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El ‘terroirista’ de la garnacha

Juan Carlos Sancha cierra el día 19 con una propuesta inédita la décima temporada del club de catas

El bodeguero presentará en primicia su colección de garnachas centenarias de Baños de Río Tobía, miniparcelas en un radio de apenas tres kilómetros (pincha para inscribirte)

El club de catas de lomejordelvinoderioja.com nació hace diez años para mostrar la extraordinaria diversidad del vino de Rioja: la tierra de los mil vinos. Fiel a aquel original espíritu, no podía haber mejor cierre para esta décima temporada que la propuesta de Juan Carlos Sancha para el próximo martes 19 de diciembre. Investigador, profesor, asesor vitivinícola y bodeguero, Sancha propone una lección magistral (masterclass si quiere) del concepto de terruño, del ‘terroir’ elevado a su máxima expresión: seis vinos de otras tantas parcelas, que apenas distan tres kilómetros en Baños de Río Tobía, de una misma variedad e idéntica viticultura, elaboración y crianza. «Nunca he hecho esta cata en público y no creo que sea fácil hacer algo similar en ninguna otra parte del mundo», avanza el bodeguero.

Serán siete vinos de seis pequeñas parcelas, inferiores a una hectárea, todas ellas con viejos vasos de garnachas más que centenarias, hincadas por cuartas y terceras generaciones ancestrales, en suelos similares aunque con distintas profundidades y exposiciones, que marcan las diferncias: «En mis clases –explica Sancha–, hemos definido muchas veces el ‘terroir’ pero, en esta ocasión, va a ser la más fácil de todas ellas».

Sancha, en Peña El Gato en una imagen de Justo Rodríguez

Sancha, en Peña El Gato en una imagen de Justo Rodríguez

Después de dos décadas en Viña Ijalba, Juan Carlos Sancha decidió levantar en su pueblo, Baños de Río Tobía, una pequeña bodega (apenas 40.000 botellas), que distinguió del resto con una apuesta por las variedades autóctonas rescatadas por el profesor Fernando Martínez de Toda y por él mismo y, sobre todo, por la recuperación de viejas garnachas: «La ‘tiranía’ de Rioja y del tempranillo se llevó por delante esta extraordinaria uva –en 1973 el 39% de la superficie era de garnacha y ahora es sólo del 8%– y tampoco dejó espacio para las zonas geográficas donde no estaban implantadas las bodegas».

Vino de subsistencia
«Mi pueblo –continúa– es conocido por los chorizos y los jamones pero existen también estas viejas laderas donde nuestros abuelos y bisabuelos plantaron garnachas con las que hacían el vino para sus casas». Así se hincó en 1917 Peña El Gato, la media hectárea que el bisabuelo de Juan Carlos regaló a su abuelo por su boda: «Eran pobres de solemnidad, como todos los agricultores entonces, y con aquella media hectárea intentaba garantizar una parte de la dieta y de los ingresos para la nueva familia». Cien años después, su bisnieto ha ido comprando pequeñas parcelas a viejos viticultores del pueblo que, por imposibilidad física de trabajarlos, se veían obligados a abandonarlos: «El orgullo no me lo quita nadie cuando se enteran de que cada garnacha lleva su nombre–explica Sancha– y, mucho más, cuando en el vermú les cuento que tal o cual revista americana les ha dado no sé cuantos puntos». «Ninguno de ellos –continúa– plantó las viñas, sino sus abuelos, pero las cultivaron hasta que pudieron y evitaron caer en la tentación productivista del valle».

Los vinos de la cata
En este sentido, la colección Peña El Gato que presentará el próximo martes el bodeguero distingue los vinos por los nombres de los viticultores propietarios originales: Manolo López, Jacinto López, Fernando Martínez de Toda (la única de Badarán, limítrofe con Baños), José Luis Martínez y, por supuesto, Juan Carlos Sancha, forman el menú principal de la cata. Además, un sexto vino, Peña el Gato Natural, sin sulfitos, y demostración de que los vinos naturales de máxima calidad también son posibles. Para concluir, como gran primicia, un séptimo vino, que todavía no ha salido al mercado y del que sólo hay una barrica, sobre el que Sancha no avanza detalles: «En la cata, en la cata…; sólo te diré que es de cepas de garnachas ‘corridas’ y que han colaborado mucho mis alumnos».

Baños, y la comarca del Alto Najerilla, emergen gracias a esta histórica variedad y al empeño y trabajo de Juan Carlos Sancha de recuperar la memoria colectiva de la comarca. De hecho, son varias bodegas las que han apostado ya por la garnacha y la zona:«Estamos en deuda con nuestros abuelos;si la nueva categoría de ‘Viñedos Singulares’ que ha aprobado Rioja sirve para que no se arranquen estos viñedos históricos habrá merecido formar parte del Consejo Regulador durante tantos años».

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Luis Gutiérrez: “El cambio en Rioja es difícil, pero de alguna manera hay que empezar”

Luis Gutiérrez, en una imagen de Gabriel Villamil (El Norte de Castilla)

Luis Gutiérrez, en una imagen de Gabriel Villamil (El Norte de Castilla)

El pasado es el futuro. Es la principal conclusión que el lector puede extraer de ‘Los nuevos viñadores’, la reciente publicación de Luis Gutiérrez, el prescriptor más importante para el vino español que cada año actualiza la ‘lista Parker’. En su nuevo libro, obviando las puntuaciones y la crítica de vinos, profundiza en los perfiles humanos de catorce ‘viñadores’ multigeneracionales que, a juicio del autor, protagonizan un movimiento imparable de recuperación de la autenticidad del viñedo español. Entre ellos, el bodeguero ‘riojano’ Telmo Rodríguez.

– Sugiere en su libro que estamos ante una ‘revolución’ del vino español con 14 perfiles de ‘viñadores’. ¿Habrá un ‘antes y un después’?
– Más que una revolución yo hablaría de una evolución. No creo que haya un punto de ruptura, sino una transformación gradual a la que poco a poco se van uniendo más viñadores.
– ¿Hay una nueva generación comprometida con estos principios del terruño, del viñedo auténtico, del paisaje y la supervivencia de los pueblos que garantiza esta ‘revolución’?
– Creo que sí. Estas cosas siempre empiezan desde un grupo limitado y poco a poco va creciendo. Pienso además que es el camino al futuro, no una moda. Se está llegando a la esencia de los lugares y los vinos que producen.
– Me imagino que no es fácil elegir catorce perfiles. ¿Qué le ha guiado para la elección?
– Claro, han sido estos catorce, pero podrían haber sido otros. Siempre hay una limitación de espacio y tiempo, y luego una de las cosas importantes que quería era cubrir la mayor parte de la geografía vitivinícola de España, por lo que he descartado otra gente que trabaja de forma similar pero en las mismas zonas que los que aparecen en el libro.
– El hombre más ‘influyente de los puntos’ decide no hablar de puntos y contar historias más personales. ¿Por qué?
– Yo me considero un escritor de vinos más que un catador;me interesa el contexto de los vinos, las historias personales, la cultura, el paisaje, todo aquello que ayuda a comprender lo que hay dentro de una botella. Tengo unos requerimientos de trabajo, catar y puntuar, pero que complemento escribiendo de todo lo demás. Lo que pasa es que mucha gente se queda en las puntuaciones, que para mí no son lo mas importante.
– Sus puntos significan ventas (y muchas). ¿Cómo lleva esa responsabilidad?
– Yo creo que los grandes vinos se venden solos y el mercado termina poniendo a cada uno en su lugar. Pero si yo puedo llamar la atención sobre lo que considero que es bueno y eso ayuda a que más gente vaya en esa dirección, me parece positivo.
– ¿El futuro es el pasado? ¿Qué significa?
– Significa que es necesario valorar lo que tenemos, nuestras tradiciones, regiones, uvas, etc. Significa desnudar a los vinos de los excesos recientes y volver a la esencia de los lugares, recuperando esas tradiciones, regiones y variedades de uvas. Muchas veces no es necesario reinventar la rueda.
– ¿Cómo ve el momento actual del vino español?
– Apasionante. Estamos en un cambio continuo, en búsqueda de la identidad de muchas zonas, en un momento de recuperación en el que empezamos a creer en lo que tenemos, y ver que puede ser de clase mundial.
– ¿Hay marcados ya claramente dos modelos en el vino español: uno industrializado y otro ‘emocionante’ y comprometido?
– Sí, aunque la frontera a veces es borrosa, no es todo blanco o negro. La calidad del vino es una pirámide, lo quieran o no.
– ¿Son compatibles, incluso son necesarios, estos dos tipos de modelo de negocio del vino?
– Sí, son compatibles y necesarios para cubrir distintas necesidades y distintos tipos de mercados. Pero siempre se puede subir el listón medio.
– ¿Cuál es el error histórico? ¿Por qué España ha tardado tanto en empezar a mirar a sus viñedos?
– Creo que por la historia del país. Veo cierto paralelismo con Chile o Argentina, donde también están a la búsqueda de la identidad de los lugares, a pesar de que lleven siglos produciendo vino. En España la cultura incipiente de Rioja y Jerez se interrumpió y no regresó hasta los años 80 del siglo pasado, pero luego nos sumergimos en una década de excesos de maduración, extracción, madera o precios de la que estamos saliendo con esa búsqueda de la identidad.
– Hay, evidentemente, un movimiento que mira en la actualidad hacia el terruño, hacia la autenticidad y la originalidad. ¿Cómo ve Rioja en este sentido?
– Como en todos los sitios, el ser humano es el último eslabón en la cadena. Los sitios tienen el potencial, que no se verá realizado si no hay una persona que tenga esa idea en la cabeza. Todo depende de cuanta gente con esas ideas haya en cada zona. En Rioja, por su potencial y su tamaño, debería haber más personas trabajando en esa dirección.
– Rioja ha tomado decisiones, en algunos casos tímidas, para potenciar el origen de los vinos, los viñedos, como los viñedos singulares o los vinos de pueblo ¿Cómo ve este cambio en una denominación que históricamente se ha distinguido por elaborar vinos de mezcla, de zonas y variedades?
– Es un cambio difícil, pero de alguna manera hay que empezar. Pero no olvidemos que el primer cambio tiene que estar en los vinos en sí, que son más importantes que las normas. Pero también está claro que las normas pueden ayudar o entorpecer el desarrollo y la comunicación de todo ello.
– Las bodegas históricas siguen sin ver con buenos ojos la nueva categoría de ‘viñedos singulares’. ¿Cree que es compatible y una apuesta acertada en una región como Rioja?
– No lo tengo tan claro; muchos de los nombres históricos son nombres de viñedos, así que no hay más que mirar hacia atrás… En una región tan grande y diversa como Rioja hay espacio y necesidad para diferentes categorías y negocios.
– ¿Cree que la diversidad de Rioja es el gran diamante en bruto por explotar?
– Por supuesto que la diversidad es una gran ventaja competitiva. Pero de nuevo, ese potencial lo tiene que realizar personas.
– Me dicen bodegas de La Rioja Baja que echan en falta una mayor atención por parte de los grandes prescriptores. ¿Cómo ve el futuro de esta comarca? ¿El futuro es el pasado (la garnacha)?
– Como decía, cuando hay grandes vinos se presta atención. Pero hay que hacerlos. Potencial, desde luego, hay y mucho.
– Decía usted en algunos de sus reportajes sobre Rioja que echaba de menos gente joven que se decidiera a dar el paso hacia la comercialización. ¿Sigue pensando lo mismo o está ya saliendo gente dispuesta a embarcarse en la aventura de la elaboración y comercialización?
– Creo que siguen siendo pocos, aunque es cierto cada vez son más. El tema es que no solo hay que embarcarse en una aventura, sino tener clara una idea de calidad y pasión por el viñedo, el paisaje, las tradiciones y los grandes vinos del mundo.
– ¿Cómo va con su próximo Reportaje sobre Rioja? ¿Tendremos sorpresas significativas?
– Todavía no logro adivinar el futuro, así que, como no he empezado todavía a trabajar en mi próximo artículo de Rioja, que se publicará a final de febrero, todavía no te puedo decir nada concreto…

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Una vendimia histórica

La cosecha del 2017 dará a luz a los primeros Riojas de viñedos singulares, de municipio y los nuevos espumosos

Este domingo, gratis con Diario LA RIOJA, presentamos en primicia los primeros inscritos en las nuevas categorías de vinos de la DOC

VINOS 26112017 : VINOS RIOJA : VINOS RIOJA : P01 PortadaLa vendimia del 2017 marcará un hecho histórico como es la elaboración de los primeros nuevos vinos de Rioja procedentes de viñedo singular, de municipio, de zona y espumosos de calidad como consecuencia de los acuerdos adoptados este pasado verano por el Consejo Regulador.

Serán los primeros vinos que concretarán, más allá de la subzona (Rioja Alta, Alavesa o Baja), el origen de los viñedos de los que proceden y así lo indicarán en las etiquetas y, en su caso, contraetiquetas cuando vayan saliendo paulatinamente al mercado.

Las dificultades de la vendimia –adelantada y marcada por la fuerte helada– y la falta prácticamente de tiempo material desde la aprobación de las nuevas categorías e indicaciones hacía difícil que bodegas y viticultores se animaran a solicitar ya al Consejo Regulador la trazabalidad precisa de sus viñedos y uvas para su control específico.

Sin embargo, las cifras ahí están: 44 bodegas, con 111 parcelas de viñedo, que suman 172 hectáreas, se han inscrito para solicitar su entrada en la nueva categoría de viñedo singular, de la misma forma que 37 han solicitado ya la indicación de vino municipal con 17 localidades referenciadas que se podrán mencionar desde ya con la salida de los vinos al mercado de los vinos y que completará la información general de Rioja y/o zona (subzona) que se acreditaba hasta ahora.

Los primeros vinos de viñedos singulares, sin embargo, se demorarán hasta primeros del 2019 –se está tramitando la modificación del pliego– y lo mismo sucede con los espumosos de calidad, que, por normativa, precisan una estancia en bodega mínima de 15 meses antes de salir al mercado

Se trata de la primera diferenciación de vinos en los casi cien años de historia de la Denominación de Origen y el consumidor debería ir poco a poco acostumbrándose a las nuevas etiquetas. De momento, Diario LA RIOJA pone cara, y parcela, a los que desde el primer momento está apostando por las nuevas categorías de vinos, de las que desvelamos además todos sus secretos y compromisos que deben asumir los productores.
La conocida frase, «un crianza, por favor», que históricamente se ha utilizado para pedir un Rioja en la barra, empieza a quedarse corta con la oferta de los nuevos Riojas del siglo XXI.

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«El romanticismo seguirá existiendo pero la ciencia mejora la calidad de los vinos»

A1-1401708538.jpgUna investigación de la científica riojana Elvira Zaldívar explica el misterio de la ‘mineralidad’, un atributo sensorial que Parker asoció por primera vez a determinados vinos ‘caros’

Si es usted aficionado al vino habrá oído en ocasiones a un enólogo, a un prescriptor o simplemente a un amigo describir los aromas o el perfil mineral que tiene un determinado vino. Se trata de una característica, una ‘acepción’ que acuñó el gurú internacional Robert Parker a finales de los años 80 y que se ha convertido en un elemento diferencial para determinados vinos de calidad, a veces muy caros. La investigación llevada a cabo por Elvira Zaldívar, nueva doctora cum laude por la Universidad de La Rioja (UR) y financiada por las empresas Laboratorios Excell Ibérica SL y Outlook Wines, acredita la existencia científica del concepto que Mr. Parker bautizó como ‘mineralidad’, aunque al mismo tiempo pone en entredicho que el origen del mismo tenga que ver con la composición mineral de los suelos y de las piedras de las que se supone que la uva absorbe ese perfil ‘mineral’.
– ¿Qué es la ‘mineralidad’?
– Es un descriptor acuñado en los 80 que se extendió rápidamente cono un atributo sensorial de determinados vinos, casi todos ellos de alto valor añadido. Parker lo definió como ‘olor a piedra mojada’ (smell wet stones) y se pensaba que se encontraba en vinos provenientes de suelos especiales con unas características propias. Son impactos sensoriales en forma de aromas y sabores que recuerdan en unos casos a esa piedra mojada, a pedernal, sílex y a determinados gustos salinos…
– ¿Y se encuentra en los suelos de los viñedos?
– Es un tema relativamente nuevo y hasta el 2010 no aparecen los primeros estudios científicos al respecto. Algunos de ellos empiezan a poner en duda que este concepto deba estar asociado necesariamente a los suelos pedregosos, es decir, a que la ‘mineralidad’ de un vino sea un atributo que proceda realmente de la absorción de minerales del suelo. En nuestro caso, hemos visto que determinados métodos de elaboración del vino son más determinantes de cara a revelar el carácter mineral. Por ejemplo, el empleo de determinadas levaduras seleccionadas, la crianza sobre lías, vinificaciones reductivas, el empleo de uvas más pequeñas, con alta acidez, la limitación de las fermentaciones maloláticas…
– ¿Es decir, que no influye tanto el terruño?
– La calidad de la uva es un factor fundamental, al igual que ciertas condiciones climáticas y la propia textura del suelo, la disponibilidad de agua y el estrés hídrico, pero también influyen las técnicas empleadas en bodega como hemos comentado antes. Es decir, son también determinantes en el carácter mineral del vino.
– ¿Va a ‘tumbar’ el mito de conocidas etiquetas de vinos caros?
– No necesariamente, ni siquiera de forma imprudente (risas). No es para nada el objetivo del estudio. Hemos visto que la mineralidad habitualmente se asocia más, por ejemplo, con viñedos situados en altura, en determinados suelos, en regiones específicas con climas fríos, en algunas variedades de uva, como el riesling. El asunto es que la asociación directa con el terruño de acuerdo únicamente con la composición mineral de los suelos, no queda demostrado. Lo que si hemos conseguido demostrar y relacionar a nivel del análisis sensorial es la ‘mineralidad’ con la composición química del vino, pero no precisamente a nivel de minerales, sino con familias muy heterogéneas y provenientes de diferentes orígenes. Algo muy curioso es que en los paneles de cata profesionales que se han utilizado en la tesis doctoral para identificar los compuestos químicos que causaban esa sensación de ‘mineralidad’ no pudimos ‘condicionar’ su dictamen pese a que cambiábamos las etiquetas e incluso los precios de los vinos. Es decir, se demostró que sí existe una relación entre el carácter químico con el atributo mineral. El asunto principal es que estamos más cerca de saber científicamente cuál es la causa y lo que es más importante, como manejar vitícola y enológicamente su aparición o no dependiendo del consumidor y del mercado al que nos vamos a dirigir.
– ¿Quiere decir que se podrán elaborar vinos más minerales en bodega, en cualquier lugar del mundo?
– La investigación abre la puerta a nuevos estudios y al menos se podría intentar a partir de la tecnología disponible. Está claro que a día de hoy se pueden hacer vinos más a la ‘carta’ gracias al conocimiento que facilita la ciencia.
– Me está usted tirando por tierra el romanticismo…
– El romanticismo existe y seguirá existiendo. Incluso el amor, si es verdadero, es aún más romántico todavía (risas). Nuestra única pretensión es precisamente dar luz y conocimiento desde el punto de visto científico para que la mineralidad del vino sea una realidad y no un mito indemostrable. La ciencia es un beneficio claro para aumentar la calidad de los vinos.

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Guillermo Aranzábal: «Que un vino esté más o menos tiempo en bodega no implica por sí más calidad»

75 años. Viña Ardanza, la marca más emblemática de Bodegas La Rioja Alta, SA, tiene el mérito de compartir el paladar y el gusto de varias generaciones. En la actualidad, la referencia supone el 30% de los ingresos de la compañía vitivinícola -con bodegas, además de la matriz de Haro, en Labastida (Torre de Oña), Rías Baixas (Lagar de Cervera) y Ribera del Duero (Aster)-: «Es la etiqueta que nos ha dado a conocer en el mundo», explica Guillermo de Aranzábal, presidente de la compañía. Viña Ardanza cumple, hoy precisamente, 75 años desde el registro comercial de la marca y la bodega, La Rioja Alta, SA, que fue fundada 52 años antes (en 1890), se está volcando en presentaciones y catas, además de lanzar una colección privada de este vino de Rioja con estilo propio.

-¿Qué significa Viña Ardanza para el grupo La Rioja Alta?

-Es, desde luego, nuestro buque insignia. Nos ha abierto puertas en todo el mundo, hasta el punto de que un tercio de toda la facturación del grupo procede de ese vino. Mucha gente sigue pensando que la bodega, La Rioja Alta, se llama Viña Ardanza.

-Desde su origen, el vino permanece fiel al ‘coupage’ de tempranillo de La Rioja Alta y Alavesa con garnacha de La Rioja Baja. ¿Por qué la garnacha?

– En aquellos tiempos en Haro las bodegas elaborábamos clarete con tintos de tempranillo de La Rioja Alta. La garnacha es una variedad más complicada de cultivo, pero nos aportaba fruta, color y estructura y una conjunción perfecta con los tempranillos. Para nosotros es fundamental y, en este sentido, hace unos años compramos unos viñedos en La Pedriza, en Tudelilla, de donde creemos que podemos obtener las mejores garnachas de Rioja para garantizarnos el aprovisionamiento.

-¿Qué ha pasado con la garnacha? ¿Por qué históricamente la hemos denostado?

-Es una variedad que no es fácil cultivar y que muchos años liga mal en floración, por lo que muchas cepas terminaron arrancándose. Para nosotros es básica para el Viña Ardanza como variedad de ‘coupage’. Es una pena porque es una uva de Rioja de siempre, incluso fue mayoritaria, pero afortunadamente ahora se la está volviendo a valorar. El mundo del vino va por ciclos y, por ejemplo, La Rioja Alta pasó también años difíciles cuando buena parte de la crítica no apreciaba nuestros estilo de vinos elegantes y complejos.

-Pero también evolucionan sus vinos…

-Por supuesto. A nosotros nos gusta denominarnos nuevos clásicos. Nuestros vinos no son los únicos que podemos hacer, pero sí los que queremos hacer. Por supuesto, ahora, y también en el Viña Ardanza, tenemos vinos más frescos que hace unas décadas, pero el final sigue siendo muy clásico, en el sentido de elegancia y sedosidad.

-¿Qué es más difícil hacer vinos ‘clásicos’ o ‘modernos’?

-Es más difícil hacer buenos vinos clásicos. Están mucho más tiempo en bodega, con crianzas y trasiegos y, por tanto, tienen mucho más tiempo para ‘estropearse’. Los vinos ‘modernos’, si pueden llamarse así, se basan casi en exclusiva en la calidad de la uva y del terruño en sí. En nuestro caso, además hay que sumar la crianza.

– Parker nos redescubrió la garnacha hace unos años y, en su caso al menos, EEUU redescubrió también los buenos clásicos de Rioja…

– Para nosotros EEUU es nuestro primer mercado. Vendemos más vino en Nueva York que en Bilbao, para que se haga una idea. Creo que el consumidor americano aprecia nuestro estilo y nuestra trayectoria.

-¿Cómo ve Rioja?

-Rioja sigue teniendo un prestigio internacional grande, único entre la enología española. Pero sí estoy de acuerdo en que no es lo mismo San Adrián que Laguardia ni Ausejo que Haro. Entiendo que hay consumidores que quieren conocer más y eso hasta ahora Rioja no lo ha ofrecido y debería comenzar a hacerlo. De todas formas, creo que sigue siendo una marca con un potencial tremendo.

-¿Es partidario entonces de la diferenciación de vinos?

-Sí, aunque no sé si el origen o la elaboración es más importante. Tampoco creo que las nuevas figuras, como viñedos singulares, tengan por qué tener más calidad que vinos que mezclan varias parcelas o incluso zonas. Son vinos diferentes que no tienen por qué ser mejores y llevamos tiempo demostrándolo. El vino de pago existe desde hace tiempo y no ha demostrado tener más calidad.

-¿Necesita Rioja ‘tocar’ también las categorías reserva y gran reserva?

-Sí. El mero hecho de estar menos o más tiempo en bodega no implica calidad. Si un vino no tenía calidad en su origen tampoco la tendrá luego. En nuestro caso, nos avalan nuestras marcas y nuestra trayectoria por lo que ver reservas y grandes reservas a tan bajo precio no nos afecta realmente, pero sí que afecta a la mayoría de Rioja y habría que hacer cambios en ese sentido. Deberían ser realmente vinos de más imagen y calidad que lo que son generalmente.

-¿Cómo cuadraría el círculo de la diferenciación en Rioja entre los vinos de viñedos singulares y los grandes clásicos?

-Entiendo que es complicado. Hay grandes vinos de paraje y hay grandes vinos de coupage como el Viña Ardanza. Al final están las marcas. De la misma forma que en 1855 en Francia la clasificación de bodegas se hizo por precio, por reconocimiento del mercado, deberíamos buscar una fórmula que reconozca la trayectoria y el prestigio de las marcas.

-¿Y la ‘vendimia helada’ qué tal?

-De calidad, muy buena, mejor de lo esperado, pero de cantidad, muy mala. Nosotros estamos cogiendo un 50% menos de un año normal, no digo respecto al año pasado que fue muy bueno en cantidad, sino sobre un año normal.

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La vendimia avanza y el precio sube

Según avanza la vendimia y se ‘abre’ la zona crítica, la más afectada por la helada, las ‘cuentas’ sobre la cosecha esperada no salen y el precio de la uva continúa su escalada. En este sentido, Bodegas Faustino Martínez (Oyón) ha cerrado un importante acuerdo con la cooperativa de Haro a 1,41 euros el kilo de uva tinta, aunque de la cuenta final habría que descontar los gastos de transformación (unos quince céntimos aproximadamente por litro), ya que será la bodega de Haro la que elabore el vino. En todo caso, aumenta en un 40% la suscrita por ambas partes el año pasado.

Asimismo, se incluyen también 250.000 kilos de uva blanca, a un euro (70 céntimos el año pasado), en este caso sin costes de elaboración, ya que Bodegas Faustino elaborará el vino en sus instalaciones, lo que confirma también el repunte de mercado de uva blanca a medida que avanza la vendimia.

TFGP.

La operación es hasta el momento la más importante conocida de la campaña y una de las que tradicionalmente ‘marca precio’ para el resto de operadores, ya que la gran mayoría de contratos dejan un variable en función del comportamiento del mercado. El acuerdo, que ratifica los que ambas partes llevan firmando durante los últimos cinco años y que prevé además extenderse a 2018 y 2019, incluye un tercio de todo el vino tinto elaborado por la cooperativa, así como 200.000 litros de partidas elegidas también de tinto y los mencionados 250.000 kilos de blanco. La operación se ha firmado en vísperas de que la cooperativa abra sus puertas, aunque no se conocerá la cantidad exacta de uva y vino hasta que termine la vendimia, puesto que Haro es uno de los municipios más afectados por la helada de abril. En cualquier caso, el año pasado, por la misma operación -entonces firmada a 1 euro el kilo de tinto y 70 céntimos para la blanca- Faustino contrató 1,73 millones de kilos de uva tinta y 150.000 kilos de blanca.

Para el Gran Reserva

El acuerdo, según confirman fuentes de la compañía bodeguera, extiende un compromiso de abastecimiento en los mismos términos para las campañas de 2018 y 2019 (con un poco más de blanco, hasta 350.000 kilos), aunque cada año se revisará el precio en función de la realidad del mercado.

Las fuentes de la compañía compradora explican que las mejores partidas de la operación se están empleando para el Faustino I Gran Reserva, que es el buque insignia de la bodega de Oyón hasta el punto de que uno de cada cuatro grandes reservas que exporta Rioja lo hacen con la etiqueta de Faustino I: «Las uvas de Haro y la comarca nos dan las garantías de longevidad que precisa un vino de este tipo, lo que nos ha llevado a garantizarnos el abastecimiento por varios años». «Rioja tiene un problema serio -continúan- por las dificultades para crecer así que habría que empezar a plantearse distinguir realmente entre calidad superior y genérica». La operación de Faustino, en vísperas de que abran la mayoría de bodegas de Haro que tendrán que hacer compras importantes ante los daños de la helada, eleva la cantidad acordada por Bodegas Riojanas (Cenicero) hace un par de semanas y que también publicó Diario LA RIOJA: 1,20 euros por el kilo de uva tinta y 0,85 para la blanca.

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