La Rioja
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Sobre ‘Rioja Oriental’

El Consejo Regulador ha consumado el fallecimiento oficial de Rioja Baja, un territorio así conocido durante cientos de años y, formalmente como tal, desde la constitución de la DOP en 1926. El argumento principal utilizado es que, como sólo dos operadores han indicado la zona ‘Rioja Baja’ en su botellas desde 1999, hay que dar una oportunidad a ‘Rioja Oriental’.

No obstante, usando la misma tesis, entiendo que una decisión tan trascendente –cambiar la Historia lo es– debería venir avalada por compromisos de uso de ‘Rioja Oriental’ de quienes han promovido el cambio de nombre, algo que uno de sus principales valedores, el bodeguero Álvaro Palacios, ya ha dejado claro que no contempla al menos a corto plazo. Tampoco creo que ‘Rioja Baja’ haya tenido una oportunidad real, ya que es ahora por primera vez, no en 1999, cuando se ha planteado el desarrollo de nuevos vinos vinculados al origen, pero sobre todo creo que el debate ha sido demasiado corto para recabar en realidad las opiniones de bodegas y viticultores riojabajeños.

En este sentido, me pregunto que pensarían en La Rioja Alta si Rioja Oriental exigiera ahora cambiar su nombre por Rioja Occidental –quizá más ‘peyorativo’ que vender vinos de ‘Rioja Baja’ sea competir con vinos que se llaman ‘Rioja Alta’ sin la existencia de su antónimo geográfico – o qué dirían en Rioja Alavesa si los municipios riojanos de San Vicente, Ábalos y Briñas –condenados administrativamente al aislamiento geográfico– exigieran el cambio de la indicación por Sonsierra. ¿Sería suficiente una decisión mayoritaria del Consejo Regulador? Las votaciones las carga el diablo.

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Rioja Baja… con orgullo

Mateo Ruiz, Bodegas D. Mateos, reivindica sus raíces y el factor diferencial de la garnacha, el graciano y el mazuelo en la personalidad de los vinos de la comarca

Por mucho que el Consejo Regulador haya decidido archivar cientos de años de historia y taparse los oídos, seguiremos escuchando hablar de Rioja Baja, de los vinos de Rioja Baja. Esta amplísima comarca administrativa, desde Agoncillo hasta Alfaro, tiene por delante mucho tiempo para trabajar y mostrar su extraordinaria diversidad que, especialmente en las faldas de los montes del Sistema Ibérico, es capaz de sorprender y ofrecer grandes vinos con personalidad y carácter propio: «Nuestros viñedos, en los términos de Alfaro, Aldeanueva y Autol, van desde los 320 metros de altitud hasta los 650, lo que nos permite trabajar con un amplio catálogo de opciones», explicó ayer Mateo Ruiz, Bodegas D. Mateos, en la presentación de sus vinos en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com.

Apenas nada se supo de Rioja Oriental durante la cata, salvo una pregunta del respetable: «No me identifico con Rioja Oriental; de tener una subzona, como zona geográfica que es, debería ser Rioja Baja», zanjó el bodeguero. La viticultura en Aldeanueva se remonta a cientos de años, aunque a comienzos de este último siglo surgieron nuevas bodegas y se ampliaron los campos de cultivo: «No era fácil hace 20 años conservar los viñedos de garnacha situados en el monte, pero nosotros lo hicimos y ahora estas uvas están en nuestros vinos», señaló Mateo Ruiz.
Esas garnachas, junto con también viejos mazuelos, y las plantaciones de graciano por las que apuesta el bodeguero desde hace un par de décadas se combinan en diferentes proporciones en todos los vinos de Bodegas D. Mateo: «El tempranillo también se adapta bien en nuestra comarca, pero estas otras uvas, de ciclo más tardío, nos ofrecen un salto diferencial, de calidad y de personalidad de zona».

Mateo Ruiz, en una imagen de la cata Miguel Herreros

Mateo Ruiz, en una imagen de la cata de mi compañero Miguel Herreros

La cata
Bodegas D. Mateos trabaja con tres gamas de vinos: Navaldar, «la más Rioja» en palabras de Mateo Ruiz; Insolente, una colección de varietales más fresca y divertida; y La Mateo, una espectacular familia de vinos que rinde homenaje a la ascendencia masculina de la familia: «Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo… siempre cultivaron sus propios viñedos y se merecían este homenaje».

El bodeguero comenzó la cata con Navaldar 2015, un crianza de la gama más tradicional de Rioja, aunque con el propio concepto de Bodegas D. Mateos: «Las cuatro variedades, tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano, son importantes», en un vino carnoso, potente, pero de final amable, en el que el mazuelo y el graciano aportan una frescura y una acidez que agradece el conjunto. Insolente Graciano 2016 forma parte de la colección de varietales. Nada es fruto de la casualidad: «Nos ha costado quince años poner todos estos vinos en el mercado, con una primera fase de estudio y catalogación de los viñedos y una segunda de pruebas enológicas y con diferentes maderas hasta que entendíamos que estábamos preparados», indicó el bodeguero. En el caso del graciano, D. Mateos hizo las primeras vinificaciones varietales en el 2003, pero no salió al mercado hasta el 2012. Es un vino más joven, con mucho trabajo para pulir cualquier asomo de ‘aristas’ y el componente vegetal de esta variedad que solo en las zonas más cálidas de Rioja garantiza su vinificación por separado con regularidad.

La Mateo es la colección de vinos de familia: crianza, reserva y los dos varietales de garnacha y tempranillo blanco. Tal y como dejó claro el bodeguero, cada vino tiene su propia personalidad y, en este sentido, La Mateo Crianza 2014 incorpora una base de tempranillo (70%), con garnacha (27%) y graciano (3%). Combina la fruta con una madera también presente, que redondea un vino goloso y carnoso, mientras que La Mateo Reserva 2012 suma otra composición varietal, también con tempranillo como base –de diferentes viñedos y zona–, pero que se mezcla en esta ocasión con un porcentaje importante de graciano y mazuelo: «No tiene nada que ver con el anterior; con mayor acidez y frescura, es quizás más Rioja en el sentido clásico de vinos más longevos», describió el bodeguero. Y así se muestra en la cata: más fresco y elegante y con una mayor complejidad por el tipo de maderas (francesas exclusivamente) elegidas para la crianza.

La Mateo Garnacha Cepas Viejas 2015 fue una de las sorpresas de la noche. Un vinazo, con una tremenda explosión de frambuesa y grosella y una madera perfectamente integrada: «Son viejos viñedos de garnacha, una gran variedad que siempre ha diferenciado nuestra zona y que creo que en ninguna otra de Rioja puede alcanzar una calidad como en la nuestra». Y, como cierre, La Mateo Tempranillo Blanco 2016 –que junto con el anterior fue el elegido de técnicos y aficionados en el juego de preferencias de la aplicación para smartphones que JIG estrena esta temporada para el club de catas–, un blanco gastronómico, con cuerpo y que, tras unas primeras notas de madera fina, deja paso a un abanico de cítricos y aromas y gustos tropicales.

El ‘irregular’ tempranillo blanco es el protagonista del vino: «Yo creo mucho en esta variedad, autóctona y única en todo el mundo; hay que dejarle tiempo pero con una buena crianza nos va a dar muchas alegrías», señaló Mateo Ruiz, quien apostó por el tempranillo blanco desde el primer momento y hoy, ese especial viñedo, tiene ya trece años: «Hemos vuelto a plantar posteriormente y, aunque ya con seis años de edad, no es todavía lo mismo, pero lo será con el tiempo».
En resumen, un grato descubrimiento el de Bodegas D. Mateos, que comenzó vendiendo sus vinos en la exportación y que, desde el año pasado, empieza a pisar fuerte también en el mercado nacional, con Rioja Baja y Aldeanueva de Ebro como identidad.

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Las dos únicas bodegas de zona de ‘Rioja Baja’ renuncian a ser ‘Orientales’

Viñedos Ruiz Jiménez y Bodegas Ilurce, que trabajaban con vinos comarcales, dejan de hacerlo por el cambio de nombre

El llanero solitario ha dejado de cabalgar…, al menos en solitario. Viñedos Ruiz Jiménez (Aldeanueva de Ebro), la única bodega que desde el año 2002 etiquetaba todos sus vinos como ‘Rioja Baja’, comunicó ayer al Consejo Regulador que renuncia a la indicación de zona, después de que la institución le advirtiera de que no podía referenciar la procedencia de sus vinos con la tradicional denominación, sino que tenía que hacerlo con la nueva indicación ‘Rioja Oriental’.

¿La última de las fililipinas.... de Rioja Baja?

¿La última de las fililipinas…. de Rioja Baja?

Francisco Ruiz Jiménez devolvió ayer al Consejo Regulador 30.000 contraetiquetas de vino de zona –con la nueva referencia ‘VZ’ tras la aprobación el pasado verano de las nuevas categorías de vinos que pretenden fomentar el origen de los mismos–, ya que los servicios técnicos le advirtieron de que si utilizaba dichas ‘contras’ no podía seguir usando en sus etiquetas el término ‘Rioja Baja’, sino que, obligatoriamente, debía emplear ‘Rioja Oriental’: «Llevo más de 15 años vendiendo mis vinos como ‘Rioja Baja’ en todo el mundo, pero no voy a hacerlo como ‘Rioja Oriental’». El viticultor, que exporta el 99% de su producción, ya reclamó, en estas mismas páginas de Diario LA RIOJA, algún tipo de explicación:«Si soy el único que utiliza la zona en Rioja Baja, cuando hay más de cien bodegas alavesas y decenas de La Rioja Alta que lo hacen en sus comarcas, creo que alguien debería preguntarme».
Ruiz Jiménez explica que «puedo llegar a entender un cambio de nombre e incluso que estoy equivocado, pero para ello debería encontrarme con que varias de bodegas de la zona estén etiquetando sus vinos como ‘Rioja Oriental’, pero ni una sola se ha planteado hacerlo». «Ahora, todo el mundo escurre el bulto –continúa–, pero me dejan a mí sin posibilidades de seguir defendiendo una comarca en la que creo sin reservas».
En este sentido, Francisco Ruiz Jiménez insiste en su propuesta hecha a varias bodegas y viticultores de la zona: «Si nos pusiéramos de acuerdo las bodegas de la comarca y etiquetáramos como zona nuestros mejores vinos, Rioja Baja por supuesto porque así nos conocen desde hace al menos 80 años, en diez años habría una revolución en la denominación de origen, pero para eso hay que quitarse de encima los complejos de inferioridad».

El cambio de nombre
La propuesta de cambio del nombre de la zona, de Rioja Baja a Rioja Oriental, fue defendida por la Federación de Cooperativas de La Rioja (Fecoar)y por ARAG-Asaja al mismo tiempo que, el pasado verano, el Consejo Regulador proponía aprobar las nuevas categorías e indicaciones de Viñedos Singulares y Vinos de Municipio. De hecho, estos últimos y la revisión del etiquetado de los de zona, quedaron pendientes en primera instancia de un acuerdo de cambio de nombre. Finalmente, el pleno del Consejo Regulador aprobó el cambio de denominación para los vinos de Rioja Baja, aunque supeditado al estudio de las posibilidades de registro de ‘Rioja Oriental’ y de la opinión de distintas agencias y prescriptores sobre su conveniencia. Pero nada se supo de este último estudio y lo cierto es que el Consejo Regulador solicitó ante Bruselas el cambio de denominación de zona en el pliego de condiciones, lo que ahora obliga a etiquetar los vinos de dicha comarca como, sí o sí, de ‘Rioja Oriental’.

El otro caso
El de Ruiz Jiménez no es un caso único. Bodegas y Viñedos Ilurce (Alfaro) solicitó en la pasada vendimia la trazabilidad al Consejo Regulador como vinos de zona para sus viñedos de la comarca. Ilurce trabaja con la distribución de Jorge Ordónez, el mayor importador de vinos españoles de EEUU, y éste les solicitó un embotellado especial para el país norteamericano con el etiquetado de zona ‘Rioja Baja’: «No teníamos problema en trazar nuestros vinos porque trabajamos con nuestros viñedos de Alfaro y Monte Yerga», explica Inmaculada Escudero. «El problema vino –continúa– cuando el Consejo nos dijo que si queríamos etiquetar el vino como ‘Rioja Baja’ deberíamos hacerlo a todo velocidad porque iba a prohibirse».

La familia Escudero consultó con Ordóñez, probablemente el mejor conocedor español del mercado norteamericano, y éste les dijo que en ningún caso pusieran ‘Rioja Oriental’: «Para qué esta viaje», se pregunta Inmaculada Escudero. «Nosotros siempre hemos hecho vinos de Rioja Baja con todo el orgullo y nuestro importador, que algo sabrá de esto, nos pidió etiquetarlos como tal, pero de Rioja Oriental ni él ni nosotros queremos saber nada».
Lo curioso de todo es que el cambio de nombre se planteó supuestamente para fomentar los vinos comarcales y locales: 143 de Rioja Alavesa eran elaboradores de vino de zona en la comarca el año pasado, 27 de Rioja Alta y 2 de Rioja Baja. Ahora, si no cambian, las cosas, los de Rioja Oriental serán cero.

El Consejo se reúne el miércoles para analizar el tema en la comisión de zona

El asunto no está pasando desapercibido para el Consejo Regulador. La asociación Bodegas Familiares de Rioja solicitó la reunión de la Comisión de Zona y Municipios, constituida para analizar las nuevas figuras aprobadas el pasado verano pero y tratar, entre otros asuntos, el cambio de denominación de ‘Rioja Baja’ a ‘Oriental’. Tras constatar que varios de sus asociados no estaban de acuerdo con el cambio de nombre, Bodegas Familiares plantea que, al menos, se pueda seguir indicando Rioja Baja en las etiquetas. En este sentido, ni una sola bodega, más allá de Ruiz Jiménez o Ilurce, se apuntó en 2017 a la elaboración de vinos de ‘Rioja Oriental’. En las páginas de Diario LA RIOJA se han podido leer varios testimonios contrarios al cambio de nombre como los de bodegas como Nestares Eguizábal (Galilea), Ortega Ezquerro (Tudelilla), D.Mateos (Aldeanueva de Ebro), Vinos en Voz Baja (Aldeanueva), además de los de Ilurce y Ruiz Jiménez.  Tampoco entre los prescriptores parece haber cuajado la idea y Luis Gutiérrez –el hombre actualmente más influyente para los vinos españoles como catador para Robert Parker– ya lo advertía en su último reportaje sobre la denominación de origen: «Creo que Rioja Oriental tiene posiblemente más connotaciones peyorativas en ciertos círculos de EEUU… Y es confuso, ya que lo oriental se asocia con lo asiático», advertía. La última crítica ha venido desde la revista Gourmet, que, en un artículo firmado por Helio San Miguel titulado ‘Rioja Oriental: Nombre a evitar’–, escribe sin ‘pelos en la lengua’: «El término ‘oriental’ ha tomado un cariz marcadamente peyorativo hasta convertirse hoy en ofensivo en Estados Unidos». «El propio presidente Obama tomó la decisión de prohibir su uso en los textos legales del gobierno federal». «Rioja Oriental –continúa– es recibido con una mezcla de carcajadas, confusión y estupefacción».

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Cuando la Tierra lo es todo: cata el 28 de febrero

Bodegas Tierra, el próximo miércoles 28 en el club de lomejordelvinoderioja.com

Carlos Fernández presenta el compromiso con los viejos viñedos y la comarca de la bodega familiar de Labastida

«Tierra es todo, no sólo el nombre de la bodega, sino la identidad de nuestros vinos, de una comarca y de un municipio como Labastida». Así presenta Carlos Fernández el proyecto bodeguero de una familia que cultiva –«todavía a medias con el banco», explica entre risas– 24 hectáreas de viñedo en el entorno de Labastida y Briñas y que elabora once referencias de vino distintas.

Bodegas Tierra nació en 1992, aunque la familia de los Fernández Gómez lleva varias generaciones cultivando y elaborando vino: «Mi abuelo Emilio fue uno de los fundadores en 1964 de la cooperativa de Labastida, pero mi padre Fidel decidió en 1992 dejar la cooperativa y recuperar la vieja bodega de elaboración». Lo hizo con sus hijos mayores Rodrigo y Fidel, este último histórico director técnico de una de las bodegas más prestigiosas de Rioja Alavesa, quien con Carlos, que se sumó en el 2005, tutela hoy la empresa familiar.

Tierra es una de las dos únicas bodegas que quedan en el barrio de la judería (los calados históricos) de Labastida, pero Carlos Fernández presta especial atención al viñedo como factor diferencial. «La media de edad de nuestras viñas es de unos 42 años, lo cual no es lo común». «Mi abuelo Emilio, que no era un visionario sino más bien pobre, fue comprando viñedos en los años 60 y 70, y lo único que podía pagar eran aquellos de suelos poco productivos, que eran los que menos dinero valían porque entonces en Labastida y en toda Rioja lo que primaba eran los kilos». Hoy en día son esos viñedos, algunos de ellos centenarios, los que han permitido a los Fernández Gómez contar con su propia selección clonal y los que marcan la identidad de los vinos de Tierra.

La cata
Carlos Fernández presentará el próximo 28 de febrero seis de las elaboraciones de la bodega. La cata comenzará con Fernández Gómez 2016, un semimaceración carbónica, y con El Primavera, un semicrianza (tres meses) que hace referencia al momento de lanzamiento al mercado. Ambos vinos son reflejo de la tipicidad municipal de Labastida:«Trabajamos vinos de zona, Rioja Alavesa, de pueblo, Labastida, y parcelarios; creemos en la zonificación, en vinos ni mejores ni peores, pero sí diferentes porque Rioja vende 400 millones de botellas y no todas pueden ser iguales», argumenta Carlos.
Tierra Blanco Fermentado en Barrica 2016 es un ‘cañón’ aromático de viura, malvasía y garnacha blanca que contradice viejos prejuicios de las variedades blancas autóctonas riojanas: «Lo solemos vender en los seis primeros meses, pero personalmente me gusta con más tiempo por los ligeros matices oxidativos que coge con el tiempo en botella». Su ‘pareja’ en la cata será Tierra Crianza 2015, un vinazo de rotación que se elabora con tempranillos de más de 40 años de una selección de ocho parcelas de los viñedos de la bodega.

Los parcelarios
Carlos Fernández presentará también dos vinos parcelarios, del pago CubaNegra, entre Labastida y Briñas, cuyos sarmientos forman parte de un proyecto de investigación con la empresa Neiker y el Gobierno vasco para recuperar selecciones masales originales de la comarca.
El Belisario 2010 se elabora con los tempranillos de la finca, mientras que La Greña 2014 integra las uvas de cepas blancas que conviven con las tintas en el viejo viñedo: «La clave de este vino está en la malvasía de Rioja, de racimo grande y grano muy pequeño y que es una uva extraordinaria pero que apenas queda, salvo ésta y de una o de dos bodegas más de Rioja que yo conozca». La cita, el próximo miércoles 28 (20.30 horas en el Hotel Gran Vía), con 45 plazas para los primeros inscritos en lomejordelvinoderioja.com.

La cata

La cita. El próximo miércoles 28 de febrero en el Hotel Gran Vía (Logroño) a las 20.30 horas. Hay 45 plazas para los primeros inscritos en www.lomejordelvinoderioja.com (a partir de las 16 horas de hoy). 10 euros por persona.
Los vinos de la cata. Fernández Gómez 2016; El Primavera 2016; Tierra Blanco Fermentado en Barrica 2016, Tierra Crianza 2015; El Belisario 2010 y La Greña2014.

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Rioja 2018… by Tim Atkin

RIO09022018 : La Rioja : GENERAL : P06

El prescriptor británico y master of wine Tim Atkin actualizó ayer en su página web su reportaje anual sobre la región vitícola de Rioja (2018) con una nueva clasificación de bodegas al estilo de los grand cru bordeleses y con su personal podio de elaboradores, vinos y descubrimientos del año (además de las puntuaciones completas de vinos). Bodegas Muga, con la elección de su director técnico, Jorge Muga, como elaborador del año y de Aro 2010 como vino del 2018, despunta en el nuevo informe, que presta también especial atención a Jesús Madrazo, a quien concede el título de ‘leyenda’, después de su histórico paso por Viñedos del Contino, bodega a la que deja en el primer escalón de la clasificación Atkin.

Madrazo, que acaba de iniciar una nueva andadura profesional con proyectos propios, está también detrás, junto con Etienne Cordonnier, de Viñas Leizaola, cuyo vino, El Sacramento, ya fue destacado como revelación por Atkin en su ‘Report 2017’. Por cierto, Madrazo y Cordonnier presentarán en mayo para lomejordelvinoderioja.com una espectacular cata vertical del Sacramento. Miguel Martínez (Bodegas Ojuel) es otro de los grandes triunfadores del año, tras haber sido elegido por Atkin como joven revelación por su trabajo con el dulce supurao, pero también por su colección de vinos parcelarios de viejos viñedos de Sojuela.

El Gran Reserva Viña Tondonia 1996 se hace con el primer puesto de los blancos en la lista, mientras que Ramón Bilbao, con su Lalomba 2016, repite (ya lo fue el año pasado) como rosado del año y Vinícola Real, por su 200 Monjes 2011 vendimia de invierno, logra el premio al mejor dulce/semidulce y sube al segundo peldaño de la clasificación de bodegas.

La mejor bodega del año pasado, Artuke, repite en la primera categoría –junto con Abel Mendoza, Lanzaga, Contador, Contino, Juan Carlos Sancha, Finca Allende, La Rioja Alta, López de Heredia, Murrieta, Muga, Remélluri, Roda, Sierra Cantabria y Viñedos de Páganos– y su último vino, Cerro Las Mulas, logra el galardón de tinto revelación. Destaca también el ascenso a primer cru de Bodegas Juan Carlos Sancha, quien ha encandilado a Atkin con su colección de garnachas centenarias, varias de las cuales sitúa entre los mejores vinos de Rioja.

Bodegas Bhilar (David Sampedro) asciende al segundo escalón y sitúa su nuevo vino Finca La Revilla como descubrimiento blanco. Bodegas Hermanos Peciña, con su Señorío de Peciña, como mejor Rioja calidad precio, y Dominio de Berzal, mejor ‘value’ blanco, son otros de los destacados. Atkin menciona también a José Gil (Bodegas Olmaza), que con una nueva colección de vinos parcelarios, logra magníficas puntuaciones. Olmaza visitará el club de catas de lomejordelvinoderioja en junio.

Los cambios legislativos
El prescriptor ha seguido durante este año muy de cerca los cambios legislativos de Rioja, con las nuevas categorías y menciones de Viñedos Singulares, Municipio y Zona y, pese a hacerse eco de algunas críticas –«satisfacer los muy diferentes intereses de los productores, las cooperativas y las pequeñas y grandes bodegas de Rioja es como intentar mantener unidas las facciones del Partido Conservador [británico]», bromea–, deja claro que «las nuevas clasificaciones son una gran noticia para los bebedores de vino, para quienes intentan probar diferentes estilos de Rioja y entender qué, quién y cómo se hacen». Atkin concluye que «nunca he estado más excitado por la calidad de los vinos de la región y por su potencial para hacer cosas aún mayores».

Bodegas Familiares de Rioja se hacía eco ayer en una nota de prensa del nuevo informe de Atkin, del que subraya que siete de sus asociados figuran entre las bodegas destacadas por el master of wine. Bodegas Familiares alude también al reconocimiento del «protagonismo» de las pequeñas y medianas bodegas, en lo que Atkin denomina el «redescubrimiento del lado humano de Rioja»: «Rioja necesita grandes marcas –explica el master of wine–, pero también necesita su creciente número de bodegas más pequeñas, con grupos como Bodegas Familiares de Rioja, Rioja&Roll o ABRA, que están ayudando a promover el lado humano de la región y permitiendo a los consumidores poner una cara y una cultura en una etiqueta».

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Castillo de Sajazarra: raíces profundas

El enólogo en una imagen de mi compañero Juan Marín en el salón de catas

El enólogo en una imagen de mi compañero Juan Marín en el salón de catas

Jabier Marquínez expone el compromiso de la bodega con la tipicidad de la zona, pero también con las elaboraciones clásicas e históricas de Rioja

Viñedo propio, tipicidad de zona, respeto al ‘Rioja’ y atrevimiento son los pilares sobre los que Jabier Marquínez, enólogo de Castillo de Sajazarra, sujeta el proyecto bodeguero de la familia Líbano. Castillo cultiva 46 hectáreas de viñedo en Sajazarra (85%), Galbárruli y Fonzaleche y elabora vinos de zona, de pueblo, marcados por la climatología de la comarca más atlántica y fría de Rioja y con un perfil tradicional de Rioja Alta: vinos de largas crianza, trago largo y amable y, al mismo tiempo, una viticultura casi salvaje, en las mismas faldas de los Montes Obarenes, con un fuerte viento perpetuo y una fauna que se ‘aprovisiona’ a su antojo del fruto de los viñedos.
Marquínez abrió el martes por la noche la nueva temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja.com con un blanco, In Vita 2016, de la DOP Alella (norte de Barcelona), zona por la que apostaron en el 2006 cuando en Rioja todavía estaba prohibido plantar blanco: «Muchos se fueron a Rueda, otros a Rías Baixas, pero la propiedad de Castillo de Sajazarra tenía vinculación familiar con Alella, que, además, es una comarca histórica cuyos vinos, layetanos, eran ya muy apreciados por los romanos hace 2000 años». El In Vita, un blanco fresco de xarello (pansa blanca) y sauvignon blanc, poco tiene que ver con la calidez supuesta a priori a una comarca mediterránea y es que, tal y como recordó el enólogo, acumula una media de 800 milímetros de agua al año (por 600 de Rioja). El vino destaca por una mineralidad salina que combina a la perfección con las notas florales, aunque siempre en segundo plano, del sauvignon. El In Vita es un vino kosher, como lo es también el Herenza 2016 (Rioja). Castillo de Sajazarra es una de las escasas bodegas que elaboran regularmente para la comunidad judía. «El vino es el mismo, con un coste de producción más alto por el ‘lío’ que supone para la bodega, pero nos compensa porque nos ha ayudado a estar presentes en más de cien países», explicó Marquínez.
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 La aventura kosher es ejemplo de ese atrevimiento que citaba el enólogo –como lo es también la apuesta por el cultivo ecológico hasta que el oídio lo permite–: «Elaboramos con unos protocolos de hace 4.000 años». Ahora bien, la vendimia es igual –«de hecho tenemos algunos musulmanes en las cuadrillas de recogida», aclaró Marquínez– ya que el protocolo se ciñe exclusivamente en la bodega: «Sólo un rabino o judío practicante puede ver o manipular el vino; es la gran diferencia». El Herenza, a diferencia del In Vita (ambos kosher), fue pasteurizado –sometido a una temperatura de 85 grados durante unos segundos–: «La razón no es otra que el vino no pasteurizado sólo puede ser servido por judíos, pero hay muchos restaurantes en todo el mundo que ofrecen kosher aun no siendo judíos». El Herenza es un vino de semicrianza que, cada añada estrena barrica –así lo exige el protocolo hebreo–: «Lo aprovechamos para ‘limpiar’ las barricas nuevas tres meses y luego las usamos para nuestros otros vinos». En la cata el vino muestra el perfil del tempranillo de la zona: amable de trago largo y elegante.
Solar de Líbano Reserva 2013 y Castillo de Sajazarra Reserva 2012 protagonizaron el siguiente bloque de la cata. El primero es un clásico de Rioja Alta, de larga crianza en roble americano, elegante y de paso amable y el segundo aporta un poco más de estructura con parte de la crianza en roble francés: «Cuando los prescriptores comenzaron a ‘darnos’ a los clásicos de Rioja decidimos que, por respeto a nuestros clientes y la propia región vitícola, no íbamos a dejar de elaborar Solar de Líbano de siempre». «Sacamos el Castillo –añadió Marquínez–, con un poco más de potencia pero sin abusar de la sobremadurez ni la estructura, porque creo que Rioja no puede renunciar a sus principios y su historia». En ambos vinos está presente el graciano, una apuesta de la casa desde el 2006: «Estamos en la zona más fría de Rioja y el graciano es corrector natural de pH y de acidez y ha estado presente de siempre en los grandes vinos de Rioja». «Apostamos por él, aunque alguno pensaría que estábamos locos, pero estamos muy contentos porque es una gran uva de cupaje».
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Los varietales
Castillo de Sajazarra elabora también dos producciones muy limitadas, Digma y Digma Graciano, vinos más modernos y potentes y, aunque el primero tiene un poquito de graciano, es casi un varietal de tempranillo: «Aquí seleccionamos las uvas de las fincas que nos dan la fruta más negra, la mayor potencia, en aquellas añadas en las que llegamos a obtener el perfil que buscamos, que no son todas ni mucho menos». Pese a que son vinos que se pueden calificar de ‘modernos’ se etiquetan también como reserva tras una larga crianza. El Digma Graciano sale al mercado aproximadamente una de cada tres cosechas: «Estamos teniendo suerte y el cambio climático, que ya veíamos venir en el 2006, nos ayuda en este sentido», explicó el enólogo. En la cata los Digma fueron los preferidos del público en la votación con la aplicación móvil especial que estrenó JIG para el club de catas, especialmente el último –con una nariz espectacular–.
Los vinos y sus precios
In Vita 2016: Blanco (DOP Alella). Kosher. PVP: 6,5 euros.
Herenza 2016: Semicrianza Rioja. Kosher. PVP:6,5 euros
Solar del Líbano Reserva 2013: 11,5 euros.
Castillo de Sajazarra Reserva 2013: 16 euros.
Digma 2012: 36 euros.
Digma Graciano 2012: 36 euros.

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