La Rioja
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¡Sálvese quien pueda!

DOCU_RIOJAPodía ser peor y tiene pinta de que lo será. El regalo envenenado que el Ministerio de Agricultura entregó a Rioja con la elección de los criterios de prioridad (jóvenes agricultores sin viñedo) para el acceso a las nuevas plantaciones de viñedos ha roto el histórico equilibrio social, y territorial, en los repartos. La Consejería de Agricultura, que en el año 2016 vio cómo las organizaciones agrarias con las que había pactado las condiciones de acceso al nuevo viñedo la echaron a los tiburones, decidió, porque no le quedaba otra, comprobar si los solicitantes de viñedo tenían actividad real agraria y endurecer así los criterios de acceso. El año pasado, el 2,61% de los adjudicatarios se llevaron casi el 30% de las 362 hectáreas repartidas en La Rioja: 17 personas se hicieron con más de tres hectáreas y, una de ellas, aunque su caso está ahora en la Fiscalía por presunta falsedad documental, consiguió inicialmente más de 20 hectáreas.

El aumento del botín de este año (645 hectáreas para el conjunto de la denominación de origen, de las que 471 irán para La Rioja), pero, sobre todo, la reducción de los solicitantes aptos puede provocar que quien el año pasado acreditara tierra disponible (propia o arrendada) para llevarse 10 hectáreas, en esta ocasión consiga 30. La inversión, con diferencia más importante, para una bodega es el viñedo y ahí tenemos el caso de familias que llevan años invirtiendo cada perra que ganan en aumentar su explotación, pero ahora habrá supuestos no viticultores, y supuestas no bodegas, que se llevarán cinco, diez o quince hectáreas de un plumazo.

Lo que es intolerable es que ni el Ministerio, por dejadez, ni la Consejería, por falta de valentía, ni el Consejo Regulador, por vaya usted a saber qué intereses, hayan sido capaces de parar este despropósito cuando la solución era sencilla: tras el desastre del 2016 únicamente había que haber congelado las plantaciones para, en el 2018, hacer un reparto social y territorial de verdad con nuevos criterios. Las plantaciones, al fin y al cabo, son dinero público que, cuando se entregan sin criterios sociales, lo que generan es una grave competencia desleal.

Hay otra estadística que nunca se sabrá por la protección de datos, pero sería interesante conocer quién han sido los receptores de las diferentes, y millonarias, anualidades del Plan de Apoyo al Sector Vitivinícola que, con fondos comunitarios, cofinancia inversiones en bodega de hasta el 40%. Conozco varias pequeñas bodegas que se rindieron ante la burocracia y complejidad legal y desistieron del programa y otras que presentaron importantes inversiones para su capacidad pero, con el prorrateo para atender las fuertes inversiones de grandes empresas, se quedaron sin fondos o con porcentajes mucho más bajos de ayudas de lo previsto. Lo dicho: ¡sálvese quien pueda!

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Fernando Salamero: el nuevo presidente de Rioja

Ilustración de Manolo Romero

Ilustración de Manolo Romero

La condición de alavés, nacido en Elciego, de Fernando Salamero aparece en todos los titulares de prensa como el asunto más significativo de su elección. Sin lugar a dudas, es un hecho histórico, sobre todo en un momento en que parece posible superar las tensiones territoriales de los últimos años. Pero, en cualquier caso, y tal y como el propio presidente de la DOC Rioja puso de manifiesto en su primera intervención pública, quizá sea más importante la propia experiencia que arrastra en el Consejo Regulador para confiar en que, con su mandato, se acabará enterrando el ‘hacha de guerra’.

En este sentido, Fernando Salamero es el vocal más antiguo del pleno, nada más y nada menos que desde 1982: «He visto los cambios que ha experimentado Rioja durante las tres últimas décadas», recordó… y ha llovido mucho desde entonces. Tanto que pocos se acuerdan que ya en 1984 hubo un primer intento de constituir una Organización Interprofesional de Rioja, aunque luego hubo que esperar treinta años para que fructificase: «Participé en aquellos lejanos encuentros en La Grajera, aunque la decisión se maduró tanto como los grandes reservas», bromeó Salamero.

El nuevo presidente de Rioja es director financiero de Bodegas Marqués de Riscal y miembro de una de las familias fundadoras de esta casa centenaria. Riscal ‘importó’ de Francia para Rioja en el siglo XIX los métodos de elaboración del vino moderno. Es decir, Rioja no sería hoy lo que es sin esta bodega alavesa que, casi siglo y medio después, sigue siendo uno de los grandes referentes nacionales e internacionales de la denominación de origen.

La diferenciación de vinos es una vieja demanda que incluso las Bodegas Familiares de Rioja reclamaban ya desde los años noventa. Y Salamero dejó ayer claro que el grupo mayoritario de bodegas que representa, y especialmente la suya, apuestan en la actualidad por la diferenciación geográfica de los vinos, por el desarrollo de los vinos de municipio y por las subzonas y, por supuesto, por los Viñedos Singulares. Son prácticamente las mismas reivindicaciones que las bodegas alavesas ‘secesionistas’ pedían a Rioja antes de tomar la iniciativa .

Salamero marcó ya ayer el camino que seguirá Rioja en el futuro para intentar crecer en valor de sus ventas y, al mismo tiempo, se mostró inflexible con la defensa de la marca paraguas. Algo se está cociendo y ayer en los pasillos del Consejo Regulador –en un acto al que asistieron todas las administraciones políticas– se empezaba a barruntar que, más pronto que tarde –aún a la espera de que cooperativas y Asaja acepten la regulación de los vinos municipales y de subzona– habrá un acuerdo.

La petición de la DOP alavesa, de momento, no ha salido del Gobierno vasco y Rioja sigue dando pasos. Fernando Salamero, después de un ‘agitado’ mandato del sector productor, con el cambio de presidencia a los dos años, tiene por delante cuatro para cerrar esta herida. En esos mismos pasillos, ayer el viceconsejero de Industria y Agricultura vasco, Bittor Oroz, emplazaba a Diario LA RIOJA para una entrevista. «En septiembre, en septiembre… hablamos». Quizá para entonces el cocido esté servido.

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Rioja en movimiento

No hay mejor ejercicio que una cata vertical de vinos para conocer la evolución de una bodega. La centenaria Rioja Alta, S.A. (Haro) organizó la semana pasada una cata vertical de Viña Ardanza, su buque insignia, que cumple este año su 75 aniversario. Viña Ardanza es una de esas grandes marcas que las familias españolas reservaban para las grandes ocasiones, un vino del barrio de la Estación de Haro, aunque, si por algo se distingue, es por el aproximadamente 20% de garnacha de Rioja Baja que históricamente ha incorporado. Julio Sáenz, director técnico de la bodega, recordó el origen de la botella de borgoña que acompaña desde 1942 a este vino y que mucho tiene que ver con el ‘afrancesamiento’ de las casas riojanas de la época: cepa medoc, cepa sauternes…, o ‘estilo borgoña’ en el caso del Viña Ardanza, eran frases que habitualmente solían acompañar a las etiquetas de aquellos vinos históricos riojanos. La Rioja Alta es una bodega familiar con una impecable trayectoria histórica, aunque con un ‘debe’ en la misma: la escasa conservación del botellero histórico por lo que Julio Sáenz tuvo que comenzar la cata a partir de 1970 ante la imposibilidad de remontarse a décadas anteriores.

ardanza

La vertical de ocho cosechas de Viña Ardanza, 1970, 1982, 1985, 1989, 1995, 2001, 2005 y 2008, sirvió para apreciar la pausada evolución que tanto la marca como la bodega han tenido en las últimas cuatro décadas (la última botella en el mercado es la 2008). El ‘secreto’ del vino está en la composición varietal, con tempranillos de La Rioja Alta y por ese 20% de garnacha de Tudelilla. La cata comenzó con un glorioso 1970 que, ante quienes hemos tenido la suerte de probar bastantes Riojas viejos, vuelve a poner de manifiesto que aquel mito oxidativo de la garnacha que denostó hasta el arranque esta incomprendida variedad de uva no es, precisamente, más que un mito.

Elegante y profundo dejó paso a un Ardanza de 1982 también vivo y tan fresco como su predecesor. Julio Sáenz recordó que José Gallego, enólogo histórico de la casa, siempre le recomendó que cuando hiciera una vertical de Viña Ardanza recurriese al de 1985, que fue el tercer vino que guió esta vertical: no defraudó y cerró con plenitud esta primera tanda de tres vinos clásicos y finos que, junto con otras marcas de bodegas históricas, llevaron el nombre de Rioja por todo el mundo.

Viña Ardanza 1989 empieza a mostrar una ligera evolución de la casa, que luego se intensifica con el de 1995, hacia la tendencia de los mercados de entonces que demandaban mayor intensidad y frescura a los vinos, aun siendo La Rioja Alta, SA una de las bodegas clásicas por antonomasia de Rioja: «Os acordáis de aquellos vinos de ‘alta expresión’», apuntó el enólogo. Sobre la cata de la pareja de vinos, magnífica evolución en la copa del 1989, que supera al de 1995.

Viña Ardanza 2001, ya con Julio Sáenz al frente en solitario de la dirección enológica, es un vinazo espectacular en todos los sentidos: redondo, fino, elegante y que, ante la espectacularidad de la añada –no había grano de uva malo, recordó el enólogo– la bodega ya embotelló como Reserva Especial (sólo lo ha hecho en tres ocasiones en 75 años).

Bodegas Rioja Alta. 31/10/2012. DIAZ URIEL 2012

Bodegas Rioja Alta. 31/10/2012. DIAZ URIEL 2012

Es el comienzo de la línea actual de Ardanza, con más intensidad y más fruta aunque, como siempre, ensamblada a la perfección con la madera por las largas y particulares crianzas. Viña Ardanza 2005 sigue esa curva ascendente de ‘actualización’ de un vino clásico para acabar con un refrescante y elegante 2008, en el que la tradicional fruta madura deja paso a un fruta de garnacha mucho más fresca.

Es un Ardanza nuevo, especialmente el 2008, que quizá los consumidores de la marca más clásicos deban esperar a tomarlo dentro de unos años para no desentonar con su memoria histórica. En todo caso, la 2008 será siempre una añada histórica para la casa: por su calidad y porque por primera vez incorpora las uvas de la Finca de la Pedriza, en Tudelilla, que la bodega compró en propiedad para garantizarse que la esta uva histórica de la comarca de Rioja Baja estará siempre en la composición del Viña Ardanza.

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Juego de tronos (II)

juego_de_tronos_serie_de_tv-293142110-largeCooperativas y Asaja, las mismas organizaciones que hace dos años decidieron en un momento crítico convertir en una pantomima digna de Juego de Tronos el primer mandato histórico del sector productor de Rioja en el Consejo Regulador, han paralizado, de momento parece, el desarrollo de los vinos municipales y de los vinos de subzona. Mientras la amenaza secesionista perdía fuelle, incluso político, las dos principales familias del sector productor vuelven a alimentar el fuego de dragón.

En Rioja conviven dos tipos de viticulturas, la mecánica y la manual, y, aunque en todas las zonas ambas están presentes, es en el entorno del valle en Aldeanueva y Alfaro y la ribera Navarra, donde producir uvas, y por tanto elaborar vinos, es más barato que en otras comarcas. Los vinos de subzona, y también los de pueblo, están regulados por el pliego de condiciones de Rioja. La primera indicación la emplean 126 bodegas (sólo una de La Rioja Baja) y la segunda la podrá utilizar cualquier que lo solicite formalmente, lo apruebe o no el pleno. En este sentido, su regulación es importante porque puede convertirse en un coladero y cargarse la pretendida y objetiva comarcalización.

Personalmente, no creo que los vinos de pueblo aporten una calidad objetiva al vino por la mera indicación de su procedencia (como sí lo hacen los viñedos singulares), pero si Rioja se ha embarcado en un viaje de determinar y concretar el origen de sus vinos no parece razonable que se obvien las zonas, las comarcas naturales y los municipios. Es decir, ninguna casa se puede empezar por el tejado.

Rioja necesita dejar de pensar que si a mi vecino le puede ir bien a mí me va a ir peor y, en este caso concreto, quitarse complejos. Hay parajes, paisajes y viñedos maravillosos en La Rioja Baja, sus zonas de sierra tienen un extraordinario potencial de expansión y, en este sentido, sus viticultores están aprovechando casi en exclusiva la nueva normativa de reparto de la Comisión Europea, con nuevos derechos de viñedo ‘gratis’ que apenas llega a las subzonas alta y alavesa.

Con un Rioja que no diferencia, se gana más dinero con la viticultura intensiva, pero no es ésta la viticultura, ni sus vinos, los que dan prestigio. Impedir que el viticultor o la bodega que lo desee pueda etiquetar su vino con su municipio es renunciar a la historia misma de Rioja y, por supuesto, al mayor diamante en bruto que seguimos sin explotar: la diversidad de la tierra de los mil vinos.

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Asaja y cooperativas mandan al ‘cajón’ los vinos de pueblo y de subzona

riojaEl orden del día del pleno del Consejo Regulador de hoy venía cargado de asuntos como son la aprobación de los denominados vinos de Viñedos Singulares, el desarrollo de los vinos municipales y las nuevas condiciones para la elaboración de los de subzona (Rioja Alta, Alavesa y Baja) que, si bien son una realidad desde 1999, permitirían a cada comarca tener una notoriedad mayor en las etiquetas. Las cooperativas, al menos las riojanas de Fecoar, pretendían votar en contra de los vinos municipales y de subzona y contaban además con el apoyo de ARAG-Asaja, ya que, según confirmaron fuentes de la organización a Diario LA RIOJA, «son cuestiones que no se pueden aprobar si no hay consenso con las cooperativas».

Finalmente, se han aprobado los Viñedos Singulares y los nuevos espumosos de Rioja, pero la postura de Cooperativas y Asaja mandó al ‘cajón’, al menos de momento, los vinos de pueblo y subzona. La presidencia decidió no votar estas dos últimas categorías de vinos, para evitar el rechazo, confiando en alcanzar un hipotético consenso más o menos en breve.

Consecuencias
La decisión de cooperativas y Asaja puede tener consecuencias, ya que existía un pacto tácito en el conjunto del sector para permitir que la indicación de subzona en las etiquetas pudiera ampliarse hasta el mismo tamaño que la de Rioja (2/3 actualmente) en atención a una demanda de las asociaciones de Rioja Alavesa y que estaba pendiente de atención desde el año 2015. Con la paralización del desarrollo de estos vinos, las cosas quedarían como hasta ahora y la indicación deberá seguir siendo, por tanto, inferior en tamaño.

Asimismo, la no regulación de los vinos de municipio, prevista en el pliego de condiciones de Rioja como entidad local menor desde 1999, puede provocar que varios operadores decidan tirar por su cuenta e indicar en sus etiquetas el municipio de donde proceden las uvas de sus vinos sin los controles de trazabilidad y la regulación que estaba contemplada en la propuesta, lo que, evidentemente, afecta a la credibilidad de las hipotéticas indicaciones.

El rechazo de estas dos últimas propuestas disgusta no sólo en La Rioja Alavesa, sino que también bodegas y productores de uva de La Rioja Alta pretendían, o al menos estudiaban, trabajar en esa línea de localización de los viñedos que seguirá cerrada al menos parcialmente o sin una regulación adecuada: «Se está planteando una ‘guerra’ de comarcas de Rioja –explican fuentes del sector comercial–, que nada tiene que ver en este caso con cuestiones políticas, y no se entiende cuando se llevan más de dos años trabajando en estas figuras de forma conjunta y cuando existe unanimidad de todo el sector bodeguero, lo cual no es habitual ni fácil».

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Zapatero a tus zapatos

La familia Escudero reivindica la identidad de Rioja Baja con su apuesta por garnachas históricas y gracianos marcados por la influencia mediterránea y la continentalidad de la cercanía al Moncayo

Potencia. Es el denominador común en los vinos de Bodegas y Viñedos Ilurce. La bodega familiar de Alfaro exporta el 90% de su producción a los mercados americanos (Canadá y, sobre todo, EEUU). Quizá por ello la estructura y la intensidad es una demanda de sus propios clientes, aunque también es consecuencia de la coherencia de la familia Escudero con la localización de sus viñas –60 hectáreas en Alfaro, con la calidez de la influencia mediterránea y la rotundidad continental de los viñedos en altura próximos al Moncayo– y con su apuesta por las variedades ‘locales’ garnacha y graciano.

Amador Escudero tiene claro que la garnacha necesita completar su maduración para ofrecer toda su expresión frutal y que el graciano es una uva que se adapta a la perfección a la comarca: «Nuestros viñedos no están en el valle, sino en las laderas del monte Yerga donde todavía conservamos plantaciones centenarias de garnacha y donde los gracianos llegan a su ciclo completo madurativo para ofrecernos vinos diferentes, muy propios de nuestros terruños», explicó el viticultor de la familia que comparte con su hermana Ana las labores en bodega.

Amador y Ana Escudero, en una imagen de Juan Marín

Amador y Ana Escudero, en una imagen de Juan Marín

La familia Escudero presentó el miércoles por la noche para lomejordelvinoderioja.com el nuevo proyecto de Bodegas Ilurce, una firma familiar que hunde sus raíces en varias generaciones de viticultores y que en el año 2010 inauguró la actual bodega y puso en marcha un nuevo proyecto: la elaboración de garnachas históricas de finca, cuyos primeros resultados compartió ayer con los aficionados.

La cata
Amador y Ana Escudero comenzaron con el Ilurce Rosado 2016, la referencia más conocida de la casa. «De todas, todas –señalaron–, el vino que más trabajo nos da en la bodega». «Pese a la uniformidad cromática actual de los rosados nosotros mantenemos la elaboración que nos enseñó nuestro padre, con una selección de viejas garnachas que elegimos muy bien cada año, no siempre de los mismos viñedos para que tengan la maduración necesaria y no se nos dispare el grado». El resultado es un vino espectacular, con una gran carga frutal y una golosidad envolvente que poco tiene que ver con los refrescantes claretes de otras zonas típicas de Rioja.

El Ilurce Joven 2016 es el único tempranillo que embotella la bodega con tempranillos en altura, en zonas como Cornago, Igea o Rincón de Olivedo, para garantizar la frescura y cumplir el cometido principal de un tinto joven: refrescar y hacer fácil el trago. Para los vinos de crianza, Ilurce trabaja casi en exclusiva con garnachas y gracianos. El Ilurce Crianza 2012, aunque en algunas añadas –no en ésta–, incorpora algunas uvas de tempranillo, viene marcado por las viejas garnachas que incorpora y por la contundencia del 20% de graciano que aporta sus notas especiadas que se suman a las de la madera. El vino es potente y con estructura, como toda la gama, aunque es con el Ilurce Graciano Crianza 2010 donde se aprecia plenamente la contundencia de esta variedad: «Es, desde luego original, que tiene algunos fieles seguidores pero también consumidores que la rechazan; para nosotros ha sido una apuesta clara hasta el punto de que somos una de las bodegas que más hectáreas de graciano tenemos en propiedad», explicó Ana Escudero.

Garnachas históricas
La familia presentó, prácticamente en primicia, sus dos nuevas elaboraciones. Dos vinos históricos, con mucha carga sentimental para la familia –dedicadas a su tío Ángel y su abuelo Amado en referencia a los viñedos que plantaron con sus propias manos en 1965 y en 1918–, con los que Amador Escudero lleva varios años trabajando: «Lanzar un nuevo vino no se hace porque sí… hay mucho trabajo previo de preparación de los viñedos, de pruebas en vendimias y con las maderas seleccionadas para la crianza, pero ya tenemos los primeros resultados».

Ángel 2015 es una explosión frutal, un vino consistente de alto equilibrio –grado, estructura y acidez–, una garnacha ‘tremenda’ con el carácter mediterráneo de la zona, que la familia envejece durante unos meses en barrica de roble francés de segundo uso y que recuerda a un bocado de uvas frescas con un gran fondo balsámico. Al igual que sucede con El Sueño de Amado 2014, la familia Escudero no tiene reparo con las altas graduaciones: «Para sacar todo el potencial de esta variedad tenemos que llegar casi a la sobremaduración y ello implica que el grado alcohólico también sube», explicó Amador Escudero.

El Sueño de Amado procede de dos fincas casi centenarias (1918, el año en que se casó su abuelo, fecha por la que pudieron identificar la edad histórica de la plantación) de 4,5 hectáreas, a mayor altura que las seis hectáreas del Ángel. Son cepas históricas, muy trabajadas por la familia como muestran las fotografías que acompañaron la presentación: «Son viñedos de secano rabioso, que jamás han recibido una gota de agua que no sea de lluvia y que si aguantan cien años es porque son una tierra óptima para la vid, muy fresca y con mucha roca, pero totalmente aclimatadas a esta variedad rústica como es la garnacha de Alfaro», detalló el viticultor. Otro ‘vinazo’, con más complejidad que al anterior, para tomar de forma más reposada y que muestra las claras y apreciables diferencias de dos terruños localizados en una misma zona, en un mismo municipio. La familia Escudero continuará trabajando para seguir demostrando que la comarca, La Rioja Baja, tiene mucho que decir en la elaboración de vinos: cada variedad en su sitio… y zapatero a tus zapatos.

Ilurce Rosado 2016: 2,6 euros.
Ilurce Tinto Joven 2016: 2,5 €.
Ilurce Crianza 2012: 5 euros.
Ilurce Graciano 2010: 7,2 euros.
Ángel 2015: 6 €.
El Sueño de Amado 2014: 10 €.
(**) Los precios marcados son en bodega, no en tienda.

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