La Rioja

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Asenjo: «Es el momento de ‘ahora o nunca’ para el vino español»
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Alberto Gil | 18-02-2016 | 09:02| 0

Asenjo, en un cata de vinos italianos la semana pasada

Es el momento del vino español; ahora o nunca». Juancho Asenjo, uno de los prescriptores de vino (formador, profesor, escritor y apasionado) más importantes de España, tiene claro que el sector del vino ha llegado a una encrucijada: «Nunca antes ha habido vinos de tanta calidad y nunca antes ha habido tanta gente preparada elaborando, que está chocando con la rigidez del sistema de las denominaciones de origen, pero estoy seguro de que acabarán dejando paso a tanto talento». Asenjo, invitado por ‘Divinos’, un histórico grupo de cata promovido por bodegueros del barrio de la Estación (Haro), dirigió una cata magistral de ‘Terruños de Barolo’, una pequeña zona de producción del Piamonte (1.800 hectáreas) en la que la microparcelación, la zonificación municipal, el desarrollo de los terruños le ha procurado un lugar en el top de los mejores vinos del mundo.

¿Es adaptable a Rioja un sistema como el de Barolo: 1.800 frente a 65.000 hectáreas?

España tiene una ideosincrasia vitivinícola muy diferente a Francia o Italia. Rioja no puede pretender hacer una pirámide sólo con vinos de parcela, municipio o de pago. En Rioja, como en Jerez, ya hay vinos ‘top’, históricos, que mezclan uvas de parcelas incluso zonas y no se puede dar la espalda a esa tradición.

¿Encaja entonces el incipiente desarrollo de vinos más ligados a los terruños, más locales?

Por supuesto. Una cosa no quita la otra. Rioja tiene una extraordinaria diversidad. Los vinos de municipio, de pago, de parcela… son otra vía de identificación. La ventaja de Rioja es que ya tiene vinos de primer nivel mundial. Tampoco podemos olvidar que en el siglo XIX ya se conocían los vinos de municipio. Cuanta más riqueza y diversidad mejor. Pero vinos como Viña Tondonia, 904 o Roda no pueden ser inferiores a El Carretil o Las Beatas, por ejemplo.

¿Conoce las propuestas que ya se están haciendo para los vinos más ligados a los terruños?

Sé que se está trabajando en ello y la vía planteada de reducir rendimientos me parece adecuada. En este sentido, Rioja puede ser un ejemplo mundial para aportar calidad en toda su gama de vinos. Con 6.500 kilos por hectárea de rendimiento, verdaderos, Rioja sería imbatible. Lo que no puede ser es que hoy haya vinos en la cima mundial y otros en la parte más baja, sin distinción alguna.

¿Es una demanda real de los consumidores esa diferenciación?

A mi juicio sí. Hay un público muy interesado en todo el mundo. Cuando hay marca, y capacidad financiera, quizás no sea necesario explicar nada, pero estoy pensando en el grupo de jóvenes de Rioja&Roll, que hacen vinos de calidad, atrevidos, diferentes y sin corsé alguno; en proyectos como el de Abel Mendoza o Paco García…. Hay que facilitarles la vida a esta gente que hace las cosas diferentes. Rioja tiene dos grandiosas referencias históricas, como Riscal y Murrieta, junto con otras bodegas centenarias muy reconocidas y elaboradores más nuevos de extraordinario prestigio. Pero estos nuevos y pequeños proyectos también suman y hay que ayudarles a mostrar su propio estilo.

Hay movimiento en Rioja pero también en el resto de España y ahí está el manifiesto del Club Matador. ¿Habrá cambios generalizados en las denominaciones de origen?

Como decía, es ahora o nunca. Nunca ha habido en España tal cantidad de grandes vinos, desde Monsat a Jerez o desde Galicia al Mediterráneo sur, y se enfrentan a un sistema rígido dominado por grandes intereses. Grandes marcas que mueven mucho volumen y ahí tenemos también a las cooperativas, que hasta compran uvas que no son de sus socios e invierten en otras zonas con subvenciones. Lo que está pasando en Rioja pasa en Cava, en Ribiera Sacra, en Ribeiro, en el Mediterráneo… Hay una gran diferencia en España respecto a otros países y es que aquí el viticultor no es elaborador. En España hay 4.200 bodegas, más de 20.000 en Italia y más de 25.000 en Francia. Hay mucho que trabajar en ese sentido y yo soy optimista porque las DDOO al final deberán adaptarse.

En Rioja, Artadi ha dado el portazo. ¿Cómo lo interpreta?

Lamento que el tema se ha ya politizado. El Gobierno de La Rioja, con su anterior presidente, se equivocó en varias ocasiones con sus declaraciones: Rioja no es sólo de La Rioja. La marcha de Artadi hace más mal que bien, pero la denominación de origen siempre ha sabido reaccionar y estoy seguro de que ahora también lo hará.

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Rioja se pone las pilas
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Alberto Gil | 10-02-2016 | 10:59| 1

La primera pregunta que habría que hacerse sobre la respuesta de los operadores del vino de Rioja a la demanda por parte de algunas bodegas, prescriptores (casi todos) y consumidores (ahí está el manifiesto del Club Matador promovido por Telmo Rodríguez) de un nuevo sistema de calificación y diferenciación de vinos es si va en serio.

Todo parece indicar que sí: las asociaciones sectoriales más pequeñas (Bodegas Familiares, ABRA, Araex), incluso algunas organizaciones agrarias como Asaja o la UAGA alavesa, han llevado al Consejo Regulador propuestas y la última en hacerlo, tal y como informábamos este fin de semana en Diario LA RIOJA, ha sido el Grupo Rioja, la organización ‘dominante’ a cuyo ‘no’, con casi un 80% de los votos, no hay un ‘sí’.

La conclusión, a mi juicio, es que el Grupo Rioja, donde conviven muy diferentes sensibilidades y modelos de negocio, ha puesto sobre la mesa un buen documento de trabajo que parte de un desarrollo del vino de finca, o de paraje, con un nivel de exigencia de calidad (edad de viñedos, control de herbicidas, significativas menores rendimientos de uva y vino, aptitud de suelos…) que parece acorde al fin pretendido. Las grandes y medianas bodegas tiene, sin embargo, menor convicción, aunque sin cerrojazo, con los vinos de pueblo y comarca que otras asociaciones más pequeñas consideran adecuados, pero, al menos, existe un punto de partida tangible.

Si hay una denominación de origen en España que se caracteriza por la diversidad de vinos (‘La tierra de los mil vinos’) es Rioja. Un factor diferencial, por tanto, que hasta ahora no había interesado desarrollar con un apoyo expreso legislativo, quizás porque no ha hecho falta, pero que, ante el claro escenario de liberalización del viñedo y la cada vez mayor presión globalizadora de los mercados, parece oportuno pensar que no puede esperar más.

Aunque no se reconozca por parte del Consejo Regulador, el portazo de Artadi ha sido un catalizador fundamental para despertar una realidad, la identidad de los terruños, que hasta ahora sólo algunas bodegas explotaban con sus recursos propios, con su marca, pero, en cualquier caso, tampoco se nos puede ir la olla porque está por ver cómo reaccionarán los consumidores en el momento definitivo: al rascarse el bolsillo. Es decir, no todos los Riojas podrán ser vino de paraje y, cuidado, porque el éxito de Rioja (que no es otro que mantener el reparto social del viñedo) se basa precisamente en la convivencia de diferentes tipos de negocio.

Me gusta, como recuerda la UAGA en su propuesta, que se tenga en cuenta que todavía el 54% de las uvas las vendimian viticultores que no elaboran y, por lo tanto, en este nuevo modelo piramidal también deberían tener cabida. Pero cuando decía que tampoco se nos puede ir la olla con el tema, me refiero a que pretender renunciar a la histórica concepción del vino de mezcla en Rioja, de coupages, incluso ‘corrección’ de parámetros por mucho que el cambio climático permita ahora otras cosas, sería un error. Como también lo sería renunciar a las menciones tradicionales (crianza, reserva y gran reserva), sino que, al tiempo que se trabaja en los vinos más locales, las organizaciones del Consejo deberían también plantearse por qué en ocasiones se pueden encontrar reservas en grandes superficies a precios incluso por debajo de lo que cuesta el propio vino en origen (depósitos) acreditado como ‘reserva’.

Personalmente pienso que no es bueno que se haya ido Artadi, que tampoco son buenos los movimientos, que existen, de bodegas alavesas para estudiar una DDOO propia, pero creo que sí que es positivo que Rioja haya decidido abrir la ‘caja los truenos’ y avanzar en la diferenciación de los vinos.

 

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La ilusión lo puede todo: cata con Exopto, el 10 de febrero
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Alberto Gil | 05-02-2016 | 09:09| 0

Cata con Bodegas Exopto el miércoles 10. Inscríbete aquí (seis euros por persona). Ésta es la crónica y la hoja de ruta de la cata.

Ajenos a las estridencias políticas y con la honesta intención de rescatar el orgullo de cultivar la viña, un grupo de jóvenes alzó hace unos meses la voz. Ocho viticultores constituyeron la asociación Rioja&Roll, un soplo de aire fresco que mira, como no, a la vecina Francia y a la figura de los vignerons: «Una cosa es hacer buen vino y otra es ‘saber hacer y hacer saber’, como dicen en mi país de origen».

Las palabras son de Tom Puyaubert, francés aunque riojano convencido y uno de estos jóvenes viticultores que piden ‘marcha’, a quien el azar trajo a Rioja hace 15 años: «Trabajaba en una tonelería y quería librarme de la ‘mili’, así que pedí un destino internacional». Puyaubert, con formación agronómica y enológica, empezó a vender barricas y fue conociendo la región: «Fascinante, una diversidad extraordinaria, tradición, cultura y viñas viejas. Ábalos para mí ha sido un flechazo».

El viticultor comenzó su proyecto personal -Exopto, en latín, desear fuertemente, ilusión-, primero con dos compañeros y ahora en solitario: «Comenzamos comprando uva para elaborar; en una segunda fase, cultivando fincas arrendadas y, en una tercera más reciente, con viñedo en propiedad». «Lo mejor», admite el viticultor, «creo que está por venir porque cada vez más empiezas a comprender el viñedo». «Ahí está buena parte del valor de la viña vieja y es que, si está hincada en determinados sitios y se cultivaba de determinadas maneras, no es por casualidad».

El viticultor trabaja con tempranillos y gracianos de Ábalos y también con garnachas de Yerga y la sierra de los Agudos (Aldeanueva y Calahorra): «Estás últimas son viñedos de suelos más arenosos y de cascajo, en altura, y muy distintos a los de la Sonsierra, con garnachas en vasos antiguos magníficos». «Los viejos de la zona -continúa- nos dicen cuando las elaboramos que les recuerdan a los vinos de su juventud y no hay mejor ‘piropo’». En este sentido, Puyaubert reivindica una vuelta al origen, una viticultura real, de mancharse las manos, y máximo respeto al medio ambiente: «Nuestra obligación es cuidar el patrimonio vitícola que dejaron anteriores generaciones y permitir su traspaso a las futuras».

La cata
Puyaubert abrirá el próximo día 10 de febrero (20.30 horas en el hotel Gran Vía) la nueva temporada del club de catas de lomejordelvinoderioja.com, con la presentación de su gama completa de vinos. El bodeguero comenzará con Bozeto de Exopto 2014, su primer vino, con un perfil joven, fresco, para beber con placer, que incorpora casi un 60% de garnachas de La Rioja Baja, junto con tempranillo y graciano de Ábalos: «Hacemos una leve crianza, en hormigón y tinos de madera de entre 8 y 9 meses, pero lo que más importa es la frescura y la fruta».

Horizonte de Exopto, en su versión tinto, incorpora un 80% de tempranillo, un 10% de graciano y un 10% de garnacha. «Es un vino de pueblo, con las tres variedades de viñedos viejos de Ábalos que desde hace unas cosechas criamos en barricas de 600 litros de roble francés porque nos aportan más sutileza». El viticultor presentará las añadas 2007 y la actual, 2013: «Creo que será divertido comprobar la evolución», explica. «En ocasiones nos tildan -continúa- de hacer vinos modernos, pero yo creo que es un falso debate que, en realidad, depende más del momento de consumo de los vinos».

El graciano es una característica en varios vinos de Tom Puyaubert: «Quiero plantar porque hay muy poco y es una gran variedad, una acidificación natural para el vino, que, si logramos una maduración plena, nos ofrece además complejidad, color y estructura». Horizonte de Exopto Blanco 2013 utiliza las uvas de las cabezadas de una docena de parcelas de tinto, mayoritariamente viura, pero también garnachas blancas e incluso turruntés. «Es lo que hay en los viñedos y, aunque la viura es un poco neutra, la verdad es que con una crianza en madera y botella da vinos con mucha personalidad».

La gama más alta

El viticultor servirá a continuación Exopto 2012, la gama alta y un vino atípico porque porque incorpora un 60% de graciano, con un 20% de garnachas y otro tanto de tempranillo de Ábalos: «En el 2005 nos dimos cuenta del potencial de esta variedad; tuvimos un ciclo muy largo y con paciencia y un poco de suerte obtuvimos un vinazo extraordinario». Exopto se elabora sólo en las añadas que permiten el graciano y el cambio climático contribuye a ello: «Uff!, sí; hace 30 años sería impensable hacer estos vinos con uvas de Ábalos y, de hecho, aun con todo, la cosecha que hacemos Exopto es una alegría», admite el viticultor.

Y, como cierre, una deferencia especial del bodeguero con los aficionados de lomejordelvinoderioja.com: Exopto Cuvée Noelia 2010, un vino con un 90% de graciano del que Puyaubert elaboró exclusivamente 120 mágnum. «Es una primicia a todas luces, que todavía no ha salido al mercado y para cuya elaboración aprovechamos la gran añada 2010 en la zona, pero no hay mejor estreno que en mi propia casa», dice Puyaubert.

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Artadi ya no es Rioja
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Alberto Gil | 30-12-2015 | 09:40| 21

Hace un año y dos días, Diario LA RIOJA publicó la exclusiva de que Bodegas y Viñedos Artadi ultimaba el abandono de la Denominación de Origen Calificada (DOC) Rioja y ayer el bodeguero Juan Carlos López de Lacalle entregó oficialmente al Consejo Regulador la «baja con carácter inmediato» de las dos instalaciones bodegueras que mantenía inscritas.

Artadi rompe así con Rioja –es la primera baja voluntaria de la denominación de origen por discrepancias con el modelo de gestión en su larga historia (1926)– y cumple con los anuncios que ha venido reiterando a lo largo del año. De momento, según ha podido saber Diario LA RIOJA, la baja afecta únicamente a las instalaciones bodegueras pero, presumiblemente, hará lo propio en los próximos días con los viñedos (tiene en propiedad 83 hectáreas en Rioja Alavesa).

Artadi, con bodegas también en Navarra (Artazu) y Alicante (El Seque), pasará a elaborar vinos de mesa en sus instalaciones de Laguardia y en Viña El Pisón, una pequeña bodega donde elaborará su vino de finca más conocido y con el que ha logrado el mayor reconocimiento de la crítica nacional e internacional.

López de Lacalle, en viña El Pisón, en una imagen de mi compañero Díaz Uriel

De hecho, en la nota en que confirma su marcha de Rioja, ya aparecen estas dos bodegas referenciadas simplemente a ‘Álava’ como único origen geográfico y también en la propia página web de Artadi, sin alusión alguna a Rioja ni a Laguardia, el municipio donde se enclava la bodega y cuyo ‘uso’ está también protegido por la denominación de origen.«Ha sido una decisión larga y meditada, fundamentada en la intención de ofrecer, a través de nuestros vinos, un mensaje claro de nuestra tierra, de nuestros viñedos y nuestros paisajes», explica Juan Carlos López de Lacalle en la nota. «Regiones vitivinícolas de reconocido prestigio –continúa–, como Burdeos, Borgoña o Champagne, ofrecen al consumidor vinos reflejo de zonas determinadas que han sabido poner en valor estas diferencias como algo enriquecedor, lleno de mensaje y contenido». En Artadi, asegura el comunicado, «creemos que es fundamental ofrecer al consumidor la oportunidad de descubrir la diversidad de nuestra tierra, que dota a los vinos de valor, carácter diferenciador y autenticidad».

El discurso es el mismo que Juan Carlos López de Lacalle mostró hace un año en declaraciones a Diario LA RIOJA:«Se dirán muchas cosas, pero lo que pretendemos es poner en marcha un nuevo modelo de negocio porque entendemos que una denominación de origen tan grande confunde al consumidor y diluye nuestro mensaje». «Rioja –explicaba el bodeguero– ampara a todos por igual, no distingue de zonas, de suelos, de viñedos ni de vinos y únicamente el tiempo de crianza diferencia a unos de otros».

En solitario y vino de mesa
Hace un año, los planes de marcha de Artadi pasaban por conseguir el apoyo del Gobierno Vasco para crear una pequeña denominación de origen alavesa en la que dar cabida a su proyecto, junto con otras pequeñas bodegas de la zona, en lo que apuntaba a una escisión similar a la que se produjo en la DO Cava cuando catorce bodegas se marcharon a finales del año pasado y crearon Classic Penedés para vender sus espumosos.

Sin embargo, al menos por el momento, ninguna bodega acompaña a Artadi en la aventura ni tampoco el Gobierno vasco ha accedido a la creación de la denominación de origen por que la bodega de Juan Carlos López de Lacalle saldrá el mercado sin ningún tipo de amparo geográfico.

¿Qué ha pasado durante este año? Los acercamientos entre el bodeguero y Rioja han sido prácticamente inexistentes. Tras conocer la noticia de sus planes, al anterior presidente del Consejo Regulador, Luis Alberto Lecea, mantuvo un encuentro con López de Lacalle en el que le pidió que expusiera por escrito sus demandas. Nada más se supo de aquello y tampoco los movimientos de la institución rectora del vino de Rioja –que trabaja ya con varias propuestas para desarrollar y diferenciar vinos más ligados al origen (de pueblo o de finca)– han convencido al bodeguero de Laguardia, que, finalmente, ha cumplido con su anuncio de seguir adelante por su cuenta y riesgo.

Tampoco las conversaciones con el Gobierno Vasco –cuyo viceconsejero Bittor Oroz eludió hacer declaraciones– han salido demasiado bien, puesto que Artadi no ha logrado su pretensión inicial de ser amparado por una pequeña denominación de origen alavesa. De hecho, en los últimos tiempos tanto el Ejecutivo foral como la Diputación alavesa han ‘suavizado’ su discurso originalmente muy crítico con Rioja y las asociaciones de bodegas alavesas, que en determinados momentos han aludido a posibilidades de ruptura con el supuesto apoyo de varias bodegas, han presentado propuestas en el Consejo Regulador para desarrollar vinos de pueblo y de finca.

Artadi surgió en 1985 como una cooperativa de cosecheros que explotaban sus viñedos en el entorno a la localidad de Laguardia, en Rioja Alavesa. Durante la década de los noventa, con Juan Carlos López de Lacalle como artífice principal, Artadi se convirtió en una de las bodegas más prestigiosas de Rioja con el lanzamiento de vinos de finca como Viña El Pisón y otras elaboraciones singulares como Grandes Añadas y Pagos Viejos. Hace unos años, López de Lacalle lanzó al mercado también una colección de vinos de parcela que ha obtenido también el respaldo inmediato de la crítica nacional e internacional.

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Atkin pone el dedo en la llaga de Rioja
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Alberto Gil | 15-12-2015 | 12:04| 1

El crítico británico Tim Atkin, uno de los más reputados y mayores conocedores internacionales de Rioja, acaba de publicar una «controvertida», en sus propias palabras, clasificación de las bodegas de Rioja. Atkin –que preparó su reportaje durante dos semanas de visitas ‘in situ’ en plena ebullición del caso Artadi y su anunciado abandono de la DOC– es rotundo en sus conclusiones.«La de Rioja es una historia de éxito, pero también es víctima de su éxito» y se muestra abiertamente partidario de vincular la calidad y autenticidad de los vinos a orígenes geográficos:los vinos de pueblo y de finca. Atkin argumenta que «Rioja es un vino de calidad, con muchos menos ‘riesgos’ que vinos de Burdeos, Borgoña o Chianti, pero la consistencia no excelencia». «Rioja –continúa– ha expresado sólo una pequeña parte de su potencial paralizado por normas a veces sin sentido [en alusión a la rigidez en las normas de crianza y tiempos de estancia en barrica]».

Polémica clasificación
Nadie, hasta ahora, se había atrevido a publicar una clasificación de bodegas de Rioja. Atkin sigue el modelo bordelés (Medoc) que ideó en su momento, 1855, Napoleón III para clasificar los chateaux bordeleses, con cinco escalones diferentes, aunque en esta ocasión el crítico asegura que únicamente la calidad guía la categorización (en 1855 el criterio fue la fama y el precio de las botellas).
Un sexto grupo de bodegas se incluyen en la categoría Crus Bourgeois, que en Francia acoge a firmas y viñedos posteriores a la rígida, y hasta hoy prácticamente inamovible, clasificación del XIX. La pretensión de Atkin, sin embargo, es actualizar «anualmente» la suya, citando en el reportaje a Arnold Schwarzenneger en ‘Terminator’: «Vuelvo enseguida», avisa el crítico.

En cuanto a los resultados, el primer escalón (’first growth’s o ‘primer crus’) lo componen Bodegas Abel Mendoza (San Vicente); Artadi (Laguardia); Contador (San Vicente); Finca Allende (Briones); La Rioja Alta (Haro); Marqués de Murrieta (Logroño);Muga (Haro); López de Heredia (Haro); Remélluri(Labastida);Sierra Cantabria (San Vicente); Viñedos de Páganos (Laguardia); y Vinos de Telmo Rodríguez (Lanciego). Atkin ha sabido conjugar elaboradores de vinos históricos, como López de Heredia, Murrieta o La Rioja Alta, con los talentos surgidos en los pasados noventa y, quizá, la principal sorpresa es la inclusión del viticultor Abel Mendoza en lo más alto de la cúspide.

Los ‘premios’ del año
De hecho, Atkin concede a Abel Mendoza el título de ‘Bodega del año’ en su reportaje por sus tintos, pero también por su apuesta por los blancos con variedades autóctonas. Roberto Oliván (Tentenublo) que, con un proyecto de apenas cinco años en el mercado, escala hasta el segundo escalón de la clasificación, es para el crítico británico el ‘Joven bodeguero del año’. El podio lo completan Artadi, con Viña el Pisón 2012 como ‘Tinto del Año’, López de Heredia con su Viña Tondonia Gran Reserva 1999 como ‘Blanco del Año’ y Palacios Remondo, con el próximo vino que Álvaro Palacios sacará al mercado en el 2016, ‘Quiñón de Valmira’, como ‘Tinto revelación del año’ y Gomez Cruzado, con su ‘Montes Obarenes’ como ‘Blanco revelación’.

Más allá de su controvertida, o no, clasificación de bodegas, Atkin se confiesa un enamorado de los vinos de Rioja. Desde luego, las puntuaciones de cata son espectaculares: más de 90 puntos para más de 400 vinos de los 532 catados y 90 de ellos más de 95 puntos (sobresalientes).

El Pisón 2012 y el Castillo de Ygay 2007, de Murrieta, logran 99 puntos, mientras que de nuevo Artadi, con su vino de finca El Carretil 2012; Telmo Rodríguez, con las Beatas 2012; Finca Allende, con Aurus 2010, y los Eguren, con La Nieta 2012, logran 98 puntos.

Rioja&Roll y otros jóvenes talentos

Bryan McRobert, viticultor sudafricano afincado un Rioja (Laventura Wines) envío un mail a Atkin informándole del nacimiento de los jóvenes de Rioja&Roll. El ‘toque’ de atención surtió efecto y el crítico mostró un especial interés por sus proyectos. De hecho, Atkin sitúa a Tentenublo, bodega revelación, y a Bodegas Artuke, con elevadas puntuaciones, en el segundo escalón de Rioja; a Olivier Riviere, en el cuarto y a Bárbara Palacios (Barbarot), entre los Crus Bourgois, es decir, un reconocimiento expreso a estos jóvenes de Rioja&Roll.

Atkin no duda de que «tienen el futuro en sus manos». Pero no solo ellos, David Sampedro (Bodegas Bhilar); Lauren Rosillo (Finca Valpiedra); Pedro Balda; Agustín Marauri(Marqués de Terán); Ruth Rodríguez (Izadi y Orben); Mario e Iván Santos (Aldonia);Pablo de Simón (La Marquesa); David González (Gómez Cruzado); Juan Baustista García (Paco García);Pedro Balda; Luis Arnedo (Lacus); Marta Apellániz(Pujanza) y Simón Robles (Baigorri) son  citados como «jóvenes talentos impresionantes».

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Tentenublo: cata&roll el día 16
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Alberto Gil | 03-12-2015 | 11:52| 0

Atado a un poste de viña, enterrado entre gavillas… Son imágenes con las que podemos encontrar a Roberto Oliván en Internet, un joven viticultor de Viñaspre (pedanía de Lanciego) que, sin complejos, se rebela contra las ataduras y convencionalismos. Con su discurso y sus hechos, Oliván reivindica el orgullo del viticultor de Rioja, apesadumbrado hoy en día por la presión de la globalización vitivinícola: «Tengo 8,5 hectáreas, hago 45.000 botellas y el proyecto Tentenublo acaba ahí».

Oliván, Tentenublo Wines, tiene claros los orígenes: «Corría el año 2010 y la uva la pagaban a 50 pesetas; había que echar para adelante y lo hice porque, de la misma forma que mi abuelo y mis padres vivieron de esto, yo también creo que puedo hacerlo». Tentenublo nació en el 2011 y hoy es un proyecto reconocido, primero por los consumidores y más tarde por la crítica, que se ha rendido al empuje de este joven viticultor que vive por y para sus viñas: «He catalogado 22 parcelas diferentes y podría tener 30 ó 40 vinos distintos; con esta diversidad cómo voy a pretender hacer otras cosas si aún me falta casi todo por descubrir en nuestras viñas familiares», se pregunta.

Este alegato de la diversidad natural contrasta con las exageradas inversiones en edificios, en tecnología, en barricas… que se impusieron en el mundo del vino y que, en realidad, lo único que hacían era dificultar las posibilidades de desarrollo de los auténticos protagonistas, los viticultores: «En la sencillez está la complejidad», asegura Roberto Oliván.

El nombre Tentenublo hace referencia al repique de campanas con que en los pueblos de Rioja se avisaba de la posibilidad de granizada; Oliván elabora en depósitos de hormigón y en tinos de castaño (anteriores a la llegada de este material a las bodegas de Rioja) y uno de sus vinos, Xérico, reproduce la imagen de su abuelo: «Él si que tenía el título de viticultor…, yo todavía me estoy sacando el carné», bromea. Su proyecto, en definitiva, es un repetido guiño a la viticultura tradicional de Rioja de hace 50 años, lo que se traduce en unos vinos que -lejos de la ‘explosión’ y la concentración que hasta hace poco se pedía a cualquier vino de más de diez euros- resultan muy agradables, pero, al tiempo, ricos en matices y complejidad: «Nos hemos olvidado para qué servían los vinos, para beber básicamente», argumenta.

La cata
Roberto Oliván presentará el próximo día 16 para los aficionados de lomejordelvinoderioja.com su gama de vinos de ‘aldea’ y su colección de parcelas: el Escondite del Ardacho (un lagarto ocelado que vive en sus viñedos), cuyo diseño -obra de la empresa riojana Calcco y del propio Roberto- ha sido premiado en varios concursos nacionales e internacionales.

Tentenublo Blanco 2014 se elabora con viura, malvasía y calagraño procedentes de las cabezadas de cinco parcelas. La principal sorpresa es esta última uva, desdeñada por la mayoría (racimo y grano gordo) pero apreciada por este joven viticultor: «No es aromática, pero tampoco lo es la viura, y, en viñedos viejos y en su sitio, aporta mucha complejidad; a mí, personalmente, me recuerda mucho a la variedad palomino».

Xérico 2014 responde al concepto de vino de aldea de Roberto Oliván, con mezcla de tempranillo y viura: «Las uvas proceden de tres parcelas de margas calizas y es el vino más directo y ‘sencillo’, el que se ha bebido en mi casa toda la vida a diario». Aunque en este caso, el joven viticultor le aporta una crianza en tinas de roble durante unos 6 meses.

Tentenublo Tinto 2014 responde también al concepto de vino de pueblo, con mezcla de diferentes parcelas (18) de terrenos de margas areniscas que le aportan más estructura que al anterior. «La diferencia fundamental la marca el suelo», explica Oliván.

Los vinos ‘escondidos’
El Escondite del Ardacho es la colección de vinos de parcela, producciones limitadísimas de menos de una hectárea que forman parte de un proyecto en el que Roberto Oliván se ha ‘enfrascado’ para demostrar las infinitas posibilidades de los terruños de Rioja, en este caso localizados en exclusiva en la pequeña localidad de Viñaspre. De momento, la colección se compone de tres ‘Ardachos’ -las Paredes, las Guillermas y el Abundillano-, aunque es muy posible que en breve vayan asomando de su escondite por el mercado nuevos ‘lagartos’.

El viticultor presentará en la cata dos de ellos: Las Guillermas y el Abundillano, agotados en bodega. «Las Guillermas -explica el viticultor- incorpora un porcentaje elevado de viura de más de 70 años y el resto es empranillo de la misma parcela, de un suelo aluvial muy raro en la zona que nos encontramos y que es lo que aporta la personalidad propia al vino». Escondite del Ardacho el Abundillano es un vino marcado por un suelo de areniscas rojas y, sobre todo, por la uva garnacha que, en una zona alta y fresca como Viñaspre, aporta un perfil muy diferente a las más tradicionales garnachas cálidas mediterráneas.

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Rioja: así nos vemos (desde dentro)
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Alberto Gil | 01-12-2015 | 10:29| 0

No es la primera vez que Rioja llega a una encrucijada. A lo largo de su historia, bodegas y viticultores han tomado decisiones, más o menos traumáticas, en momento decisivos y todo parece indicar que en la actualidad se ha llegado a uno de ellos. Diario LA RIOJA reunió a cuatro bodegueros/viticultores de prestigio, cada uno con modelos de negocio diferentes y que en los años 90 fueron artífices de la renovación, de la vuelta al viñedo, que reclamaban los mercados.

Aunque ajenos totalmente a cuestiones políticas, los cuatro coinciden en que el modelo actual –un paraguas único con las menciones tradicionales de calidad (crianza, reserva y gran reserva) como único factor diferencial de los vinos– está agotado. El reconocimiento de singularidades, bien por una nueva clasificación geográfica (vinos de pueblo, de finca) bien por un compromiso real por la viticultura de calidad (protección del viñedo viejo y control real de rendimientos de producción), está en la mente de todos ellos para diferenciar a diferentes operadores de un sistema, que, si bien ha tenido un éxito extraordinario, ha tocado o está tocando techo.

El quid de la cuestión es cómo seguir garantizando la convivencia de vinos a cuatro euros con otros de doce o quince, distinguidos en ambos casos con la misma contraetiqueta de reserva y sin más diferenciación.  A la vista de las manifestaciones de los participantes en el debate, Rioja tiene un problema y quien no quiera verlo deberá taparse los ojos:

Agustín Santolaya (Bodegas Roda): «Rioja es hoy una denominación que está enferma»

Bodegas Roda es un proyecto nacido en los 90 del siglo pasado y recibido en su día, entonces también un momento de crisis, como un renovador de una Rioja en decadencia. Roda es diferente a la mayoría de bodegas: selecciona viñedos, terruños variados de cepas viejas por toda la región para su vinificación separada, aunque finalmente ensambla los vinos en sus Roda y Roda I. Ha recuperado viejo material genético perdido por toda la denominación en proyectos de investigación y su director general, Agustín Santolaya, asiste apesadumbrado a la deriva de los acontecimientos: «La Denominación de Origen está hoy enferma; estamos vendiendo a precios ridículos y la imagen de la región cae profundamente». Santolaya recuerda precisamente una entrevista que Diario LA RIOJA publicó en el año 2000. «Fue una charla muy dura, en la que cuestionaba los rendimientos de 10.000 o 15.000 kilos por hectárea y hoy seguimos en las mismas».

El director general de Roda tiene claro que no hay que hacer demasiadas cosas, pero que hay que hacerlas: «Cumplir el reglamento de Rioja; no se pueden ni se deben producir más de 6.500 kilos por hectárea, pero por parcela, sin compensaciones ni intercambios de cartillas». De hecho, Santolaya, apoyado en la base de su negocio de rebuscar viñedos con identidad en toda la geografía de la región, recela de la corriente que apuesta por las comarcas y los vinos de pueblo: «Hay que tener cuidado; estoy de acuerdo con que se pueda indicar a título informativo pero no podemos condenar a determinados municipios cuando a lo mejor tienen parajes, viñedos únicos que además aún están por descubrir». «Rioja es tan rica que hay extraordinarios paisajes –continúa– que serán otras generaciones quienes los explotarán; por ello hay que tener cuidado con estos temas». En este sentido, se pregunta si no pueden aspirar al club de ‘primera división’ bodegas que «pueden seguir abriendo vinos de hace cien años y que mezclaban uvas de toda la región».

Santolaya insiste en la base del problema: «Hay dos tipos de Riojas, los de marca, con calidad, y los de supermercado, y la balanza de está inclinando peligrosamente a estos últimos cuando nadie es capaz de aguantar más de diez años en los lineales». La solución, reitera, son «los rendimientos» y una «promoción con sentido»: «El crecimiento exportador de Rioja, a precios tirados, nos ha destrozado a quienes estábamos en los mercados con vinos de calidad». «Rioja ha sustituido cimientos de piedra por otros de arena y nuestra imagen se ha resentido; eso costará mucho recuperarlo, pero, con pocos cambios, podríamos ser de las mejores denominaciones del mundo».

«Rioja lo gobiernan hoy exclusivamente los litros» (Miguel Ángel de Gregorio, Finca Allende).

Miguel Ángel de Gregorio, Finca AllendeMiguel Ángel de Gregorio fue otra de las figuras renovadoras de Rioja en los 90 con su proyecto de Briones (Finca Allende). Pionero en la utilización de los vinos de paisaje y del concepto de vino de pueblo (todo su viñedo de Allende está en Briones) no cree, sin embargo, que un desarrollo legal de estos conceptos sea la solución:«Estoy a favor de que se pueda indicar en una etiqueta, en que se desarrollen porque sirven para vender vinos premium y porque se basan en el territorio, pero también creo que hay otras bodegas que hacen también calidad y marca y no siguen esa filosofía». «La libertad –continúa– es terapéutica y necesitamos es un marco para jugar todos en igualdad».

Marco que, a juicio del bodeguero, no existe en la actualidad: «En Rioja gana quien vende más litros;el Consejo Regulador está dominado por los litros, que gobiernan en exclusiva; tenemos un modelo de ‘pan para todos’ sin importar cómo se cultiva el viñedo o cómo se elabora el vino». De Gregorio alude al reciente acuerdo de rendimientos pactado en los grandes operadores: «Pero cómo se puede justificar un acuerdo a tres años sin saber cómo van a ser las campañas para tener más vino y barato».

El bodeguero es especialmente crítico con la política de promoción del Consejo Regulador: «Es difícil convivir cuando tu modelo se basa en el viñedo contra grandes operadores que toman las decisiones». «La vinculación a la tierra es fundamental, pero ha llegado un momento en que las decisiones de Rioja se toman en Londres, en París o en Ciudad Real, no aquí».
De Gregorio recuerda que «la singularidad en el mundo del vino es el territorio y, mientras en otras zonas las bodegas que han hecho marca, que venden mejor, son la punta de lanza, aquí no sólo no lo somos, sino que nos ‘sacan’ de los mercados a precios tirados con las ayudas de promoción de marca genérica». El bodeguero considera que el «mal» es casi endémico, fruto de la configuración del ‘Rioja moderno’ en el siglo XIXa medida de los negociants franceses de entonces: «Nunca ha importado la viticultura, sino que se compraba vino, no uva, y hoy en día seguimos igual». «Tenemos una visión de la viticultura industrial, en la que importa el ‘papel’ del viñedo, el ‘papel’ de los vinos, de forma que el ‘señor ratio’ regula nuestra vida».

De Gregorio es claro: «Yo tengo viñedos en Ciudad Real y puedo hacer vinos correctos con 30.000 kilos por hectárea, pero aquí es imposible». «Si se va Artadi –continúa– es una pérdida para todos y, de seguir así, todos lo que no están cómodos pueden acabar cogiendo el mismo camino; el vino es negocio, pero no sólo eso, también es corazón e ilusión y duele mucho ver lo que está pasando».

«Rioja va camino de convertirse en el ‘low cost’ del vino» (Abel Mendoza, Bodegas Abel Mendoza).

La de Abel Mendoza es una historia de trabajo y superación. Era un cosechero de San Vicente que un día decidió embotellar las uvas de sus viñedos y, mochila al hombro, patear mercados hasta encontrar una pequeña red de distribuidores que confía en la honestidad de sus vinos. Cuando hiela, no hay vinos de Abel Mendoza, cuando se venden sus vinos no hay más y quien compra sus botellas sabe que adquiere una filosofía de vida: «Personalmente estoy harto de normas, de burocracia».

Mendoza, en toda esta polémica sobre sobre escisiones, vinos de comarca, de pueblo, de finca… se queda con algo más sencillo: «Respeto y convivencia; los presupuestos de promoción del Consejo Regulador, cada vez más importantes, no guardan un sólo céntimo para modelos singulares y, sencillamente, no lo entiendo porque, a mi juicio, son los que realmente están vinculados al territorio y aportan al conjunto».

Abel Mendoza piensa en este sentido en las nuevas generaciones: «No les estamos ayudando nada; necesitamos abrir una nueva vía, basada en la calidad y en la vinculación al territorio». «Hay jóvenes –continúa– con ideas nuevas, que quieren explotar terruños, variedades…, lo que sea, pero no hay ningún soporte al que se puedan agarrar, sencillamente, porque les estamos cerrando las puertas». Este viticultor de San Vicente tiene claro que producir uvas de calidad no es barato; que a partir de determinados precios no caben los pesticidas ni los herbicidas y que los consumidores que compran esas botellas quieren saber prácticamente todo del viñedo y de la elaboración: «Sin embargo, en Rioja estamos al margen de esta corriente y corremos el riesgo de convertirnos en el ‘low cost’ del mundo del vino». Mendoza considera que el modelo de diferenciación basado en las categorías crianza, reserva y gran reserva «ha tocado techo» y que hace falta una revisión del modelo, aunque tampoco tiene claro que sea con más normativa: «No podemos encasillar a los nuevos talentos, que los hay, lo que hay que hacer es mirar al territorio, al paisaje, y controlar, sí o sí, los rendimientos de producción para premiar a quien respeta las normas en lugar de a quien no lo hace».

El viticultor se pregunta hacia donde van «las pretensiones de obtener una declaración de patrimonio de la humanidad cuando no respetamos ni el paisaje ni nuestro propia historia». «Veo viñas emparradas con alambras, jardines de cepas como si los hubiera peinado Llongueras». «Si el paisaje, la tradición, no es nuestro cómplice poco podemos hacer». Abel Mendoza insiste en la primera idea, en el respeto: «Yo no cuestiono el modelo de los ‘grandes’ pero sí reclamo un espacio para ser diferente».

«No soy secesionista pero sin cambios, Rioja es insostenible» (Juan Luis Cañas, Familia Luis Cañas)

Familia Luis CañasJuan Luis Cañas (Familia Luis Cañas) cogió el timón de la bodega familiar (Villabuena de Álava) en 1989. Heredero de una tradición cosechera y viticultora con un poso de varias generaciones, Juan Luis fue combinando la elaboración de vinos jóvenes con la crianza y así fundó en 1994 las actuales instalaciones de Luis Cañas. Comenzó entonces a trabajar en la selección del viñedo con las cepas más antiguas que luego dieron lugar a Amaren y, en el año 2009, dio el salto a Ribera del Duero con Dominio de Cair.

Juan Luis Cañas se presentó al debate convocado por Diario LA RIOJA con una propuesta que la asociación sectorial en la que se integra, Araex, acaba de registrar en el Consejo Regulador:«No soy secesionista, creo en Rioja y en el sector, pero si no hay cambios esto es insostenible», asegura. La propuesta de Araex, en líneas con otras que también ha llegado al Consejo, apuesta por desarrollar una pirámide de calidad en Rioja, que parte del vino más genérico, sube al de subzona, de ahí el de municipio o pueblo y, finalmente, al de finca: «Debe ser un sistema sencillo, que el consumidor de Japón entienda, con municipios o con control de rendimientos y apuesta por el auténtico viñedo viejo, pero necesitamos una segmentación porque hoy jugadores de ‘tercera’ están en ‘primera división’ de Rioja y los buenos, los realmente buenos, están condenados a jugar por el descenso».

El bodeguero cree en que «debe ser el propio sector quien discuta su futuro, no los políticos ni de uno ni de otro lado», y aclara que no está por la ruptura: «No soy secesionista, pero sin cambios Rioja es insostenible». Cañas recuerda, con datos, que «los precios de Rioja son menores, tanto en tinto como blanco y rosado que en el año 2002 y que sus vinos se han quedado prácticamente «fuera de los segmentos premium y superpremium». «Vendemos –continúa– en el nivel más bajo y en el medio bajo y esos vinos, además, están sacando con el nombre de Rioja a quienes hace treinta años impulsaron la exportación». En cualquier caso, el bodeguero entiende que «aquí cabemos todos, pero hacen falta normas nuevas y diferenciación».

En este sentido, considera que el desarrollo de una pirámide geográfica, con exigencias reales –por supuesto origen de las uvas, menores rendimientos, edad del viñedo…– es una opción porque «creo en el paisaje» pero está abierto a otras: «Lo importante es la imagen que damos en el exterior;ahora tenemos vinos en un supermercado americano a 9 euros con otros a 24 y los dos son reserva, es decir, amparados legalmente por igual; eso debe cambiar».

 

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Apuntes del Rioja del siglo XX
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Alberto Gil | 12-11-2015 | 10:02| 0

El vino de Cenicero, hoy uno de los municipios riojanos de aptitud más reconocida para el cultivo de la vid, no siempre fue bueno. En el siglo XVIII, tras una de las cíclicas crisis de precios por las idas y vueltas del entonces mercado local, los sobrantes de vino se emplearon para la elaboración de cemento y la construcción de casas por la sencilla razón de que era más barato, o más cómodo, que recoger el agua en las pozas o en los ríos. La anécdota la contó Luis Zapatero, presidente de Bodegas Riojanas, que celebró el miércoles su 125 aniversario para ilustrar que aquellos momentos (1890) no fueron fáciles.

Bodegas Riojanas, junto con otras casas centenarias, contribuyó al desarrollo del Rioja moderno que, adoptando las técnicas de elaboración y crianza bordelesas, revolucionó el vino de ‘pasto’ riojano para convertirlo poco a poco en un vino de calidad como el que conocemos hoy en día. Felipe Nalda, histórico enólogo de Bodegas Riojanas (en activo desde 1960 a 2012) dirigió, junto con el actual enólogo Emilio Sojo, una cata histórica con cinco de las añadas más representativas de la bodega: de 1942 a 1986.

La elección de los vinos no fue por azar, ya que cada uno de ellos es indicativo de las diferentes épocas por las que ha atravesado la bodega y, lo que es más importante, la propia denominación de origen y, en definitiva, la sociedad riojana.

 

Felipe Nalda, detrás Emilio Sojo (con bata), en la cata en una imagen de mi compañero Miguel Herreros1942, cosecha del primer vino de la cata, un Viña Albina, era año de la postguerra, de la hambruna, y de las necesidades alimentarias. El gobierno franquista daba prioridad a la alimentación de una sociedad empobrecida o más bien arruinada. «Los campos españoles, y riojanos, se llenaban de cereal que iba desplazando el viñedo a las zonas más difíciles y menos fértiles: las laderas», explicó Felipe Nalda. Paradójicamente, estos años, décadas incluso, son los mejores desde el punto de vista de la calidad para los vinos riojanos. Cenicero, en cualquier caso, conservaba viñedos y los registros de la bodega testifican que se elaboró en 14 pequeños calados familiares de la localidad. Riojanas, por su parte y pese a las consecuencias de la postguerra, había ampliado la capacidad de almacenamiento hasta 2.000 barricas (hoy son 26.0000, aunque muy por encima de las 100 con que comenzaron en 1990).

Los 50 fueron también una buena década para los vinos riojanos. Bodegas Riojanas amplió de nuevo las instalaciones para albergar más de 3.000 barricas. El Monte Real de 1955, el segundo vino de la cata, pertenece a una añada excelente, una de las mejores de la década, con 1952 y 1958. La crianza de entonces poco o nada tenía que ver con la actual: «Los vinos estaban mucho tiempo en barricas viejas; no había botelleros y se estabilizaban dentro de la madera hasta que se embotellaban para salir al mercado», recordó Felipe Nalda. Monte Real era la otra marca de Riojanas. Las cosas han cambiado, y mucho, pero no demasiadas se han inventado, sino perfeccionado. Monte Real era un vino con más estructura que Viña Albina, de viñedos, de pagos de las zonas más altas y de bajo rendimiento de Cenicero, que daban la estructura natural al vino, mientras que Albina incorporaba uvas de varias zonas y procedencias.

1964 es la añada del siglo XX, sin discusión, y así lo demuestran todos los testimonios embotellados que aún quedan en los cementerios de las casas históricas de Rioja: «Muy buena en cantidad y en calidad y ruinosa para el viticultor al haber mucho excedente de uva», aclaró el enólogo. Fue la primera cosecha en que Felipe Nalda se estrenó como responsable máximo y tuvo suerte. La evolución de los vinos es espectacular. El Monte Real 1964 de la cata es, sencillamente, magistral: expresivo desde el primer momento y vivo pese a sus más de 50 años.

Monte Real de 1970 es de otra cosecha importante de Rioja, quizás la última antes del desarrollo industrial y el empobrecimiento del viñedo por la expansión y desarrollo económico de Rioja: «Llegaron Campo Viejo, AGE, Rumasa con varias bodegas…, mucho capital y muchas inversiones», apuntó Felipe Nalda. Los viñedos empezaron a ocupar sitios fértiles e importaba más la cantidad que la calidad. La del 70 fue la conocida como «cosecha inagotable». De gran éxito en el mercado, la falta de control de añadas por parte del Consejo Regulador (se creó a finales de esa década) hizo que muchas de esas nuevas bodegas pusieran vino durante años en los mercados supuestamente de 1970.

Monte Real 1986 pertenece ya a otra generación. Maderas más nuevas, con aún tiempos largos de crianza, y con viñedos ya con clones de viveros pensados para producir cantidad más que calidad pertenece a una de las décadas más pobres de Rioja desde el punto de vista del viñedo. A partir de los 90 del siglo pasado, Rioja tuvo que revisar conceptos y modificar su estilo de vinos. El empuje de Ribera del Duero obligó a bodegueros y viticultores a ponerse las pilas y cambiar al perfil de vinos. Así lo atestiguan no sólo los documentos escritos, sino también las propias botellas que casas como Riojanas aún conservan en sus botelleros: la historia de Rioja, la historia de los riojanos.

Las impresiones, vino a vino

Viña Albina 1942. Un vino de más de 70 años y uno de los mejores de la cata. Expresivo, complejo y con una acidez que aún le mantiene con vida.
Monte Real 1955. Con estructura pese a su edad. El más reducido de toda la cata que, aunque poco a poco se va abriendo, queda por debajo de su predecesor si bien muestra perfectamente las diferencias entre las marcas Albina y Monte Real.
Monte Real 1964. El mejor. Añada histórica y un vino sensacional. Expresivo desde el primer momento, limpio, delicado y que evoluciona incluso a más según pasa el tiempo en la copa.
Monte Real 1970. Otro gran vino, de otra gran añada de Rioja. Vivo, aunque ligeramente por debajo del anterior pero reflejo de que no en todos los sitios de España se podían, ni se pueden, hacer vinos de largo recorrido.
Monte Real 1986. Otro concepto de elaboración, con más presencia de la barrica (más cremoso) y más estructura y vivacidad (por su ‘juventud’). El perfil está a caballo ente los vinos antiguos (ligeros, alta acidez y muy estabilizados) y la nueva generación actual (más estructura, barricas más nuevas y más graduación).

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Viticultores y jóvenes: la primera gran lección
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Alberto Gil | 11-11-2015 | 13:13| 0

Son jóvenes, pequeños y unidos, de éste y el otro lado del Ebro. La viticultura, una forma de vida. Toda una lección. A ver si el resto toma nota…

Jóvenes viticultores irrumpen en el debate con una idea integradora para valorar los terruños de Rioja  

El colectivo, pequeños elaboradores alaveses y riojanos de reconocido prestigio, reivindica los vinos libres y locales sin divisiones ni escisiones

Reivindicativa de los terruños, de las comarcas geográficas, de los vinos de pueblo, de los parajes, de las fincas, de la diversidad de Rioja en su conjunto y de sus viñedos más pequeños. Así es ‘Rioja ‘N’ Roll’, una nueva asociación de un grupo de ocho viticultores ‘microbodegueros’ con ilusión por elaborar vinos de Rioja personales y sin ataduras ni límites administrativos .

Rioja ‘N’ Roll acaba de irrumpir en el debate que desde hace meses centra el devenir de Rioja después de que Bodegas Artadi anunciase su intención de abandonar la denominación y de que los discursos políticos aprovechasen la ‘marejada’ para plantear un supuesto debate secesionista en Rioja Alavesa.

En ‘Rioja ‘N’ Roll’ hay viticultores alaveses, de La Rioja Alta y también de La Rioja Baja que reivindican, básicamente, su existencia: «No pretendemos molestar ni ofender a nadie, sino simplemente mostrar con nuestros vinos que hay otra forma de hacer las cosas», explica Olivier Rivière, uno de los socios fundadores. La trayectoria de Rivière, francés que llegó a Rioja para trabajar en una bodega asentada y acabó comprando pequeñas y singulares parcelas de viñedo elaborando de alquiler (aún sigue sin bodega en la actualidad), resume perfectamente la filosofía del conjunto: «Somos conscientes de la tradición y del reconocimiento de la marca Rioja, pero queremos valorar un espíritu de trabajo común y un estilo de vinos más allá de rigideces geográficas o administrativas, tiempos de crianza o número de barricas», explican. «Todos somos pequeños elaboradores y, aunque cada uno tenemos nuestra propia forma de trabajar, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa».

Nombres que ya suenan con fuerza como Roberto Oliván (Tentenublo Wines), los franceses Olivier Rivière (Olivier Rivière Vinos) y Tom Puyaubert (Exopto) o los hermanos Arturo y Kike de Miguel (Artuke) trabajarán con figuras emergentes como Sandra Bravo (Sierra de Toloño), Bárbara Palacios (Barbarot), Óscar Alegre y Eva Valgañón (Alegre & Valgañón) y el sudafricano Bryan MacRobert (Laventura).

El objetivo, alzar una voz alternativa en el panorama vinícola de Rioja: «Existe una Rioja de terruños; no podemos indicar en las etiquetas los pueblos, las fincas, los terruños donde elaboramos, pero existen y ahí estamos», explica Rivière. «Eso es, al menos para nosotros la esencia de Rioja, desde Haro hasta Alfaro».

‘Rioja ‘N’ Roll’ nace sin pretensiones políticas ni administrativas pero sí con la intención de reivindicar su discurso con hechos: «Lo que queremos es mostrar, mediante catas, que en Rioja se hacen vinos de personas, de pueblos, de finca, es decir, vinos libres y sin encasillar que reflejan nuestra personalidad y la de los viñedos con los que trabajamos».

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El reto de Álvaro Palacios a Artadi
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Alberto Gil | 10-11-2015 | 16:51| 0

Tenía interés en ver qué daba de sí la jornada convocada por AMA (Juan Carlos López de Lacalle) con bodegueros y viticultores de Rioja Alavesa, de este ‘lado’ (desde el que escribo, aunque ya no sé donde ponerlo), Madrid y Priorat. Al margen del tema del ex lehendakari Ibarretexe, la mesa redonda estuvo muy bien, pero, personalmente, el mismo problema que se supone tiene Rioja Alavesa tiene el resto de Rioja por mucho que se vista el muñeco de conflicto particular. En palabras de Pedro Balda, “menos hectáreas y más cabezas en el campo” (globalización). Ahí va la crónica y no os perdías el guante que lanzó Álvaro Palacios a López de Lacalle:

«Tenemos dudas y nos gustaría que la administración estuviese con nosotros». Con estas palabras resumió Juan Carlos López de Lacalle (Bodegas Artadi) quizás el propósito de la jornada organizada ayer por la asociación Amigos del Viñedo Alavés (AMA), que preside el propio López de Lacalle, y que, bajo el lema ‘Denominación de Origen. Identidad y diferenciación’, generó una importante expectación toda vez que Artadi está pendiente de materializar su anunciado abandono de la DOC Rioja.

Entre los ponentes de la mesa redonda de cierre, viticultores de Priorat, riojano alaveses, de Madrid, de San Vicente y de Alfaro –moderados por el propio López de Lacalle–, que coincidieron en la necesidad de rescatar del olvido, y de la burocracia, conceptos como el origen y la identidad perdidos con el desarrollo industrial y con una globalización comercial que amenaza la supervivencia del pequeño, aunque tanto en el sector del vino como en el de las ‘panaderías’.

López de Lacalle, Gabriel Frías, Telmo Rodríguez, Salustiá Álvarez, Daniel Gómez Jiménez-Landi, Pedro Balda y Álvaro Palacios, en una imagen de mi compañera Sonia Tercero.

Álvaro Palacios –el invitado de La Rioja Baja [subzona en ocasiones cuestionada desde esferas políticos de Rioja Alavesa], ‘Hombre del Año’ para la revista Decanter y hace tres décadas uno de los jóvenes visionarios que ayudó a convertir Priorat en lo que hoy es– cogió el toro por los cuernos y emplazó directamente al moderador a reconsiderar mantener Artadi dentro de Rioja para cambiar las cosas: «Creo que hay futuro en Rioja, de quien hemos vivido, y bien, durante tantos años; te invito a que sigas con nosotros».

Palacios propuso López de Lacalle liderar un cambio en la denominación actual, que comience en el desarrollo de las subzonas, de los vinos de municipio y, finalmente, de los vinos de paraje o de finca, de forma progresiva y similar a lo que lo en su momento sucedió en Priorato –hoy ‘envidia’ de todas las DDOO– con un pequeño grupo de bodegueros:«Viña El Pisón [el vino icono de Artadi] nunca estará entre los grandes del mundo sin credenciales». «Sin la acreditación de una administración, un gran vino no tiene ‘zapatos’», advirtió el bodeguero de Alfaro. López de Lacalle, no obstante, esquivó el ‘guante’: «Estoy de acuerdo en todo lo que dices, pero me falta tiempo;yo no lo tengo». Por tanto, el órdago de Artadi, aun en busca de nuevo amparo administrativo y quizás de más socios en la aventura, sigue adelante.

Al margen del caso concreto, las reivindicaciones que se escucharon ayer en Laguardia son las mismas que pueden oírse en San Vicente, en Ollauri, en Baños o en Aldeanueva de Ebro: «Antes podías vivir con 2.000 cántaras de vino y ahora para lo mismo necesitas 10.000», dijo Gabriel Frías, viticultor de Bodegas Hermanos Frías del Val (Villabuena).
Argumento sobre el que insistió Pedro Balda, viticultor y doctor en Viticultura de la UR: «Si cada vez necesitas más hectáreas para vivir por cabeza y la tierras es limitada, cada vez habrá menos cabezas». Balda respondió directamente a la pregunta: «¿Eso se hace con una nueva denominación de origen? No lo sé, aunque desde luego está bien debatirlo». En cualquier caso, el viticultor, que vende sus apenas 1.000 botellas en cuatro continentes, puso el dedo en la llaga: «En mi pueblo [San Vicente] hay grandes viticultores y viñas, pero faltan jóvenes, pequeños productores que trabajen la viña».

Sin denominación de origen trabaja Daniel Gómez Jiménez-Landi (Comando G), un joven que tras acabar la universidad decidió rescatar garnachas auténticas cultivadas a mil metros de altitud en la Sierra de Gredos. Entre tres opciones de indicación geográfica (Méntrida, Madrid, y Castilla y León) optó por un proyecto propio ‘Garnachas de Gredos’ sin reconocimiento administrativo pero de raíces profundas: «No puedo valorar si convendría o no una denominación alavesa, pero hacer una nueva para cometer los mismos errores no tendría sentido». Daniel Gómez apunto que «lo que pide el mercado es autenticidad y la pregunta qué debemos hacernos es si hacemos vinos con identidad».

Vino a dos euros
En el mismo sentido, Telmo Rodríguez (Granja de Remélluri y Compañía de Vinos de Telmo Rodríguez), que empezó de cero en varios lugares inhóspitos de viejos y olvidados viñedos como Málaga o la sierra de Gredos, argumentó que «en Rioja Alavesa hay de todo, pero un proyecto para que sea sostenible debe saber hacia donde va». «Vender vino a dos euros –aseguró– es un suicidio». Rodríguez animó a dar un ‘paso atrás’ y repensar hacia donde se está yendo: «Únicamente si tienes buenos viñedos –añadió– y los trabajas bien tienes futuro;no hay Rioja Alavesa, ni Rioja Alta, ni España sin buenos viñedos ni sacrificio».

Salustiá Álvarez, presidente de la DOC Priorat, expuso la experiencia del éxito, la de una comarca deprimida que, por el sueño de un reducido grupo de jóvenes, encontró en una viticultura al límite el rejuvenecimiento de una comarca abocada hace treinta años a su despoblación. Álvarez apeló a la «unidad», como sucedió en Priorato, para poner en marcha un proyecto nuevo y concluyó con una interesante reflexión: «¿Puede irse Artadi de Rioja?, probablemente sí». «Pero, ¿puede permitir Rioja que se vaya Artadi?, pues probablemente, no».

 

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