La Rioja
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Buenas ventas, cosecha corta: ¿buenos precios?
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Alberto Gil | 31-07-2013 | 09:59| 0

Pedrisco de julio en San AsensioLas ventas de Rioja a finales de abril estaban en récord, con un incremento del 6% en el mercado interno (ya era hora) y del 10% en la exportación. Se acerca la vendimia -el Consejo Regulador fija este viernes las normas de vendimia- y podremos conocer cómo avanza la cosecha. También es probable que este viernes se avancen las ventas del primer semestre completo. Aunque es muy pronto, Julián Palacios, ingeniero agrónomo de la empresa Enonatura y colaborador de Diario LA RIOJA, avanzaba que el cuajado, por las lluvias, había tenido problemas e incluso aventuraba una cosecha corta. Problemas, sobre todo, con la garnacha que incluso en zonas más bajas de Aragón o Navarra hacían plantearse a los viticultores la rentabilidad de vendimiar o no. ¿Significa eso que habrá buenos precios para la uva? Si se confirma una cosecha limitada y una comercialización al alza como parece, así debería ser, pero veremos. De momento, os dejó el análisis de Julián Palacios sobre el estado del viñedo a finales de julio:

“El mes de julio se despide de nosotros con una pequeña tregua en lo referente a altas temperaturas y tormentas. Estas jornadas apacibles están siendo muy bien recibidas tanto por el viñedo riojano como por sus viticultores, pues encuentran en estos días de estabilidad un pequeño descanso respecto a fechas anteriores. De todos modos poco va a durar el sosiego, ya que el inicio del mes de agosto se anuncia caluroso y tormentoso. Nos toca volver a mirar al cielo y cruzar los dedos para que no nos visiten las temidas granizadas o las fuertes tormentas de verano.

Los meses de mayo y junio fueron fríos y muy lluviosos lo que provocó un retraso en el desarrollo de las viñas de unos 15-20 días respecto de años precedentes. En esas fechas todos nos hicimos eco de algunos estudios que auguraban un 2013 sin verano. Es evidente que no se están cumpliendo esas predicciones: julio ha sido un mes caluroso aunque, debido a la humedad acumulada en los suelos, ha venido acompañado de varias tormentas que se han repartido por toda la geografía riojana. En algunos casos estas tormentas han sido de granizo. Destacar las ocurridas los días 12 y 16 de julio que afectaron a varios municipios de Rioja Alta (Haro, Labastida, San Asensio…) y Rioja Alavesa (Oyón, Baños de Ebro, Lapuebla…) provocando cuantiosos daños en los viñedos, así como en otros cultivos como cereales y frutales.

Tras estas consideraciones toca analizar en qué estado se encuentra el viñedo y cómo puede evolucionar en las próximas semanas. Comenzaremos hablando del retraso en el ciclo que el viñedo acusó en primavera. Este año no se ha cumplido el refrán que dice ‘por Santiago pinta el vago’, y todavía no se ven enverar los primeros granos en los racimos. Con este retraso es de esperar un inicio de vendimia bastante más tardío que en años anteriores.

A pesar del retraso en el ciclo fenológico hay que destacar el buen desarrollo vegetativo de las plantas. En todos los casos es muy importante, aunque hay algunas viñas con excesivo vigor. La humedad de los suelos unida a las temperaturas del mes de julio han provocado un desarrollo rapidísimo de pámpanos y hojas. Pese a las dificultades que está entrañando en manejo de esta vegetación, hay que considerar el hecho muy positivamente, sobre todo viendo el lamentable estado en el que terminaron muchos viñedos tras la campaña de 2012. Este buen desarrollo es la base para tener buenas cosechas en los próximos años.

Otro aspecto a mencionar es la sanidad del viñedo. Destacar que en general se observa una sanidad excelente en las viñas, fruto sin duda del trabajo de los viticultores que no han descuidado las aplicaciones de tratamientos fitosanitarios ante plagas y enfermedades en un año con mucho riesgo de Mildiu y Oídio principalmente. En estos últimos días están apareciendo algunos ataques del Oídio que conviene vigilar y proteger. Hay que pensar también en los riesgos de Botritis que vienen asociados a las vendimias tardías. Para ello es necesario reducir los posibles ataques tanto mediante el manejo del viñedo aireando la zona de los racimos y evitando que estos se toquen, como con tratamientos preventivos en las zonas más conflictivas.

No podemos terminar este artículo sin señalar el aspecto más negativo que ha traído consigo este año tan atípico. Nos referimos sin duda al mal cuajado de las uvas. Este es el resultado de una ecuación que suma el frío y lluvia de la primavera a los calores repentinos del verano. Las consecuencias se han hecho notar de forma más acusada en las zonas/viñedos más tempranos y en variedades más sensibles. En Rioja Baja (al igual que en la Ribera de Navarra, Campo de Borja, Cariñena y Calatayud) pueden observarse parcelas de garnacha con un nivel de corrimiento tal que las producciones se estiman bajísimas. En los casos más extremos hay quien se está planteando incluso la viabilidad económica de la vendimia. También se ven parcelas de tempranillo con problemas de cuajado y con irregularidad en el desarrollo de las bayas (‘millerandage’ es la palabra francesa que lo define), lo que provocará maduraciones heterogéneas. Aunque afortunadamente las zonas y viñedos tardíos presentan menos problemas, existe la percepción que nos encontramos ante una campaña corta en kilos.

Esto último todavía es pronto para saberlo, pero de todo lo comentado en este artículo se deduce que quedan muchos días y noches de incertidumbres y riesgos hasta que recojamos las uvas. Es por ello que debemos estar muy alerta para anticiparnos y corregir cualquier problema que pueda surgir. Debemos dejar las vacaciones para después de la vendimia. Las uvas nos lo agradecerán.

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Vega Sicilia riojana: las primeras imágenes (y II)
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Alberto Gil | 15-07-2013 | 09:46| 0

Etiqueta MacánOfrecíamos en el post anterior la primera imagen de Bodegas Benjamin de Rothschild & Vega Sicilia en Samaniego (Rioja). Pero, ¿cómo serán los vinos, los Macán? En esta entrada ofrecemos también las primeras imágenes de las etiquetas. El concepto de Bodegas Benjamin de Rothschild & Vega Sicilia para Rioja es plenamente bordelés, con una primera marca, Macán, que, sin una producción fija, será la referencia para los vinos que den la talla en función de cada añada. El resto, hasta las 300.000/320.000 botellas, será Macán Clásico, la segunda marca. En el estreno, con la añada 2009 y después de varias vendimias de prueba, los Macán -nombre por el que se conoce a los vecinos de San Vicente, donde la compañía ha comprado la mayor parte del viñedo y que hace referencia a una azada que se usa desde hace cientos de años en la localidad-, Vega Sicilia pondrá en el mercado 120.000 botellas, aunque el vino, que inicialmente se iba distribuir en abril, aún no ha salido de la bodega: “Acabamos de recibir la autorización de las etiquetas –explica Pablo Álvarez- y nosotros no sacamos el vino de la bodega enverano porque no saldría en las mejores condiciones, así que esperaremos a distribuirlo en septiembre”.

Los Macán se han vendido con el mismo sistema de cupos que Vega Sicilia. Es decir, sus clientes, unos 5.000 en España, y varios de ellos distribuidores de vinos, piden un número de botellas y la bodega reparte entre todos: “Ha habido al menos el doble de demanda, así que hemos decidido empaquetar el vino en cajas de seis botellas para intentar atender a todos y que puedan probar los vinos”. “La mitad –continúa Álvarez- será para el mercado nacional y la otra mitad para exportación”.

¿Cómo son los Macán? (el enlace es una crónica de cata). El consejero delegado de Vega Sicilia avanza que “el enólogo está muy sorprendido con la elegancia y sutileza que nos da la zona para los vinos, de hecho esperaba que le iba a costar más tiempo encontrar esa línea, así que estamos muy satisfechos”. En cualquier caso, Álvarez tiene claro que el vino es una carrera de fondo: “Está claro que aún tenemos mucho que aprender, tanto de la zona como de la gente, porque aquí no hemos venido a enseñar a los riojanos a hacer vino, sino a aprender”.

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Vega Sicilia riojana: la primera imagen (I)
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Alberto Gil | 12-07-2013 | 10:50| 4

Circulan por la Red algunas imágenes del supuesto proyecto de Vega Sicilia en Rioja, aunque se correspondían a una idea de un estudio de arquitectos que se presentó al concurso, pero no ganó (Fiark Arquitectos). El consorcio Vega Sicilia & Benjamin de Rothschild ha elegido la propuesta del arquitecto madrileño Enrique Johansson, no excesivamente conocido, para un proyecto integrado en el paisaje (las faldas de La Herrera, en Samaniego) y lejos de las magnitudes de las propuestas de Frank Gehry para el hotel de Marqués de Riscal o de Calatrava para Ysios y, por supuesto, de la voluminosidad (y escasa integración) de Torres en Labastida.

Publicamos el domingo pasado la primera imagen de la nueva bodega de Vega Sicilia en Diario La Rioja, y ahora, creo que por primera vez puede verse en Internet en ‘Los Mil Vinos’. El desembarco de Benjamin de Rothschild y Vega Sicilia en Rioja –el regreso más bien tras el impulso que a comienzos del siglo pasado dio Cosme Palacio a la bodega–, es la mejor noticia para la denominación de origen de las últimas décadas.

Recreación por ordenador del proyecto de Enrique Johansson para Bodegas Benjamin de Rothschild & Vega Sicilia, en Samaniego, al pie de La Herrera

Pero ¿cómo es el mito de Vega Sicilia? Los orígenes de Vega Sicilia (Valbuena de Duero, Valladolid) datan del siglo IX, cuando en la finca se establecieron unas familias y construyeron una ermita dedicada a Santa Cecilia, cuya evolución fonética daría nombre a la actual finca situada a la vega del Duero. En 1848, el marqués de Valbuena vende la finca al empresario vasco Toribio Lecanda y su hijo, Eloy Lecanda, funda la bodega en 1864. El mito de Vega Sicilia tiene mucho que ver con la filoxera. Cosme Palacio (Bodegas Palacio, Laguardia) buscó en Vega Sicilia viñedos sustitutivos con el enólogo vasco Domingo Garramiola, quien aplicó las técnicas que Rioja había traido de Burdeos para sacar, en 1915, el mítico Vega Sicilia Único.

Vega Sicilia no confía la comunicación a nadie. Únicamente Pablo Álvarez, consejero delegado; Javier Ausás, director técnico y su mano derecha, y la directora de exportación enseñan la bodega. La familia Álvarez compró Vega Sicilia en 1982. Pablo, hijo de David Álvarez (dueño de Eulen), no oculta que tanto él como su familia desconocían entonces el mundo del vino, pero tuvieron claro que, para que nadie tuviera la tentación de cuestionar el ‘mito’ debían poner en marcha otra bodega en la que elaborar con criterios más modernos y propios. Así nació Alión (1986), en la misma Ribera del Duero, que no existía como denominación de origen hasta entrados los años 70 del siglo pasado y que hoy cobija a más de 270 bodegas nacidas a la sombra de la extraordinaria finca (1.000 hectáreas, casi 250 de ellas de viñedo) Vega Sicilia.

Pablo vive por y para el vino. En la subasta de la bodega del hotel Los Tamarises (Algorta) se presentó de incógnito y compró todos los Vega Sicilia que ofertó el conocido establecimiento vizcaíno. El pasado mes de abril, Vega Sicilia, vendió un millón de dólares en vino en su primera subasta en Asia (con Sotheby’s en Hong Kong), en una sesión en la que más de 2.000 botellas de esta marca duplicaron las expectativas de las casas de subasta londinense.

Vega Sicilia es casi una obsesión para Pablo Álvarez. Las oficinas, un calado original de ladrillo de la bodega centenaria, mantienen la discreción, elegancia y el buen gusto de los propios vinos. Ha invertido 20 millones de euros en la nueva nave de elaboración en la que todo tiene su por qué y en la que la mejor tecnología queda al servicio, como todo, de los vinos. La nave, mucho más espaciosa aunque no aumentará para aumentar la producción, permite vinificar en 19 tinos de roble –uno para cada una de las fincas con que se elabora– el Vega Sicilia Único y cuenta además con otros 66 depósitos de acero inoxidable para el Valbuena.

La limpieza es extrema y cuenta con cinco naves refrigeradoras que estabilizan la uva a bajas temperaturas antes de pasar a las mesas de selección, una fuerte inversión que exclusivamente funciona en vendimia. Las barricas nunca se apilan a más de dos alturas, para evitar movimientos al vino, pero también posibles accidente laborales. Vega Sicilia tiene su propia tonelería y, aunque se abastece de barricas de los mejores toneleros franceses, fabrica allí sus cubas de roble americano –que combina con el francés en la crianza– lo que le permite controlar qué tostado aplica. Ésta es una decisión de Javier Ausás, el enólogo, y no lo tomará hasta catar los vinos ya elaborados e instantes antes de pasar a la crianza.

Pablo Álvarez ha decidido plantar alcornoques y robles en la finca para tratar de controlar todo el proceso. Un corcho en uno de sus vinos supone un disgusto que puede durar hasta una semana y la obsesión del bodeguero es controlar todo el proceso, incluidos los corchos, aunque es muy consciente de que serán generaciones posteriores los que tomarán esas decisiones: «El vino es un alimento y debemos ser extremadamente rigurosos en lo que ofrecemos», sostiene.

Las ventas del grupo Vega Sicilia, compuesto por las bodegas Vega Sicilia, Alion (Ribera), Pintia (Toro) y Tokaj-Oremus (Hungría), oscilan entre los 22 y los 30 millones de dólares, y de esta facturación el 70 % lo generan los vinos de Vega Sicilia.

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Olarra, de abajo a arriba
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Alberto Gil | 03-07-2013 | 17:21| 0

El pasado martes el Grupo Olarra nos presentó un parte de su gama de vinos. Conocí a Javier Martínez de Salinas, director técnico del grupo bodeguero, y un enólogo con experiencia (primero en el Coto y, creo que desde hace 16 años en Olarra) que ha visto en primera línea la evolución de Rioja en las últimas décadas y también la de su propia bodega.

Después de tanta literatura en torno al vino, es gratificante ver como los grandes grupos comerciales han ido adaptando sus vinos, más o menos en silencio, y cómo, ahora que parece que deslumbran menos los fuegos de artificio, se pueden encontrar vinos de calidad notable a precios razonables. Así vi la cata:

«En Rioja somos tradicionales, reacios en ocasiones a lo nuevo, pero siempre se ha reaccionado rápido». Con estas palabras, Javier Martínez de Salinas, director técnico del Grupo Ollarra –Bodegas Olarra (Logroño), Ondarre (Viana) y Casa del Valle (Toledo)– presentó la evolución tranquila de su gama Cerro Añón, la clara apuesta de la compañía de los últimos años, junto con su ya larga experiencia con el cava en Ondarre y sus elaboraciones especiales con el Mayor (Viana) y Summa (Logroño).

Javier Martínez de Salinas y Olarra

Olarra, cuya bodega matriz en Logroño arrastra ya una trayectoria de cuarenta años, es reflejo del propio Rioja: «No pretendemos hacer otra cosa; se nos conoce por ser Rioja y nuestros vinos intentan ser un buen ejemplo de ello». En este sentido, el grupo trabaja con las cuatro variedades tintas principales (tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano), siempre con la base de tempranillo salvo algunos «experimentos» y también con distintas procedencias, pero más o menos fijas: «Nuestro viñedo, propiedad de proveedores habituales, se extiende por toda La Rioja Media, desde Laguardia, la zona Navarra de Rioja, y Logroño hasta Navarrete», explicó Martínez de Salinas. El resultado son vinos tradicionales, aunque perfectamente actualizados: «El péndulo, al principio de los noventa se escoró demasiado hacia la finura hasta dejar a los vinos con escasa estructura y color, mientras que en los recientes años pasados, se fue el otro extremo, hasta vinos que se podían casi masticar; es ahora, a mi juicio, cuando estamos donde deberíamos estar, con vinos que tienen su estructura, su intensidad, pero que sirven para comer y con los que te sientas en una mesa y te acabas la botella», explicó el director técnico.

La cata
Vinos de la cata OlarraLa noche comenzó la cata con el cava Millenium Brut de Ondarre (6,3 euros pvp), una elaboración tradicional del grupo centrada en la viura: «Cava no es una denominación geográfica, aunque el 98% se hace en Cataluña y nosotros aportamos un vino diferente, elaborado con nuestra variedad blanca adaptada al clima propio y nuestros suelos en el que nos importan menos los aromas que el conseguir un vino fácil de beber, amable y que pide una segunda copa». Ollarra es una bodega que elabora una amplísima gama. En el año 2001, la bodega apostó por la marca Cerro Añón, más secundaria hasta entonces, y comenzó un relanzamiento que está llegando a su punto álgido.

El Cerro Añón Crianza 2010 (6,5 euros) acaba de ser empujado por Decanter como el mejor vino español de su categoría incidiendo en su calidad precio. El vino respeta la composición varietal tradicional y también la crianza mayoritaria en roble americano. «El bebedor habitual de Rioja quiere reconocer lo que bebe», insiste el director técnico. En la cata cubre ese objetivo de ‘amabilidad’, con una profundidad intermedia (es un crianza) y con una suavidad característica de una gama que, cuando el ‘péndulo’ estaba en el extremo inicial, se podría entender hasta ‘crudeza’ porque está claro que seguirá evolucionando a mejor en botella. «En el exterior te piden los vinos así y, cada vez más en España; luego, está en manos del consumidor abrirlos cuando crea conveniente», explica el enólogo.

El Cerro Añón Graciano 2010 (10,5 euros) es un «experimento», en palabras de Javier Martínez de Salinas. «Contamos con unos gracianos con personalidad que, especialmente estas últimas añadas cálidas, han evolucionado muy bien y nos decidimos por este varietal diferente». Javier Martínez sigue ‘jugando’ con los tiempos de crianza (reduciéndolo cada añada) para sacar la máxima expresión a esta uva minoritaria de Rioja que nada tiene que ver con el tempranillo. En la cata avisa a simple vista de la concentración y estructura ante un reto que supone integrar los aromas propios (defectuosos si no madura bien) con los de la barrica nueva donde hace la maloláctica. El resultado: un buen vino que irá mejorando mientras la bodega siga logrando la maduración plena.

El Cerro Añón Reserva 2008 (9,9 euros) ha logrado ‘cuadrar’ el círculo en Reino Unido, con medalla de oro en los tres grandes concursos británicos: Decanter, Wine Challenge y Wine & Spirit; un gran impulso para Olarra en el mercado británico: «Casi todo son viñas viejas, en vaso, de la zona de Rioja Media para un vino que ha sido una clara apuesta de la bodega en los últimos años y con el que estamos logrando importantes reconocimientos», describe Javier Martínez de Salinas. En la cata muestra, tras una crianza de 20 meses en barrica, las señas de identidad de los buenos, y actuales, reservas de Rioja: consistente, largo, fino y amable. Para el que escribe, el mejor vino de la noche.

La  pareja ‘especial’Mayor (15,3 euros) y Summa (20 euros) son las dos elaboraciones especiales del grupo. El grupo selecciona algunos de sus viñedos y uvas en Viana, para su Mayor de Ondarre, y de Logroño y en el entorno, para el Summa, de Olarra. Javier Martínez propuso una cata comparada de ambos vinos que, como bien surgió en las preguntas del público, estarían cerca del concepto actual del gran reserva de Rioja: «Son vinos de selección, de viñas viejas de baja producción, que elaboramos todos los años, aunque, si a lo largo del proceso no dan la talla, no salen al mercado». Así, por ejemplo, sucedió con una añada del Summa, que pese a estar embotellado, Olarra no llegó a venderla. En la cata, el Summa, de una añada posterior y, aunque a priori no excelente como el 2005, se muestra un escalón por encima, con mayor entereza, pero ambos vuelven a demostrar que los grandes grupos de Rioja son capaces de cubrir todo el abanico posible de vinos y consumidores.

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Verdades, y mentiras, del vino
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Alberto Gil | 27-06-2013 | 10:06| 0

Antonio Palacios, profesor de la URLa semana pasada tuve la oportunidad de entrevistar al profesor Antonio Tomás Palacios, experto en análisis y cata, con motivo del 25 aniversario de la Asociación de Enólogos de Rioja (AER). La entrevista no tiene desperdicio y, pese a ser larga, el profesor Palacios pone el dedo en la llaga de numerosas cuestiones: verdades y mentiras del mundo del vino. Antonio Palacios (Ávila, 1964) es doctor en Biología y profesor de la UR y uno de los enólogos con una mayor trayectoria investigadora de España. Ello no le ha impedido estar también en primera fila como director técnico de Bodegas Edra y LazarusWine o como gerente de uno de los laboratorios Excell Ibérica en La Rioja.

– Cómo ha evolucionado la profesión en estos 25 años. ¿De la bata a la bota?
– Así es. Ha habido un cambio de roles, acertado o no, pero el viticultor que soñaba con ser bodeguero lo ha conseguido y el enólogo concentrado con su bata en el laboratorio de toda la vida y que soñaba con ser viticultor, lo ha logrado también. Otro cambio transcendental para el enólogo ha sido asumir nuevas responsabilidades. Antes, su trabajo se basaba en transformar la uva en vino a su llegada a la bodega y cuidarlo durante su maduración, ahora además debe salir al campo, seguir la maduración de la uva, zonificar suelo y viñedo, guiar los itinerarios enológicos durante las fermentaciones, recibir a los visitantes, salir a promocionar el vino en ferias, relacionarse con los medios, viajar por el mundo, saber de viña y de vinos… El enólogo actual es metafóricamente el hombre orquesta. El tercer cambio más visible es la evolución desde el secretismo profesional a compartir experiencias entre la comunidad profesional de enólogos. Hace muchos años, el enólogo marcaba sus recetas enológicas en clave de triple cifrado para no ser copiado ni imitado, como si estuviese en su posesión la fórmula secreta del brebaje mágico de Panorámix y sus galos. Así era imposible saber cómo mágicamente transformaban el vino malo en bueno y viceversa, ya que lamentablemente algunas veces la magia salía inversa y el príncipe se convertía en sapo, pero siempre encerrado en su laboratorio preparaba las pócimas que luego en la soledad y a escondidas aplicaba en bodega. Hoy en día, por suerte, los profesionales con los pies más en el terreno, comparten experiencias, conocimientos, savoir faire y lo más importante, responsabilidades.

– Venimos de unos años de proliferación de vinos, marcas, y altos precios. ¿Ha habido ‘enoburbuja’ en estos años pasados?
– Sí, desde mi punto de vista ha habido una enoburbuja, pero muy parcial en el segmento alto de la pirámide del mercado. Ni siquiera ha sucedido en la parte del segmento medio o de los vinos que forman parte del corazón de gama del mercado. La pirámide de valor en la enoeconomía de los vinos de España es bastante antidemocrática. A grosso modo, se podría afirmar que en España el 85 % del vino elaborado recibe como recompensa económica del 55% del valor, mientras que el 15 % del volumen de vino restante, recibe el 45 % del valor. No parece muy justo que el 15 % del trabajo de los viticultores se lleven casi la mitad de la tarta en valor. Estos viticultores afortunados, que dedican su trabajo para vender el vino muy caro, no suelen ser los viticultores tipo estándar, o sea, cientos de miles de agricultores que mantienen duramente sus economías familias con su trabajo en el campo y que gracias a ellos, los terrenos que cuidan no se erosionan y hacen posible la vida rural. Pues bien, sí, esta grandísima masa obrera del campo que trabaja duro y mantiene a sus familias cuidando casi 1 millón de hectáreas de viñedo, se tiene muy merecido obtener recompensas equilibradas en su esfuerzo y dedicación plena, produciendo uva para el 85 % del volumen del vino español, pero que sin embargo, debe conformarse con poco mas de la mitad del valor económico originado.

– ¿Hay vinos hechos especialmente para la crítica sin pensar realmente en el consumidor?
– Desde luego que sí, pero no creo que tenga nada de malo, más bien todo lo contrario. Las bodegas deben elaborar vinos para todo tipo de propósitos y objetivos, esa es la verdadera pericia y la habilidad que se debe valorar más en un enólogo. El enólogo que es capaz de hacer cualquier vino a demanda, es un auténtico genio y artista y es lo que podemos considerar como el enólogo del futuro. El vino es arte, el arte nace del hombre ilusionado e inspirado por alguna fuente o musa que le sorprende, utiliza en su creación los medios que están a su alcance, las uvas, la tecnología, el “know how” y su experiencia, cóctel que bien manejado le permite crear grandes vinos, vinos que para los entendidos sean elementos de recreo y adoración, obligándoles a caer rendidos ante su esplendor. Pero al mismo tiempo, el enólogo debe entender y conocer las demandas que vienen desde el consumidor y saber cuáles son los atributos positivos que mejor percibe y los que están de moda marcando tendencia, para así imprimirlos de forma bien visible e imborrable en sus productos fruto de su trabajo. Ahora bien, aquí me gustaría añadir algo muy importante. No se debería hacer vinos singulares diseñados a propósito para los críticos y para las guías de vinos, ni enviar muestras elegidas entre lo mejor de la bodega a los concursos cuando no representen de forma fidedigna a las marcas que luego estarán en el mercado y de las que el consumidor finamente dispondrá para ejercer su compra y su consumo, pues se trata de una maniobra orquestal poco elegante si en ambos casos, llevan la misma referencia.

– El vino no termina de llegar a los jóvenes y sigue siendo visto como una bebida lejana, al menos para ellos. ¿Qué se ha hecho mal en el mundo del vino?
– Una vez asistí a una presentación de un productor de vino que nos iba a explicar su proyecto, aunque no nos lo dio a catar posteriormente, cosa que me extrañó, pero que luego comprendí perfectamente. En el punto más álgido de su presentación, en el que casi alcanza su orgasmo verbal, nos vino a decir que él hacía vino solo para millonarios intelectuales o para intelectuales millonarios y que por ese motivo, hacía poco pero muy selecto. No sé si alguno de sus elegidos se quedó invitado por su “majestad y sultán del vino” a catarlo, yo desde luego tuve que marcharme ipso facto al no cumplir ninguno de sus dos requisitos. La segunda ocurrió en una conferencia muy concurrida para estudiantes universitarios, la plaza estaba llena y toreaba un periodista crítico de vinos muy conocido a nivel nacional. En su punto de mayor calentura mediática, vino a decir que se encontraba muy triste, ya que los vinos de España habían degenerado hacia vinos industriales, fríos, iguales entre ellos, fabricados en la industria petroquímica, sin alma ni espíritu. Ya solo le quedaban para su regocijo pequeños refugios de vinos elaborados, que no fabricados, en pequeños garajes, colinas, recovecos y espacios casi invisibles para los vulgares y anodinos “grandes hacedores de vino”, bodegas pequeñas y difíciles de encontrar que se dedican a tejer vinos en lugar de fabricarlos. Por suerte, le quedaba Francia, sobre todo la Borgoña, por si fuese necesario conexión mística y su refugio ideal donde practicaba ejercicios espirituales al menos una vez al año. En ambos casos sentí rabia, impotencia y sobre todo, mucha rebeldía juvenil, pues aunque ya tengo mis años, me imagino a los jóvenes allí presentes pensando algo parecido a lo que yo rumiaba en silencio, mas vale que aquel reconocido profesional dedicara su preocupación a la industrial del petróleo y dejase de lado el mundo del vino español. ¿Cómo vamos a interesar a los jóvenes con estas pantomimas, estupideces, memeces, injusticias y mentiras? Sobre todo cuando estas vienen de autenticas y públicamente reconocidas autoridades en la materia. Un joven no lleva impreso en su cabeza el tener que conformarse con la escoria y esperar a ser millonario, intelectual, ermitaño y filósofo avanzado para poder beber vino y disfrutar con ello. No señores, de cañas con los amigos o en algún concierto musical se lo pasará muy bien si tener que llegar a la excelencia o al Cum Laude.

 

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Vinos ecológicos: una oportunidad para conocerlos
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Alberto Gil | 19-06-2013 | 11:12| 6

En casa del herrero, cuchara de palo… Parece mentira pero lo cierto es que, más allá del concurso de vinos de Laguardia, Rioja no tiene un certamen de este tipo con proyección nacional. La asociación Cultura Permanente puso en marcha en el año 2010 los premios Ecovino, destinados a fomentar y difundir la producción y el consumo de vino ecológico. Ayer, entregó los premios de la cuarta edición, con 77 muestras y 38 bodegas de toda España, y con mucho trabajo por detrás para lograr la complicidad de bodegas y de instituciones.

No suele ser fácil que bodegas de fuera se animen a participar en un concurso riojano (“para qué vamos a ir si es Rioja y los premios serán para ellos…”) y Ecovino lo ha conseguido: de hecho, a la vista del palmarés esa ‘riojitis’ presupuesta en el comité de cata evidentamente no es tal.

Íñigo Crespo, impulsor de la iniciativa aunque con la ayuda de varias personas detrás, como el profesor de la Universidad de La Rioja (UR) Antonio Palacios, Manuel Ruiz Hernández, o Juan Baustista Chávarri, enólogo de la bodega de La Grajera, entre otros, han logrado que Ecovino empiece a convertirse en una cita para los productores de este tipo de vinos que, tal y como ya hemos tratado en Los mil vinos, no presentan diferencia organoléptica alguna a los vinos convencionales, pero sí exigen un respeto y cuidado por la tierra que debería, al menos, comenzar a exigirse a todos.

Ecovino concluye mañana, jueves, con una degustación popular en el Centro de la Cultura del Rioja que recomiendo a todos. El martes por la noche pude probar en la entrega de premios algunos (está claro) de los 77 vinos presentados al concurso y, como le gusta decir a Juan Baustista Chávarri, “cómo ha cambiando esto de los primeros años a esta parte”. En este sentido, la producción de vino ecológico sigue siendo residual, pero fue interesante comprobar la calidad general de los vinos, cómo bodegas grandes (Faustino, Beronia, Marqués de Cáceres…) presentan también sus propuestas ecológicas al concurso y, sobre todo, cómo muchos productores pequeños intentan hacerse un hueco con una propuesta diferente.

Vinícola Real (Albelda), que obtuvo varios premios, está haciendo una apuesta muy interesante por los vinos ecológicos con su gama de Viñas Los Valles, que quedó en el concurso incluso por encima del 200 Monges Reserva 2005. Bodegas Las Cepas (Aldenueva), del productor Alberto Ramírez que se salió de la cooperativa de Aldeanueva en el año 2003, fue otra grata sorpresa. Dos de sus caldos, Costalarbol 2012 y Legado Decand, se llevaron el Ecovino de Oro y fueron para mí todo un descubrimiento, con una marcada presencia del graciano que refresca  los vinos y les da una personalidad muy interesante. Lo cierto es que Aldenueva de Ebro es ahora mismo la zona agraria más emergente de Rioja, tanto en viticultura como en otras producciones, con jóvenes generaciones dedicándose al campo que, prometido queda, merecerá algún comentario específico en este blog en el futuro.

Siguiendo con los Ecovinos, muy agradable fue también el Ecos del Varal, un joven superefrescante que incluye un 10% de viura en su elaboración y muy agradable. Por supuesto, hay que mencionar también el Gran Ecovino de Oro, que fue para el Noralba 2010, un vino de Castillo de Mendoza (San Vicente) que, si bien en la primera impresión asoma un poquito de más la madera, se convierte en un vinazo muy interesante con un tempranillo que en la Sonsierra se cultiva como en ningún lado. Este jueves, a partir de las 20 horas, los vinos y las bodegas participantes podrán probarse en el Centro de la Cultura del Rioja (7 euros la copa con tres pinchos ecológicos incluidos) y, verdaderamente, merece la pena.

Foto de familia de los premiados y organización en los Ecovino 2013, de Sonia Tercero

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La opacidad del vino de Rioja: ¿qué pasó en el 99?
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Alberto Gil | 14-06-2013 | 11:34| 2

El mercado interno de la uva, y del vino, en Rioja siempre se ha caracterizado por su opacidad. Los intentos por hacer públicas las operaciones que se firman entre bodegas y viticultores o cooperativas nunca se han traducido en medidas que realmente aclaren cómo funcionan estos contratos que, tradicionalmente, aparecen en la portada del Diario LA RIOJA por la importancia que tienen a la hora de marcar los precios de campaña (la mayoría de contratos entregan la uva y el vino y el precio queda emplazado a lo que determine el mercado).

Os acordaréis quienes seguís el mundo del vino que el gran punto de inflexión del precio de la uva y el vino de Rioja se marcó en el año 1999, después de una cosecha escasa en el 1998 con un fuerte tirón de las ventas que ya en esa campaña previa llevó el precio del kilo de uva hasta las 250 pesetas. En abril del año siguiente cayó una extraordinaria helada que limitó mucho la producción de uva.

Pero ¿fue realmente la escasez de uva la que disparó una añada de mala calidad hasta las 400 pesetas el kilo de uva o ayudaron también los intereses de este mercado opaco? En plena vendimia, localizamos en Alfaro la primera gran operación, de 700.000 kilos de uva a 425 pesetas. Aquella noticia, portada en el periódico, volvió loco a todo el mundo: viticultores, bodegas y cooperativistas.

Codorníu acababa de comprar Bodegas Bilbaínas, con una importantísima cantidad de vino en stock. La bodega cuenta además con mucha capacidad de abastecimiento propio (unas250 hectáreas) y la operación, en el momento justo cuando comenzaba la vendimia, le permitía por una parte revalorizar todo el vino que tenía sin vender en la bodega y, por otra, ‘fastidiar’ a sus competidores.

Las cooperativas que elaboraron su vino hicieron también extraordinarias operaciones, con precios de hasta 9.000 o 10.000 pesetas la cántara (16 litros). En abril del 2000, los principales compradores de vino tuvieron una comida (Víctor Pascual, Bodegas y Bebidas entonces, Víctor Redondo, Arco Bodegas Unidas, Pedro Vivanco y supongo que alguno más) en la que decidieron parar la espiral de precios definitivamente y Arco (Berberana) firmó una operación antes del desinfle total con la cooperativa de Arnedo a unas 5.000 pesetas la cántara. A partir de ahí, vino el hundimiento y, por ejemplo, la cooperativa de Haro acabó vendiendo el vino de aquel año en el entorno de las 1.000 pesetas después de que la burbuja estallase al no haber querido vender en su momento a 9.000.

 ¿Qué sucede hoy? Pues prácticamente lo mismo, aunque nunca ha vuelto a producirse una situación tan crítica, con una demanda de vino tan al alza y una previsión de cosecha tan corta. Siguen siendo los grandes grupos bodegueros los que marcan precios y de hecho alguno de ellos, que no todos, han hecho esfuerzos para que el hundimiento real de la uva de las últimas campañas no fuera tan brutal como los precios ruinosos que marco CVNE con los 38 céntimos que anunció en el 2009.

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Beber vino a 'chorro': el principio
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Alberto Gil | 03-06-2013 | 08:33| 8

La ‘paradoja francesa’ se resquebraja. La BBC publicó recientemente un reportaje sobre la caída del consumo de vino en Francia (algo que vivimos desde hace muchos años en España) e incluso lanzaba la pregunta de si el descenso perpetuo del consumo de la bebida nacional de Francia simbolizaba el declive de la civilización francesa.

El origen de la paradoja francesa hay que buscarlo en el siglo XIX, cuando el irlandés Samuel Black publicó un artículo científico en el que aseguraba que pese a que los franceses comían importantes cantidades de grasas (quesos y otros lácteos, foie y carnes) tenían menos ataques al corazón que el resto de europeos y que el consumo de vino tinto podría tener que ver con ello. Aquella investigación fue el origen de la ingente cantidad de estudios que, especialmente a partir de la década de los 90 del siglo pasado, han relacionado, y fundamentado científicamente, las propiedades beneficiosas del consumo de vino para el organismo.

El caso es que, al igual que sucede en España, en Francia ya no toma vino ni el tato. El informe de la BBC argumenta que mientras en 1980 la mitad de adultos franceses tomaban vino ahora lo hace apenas el 17%, mientras que la población que nunca lo bebe se ha duplicado hasta el 38%.

El consumo anual per cápita ha pasado de 160 litros en 1965 a 57 en el 2010 y actualmente superaría por poco los 30 litros por cabeza. En España, los datos son aún más abrumadores: de 47  litros per cápita en 1987, hemos pasado a 16 (según el Ministerio de Agricultura) ó 22 litros según el Observatorio del Vino, que incluye además el consumo por venta directa, restauración colectiva o establecimientos no permanentes.

Demasiados aromas empireumáticos, a ‘enagua de monja’, a ‘vía de tren’… Hace unos años, y algo queda todavía, para hacer un vino caro había que meterle una buena dosis de madera nueva: torrefactos, tofes, cafés… eran los aromas y sabores procedentes del roble con tostado plus y superplus, entonces muy valorados por la crítica especializada.

La mejor definición de estos vinos me la dio mi mujer cuando probó un caldo de estos de supuesta élite: “!coño!, este vino me da sed” (el supertostado del roble nuevo se traduce en astringencia). Otra buena definición de este tipo de vinos la ofreció el amigo Gerry Dawes para definir la moda parkerizada: “después de beber esto puedes cagar palillos”.

El caso es que el consumo de vino crece en los países, más o menos, nuevos productores como EEUU, Israel, Brasil, Rusia… (descuento a China porque, al parecer, allí el consumo va ligado al esnobismo) porque está llegando a los jóvenes, mientras que en los países tradicionales no hay relevo de consumo generacional y es que creo que apenas nadie se ha preocupado por los que tiene que comenzar a dar sus primeros tragos.

Así que desde este espacio de Los Mil Vinos proponemos comenzar desde la base. Para ello, hemos encontrado en youtube, creo que de José Andrés López de la Rica, un ilustrativo vídeo de cómo aprender a beber ‘a chorro’… Ahí va la primera clase de cata:

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La honestidad del Rioja: el reparto del negocio
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Alberto Gil | 28-05-2013 | 10:08| 6

Leo con interés al ingeniero agrónomo y enólogo Antonio Remesal sostener que si algo sobra en Rioja son buenas uvas y me viene a la cabeza una habitual reflexión que en muchas ocasiones lanzaba el ex presidente del Consejo Regulador Ángel de Jaime Baró: queremos ser una denominación de origen grande o una gran denominación. Rioja arrastra desde el año 2008 unos precios en origen claramente bajos y, si bien no se pueden negar los esfuerzos y reducción de márgenes comerciales por parte de las bodegas, comparto plenamente con Antonio Remesal que este sistema no es sostenible.

Las tres últimas cosechas, dos excelentes y la última muy buena, no compensan a los viticultores, pero la calidad se supone que sí a las bodegas, y hay que pensar que el modelo de Rioja, aun compartiendo también con el actual presidente del Consejo Regulador, Víctor Pascual, que Rioja saldrá mejor que ninguna otra región española de la recesión, no está funcionando.

Si hay un bodeguero al que considero honesto hasta el extremo es Abel Mendoza. El viticultor de San Vicente decidió en los años 90 elaborar sus vinos y venderlos embotellados en lugar de entregar las uvas a terceros. Cogió unas botellas, la mochila y se fue a Barcelona, donde hoy conserva su principal mercado en España y donde encontró un hueco sin que le trataban como un ‘loco’ por su forma de entender los vinos y la viticultura.

Abel Mendoza vive en las viñas. Cultiva 34 parcelas en la Sonsierra (San Vicente, Labastida y Ábalos) y a sus vinos, pese a estar siempre en la cúspide de Rioja y de España por su incuestionable calidad y personalidad, siempre les ha faltado el ‘punch’ final de los grandes  ‘prescriptores’ (los dos o tres puntitos ‘extra’ de este interesado mundo).

Abel Mendoza nunca ha comprado centenas de guías de estos prescriptores -ese plus de puntos en muchas ocasiones se logra con publicidad o con la compra a gran o mediana escala de guías-, pero sus vinos están repletos de trabajo, honestidad, originalidad y calidad.

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Abel Mendoza y Maite, su mujer, en la bodega en una imagen de Miguel Herreros.

Abel Mendoza dice las cosas como son, o al menos como cree que son, y en varias ocasiones le he escuchado argumentar que  no se puede pretender que los viticultores vendimien en ‘cajitas’ y pagar 50 céntimos por el kilo de uva, como está sucediendo: “En mi casa, con 100.000 kilos de uva, vivimos cuatro familias y, eso es una excepción en Rioja por lo que nuestro modelo es muy injusto“, me dijo en una ocasión y ésa es una frase que responde perfectamente a la pregunta de si somos ‘gran’ o ‘grandes’.

Os puedo contar una anécdota que sucedió en la visita que Neil Martin -ahora sustituido por Luis Gutiérrez-, el catador de Parker para España tras los escándalos de Jay Miller, hizo a Rioja el año pasado para valorar los vinos.

Martin pidió al Consejo Regulador que organizase la cata de los vinos y el Consejo contactó con las bodegas para que enviaran las muestras y entre ellas no estaban los vinos de Abel Mendoza [(*) me aclara el Consejo Regulador, tras publicar el post, que se pidió las muestras a todos aquellos que habían declarado que tenían un importador en EEUU y que el bodeguero de San Vicente no constaba].

El caso es que Martin no cató inicialmente sus vinos, sino que probó un blanco suyo en un bar y quedó sorprendido y encantado, hasta el punto de que quiso conocer los vinos de Abel [(**) el Consejo Regulador me vuelve a aclarar que fueron los representantes de la institución quienes pidieron entonces a Abel que enviara los vinos para que los catase el crítico y que éste llevó doce vinos].

El caso, como decía antes, es que Martín encumbró los vinos de Abel, especialmente el garnacha blanca y el cinco varietales (5V), también blanco, con 95 puntos para The Wine Advocated.

Un día de estos hablaremos en ‘Los Mil Vinos’ de Abel Mendoza, de sus viñas y de sus espectaculares experimentos con los blancos y, por supuesto, de sus tintos.

De momento, si vais por San Vicente os recomiendo llamar a la puerta de Abel Mendoza. Os atenderá Maite, su mujer, porque seguro que él andará por las viñas y su móvil semienterrado entre algún renque.

Bodegas Abel Mendoza: Ctra. Peñacerrada, 7. 26338 , San Vicente.
email: jarrarte@datalogic.es
Teléfono: 941308010

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El 'loco' ecológico del vino de Rioja (y II)
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Alberto Gil | 24-05-2013 | 15:44| 0

Anunciaba un segundo post sobre la experiencia ecológica de Francisco Ruiz Jiménez, al que cariñosamente tachábamos de ‘loco’ por su diferente manera de hacer las cosas. En este sentido, lo primero que tuvo claro Francisco fue que para hacer vino ecológico había que ‘separarse’, también físicamente, del resto.

Algo parecido me dijo también en una ocasión Enrique Macías, director técnico de Vega Sicilia: ‘dueño y señor’ del latifundio de Valladolid, donde cultiva y trabaja a su aire, Macías compró las viñas en la Sonsierra para el nuevo proyecto de Rioja, zona caracterizada por un extraordinario minifundio y por las múltiples particiones de la tierra por herencias. Con una configuración parcelaría así, “si tú no echas fitosanitarios ni pesticidas a tus viñas y las echa el vecino con el tractor, pues que te llevas el tratamiento sin quererlo”.

Supongo que, con la crisis, y la subida de todos los insumos (incluidos los fitosanitarios) los tratamientos han ido moderándose, pero conocido es en Rioja que, cuando el viticultor está en el bar y ve pasar el tractor del vecino, allí que lo deja todo y coge su tractor para echarle una mano de ‘barniz’ a la vid ‘pa por si acaso…’

Decía unas líneas más arriba que Francisco Ruiz Jiménez tenía claro que sus viñedos debían estar aislados para cultivar en ecológico. Eligió, donde ya tenía viñedo familiar, el paraje Valcaliente, en la sierra de los Agudos (Calahorra), una gran viña del monte en un espectacular paisaje con pinares que sorprende, en primer lugar, porque no es la imagen del mar de viñas que se tiene de La Rioja Baja.

Valcaliente recibe al visitante con una piedra que te indica el nombre de la finca –al estilo Burdeos- y un ciprés, que no se muy bien qué significa pero que lo hace inconfundible.

Los viñedos
Entada a Valcaliente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cultivar ecológico es más caro porque el ahorro en tratamientos, si lo hay, no se compensa con la mucha mayor mano de obra que requiere y, por ejemplo, al buscar un lugar elevado y apartado, el necesario riego (bombeo) cuesta bastante más que llevar el agua a la planicie.

Detalle viñas Pinares

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los suelos de Valcaliente son extraordinariamente ricos en fauna (bichos) y flora (plantas). De hecho, Francisco Ruiz Jiménez ha ido introduciendo flora autóctona (romero, tomillos…) entre los renques y, como característica diferencial, aparecen también luego esos aromas en sus vinos (vino y paisaje). Las viñas están por encima de los 650 metros de altitud y, en la zona más alta, Ruiz Jiménez ya está plantando blanco: creo que tempranillo blanco, malvasía y no sé si también maturana, a diferencia del verdejo que ha ido poniéndose en La Rioja Baja.

La mayoría de sus viñedos son tempranillos, aunque tiene también garnachas (con las que hace un espectacular varietal -Valcaliente garnacha-) e incluso gracianos ‘fríos’ por la altitud.

Con La Rioja Baja se ha sido muy injusto históricamente, incluso leía ayer al amigo José Peñín  que se queda tan ancho soltando (sic) “el tremendo bajón de la calidad de los tempranillos de La Rioja Baja”. Yo también creo que fue un error histórico arrancar las garnachas tradicionales (tampoco entonces se elaboraban bien y el tempranillo era más sencillo y productivo), pero precisamente fueron los ‘gurús’ y compañía los que animaban a plantar tempranillos a finales de los 80 y en los 90.

Decía que Peñín se queda ‘tan ancho’, porque precisamente ahora los tempranillos de La Rioja Baja son bastante mejores que hace unos años (salvo para Peñín) por la simple razón de que las viñas han adquirido una edad óptima y los medios de elaboración cada día son mejores.

No me voy a enrollar más, pero que os dejo con unas imágenes (las anteriores son mías, o sea un ‘finstro’ sacadas con el móvil y en una día de lluvia) de la web de Viñedos Ruiz Jiménez y hechas por un fotógrafo profesional en una primavera normal, sin tanto agua, y un mayo floreciente. ¿A qué mola La Rioja Baja?

Viñedos Ruiz Jiménez

 

La bodega: Viñedos Ruiz Jiménez (Aldeanueva de Ebro).
Viñedos: 70 hectáreas en Aldeanueva y Calahorra.
Visitas: consultar en www.vinedosruizjimenez.es

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