La Rioja
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Bodegas Familiares de Rioja se rebela contra la cuota de la Interprofesional del Vino de España
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Alberto Gil | 15-03-2017 | 15:40| 0

Las facturas que desde hace unos meses, vía correo electrónico, están recibiendo todas las bodegas por parte de la nueva Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE) están empezando a provocar movimientos de cara a la presentación de impugnaciones y recursos ante los tribunales. De momento, la Asociación de Bodegas Familiares de Rioja (Provir) pretende exigir explicaciones por carta al Ministerio: «No tenemos información alguna de por qué tenemos que pagar», explica Eduardo Hernáiz, presidente de la agrupación. «Las Bodegas Familiares –continúa–, y creo que sucede lo mismo en todo el país con las pequeñas y medianas asociaciones, no hemos participado en la constitución de la Interprofesional ni se nos ha informado lo más mínimo, más allá de lo que hemos podido leer en la prensa o en los boletines oficiales a hechos consumados».

Bodegas Familiares de Rioja

Hernáiz lamenta que «las grandes empresas sigan decidiendo por todos en unas acciones sobre las que no tenemos nada claro los supuestos beneficios y más aquí, en Rioja, donde tenemos una Interprofesional en marcha desde el año 2004 y donde nuestro negocio se basa en el vino embotellado de calidad, precisamente en competencia con los vinos genéricos e industriales de grandes grupos bodegueros». El presidente de Bodegas Familiares recuerda en este sentido que «con nuestras luces y nuestras sombras Rioja sigue siendo el modelo a seguir en España y cada vez se vende más vino embotellado con denominación de origen, así que creo que algo tendremos que decir». «Desde luego –continúa–, entendemos que no se pueden hacer así las cosas, en despachos en Madrid con el lobby de la Federación Española del Vino (FEV) defendiendo sus propios intereses, y luego pretender que las pequeñas nos sumemos para pagar y asentir». «Quién nos garantiza –se pregunta– que un día no deciden asumir las competencias de plantación, o las de promoción de todo el vino español, y dejan a nuestra Interprofesional de Rioja sin funciones». La intención de Bodegas Familiares es pedir en primera instancia explicaciones al Ministerio y, en segunda, acudir a los tribunales si es necesario: «Vamos a ver qué repercusión tienen esas facturas que estamos recibiendo por correo electrónico, ni tan siquiera formalmente, y luego veremos si hay que ir a la Justicia española o incluso a la europea a defender nuestros intereses».

La Organización Interprofesional del Vino de España se constituyó el 30 de junio del año 2014 integrada por la FEV, por las Cooperativas Agrarias y los tres grandes sindicatos agrarios (Asaja, COAG y UPA). El 14 de julio del 2016, el Ministerio de Agricultura publicó una orden que regula la denominada ‘extensión de norma’, que obliga a pagar a todas las bodegas españolas que comercialicen vino unas determinados cuotas en función de su volumen. Al contrario de lo que sucede en Rioja, ni cooperativas ni organizaciones agrarias aportan a la Interprofesional española, por lo que será financiada exclusivamente por las bodegas. Las cuotas establecidas son de 0,23 céntimos por cada hectólitro comercializado embotellado y 0,065 en el caso del hectólitro vendido a granel.

En la práctica, las cerca de 700 bodegas activas en Rioja están recibiendo facturas, en la mayor parte de los casos mensuales, que alcanzan un importe de unos 200 euros para una comercialización de un millón de litros. La confusión entre las bodegas es importante: «La única notificación que hemos recibido –insiste Eduardo Hernáiz– es un correo electrónico en el que se nos dice que tenemos que pagar y entendemos que ni son formas ni tampoco hay fondo para justificar el pago». Estos días –varios meses después de las primeras facturas–, las bodegas están recibiendo también una carta firmada por el presidente de la Interprofesional, Ángel Villafranca, en la que se les informa de los ejes estratégicos que pretende seguir la Interprofesional y en la que se pone «a disposición para cualquier duda o información adicional que puedan necesitar». «Estamos también abiertos –continúa la carta– a las sugerencias que quieran trasladarnos sobre las actuaciones que van a llevarse a cabo».

La respuesta de la Interprofesional

«La extensión de norma compromete a todos y los pagos llegan ya al 75%»

Jaime Palafox es el gerente de la Organización Interprofesional del Vino de España y recuerda que «la extensión de norma compromete a todas las bodegas». Descarta que haya impagos generalizados y asegura que «el pago de cuotas alcanza ya el 75% en toda España».
– ¿Es consciente del rechazo que está provocando la Interprofesional entre pequeñas y medianas bodegas?
– De lo que somos conscientes es de que no hay una gran oposición. De hecho, el 75% de los pagos están al día. Existe una extensión de norma y, de momento, estamos siendo más o menos flexibles pero deberán pagar todos los operadores porque si no sería injusto con quienes lo están haciendo.
– ¿Hay desconocimiento?
– La Interprofesional lleva años gestándose y se ha informado a todos los operadores y, de hecho, las organizaciones de la Interprofesional están implantadas en prácticamente todas las denominaciones de origen, también en Rioja.
– En Rioja ya existe una Interprofesional. ¿No es una duplicación?
– Sé que es un argumento que se está utilizando, pero nosotros, de acuerdo con la Ley de Interprofesionales, entendemos que no la hay. En todas las interprofesionales que se han creado ha habido recursos pero hasta ahora nunca han prosperado.
– Las bodegas se quejan también de falta de información.
– Es cierto que hay 7.000 operadores en España y no se puede llegar a todos. Estuvimos en Aragón y queremos a ir a más zonas para presentarnos, entre ellas Rioja.
– ¿Cuáles son los fines de la Interprofesional?
– Nuestra principal labor es la promoción del consumo de vino en España. Tenemos unas cifras muy bajas, la mitad que en Francia o un tercio por debajo que en Italia. Estamos elaborando un plan estratégico y esperamos comenzar acciones para el verano. La Interprofesional es necesaria para todo el sector y, cuando se trata de una rama económica tan importante como el vino, entiendo que es positivo la unión y la participación de todos en un objetivo común: mejorar el consumo responsable de vino. Creo que dicho objetivo lo compartimos todos.

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Descubre bodegas Zugober: cata el 28 de marzo
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Alberto Gil | 15-03-2017 | 09:41| 0
Manuel Gómez, bodegas Zugober

Manuel Gómez, en la viña con la poda

La cita con Bodegas Zugober y los vinos Belezos, el próximo 28 de marzo a las 20.30 horas en el hotel Gran Vía, con 50 plazas para los primeros inscritos (seis euros por persona). Pincha aquí para apuntarte.

El vino, cuando ‘engancha’ de verdad, lo hace realmente por las historias que encierran las botellas. Cada pequeña familia bodeguera tiene la suya, compromisos vitales como el de la familia Gómez/Bernardo, un proyecto que comenzó con una historia de amor, de dos jóvenes estudiantes de enología: Eduardo, de Sevilla, y Maribel, de Lapuebla de Labarca, que tras coincidir y acabar en Madrid los estudios decidieron levantar en la localidad alavesa Bodegas Zugober reuniendo los pocos viñedos heredados por Maribel. Los cuatro apellidos de aquella sociedad original y que da nombre a Zugober se quedaron en dos cuando Eduardo y Maribel (Gómez y Bernardo) compraron las participaciones al resto de familiares y lanzaron la marca Belezos –utensilios empleados para la viticultura– en 1987, aunque en la actualidad mantienen el acrónimo original.

Zugober exporta hoy el 55% de su producción, con un exhaustivo trabajo en la viña y en la bodega para elaborar una completa gama de vinos que, Manuel Gómez Bernardo, uno de los dos hijos del matrimonio, presenta el 28 de marzo en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com: «Mi hermano es ‘chef’ profesional y yo llevo ya varios años trabajando en la bodega, ahora más implicado en la comercialización pero también apoyando en las labores de campo porque en este tipo de proyectos familiares todo el mundo sirve realmente para todo», explica Manuel.

El joven bodeguero propondrá una cata que recorrerá los diferentes estilos de elaboración de la pequeña bodega de Lapuebla (unas 200.000 botellas anuales), con uvas de las 20 hectáreas que han logrado reunir en propiedad y con las de otras 15 hectáreas de fieles proveedores de la comarca que han confiado en su proyecto: «Comenzaremos con Belezos 50/50 2016, un vino joven al que tenemos mucho cariño y que hace referencia tanto a su modo de elaboración (50% de uvas enteras y 50% despalilladas) como al ‘reto’ que lanzamos los jóvenes a los que queremos llegar», explica Manuel Gómez. «La propuesta es que el 50% lo ‘ponemos’ nosotros, con la elaboración del vino, y la otra mitad el consumidor al disfrutar en buena compañía de un tempranillo joven afrutado, fresco…, de lo que nosotros llamamos la ‘fórmula de la felicidad’».

El 50/50, elaborado con uvas de los viñedos más jóvenes y cercanos al río, responde al concepto de vino de pueblo, de Lapuebla en este caso, y dará paso a continuación al Belezos Blanco Fermentado en Barrica 2013: «Son viuras de un único viñedo de Elciego, a 400 metros, que fermentamos 9 meses en roble americano y afinamos durante un par de años en botella». «Somos pequeños –continúa el bodeguero–, pero nos gusta sacar los vinos cuando están ya aptos para el consumo, como este blanco y como hacemos también con el resto de vinos criados de la casa».

Gama clásica y de finca
Manuel Gómez presentará a continuación uno de los vinos de la gama ‘clásica’ de la bodega, a la que Zugober no renuncia pese a la apuesta paralela por los vinos de finca: «El crianza, con 120.000 botellas, es el que nos permite realmente hacer otras cosas pero es que además hacemos ‘Rioja’ por lo que la gama de vinos más tradicional, aunque también entendida a nuestro modo con presencia de la viña y de la fruta, es fundamental para nosotros». El bodeguero presentará el Belezos Reserva 2011, un vino ‘clásico’ de larga crianza en barrica y botella de tempranillo con aportes de mazuelo y graciano.

Como parte de la otra cara de la ‘misma moneda’, Belezos Finca Zarzamochuelo 2012 es una producción de una finca del mismo nombre de Laguardia a 515 metros de altitud: «Son cepas de más de 35 años, de tempranillo con un 10% de graciano, que lanzamos con esas misma cosecha y con el que tuvimos una muy buena receptividad, hasta el punto de que ‘tiraremos’ para la cata de unas pocas magnum que nos quedan», detalla Manuel Gómez.

Como broche final, Finca Sierra Carbón 2012 es también la primera añada de un pequeño viñedo de la zona alta de Lapuebla –donde antaño se instalaban las carboneras– con cepas de 62 años, de donde Belezos elabora apenas 1.000 botellas: «Es la expresión de un terruño, con notas minerales del suelo arcillo-calcáreo para un tempranillo 100% que criamos 22 meses en bocoyes de roble francés de 600 litros y en el que vamos a ver madurez y ‘equilibrio alto’, tanto en grado como acidez, pero pensando siempre en vinos para beber y para disfrutar más que para sorprender en cata». «Nos gustar hacer las cosas bien –continúa el bodeguero–, para el largo plazo, porque tenemos claro que en este negocio hay que ser prudentes».

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Vendimiando en febrero
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Alberto Gil | 07-02-2017 | 17:01| 0

No solo en el hemisferio Sur se ‘vendimia’ en febrero. Miguel Martínez (Ojuel Wines, Sojuela) termina estos días de elaborar la cosecha de ‘supurao’, un vino dulce tradicional riojano que, de no ser por la cabezonería de este joven viticultor, hubiera fenecido como tantas otras cosas pasto del progreso: «Lo que te enseñan académicamente es agricultura moderna, concentraciones parcelarias, métodos casi intensivos, pero mi entorno, Sojuela, es muy distinto, con minifundios trabajados a mano…». «Preferí ‘perder’ el tiempo y escuchar a los abuelos, a quienes conocían los viñedos para hacer algo diferente, mis vinos, ni los mejores ni los peores, pero míos».

Así es Miguel Martínez, quien ha documentado por escrito la tradición y la elaboración del supurao y quien, casi boca a boca, ha logrado situar esta producción artesanal entre los mejores vinos dulces del país. En la actualidad, es la única bodega que elabora este vino amparado por la DOC Rioja. Es habitual ver a Miguel Martínez con unas botellas bajo el brazo en diferentes ferias, en modestos expositores ‘apartados’ para los ‘frikis’ de la viticultura ecológica –cada vez más [gente] y menos [‘frikis’] afortunadamente– y poco a poco ha ido dándolo a conocer entre sumilleres, restauradores y críticos.

Familia y amigos, con el supurao en imágenes de mi compañero Miguel Herreros

La 2016 será la sexta añada de este vino, con el que Miguel Martínez sigue improvisando: «La tradición dice que los padres elaboraban un ‘supurao’ cuando nacía una hija o un hijo y lo bebían el día de su boda». «Es decir –continúa–, son vinos de larga guarda, pero no hemos hecho más que empezar». «Con este vino trabajo por intuición, prueba, ensayo y error».

La nueva cosecha
Miguel Martínez vendimió las uvas del 2016 en el puente del Pilar –cultiva diez hectáreas en Sojuela que ha clasificado en 34 parcelas y elabora también vinos ‘convencionales’ ecológicos–. Las colgaderas han sostenido durante tres meses unos 6.000 kilos de uva, de los que obtendrá apenas unos 1.100 ó 1.200 litros de vino (con un rendimiento de poco más del 20%): «Son uvas amparadas por Rioja, no excedentes, sino cultivadas y vendimiadas para elaborar este vino», aclara el viticultor.

Los racimos seleccionados se cuelgan manualmente en un altillo fresco y ventilado apropiado para el ‘curado’ de las uvas (o de chorizos). Así se hacía antaño y quizás muchos lectores tengan recuerdos de este tipo: la cosecha procuraba las pasas para Nochevieja y los abuelos elaboraban el vino dulce desecado 100% natural pasado Reyes con el resto de uvas.

El pasado fin de semana Miguel, familia y amigos fueron bajando, en cunachos a mano, la producción a la pequeña prensa: «Obtenemos el mosto y luego fermentamos lentamente en acero inoxidable, unas tres semanas, hasta que ésta se para espontáneamente sobre los 12 grados».

Miguel ya tiene experiencia y sabe que, cuando hay tradición de por medio, es importante seguir el refranero: «Vendimia el supurao por El Pilar y prénsalo por San Antón», dice la sabiduría popular. «Un año –explica el viticultor– lo dejamos hasta marzo y se nos fue hasta los 27 grados…». El método de desecado en las colgaderas, como también saben los abuelos del lugar, es el idóneo para Rioja: «Nuestra climatología no es la más apta para los vendimias tardías o los vinos de hielo; tampoco para los asolados del Levante o el Sur», explica Miguel Martínez. «El supurao –continúa– se hace a ‘fuego lento’ durante estos tres meses con el frío y la aireación».

 

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Basilio Izquierdo: “Que reconozcan tu labor en Burdeos es un subidón”
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Alberto Gil | 30-01-2017 | 10:49| 0

La Escuela de Enología de Burdeos incluye al enólogo riojano entre los 50 profesionales más destacados de sus 50 años de trayectoria formativa

Basilio Izquierdo, en una imagen de mi compañera Sonia Tercero

El término ‘chauvinismo’ es una adaptación del apellido del patriota francés Nicolas Chauvin, un soldado de Napoleón que se alistó a los 18 años y resultó herido 17 veces. Chauvin pasó a la historia y el chauvinismo (chovinismo) se ha convertido en un rasgo identitario del carácter francés.
Así las cosas, aunque no es fácil ser profeta en tu tierra, es todavía más difícil serlo si eres enólogo en el país de la cultura, de la historia y del negocio del vino, algo que, sin embargo, ha conseguido el bodeguero Basilio Izquierdo, quien aparece como representante de la promoción de 1971 en el libro que la Escuela de Enología de Burdeos ha publicado por su 50 aniversario: «La verdad es no cabía en mí cuando me lo dijeron», confiesa este enólogo riojano –si aplicamos el conocido dicho de que ‘la vaca es de donde pace…’ porque en realidad nació en Socuéllamos, Ciudad Real–. «La escuela francesa para mí lo es todo; siempre he mirado a Francia como el gran modelo, con grandes maestros como Emile Peynaud, Jean Ribereau-Gayon, Pascal Ribereau-Gayon, Yves Glories, Michel Feuillat…; que reconozcan tu labor en la enología en Burdeos es todo un ‘subidón’». Basilio Izquierdo, histórico enólogo de Bodegas CVNE (desde 1974 al 2006), acudió a la cena de gala del 50 aniversario acompañado de su hija María en el Palacio de la Bolsa de Burdeos. En el libro figura como el padre del empleo de la gravedad en la elaboración del vino al poner en marcha en la bodega de Haro un sistema pionero para la recepción seleccionada de uva, los famosos OVIs, que luego se han extendido por todo el mundo.

– ¿Cómo fue eso de los OVIs?
– Fueron 15 años de estudio con don Luis Vallejo, un bodeguero hasta la médula, no un financiero como ahora ocurre a menudo. El proyecto trabajaba la recepción de la uva con el mayor mimo para que permitiese una mejor selección de las viñas de procedencia. Para ello hicimos pruebas durante cinco vendimias con puentes grúa. Vistos los buenos resultados, CVNE invirtió 1.000 millones de pesetas, de los de entonces cuando no había ayudas de I+D, en una nueva bodega de elaboración de inoxidable con el puente grúa, que inauguramos en 1990. El OVI consistía en elevar y mover por encima de los depósitos un recipiente de 6.000 litros que nos permitía seleccionar la mejor partida: metíamos las uvas en el OVI y, con el puente grúa, las transportábamos a un depósito exclusivo para selecciones. Entonces la uva sólo venía en comportas o en remolques, que formaban una gran cola, por lo que todo iba casi junto a la tolva. No era fácil seleccionar. Hasta entonces hacíamos una selección por calidades de una docena de vinos. Con el OVI separamos más de 35 calidades distintas.

– ¿Por qué lo llamaron OVI?
– Al principio era OVNI, objeto volante no identificado, porque iba ‘volando’, suspendido con el puente grúa, pero acabamos llamándolo OVI, porque en unos días lo teníamos ‘identificado’: es uva de tal sitio… (risas).

– Así que el asunto funcionó…
– Ya lo creo, el modelo lo adoptaron muchas bodegas, incluso vinieron de la cooperativa de Saint Emilion porque Yves Glories les había informado del puente grúa. Lo copiaron y lo pusieron en marcha… Luego, los americanos fueron a Saint Emilion y supongo que se extendió como si fuera una innovación francesa.

– La relación con Francia, con el barrio de la Estación especialmente, era fluida…
– Mucho. Nosotros íbamos allí a aprender, pero ellos también venían aquí. Recuerdo una visita de Jean Claude Berrouet (Petrus) y Patrick Leon (Mouton Rothschild) con sus mujeres: alucinaban al ver cómo nos las apañábamos para trasegar los vinos con las velas cuando teníamos las barricas apiladas a cinco alturas. De los intercambios guardo botellas de Petrus 83, Ausone, Lafite, Mouton Rothschild y un magnum Chateau Latour de 1964 que me regaló en 1975 Mandraud, su enólogo… Un día de estos, no sé si como Paul Giamatti en ‘Entre copas’ con un perrito caliente, la abro (risas).

– Y luego vino la selección en mesa.
– Sí, recuerdo charlar en noviembre de 1992 con Fourton de la cosecha y me repetía: «¡Ah!, mon vieux triage, triage… («¡Ah!, amigo mío, selección, selección…»). Las mesas llegaron de Francia pero en Rioja muchas buenas bodegas en los noventa empezaron a usarla. La selección es fundamental y la mesa, con la vendimia en cajas, es una de las grandes claves para elaborar vinos de calidad.

«Rioja debería volver a dignificar sus vinos de reserva y gran reserva»

El enólogo celebra una diferenciación de viñedos singulares, pero cree que es preciso también rebajar rendimientos y recuperar los vinos históricos

Basilio Izquierdo dejó CVNE en el año 2006, con 59 años, 32 vendimias a sus espaldas y en su haber algunas de las mejores añadas y botellas de la casa centenaria. Podría haber comprado una casita en la playa pero optó por emprender con una nueva bodega en Laguardia para elaborar un blanco y un tinto, B de Basilio, a su gusto, a su imagen y semejanza, además de pequeñas experimentaciones.

 

– Creo que va a celebrar aniversario en breve.

– Así es. Cumplo diez años con la bodega el 4 de julio y cumpliré también 50 vendimias. La primera fue en 1968 en el Midi, luego Rueda, La Mancha, y desde 1974 en Rioja.

– ¿Cómo ve la diferenciación de vinos en Rioja?
– Creo que es es necesaria. Es preciso un ajuste porque aquellos vinos que cuanto más roble y tiempo en madera tenían se suponía que eran mejores, ya no ‘cuelan’. Hoy ya no tiene sentido seguir por ese camino. Me parece bien una diferenciación de viñedos que no hemos hecho nunca, pero también es necesaria la dignificación de reservas y grandes reservas.

– ¿Cómo se hace esto último?
– Históricamente, en CVNE las uvas para reserva y gran reserva eran las últimas en vendimiar. Queríamos tener las uvas macerando en los depósitos durante muchos días porque eran los vinos especiales. Desde hace algún tiempo, para hacer un reserva sirve un viñedo de 3.000 kilos u otro de 12.000 kilos. No es lógico…, no puede ser. De la misma forma que veo bien que se diferencien viñedos, siempre que haya control y seriedad detrás, también creo que Rioja debería volver a recuperar el auténtico concepto del reserva y del gran reserva. Eso se hace limitando las producciones a 4.000 o 5.000 kilos por hectárea. Luego podemos trabajar con rendimientos más amplios en los vinos jóvenes, incluso en crianzas, pero deberíamos también tratar de dignificar nuestra propia historia con los reservas y grandes reservas.

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De los ‘vinagrillos’ a los vinazos
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Alberto Gil | 24-01-2017 | 16:16| 0

El Alto Najerilla conserva el mayor porcentaje de viñedos anteriores a la Guerra, en algún caso por encima incluso de históricos municipios de Rioja Alavesa

El cambio climático abre la puerta a descubrir nuevas ‘Riojas’ consideradas históricamente de segunda por las dificultades madurativas

¿Está todo descubierto en Rioja? Ni mucho menos. La ‘industrialización’ vitícola que comenzó en los pasados años 70 ha pasado como un rodillo por los viejos viñedos de todo el mundo. En casa, las concentraciones parcelarias, las ayudas europeas a la reconversión de viñedos y, sobre todo, la peculiaridad riojana del pago uniforme para todo tipo de uvas han hecho que el viticultor optase por arrancar los viñedos más difíciles y de menor producción por nuevas plantaciones mecanizadas y más productivas.

La estadística refleja que quedan 1.442 hectáreas en el conjunto de Rioja con más de 80 años, el 2,27% del total de superficie, y curiosamente hay dos municipios del Alto Najerilla, Cárdenas y Badarán, entre los que más viñas anteriores a la Guerra Civil conservan, en porcentajes incluso superiores a municipios históricos de Rioja Alavesa con una tradición vitícola a priori mayor y sobre todo con un mayor reconocimiento: «Cotejar las cifras fue una sorpresa porque hablamos de una zona histórica, con una fuerte vinculación incluso medieval del viñedo a los monasterios, pero también de una comarca que hasta ya entrados los años 80 sufría auténticos problemas de maduración de las uvas por el frío», explica Fernando Martínez de Toda, catedrático de Viticultura de la Universidad de La Rioja (UR).

Martínez de Toda, de vendimia en Badarán

Martínez de Toda, viticultor además de Badarán, explica que «la década de los 70 es la más fría del siglo XX y los vinos del alto Najerilla los definían las bodegas de Cenicero como ‘vinagrillos’ a los que prestaban poca atención y de los que únicamente apreciaban su acidez». El profesor considera en la actualidad el Alto Najerilla es «una de las zonas más interesantes y por descubrir de Rioja, ya que, además del viñedo viejo, tiene la identidad varietal de la garnacha, protagonista en todas esas pequeñas parcelas antiguas, gran diversidad de suelos y orientaciones y, sobre todo, el cambio climático que permite alcanzar maduraciones antes inimaginables y dar vinos con mucha personalidad y diferentes».

No es la única. En la zona más occidental de Rioja, al abrigo de los Obarenes, están surgiendo nuevas bodegas y vinos con cada vez mayor reconocimiento y prestigio. También era la garnacha, y los claretes, protagonista en gran medida de la zona, aunque combinada con los tempranillos de zonas frías como Villalba, Sajazarra, Cuzcurrita… Hoy es claramente otra de las zonas emergentes de Rioja, como sucede también en La Rioja Baja en los viñedos más pegados a la sierra (La Hez, Yerga…): «El cambio climático está cambiado las cosas; de la misma forma que en Rioja Alavesa los mejores viñedos están ahora en las faldas de la sierra, cuando hace unas décadas tenían también muchos problemas de maduración», explica Martínez de Toda. «El cultivo –continúa– se desplaza hacia arriba en busca de la frescura y abre un gran abanico de posibilidades».

Viñedos singulares
El profesor recibió recientemente el encargo del Consejo Regulador para definir objetiva y técnicamente un ‘viñedo singular’: «Hice un trabajo pensando en la transversalidad, en la posibilidad de que sean reconocidas las parcelas de viticultores como ‘viñedos singulares’: por edad, que debería ser de mínimo de 40 años para eludir la selección clonal productiva, por conducción, por suelos, por prácticas culturales, variedades….». «No sé lo que saldrá de la ‘cocina’ –continúa–, pero el viticultor debería defender esta diferenciación de viñedos porque puede ser una gran oportunidad para diferenciar el pago por las uvas y también para conservar los viñedos viejos».

En este sentido, el catedrático de viticultura encuentra también oportunidades en el desarrollo de los vinos municipales: «Está claro que en todos los pueblos hay viñedos buenos y menos buenos, y por eso la importancia de catalogar los auténticos viñedos singulares propiedad de los viticultores, pero recuperar la identidad de las comarcas, de los vinos locales también es positivo para los productores». «Los viejos viñedos, que además de producir vinos de calidad son patrimonio y cultura, están amenazados con un modelo que no distingue las calidades de uva».
Martínez de Toda recuerda que «hubo en el 2015 ayudas de la Consejería para la conservación de viñedos de más de 50 años, pero se agotaron para el 2016, mientras las subvenciones a la reestructuración no tienen problemas presupuestario». «Necesitamos ser conscientes de lo que aún nos queda –continúa– y eso se hace elaborando esas uvas de viñas viejas por separado para vinos de calidad; por eso el viticultor debe ser consciente de que todo esto de la diferenciación le afecta y mucho, que no es sólo una cuestión de las bodegas y de poner en el mercado vinos singulares; la singularidad está en los viñedos».

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La nueva clasificación de bodegas Rioja de Atkin (2017)
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Alberto Gil | 21-01-2017 | 10:58| 1

Bodegas Artuke y Marqués de Murrieta, entre los destacados del año para Tim Atkin

El prescriptor británico publica la segunda edición de su personal clasificación ‘bordelesa’ de las bodegas de Rioja

 

El prescriptor británico de vinos y master of wine Tim Atkin cumplió su palabra: «Vuelvo enseguida», anunció con su primer y controvertido informe de Rioja del año 2016 en el que por primera vez un crítico se atrevió a realizar una clasificación de bodegas –subjetiva y cuestionable por supuesto– en pleno debate sobre la pretendida diferenciación de vinos de Rioja. Y Atkin regresó el pasado jueves con la publicación del segundo monográfico, ‘Rioja 2017 Special Report’ –pincha aquí para el informe completo con puntuaciones de los 850 vinos catados (de pago)-, y con una nueva clasificación, con alguna sorpresa, pero en la que mantiene su idea de premiar a pequeñas y comprometidas bodegas con el cultivo de sus propios viñedos, junto con algunos de los ‘grandes’ nombres que tradicionalmente encabezan las clasificaciones de la crítica.

En este sentido, Atkin clasifica las bodegas riojanas en cinco categorías, equivalentes a los grand cru bordeleses (en grupos de quince). En la cúspide, destaca la incorporación de Bodegas y Viñedos Artuke, con la mención además como elaborador revelación del año para Arturo de Miguel, junto con una mezcla de casas históricas y los elaboradores más prestigiosos de los últimos 20 años.

Además de Artuke, el otro gran triunfador del año para Atkin es Marqués de Murrieta, que repite en el primer escalón, pero además su directora técnica, María Vargas, recibe el título de ‘Elaboradora del año’ y el vino Castillo de Ygay Gran Reserva 1986 (el de los 100 puntos Parker y 500 euros) se hace con el título de ‘blanco del año’. Contino, Marqués de Riscal y Roda suben a la primera categoría de Rioja para Atkin respecto al 2016.

En el segundo escalón, destacan los ‘ascensos’ de Finca Valpiedra, Vivanco, Peña el Gato (Juan Carlos Sancha), Leizaola, Vega Sicilia, Castillo de Cuzcurrita o Miguel Merino. El premio al vino tinto del año es para Las Beatas 2014 de Telmo Rodríguez, el tinto descubrimiento para El Sacramento 2014, de Bodegas Leizaola y el descubrimiento blanco para Reserva 2009 de Remírez de Ganuza.

En su artículo, Atkin sigue reclamando al Consejo Regulador «valentía» para dar el paso de diferenciar y clasificar los viñedos de Rioja e insiste en que «Rioja parece ser feliz siendo una región ‘seis de diez’», pero el crítico está convencido de que si hace las cosas bien podría estar en la élite mundial: «El futuro no radica en la uniformidad, sino en la diversidad».
Viña El Pisón 2014 (Artadi), Las Beatas 2014 (Telmo Rodríguez), Aurus (Finca Allende) y el 890 de La Rioja Alta, SA 2005 encabezan la lista de tintos con 98 puntos. En blancos se impone, también con 98 el Castillo de Ygay de 1986, aunque el crítico dedica un apartado especial en su artículo al nuevo panorama de blancos de Rioja, que califica de «emocionante», con la viura y las nuevas uvas autóctonas como protagonistas. Por último, Ramón Bilbao, con su Lalomba 2015 de garnacha destaca como mejor rosado con 93 puntos y el Vivanco Dulce de Invierno, con 91, en la categoría de dulces.

Las bodegas familiares, reforzadas
La Asociación de Bodegas Familiares de Rioja emitió ayer un comunicado en el que afirma que el segundo monográfico de Rioja de Tim Atkin «respalda la calidad de los vinos, el compromiso y la filosofía de trabajo de las bodegas familiares». La agrupación bodeguera explica que «el prescriptor británico sitúa las colecciones de garnachas de viñedos centenarios de Peña El Gato (Bodegas Juan Carlos Sancha) en el segundo grupo de su pirámide, mientras que Finca La Emperatriz escala hasta el tercero de la clasificación y el hotel Finca de los Arandinos (Entrena) y Bodegas Tobía (Cuzcurrita) se sitúan en el cuarto. Asimismo, la asociación dice que «el reportaje pone de manifiesto el buen hacer del modelo familiar, hasta el punto de que el 90% de las referencias destacadas son de familias que cultivan sus propios viñedos».

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Nueve catas, nueve vinos (2016)
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Alberto Gil | 30-12-2016 | 10:21| 0

Nueve bodegas han vuelto a pasar por la sala de catas del Hotel Gran Vía para explicar sus proyectos en esta nueva temporada recién concluida del club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Son ya diez años cumpliendo los objetivos iniciales: acercar la cultura del vino, poner cara a los bodegueros que se lo curran día a día -es curioso que cuando empezamos ninguno de los grandes nombres había hecho una cata abierta el público en Rioja- y, sobre todo, mostrar la diversidad de la denominación de origen, para quien escribe, el gran diamante en bruto todavía por pulir y por explotar de Rioja. Ésta es una recomendación de nueve vinos que son una selección de las propuestas de las bodegas que en este 2016 han pasado por nuestro club de catas:

1 Exopto 2012 (32 euros):

Comenzamos el año haciendo ‘ruido’ con Tom Puyaubert (Bodegas Exopto), en pleno momento de efervescencia de los ‘Rioja and Roll’. Tom presentó la añada 2012 de Exopto, un vino del ‘copón y con dos cojones’ –así podrá leerlo en la sopa de letras de la etiqueta, en referencia al reto que supuso su apuesta por el graciano en el año 2005–. Esta uva (60%), de viñas viejas de Ábalos, es la protagonista de este vino singular y muy trabajado por el autor.

2 Ojuel Supurao (15 euros):

Presentar la ilusión de Miguel Martínez (Ojuel Wines) ha sido para el que escribe una de las satisfacciones del año. Viticultura ecológica, compromiso personal con el medio ambiente y con la tradición de la comarca (Sojuela), sin apenas medios para elaborar, distinguen a este chaval. Si hay un vino que recomendar de Miguel es el Ojuel Supurao, una tradición histórica perdida y rescatada por empeño personal. Ahora bien, el viticultor elabora también otros vinos, como el Tinto Fuente de León 2014, que procede de plantaciones jóvenes de maturana tinta y viejas parcelas de mazuelo. Como curiosidad, se despalilló grano a grano por un sencillo motivo: se le fastidió en la vendimia la despalilladora y tuvo que llamar a la cuadrilla de amigos para hacerlo a mano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3 Inspiración Edición Limitada 2011 (26 euros):

Encajando clasicismo y modernidad, Valdemar presentó vinos de ensamblaje con una colección de parcelarios (Inspiración), que dará lugar a varios vinos singulares en un futuro cercano. Por no repetir graciano (muy bueno el Seis Alhajas), nos quedamos con Inspiración Edición Limitada 2011 (con variedades tempranillo, maturana y graciano).

4 La Condenada 2014 (35 euros):

Vinos de pueblo, Baños de Ebro y Ábalos, y vinos de parcela con uno de los grandes proyectos de Rioja de la actualidad:Bodegas y Viñedos Artuke, la Sonsierra en su máxima expresión. Arturo De Miguel presentó una colección de grandes vinos, desde el ‘básico’ maceración carbónica a La Condenada 2014, un vinazo de una parcela de viejos viñedos de Baños que estaba ‘condenada’ al arranque por su bajo rendimiento.

5 El Relevo 2011 (11 euros):

Cambio de Sierra, de la de Cantabria a La Demanda, en busca de la tipicidad de Cordovín. Los hermanos y primos Benés presentaron Bodegas y Viñedos Valcuerna, con un clarete típico sensacional de la comarca (el ‘Valcuernazo’) y un tinto, Relevo 2011, con tempranillo de un suelo atípico de la zona y la frescura de una de las zonas más frías de Rioja.

6 Inédito S 2011 (13 euros):

El primer semestre concluyó con la primera incursión en La Rioja Baja, con Luis Arnedo (Bodegas Lacus). Un viticultor concienzudo, un ‘currante’ en la viña, con diversos materiales en la bodegas y un soplo de aire fresco en Rioja. El Inédito S, graciano (60%) y garnacha (40%), es pura tipicidad histórica de la comarca. Y, como destacamos pocos blancos, una recomendación también para su espectacular Inédito Garnacha Blanca (17 euros).

7 Don Quintín Ortega Tinto Especial 2010 (15,2 euros):

El segundo semestre se reanudó con otra de las grandes e históricas localidades de Rioja Baja como protagonista: Tudelilla. David Bastida defendió la identidad de la comarca con los vinos de Bodegas Ortega Ezquerro, con las viejas garnachas, combinadas con tempranillos más jóvenes como protagonistas. Una gran sorpresa, con un gran maceración carbónica y un estupendo Don Quintín Ortega (tempranillo y garnacha), potente y elegante.

8 La Taconera 2014 (18,5 euros):

De extremo a extremo, en este caso norte, con los vinos de pueblo y parcela de Javier Sampedro Ortega de Laguardia (Rioja Alavesa). Sampedro es un joven viticultor ‘puro nervio’ como la mayoría de sus vinos. La Taconera procede de un viñedo casi centenario de apenas media hectárea muy trabajado en campo y bodega. Un vinazo, con la frescura y viveza que caracteriza todo lo que hace este viticultor.

9 Urbina Gran Reserva 1994 (21 euros):

Bodegas Urbina cerró la temporada, con un proyecto extremo a la sombra de los Obarenes, en Cuzcurrita. Vinos con tipicidad y la personalidad de una bodega clásica que sigue sacando los vinos al mercado tras muchos años en bodega. Pedro Benito presentó la gama actual y tradicional, con dos grandes clásicos: el Urbina Reserva Especial 2001 y el Urbina Gran Reserva 1994, atípicos hoy en día por cuanto son las añadas actuales en venta. Vinazos que, para después del café y la tertulia navideña, son sensacionales. Para viajar en el tiempo.

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Viaje en el tiempo con Bodegas Urbina
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Alberto Gil | 15-12-2016 | 16:40| 0

Pedro Benito enfrenta la elaboración más clásica con la moderna en una cata con discurso y la personalidad del viñedo de una de las zonas más frías de Rioja

«Los vinos de Rioja por naturaleza son finos, con una maduración lenta que, en la zona noroccidental es más patente; ésa es la regla principal que seguimos en Urbina». Así definió Pedro Benito la filosofía de una bodega que mantiene una personalidad y una identidad propia y que, a la contra de los sucedido en las últimas dos décadas en el sector, sigue sacando sus vinos al mercado después de muchos años de estancia en bodega.

Pedro Benito cerró el miércoles por la noche la temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja, que ha permitido a los aficionados viajar por distintas comarcas con pequeños proyectos que recuperan la identidad de los vinos de pueblo, de finca y parcela y que, con el broche propuesto por Bodegas Urbina, permitió también a los asistentes viajar también a través del tiempo.

En este sentido, el bodeguero de Cuzcurrita enfrentó la elaboración clásica de la marca Urbina en una cata de vinos por parejas frente a la nueva gama Salva [que hace referencia al bisabuelo de la saga de viticultores}, en la que la fruta primaria y la intensidad son las notas dominantes: «Prácticamente, estamos hablando de los mismos vinos, que salen ahora al mercado como Salva pero que volverán a lanzarse como Urbina dentro de unos cuantos años después de un largo tiempo de estancia en botella y en depósitos», avanzó Benito. «Es como cuando vas a un restaurante y pides el solomillo: la mejor materia prima, poco, al punto o muy hecha».

Pedro Benito, en la cata en una imagen de Díaz Uriel

Bodegas Urbina elabora únicamente uvas de sus 60 hectáreas de viñedo, unas 200.000 botellas anuales y en un 95% del entorno de Cuzcurrita. Vinos de pueblo, de una de las zonas más frías de Rioja y con una personalidad clara que responde también al carácter del propio autor: vinos pausados, tranquilos para tomar relajados, como las propias explicaciones de uno de los mejores comunicadores con que cuenta actualmente el vino de Rioja.

La cata
Urbina Crianza 2009 y Salva Crianza 2011 fueron la primera pareja de cata. Prácticamente el mismo vino, con un poco más de roble francés aunque también mayoritariamente americano para el segundo, pero con diferentes tiempos de ‘cocción’: «Ambos estuvieron un año en barrica, pero el Salva sólo un año en botella mientras que el Urbina ha estado tres». En ambos casos, los vinos, como toda la gama, pasan largas temporadas en depósito de acero inoxidable: «No hemos inventado nada, pero, de la misma forma que un vino en mágnum envejece mejor que en una botella convencional porque evoluciona menos, cuanto mayor es el depósito que contiene el vino mejor se conserva», explicó Pedro Benito. «Es lo que hace Vega Sicilia, con su Único, que pasa diez años en una tina grande antes de ser embotellado, y a nosotros nos permite estabilizar los vinos y eliminar los sedimentos sin clarificados ni filtrados, siguiendo la filosofía Urbina de intervenir lo menos posible en campo y en bodega». Sobre los gustos, pues eso, como el solomillo: hay quien optó por el carácter más joven y frutal y quienes, incluido el cronista, se inclinaron por la finura del Urbina 2009.

La siguiente pareja ahonda en las diferencias: Salva Reserva 2010 y Urbina Reserva Especial 1997. «Estamos para ofrecer felicidad y tenemos por un lado un vino fresco, en su primera etapa de vida y un vino mucho más delicado, con ese bouquet que ha caracterizado los históricos de Rioja hasta finales de los años 70 del siglo pasado». De nuevo en el auditorio, división de opiniones: «El Salva será dentro de 13 años el Urbina Reserva Especial 2010, pero de momento, el que quiera ya lo puede disfrutar en su juventud». La acidez natural de la comarca sujeta a la perfección ambos vinos que, evidentemente, muestran perfiles casi opuestos, pero con elegancia y finura, primaria en el primer caso y terciaria en el segundo.

Urbina Reserva Especial 2001 es un exponente de la magia de aquella cosecha. Redondo, equlibrado, elegante, muy rico aromáticamente y delicado y Urbina Gran Reserva 1994 es una nueva vuelta de tuerca hacia esos grandes vinos que explica por qué Rioja es una de las grandes regiones vitícolas del mundo [el mejor de la cata para el que escribe]: «En España se hacen grandes vinos en muchas zonas, pero sólo Rioja ha sido capaz de garantizar un buen envejecimiento, como sucede en Borgoña, Burdeos o Barolo, y por eso son las regiones históricas porque antes, sin carreteras ni transporte, únicamente los vinos que se podían guardar servían para comerciar».

Y, finalmente, los precios: entre 8 y 9 euros para los crianzas, 17 para los reservas y 21 para el gran reserva que, después de 22 de guarda en la bodega, apenas supone un euro al año por el ‘garaje’: «Evidentemente, si no tienes una historia y los vinos en bodega para este tipo de elaboraciones, sería imposible plantear un negocio así con una nueva empresa», concluye Pedro Benito.

Salva Crianza 2011 8€
Urbina Crianza 2009 9€
Salva Reserva 2010 16 €
Urbina Rva. Especial 1997 17 €
Urbina Rva. Especial 2001 17 €
Urbina Gran Reserva 1994 21 €

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“Los pequeños somos tan importantes o más que los grandes para Rioja”
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Alberto Gil | 12-12-2016 | 11:04| 0

El nuevo presidente de Bodegas Familiares de Rioja advierte del estancamiento del modelo del ‘Rioja único’ y recuerda que «los grandes vinos del mundo son de pequeñas bodegas»

Eduardo Hernáiz en Finca La Emperatriz

Eduardo Hernáiz (Bodegas Finca la Emperatriz) reclama un espacio diferencial para la pequeña bodega, para ‘las familias de Rioja’, a las que considera las «auténticas propietarias, junto con generaciones de viticultores, de una ‘marca colectiva’ que gracias al trabajo y la dedicación de estas pequeñas y medianas empresas es hoy conocida en el mundo». Hernáiz, que acaba de asumir la presidencia de la Asociación de Bodegas Familiares de Rioja, lo hace con un discurso reivindicativo que quiere hacer llegar también a las instituciones: «Lo único que pedimos es que entiendan que los ‘pequeños’ somos tan importantes para la marca Rioja como lo son los ‘grandes’».

–Bodegas Familiares de Rioja es abiertamente partidaria de la diferenciación geográfica de vinos de Rioja. ¿Por qué?
–Hace muchos años que venimos reclamando un nivel de calidad superior para vinos procedentes de viñedos diferentes, con diferentes costes de producción y con una calidad contrastada. Esto sucede en todo el mundo. Rioja mantiene hoy un potencial comercial muy fuerte, pero hasta determinado nivel de precios. El modelo de ‘Rioja único’, con la única distinción de vinos en función del tiempo de estancia en barrica, ha tocado techo. El vino ‘moderno’, de hace 150 o 200 años, lo inventaron los franceses y desde el primer momento distinguieron zonas geográficas y la calidad de sus viñedos, hasta el detalle incluso de las parcelas. Es la asignatura pendiente en Rioja, y en España.

–¿Cómo están las negociaciones en ese sentido en el Consejo Regulador?
–Se lleva prácticamente un año trabajando y hay un consenso bastante amplio sobre crear una nueva categoría de viñedos singulares, que implicará mayores costes para el elaborador, menores rendimientos de producción, una edad mínima del viñedo y, en definitiva, una diferenciación necesaria para empezar a valorar nuestros mejores viñedos. Pero no la hay, por ejemplo, de momento en cuanto a los vinos de pueblo.

–¿Por qué?
–Es algo que no entiendo. Personalmente, sería incluso partidario de limitar también las condiciones de cultivo sobre la marca genérica para poder elaborar vinos municipales, pero lo que se plantea es simplemente poder indicar en la etiqueta la procedencia de tu vino siempre que sea verdad. El viticultor, y hablo mucho con ellos, entiende perfectamente esta idea, ya que hasta no hace muchos años le gustaba tomar el vino de su pueblo. Cuando vas fuera a vender vino la gente quiere conocer la procedencia y creo que todo el mundo está orgulloso de su viñedo y de su pueblo. Todos queremos hacer un vino mejor y ése es el camino.

–¿Dichos cambios implicarían, o empezarían al menos, a diferenciar los pagos de la uva por calidades?
–Así debería ser. Etiquetar un vino como ‘viñedo singular’ implica más costes y unas uvas de viñedos de más de 35 años, con rendimientos de 5.000 kilos por hectárea y una viticultura sostenible, serán de mayor calidad. Estoy seguro de que eso se pagará y, si no es así, habremos fracasado y el propio sistema se caerá por su propio peso. Hemos visto arrancar viñedos extraordinarios, viejas cepas, porque al viticultor no le era rentable cultivarlos y deberíamos ser muy autocríticos y luchar para no seguir perdiendo patrimonio e identidad.

–Reclama apoyo institucional para las bodegas familiares. ¿A qué se refiere?
–El Consejo Regulador ha diluido nuestra voz a simplemente cinco votos del sector comercial. Entiendo que no es justo que los votos se cuenten por botellas, con una pequeña ponderación que no responde realmente al precio, sino a la categoría crianza; es decir, da igual cuáles son las botellas que suman a la marca Rioja y cuáles son las que ‘tiran’ de ella. Lo hemos visto recientemente también con la autorización para elaborar varietales foráneos de blanco cambiando un acuerdo mayoritario del año 2007 por un pacto entre los grandes grupos del sector. Hay bodegas en Rioja, con un gran altavoz internacional, que llevan muchos años reclamando una segmentación geográfica, una identificación de los mejores viñedos y la gente, el consumidor, se pregunta por qué no se hace. Los grandes vinos del mundo son de pequeñas bodegas y, en Rioja, los pequeños somos tan importantes como los grandes, aunque no se refleje en la representatividad del Consejo. Creamos empleo, estamos en el medio rural, hacemos investigación, somos una pieza fundamental en el sostenimiento de Rioja como región y sumamos tanto o más a que cualquier otro; de hecho pagamos aquí nuestros impuestos y eso no sucede en muchos casos. El vino es quizá el único sector en que siendo pequeño incluso puedes ser más fuerte. Hay una tendencia global hacia la concentración empresarial, pero me niego a que nos hagan creer que esto debe pasar también en Rioja.

–Sin embargo, la concentración se está produciendo y los grandes grupos vitivinícolas españoles e internacionales ya tomaron posición en Rioja hace años
–Es cierto y no digo que sea malo. En Rioja no sobra nadie, pero insisto en que la cultura del vino y la economía de esta región la hemos hecho las familias. Los grupos llegados de fuera, y no digo ni mejor ni peor, tienen otra cultura que no es la nuestra y por ahí iba cuando decía que necesitamos apoyo institucional. Por ejemplo, las pequeñas bodegas tenemos muchos problemas en el día a día con la burocracia. Ha habido grandes subvenciones de la OCM que en muchos casos sólo van a grandes compañías con personal especializado en burocracia. Existen multitud de trámites, incluso ridículos, como presentar la misma información de forma diferente a cuatro organismos (Consejo Regulador, Consejería de Agricultura, Hacienda e Impuestos Especiales). El día a día de una pequeña bodega cada vez es más complicado y ése es el apoyo institucional que necesitamos.

–En Rioja Alavesa ha nacido un movimiento de escisión. ¿Cómo está el ánimo a ‘este lado del Ebro’?
–Más calmado. En nuestro caso, las bodegas familiares, de mi asociación y otras por supuesto, somos las que hemos hecho Rioja, las que creamos empleo y fijamos población rural. Sentimos Rioja como propia y aspiramos a cambiarla para mejor. Ahora bien, no entendemos lo que está pasando: por qué no puedo indicar en las etiquetas de mis vinos de qué pueblo es o de qué finca si es verdad. Lo que no puede ser es que se discutan las medidas que benefician a la calidad, como ha pasado por ejemplo esta última vendimia. Rioja debe empezar a dejar de funcionar por ‘números’, tanto en la viticultura como en la bodega, y a mostrar la realidad: que no todos los viñedos ni las bodegas son iguales. Esto no es rupturista, hay espacio para todo el mundo, pero no es lo mismo quien tiene una bodega, un viñedo propio, una familia y una tradición que quien hoy está aquí y ¿mañana? Puede estar en otra parte del mundo porque encuentra un negocio más rentable y porque tiene ligero equipaje.

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Cata en el extremo occidental de Rioja: Bodegas Urbina
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Alberto Gil | 07-12-2016 | 10:28| 2

Pedro BenitoPedro Benito presenta el 14 de diciembre (20.30 horas en el Hotel Gran Vía) el carácter más clásico de los históricos Urbina de larga guarda con la nueva colección de vinos más frescos y afrutados de la bodega de Cuzcurrita. Inscríbete aquí (seis euros por persona)

¿Qué aporta la crianza a los vinos? Pedro Benito Sáez, miembro de la actual generación de Bodegas Urbina (Cuzcurrita) pretende resolver el interrogante con una interensatísima cata sobre los vinos más clásicos, finos de larga guarda en bodega antes de salir al mercado, y la nueva colección de la casa, vinos más actuales y afrutados en los que la gran diferencia está en el momento de consumo: ««Nuestros vinos se hacen a ‘fuego lento’, con una maduración muy pausada y una larga estancia en bodega, pero también podemos sacarlos antes al mercado; al fin y al cabo, estamos para vender felicidad…», explica.

La cita, el próximo miércoles 14 de diciembre con 50 plazas para los primeros inscritos en www.lomejorelvinoderioja.com a un precio de seis euros por persona (inscríbete aquí). Bodegas Urbina es una bodega familiar del extremo occidental de Rioja, una de las zonas más frescas de la denominación: «Somos de los últimos en vendimiar en toda Europa; este año nos hemos ido a avanzado noviembre y el hecho de estar protegidos por un valle nos libera de las heladas tempranas y tardías», detalla el viticultor.

Pedro Benito, licenciado en Empresariales en EEUU y también con formación vitivinícola, lleva, junto con sus dos hermanos, ambos ingenieros agrónomos, y la colaboración de sus padres, la bodega familiar: «Somos la quinta generación de viticultores, aunque fue mi padre quien comenzó a elaborar, primero en una cochera, luego en depósitos de hormigón en el barrio de las bodegas y, finalmente, en las actuales instalaciones». La familia elabora exclusivamente con uvas de viñedo propio, el 95% en el entorno de Cuzcurrita y un 5% de una plantación de Uruñuela de su familia materna.

La cata
El ejercicio que propone Pedro Benito no dejará a nadie indiferente. En primer lugar, presentará Salva Crianza 2011, un tinto criado un año en barrica y otro en botella, y a continuación Urbina Crianza 2009, que supone el 50% de las ventas de la bodega: «La diferencia fundamental esté en los tres años más de edad de este último, con el mismo tiempo casi en barrica, pero más depósito y botella con la idea de trabajar el ‘bouquet’ que caracteriza nuestra gama clásica».

Unas diferencias que serán aún más notables en el Salva Reserva 2010 y el Urbina Reserva Especial 1997, que el viticultor propondrá como siguiente pareja de cata: «Son añadas que están en la actualidad en el mercado, lógicamente con un perfil frutal más primario en el primer vino y uno mucho más evolucionado hacia las compotas y la complejidad de la larga crianza en el segundo».

Los vinos clásicos de Urbina son excepcionales puesto que salen al mercado después de mucho tiempo en botella y depósito: «Nos gusta la estabilización natural con estas largas estancias en depósito, no los filtramos ni clarificamos, de la misma forma que no trabajamos con levaduras añadidas ni usamos pesticidas en campo salvo casos irremediables». «Nos gusta –continúa– intervenir lo más mínimo y las características de nuestra zona nos permite trabajar estos vinos tan longevos».

Como cierre, Pedro Benito guarda otra nueva pareja de excepción. El Urbina Reserva Especial 2001, un vinazo que ha encontrado el reconocimiento unánime de la crítica y que salió al mercado con casi quince años en bodega: «Es muy redondo, consecuencia de la gran añada y un vino que suele gustar a todo el mundo». Su hermano mayor, el Urbina Gran Reserva 1994 es una referencia también actual de la bodega en el mercado: «Estuvo dos años en barrica y 18 o 19 en botella, es un vino muy delicado y elegante, como los grandes vinos finos históricos de Rioja que se elaboraron hasta finales de los años 70».

El bodeguero tiene claro que Rioja marca la diferencia respecto a otras zonas españolas y del mundo, precisamente, por las posibilidades de guarda de sus vinos: «En España siempre se ha hecho vino y la gran diferencia de Rioja con el resto de regiones vitícolas es la capacidad de envejecimiento; sucede lo mismo en Burdeos, Borgoña o Piamonte… antes no había coches y sólo los vinos que envejecían bien tenían posibilidad de exportarse», explica Pedro Benito.

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