ofertado y revertir el porcentaje de lo que hoy en día es una feria cubierta por carpas en un 80% en otro tanto por pabellones de construcción.

Esta semana casi 150 bodegueros riojanos, cifra también récord, acudieron a la nueva edición de Fenavin conscientes de que la inversión y la apuesta de las instituciones manchegas por este evento ofrece oportunidades: «Las ferias no son lo que eran, pero aquí el suelo es barato, con lo que compensa», explica Pedro A. García, de Bodegas Martínez Corta. «Podíamos haber hecho algo más en La Rioja –continúa– pero aquel momento pasó y es una pena porque estamos en una ciudad y una feria que tienen carencia importante de infraestructuras».

Fenavin puso en marcha ya hace años un programa de captación y atención de importadores, a los que pagan los gastos al completo durante los días de la feria y cuyo listado ofrecen a las bodegas para cerrar contactos previamente: «Nunca sabes si son primeros, segundos o terceros espadas los importadores que te visitan…, pero yo estoy aquí desde la primera edición y no tengo queja». Así lo explica Andrés Serrano, de Bodegas Navarrsotillo, un elaborador ecológico de Calahorra que encuentra en este escaparate de Ciudad Real un apoyo a sus vinos ecológicos. Serrano cree también que Rioja podía haber hecho más para intentar consolidar un evento similar, pero no responsabiliza a las administraciones: «Somos los propios bodegueros, cada uno vamos por nuestro lado… y así es imposible hacer nada».


Lo cierto es que Ciudad Real carece de una infraestructura básica, tanto hotelera como hostelera, para atender una feria de tal dimensión: «Eso sí, tiene AVE y permite viajar incluso día a día desde Madrid en apenas 45 minutos», apuntan varios bodegueros. La Rioja, aunque mejora en infraestructuras a Ciudad Real y, sobre todo, en prestigio vitivinícola, tampoco cuenta con unas comunicaciones adecuadas, por lo que hay quienes creen que Ifema (Madrid) sería un mejor escenario e incluso quienes piensan, como es el caso de Eduardo Hernáiz, de Bodegas La Emperatriz, que Logroño (Rioja) y Valladolid (Ribera del Duero y Rueda) deberían haber apostado de forma conjunta por llevarse el gato al agua.

Pero, ¿qué ofrece Fenavin a una pequeña o mediana bodega? Pilar Ramírez, de Bodegas Ramírez de la Piscina, tiene claro que «hay que trabajar los contactos mucho ». «Sucede aquí y en todos los lados –continúa–, pero es una inversión en imagen e incluso vuelven a verte compradores de una edición anterior y ahí sí que suelen cerrarse operaciones». La bodeguera tiene claro que los pequeños «no podemos acudir a muchas ferias por recursos económicos y humanos». Es su cuarta edición en Fenavin y, junto con Prowein (Alemania), es su principal objetivo, aunque en Ciudad Real echa de menos infraestructuras y servicios básicos. Crítica que comparte Javier Rubio, de Bodegas Real Rubio, que lleva ya también cuatro ediciones con presencia en la feria manchega: «El balance es muy positivo y llama la atención que todos nuestros contactos fueron internacionales, ninguno nacional». Rubio confirma que «el interés por el vino ecológico y por los blancos de Rioja es muy importante y son dos cuestiones que deberíamos trabajar».

La oferta asociada
Un paseo por la feria muestra que la diversificación geográfica bodeguera, incluidas varias de las riojanas –con ofertas de vinos de numerosas regiones vitícolas– es ya una realidad del vino español. En todo caso, la mayor parte de bodegas acuden compartiendo espacios y principios. Son los casos de Bodegas Familiares de Rioja, Aldeanueva de Ebro, con varias bodegas de la localidad de forma conjunta, o de Spanish Wine Organic, que reúne en un espacio común a productores ecológicos de todo el país. Otro ejemplo, y había varios de este tipo, son Los enraizados, nueve jóvenes bodegueros de Galicia, Andalucía, Madrid, Jumilla o Rioja (entre ellos Tentenublo Wines o Carlos Sánchez) que ni tan siquiera –aviso para navegantes– hacen referencia a sus respectivas denominaciones de origen en sus ‘catálogos’ –dos fotocopias grapadas que pondrían los pelos de punta a cualquier marquetiniano–, pero sí a una filosofía vital común de comunión con la viña que, desde luego, despierta interés.

El bodeguero Miguel Ángel de Gregorio (Finca Allende) es de origen manchego y es recibido con los brazos abiertos en Fenavin: «Las infraestructuras, incluso los servicios básicos de la feria, tienen que mejorar claramente, pero es una de las mejores de España e incluso de Europa». «Las instituciones manchegas –continúa– tuvieron clara su apuesta y a las bodegas nos interesan contactos y negocio, que es lo que ofrece Fenavin». De Gregorio lamenta que La Rioja no fuera capaz en su momento de haber hecho esa misma apuesta: «Hoy en día todavía sigue siendo más fácil que el presidente de La Rioja reciba a un empresario murciano con una supuesta inversión que a un pequeño empresario riojano», se lamenta. Finca Allende fue uno de los dos representantes riojanos en la fiesta ‘post’ feria del hotel Bodega Pago del Vicario que, con una selección de bodegas de todo el país, genera importantes oportunidades de negocio.

Allí estaba también Paco García, la joven bodega de Murillo: «Para nosotros –explica Ana Fernández Bengoa–, Fenavin siempre ha sido una ayuda para empezar con una red de pequeños importadores, y estar aquí en esta fiesta con bodegas de tanto prestigio y trayectoria, es un espaldarazo». «Parece –continúa la bodeguera– que algo estamos haciendo bien».

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