30 Oct 2007

Y en esto, paso la vendimia...

Aprovechando la libertad que me dan estos chicos de lomejordelvinoderioja.com, me voy a tomar la licencia de saltarme el tema prometido en el último post referente a las anécdotas del vino, o del vino con la temperatura. Lo dejaré para más adelante. Me temo que me perseguirán durante algún tiempo.
Además, creo que seria un pequeño error no hablar de esta época en la que estamos, del final de la vendimia, de los primeros vinos de la nueva cosecha, de las nuevas ilusiones, de los nuevos proyectos. Atrás han quedado, las incertidumbres de la cosecha, las tres y una previsiones del tiempo (buen tiempo para los próximos diez, me pronosticaba weather.com ), las exploraciones de los viñedos, las primeras uvas, las analíticas (tenemos mas grado, buena acidez y granos pequeños me adelantaban en el laboratorio). Han pasado los primeros nervios, las primeras e importantes decisiones del inicio de la vendimia (cuando y por donde empezamos, me apremiaba el agrónomo), los primeros mostos (este año parecen mas vivos de color, me aseguraba la voz de la vieja sabiduría), las fermentaciones (van muy bien este año me adelantaba el bodeguero). Poco que da ya por descubar, (que bien saben este año los vinos, Chaparrin dixit después del penúltimo trago al porrón). Todavía nos queda mas: las malolacticas, el follón del papeleo anual, la valoración de la cosecha, la calificación.... Visto lo contado, parece que todo ha ido fenomenal, que todo tiene muy buena pinta, y en principio, esas son las primeras sensaciones que nos han quedado. Pero como nos dicen, “aun es muy pronto para hacer una valoración general de la cosecha 2007, hay que ver como se asientan los vinos después de malolactica”. La voz vendrá a decirnos, o MUY BUENA o EXCELENTE. ¿Apostamos?

Pero, lo que de verdad quiero en estas líneas, es contar lo que año tras año sucede en los campos de La Rioja. La singularidad de colores que recorren nuestros viñedos, no la firmaría ni el mismo Klimt. Que pena que nadie tuviese la genialidad de traerle a La Rioja, o a Monet, o a Cézanne, o a los tres, de verdad, que pena. El placer del paseo por estos viñedos ya sin uva, con algún agraz por racimar, con las hojas rojizas de las tintas, o doradas de las viuras, con el sol rojizo cayendo al atardecer, es algo para no dejar pasar, para alegrar el ojillo al visitante de turno, y ojito, que durar durar, dura poco, hasta que lleguen los primeros fríos.

Pero también, es curioso percibir como va cambiando el paisaje vitícola año tras otro, influencia creo yo, del cambio que se esta produciendo en nuestra viticultura, y que espero que no haya otra voz que lo achaque al climático, que al final va a ser la culpable de todo, de lo bueno y de lo malo.

Aun podemos ver zonas de un gran colorido, impresionismo vitícola, con las cepas blancas y rojizas turnándose sin orden ni concierto, restos de las plantaciones de antaño, donde las cepas se colocaban al azar buscando, ¿la complejidad? de los coupages varietales, la mezcla de las uvas en los viñedos, y que el tiempo dice de lo importantes que fueron en los vinos. Pero al lado, y comiéndose el terreno y el paisaje a pasos agigantados, el cubismo vitícola, o la geometría pura, con los tonos rojos del tempranillo apoderándose del paisaje, dejando en meros surcos las pocas cabeceras de los tonos amarillentos de la viura. La viura ha muerto, larga vida al tempranillo.

Uno, ha querido incluir este par de fotos, que bien podrían confundirse con cualquier zona de La Rioja en la que vivimos. Verán que mi nivel de fotero, como de otras muchas cosas, no va muy allá, pero la calidad de la foto esta en la foto misma, no en quien la hizo. Quizás, a más de uno, al otro lado del charco, les traigan a la memoria gratos recuerdos, ya sabes, quizás los rascacielos no les dejan ver el otoño riojano... pues para ellos va, y que no se preocupen, al año que viene, mas o menos igual.

Todavía nos quedan muchas cosas de las que hablar de esta cosecha. Lo dejaremos para el futuro inmediato, para cuando las voces comiencen a sacar sus conclusiones, entonces comentamos. Las ilusiones, los nuevos proyectos y todo lo demás.
Hoy, o por hoy, voy a hacer gasto del tópico, “todavía es pronto para una valoración seria de la cosecha 2007”. A esperar toca.

Escrito por: julio 2 comentarios 30 Oct 2007 URL Permanente

26 Sep 2007

El vino y la temperatura, anécdotas. Parte I

En el último blog, hacía referencia al ranking de preguntas que nos hacen en los innumerables eventos de relaciones públicas ligados a esta profesión de enólogo. Si las neuronas no me patinan creo que en segundo lugar aparecía, el de la temperatura para tomar y/o conservar un vino. Solo tienen en común los grados centígrados, porque en enología los consideramos distintos, o por lo menos debemos, a la hora de recomendar una u otra.

Por un lado esta la temperatura de guarda, y en este caso estamos hablando de condiciones semejantes para un vino blanco, un espumoso, un rosado o un tinto. Durante su estancia en botella, el vino no deja de evolucionar, y esta evolución depende, entre otras cosas (variedad de uva, estructura, grado, taninos, etc, etc), de la temperatura a la que se encuentra el vino, o de forma más precisa, de los ciclos de temperatura. Así, cambios muy bruscos de temperatura (pasar de 25 º por ejemplo en verano a 4 o 5 º C en invierno), aceleran la evolución en botella, haciendo que comience antes su declive. Sin embargo, cuando el salto es menor, el vino evoluciona lentamente, adquiere una mayor redondez en boca, desarrolla su bouquet y alarga su vida, cosa muy apreciada en los tintos y blancos con barrica. Aunque no soy muy dado a aconsejar a nadie, un criterio, que no puede considerarse norma, podrid ser mantener los vinos en lugares donde nos se produzcan importantes cambios de temperatura, procurando mantenerlos entre los 13 o 14 grados en invierno y los 17 o 18 en verano. Bonita la frase verdad, pero y, “como coño hago yo eso en mi casa, con un ático que en verano se pone a mas de 40 grados y en invierno se hielan hasta las palomas”. Lo cierto es que no lo ponemos fácil, pero alguna solución podemos dar. Por ejemplo, ahora, y aun precio no muy desorbitado, tenemos unos pequeños armarios climatizados que ocupan poco espacio (abstenerse los de las soluciones habitacionales de 25 m2), y que permiten mantener 20 o 30 botellas en casa de una forma adecuada. Puede ser una solución. Añadan otros a la lista.

El otro punto es el referente a que temperatura debemos tomar este o aquel vino. Hasta hace unos años era fácil dar consejos en este sentido, porque los tipos se resumían mucho. Blancos, cavas y claretes afrutados, mejor fresquitos. Los tintos del año, fresquitos también pero menos, y los tintos con mas barrica, Reservas y Grandes Reservas a los archiconocidos 18 º C. Hoy, la diversidad de vinos que hay es enorme (y menos mal que es así), y por tanto esas pautas se han quedado ¿un poquito viejas?. Lo dejamos para la segunda parte.

Anécdotas, muchas.

Una. Hace ya bastante tiempo entre en un restaurante, cierto que no de muy buena apariencia interior aunque si exterior. Antes de sentarnos a la mesa, me llamó la atención un mágnum de una ahora conocida y antes nueva casa de vinos, que a duras penas se mantenía en pie al borde de un mostrador cercano a la calefacción. Por debajo de la capsula, caía un fino hilo de vino ya seco y amorronado. Con cierto recelo, y por curiosidad, pedimos el precio de la botella, (ciento treinta y tantos euros, de los de de entonces). Dialogo de besugos.

- Pero oiga, el vino estará bueno.

- Bueno. Cuando el vino sale por el tapón, es que ya no aguanta en la botella y esta para beber… ¿Se la pongo o se lo lleva puesta?.

Prefiero no opinar…. Eso me pasa por entrar a sitios poco recomendados.

Y otra. La semana pasada leí en el número de agosto de la revista PlanetaVino, un divertido articulo de Pepe Iglesias que relata lo sucedido en el restaurante de sus padres un día si y otro también. Lean, “… En la subida de la escalera, había un radiador, y en un huequín que éste dejaba libre, allí se metían las botellas de Viña Ardanza y Viña Tondonia que contábamos sacar en cada servicio, para que cuando Don Cosme pidiese una y ésta le llegase a la mesa a esos treinta o cuarenta grados, pudiese presumir de erudito ante sus invitados diciendo aquello de: Este es un gran restaurante, fíjate a que temperatura está este vino, chambré, como a mi me gusta”.

Pues eso, chambré, chambré. Hasta después de vendimias….

Escrito por: julio 5 comentarios 26 Sep 2007 URL Permanente

18 Ago 2007

Decantar, si o no.

Leer el último blog de Manuel Camblor, me ha sacado un poquito de esta desidia estival en cuanto a lo bloggear y me ha dado pie a lanzar estas cuatro líneas.

El trabajo actual de un enólogo ya no se limita exclusivamente a estar entra las pipetas del laboratorio y las barricas de la bodega. Pertenecemos a la generación del saber, de conocer como se hace lo que compramos, lo que comemos y lo que bebemos. Por ello, a las obligadas funciones técnicas que desarrollamos los enólogos, tenemos también unas “inevitables” tareas de relaciones públicas: catas, visitas de bodega, maridajes....

Si hiciese un ranking de las preguntas que me hacen en estos eventos, el primer lugar lo ocuparían todas las relacionadas con cantidades: cuantos kilos de uva hacemos, cuantas barricas, botellas y litros de vino tenemos, cuanto tiempo puedo guardar esta botella, etc. El segundo lugar, sin duda, lo ocuparía la temperatura para tomar y/o conservar un vino. La tercera, si es preciso decantar o no un vino. He sacado de este ranking, la que yo considero la pregunta del silencio: “perdona, mi padre tiene unas botellas del año catapún de (quien sea, a veces ni lo conozco) en el trastero de su casa, ¿estarán buenas?, ¿cuanto tiempo mas las puedo guardar?. Siempre obtienen la misma respuesta: una subida y bajada de hombros unido a un gesto en mi cara de “debería estar bebida”.

Empezaré por la tercera y que enlaza con lo relatado en el blog de Manuel. Decantar una botella, si o no. Decantar un vino tiene dos objetivos principales: uno separar los posos si los hubiere, y dos, oxigenar, “abrir el vino”. La forma de hacerlo es diferente en cada caso, incluso los decantadores deben ser de forma distinta. Los posos no siempre están unidos a una alteración del vino, no es dogma de fe, pero es un hecho que siempre van unidos a una mala percepción por parte del consumidor, y por tanto, es necesario eliminarlos. Para ello conviene dejar la botella durante un tiempo (unas horas), sin abrir y con el tapón hacia arriba para que el poso descienda al fondo de la botella, de forma que al pasarlo al decantador, sea fácil separar el vino limpio del turbio. Mejor un decantador de cuello alto, te deja ver mejor cuando el vino empieza a salir algo mas turbio. La luz de la velita, la bandejita de plata y todo lo demás, este bien como complemento, como un adorno

El segundo objetivo, es oxigenar, abrir esos vinos que su larga permanecía en botella (dé-ca-das) han desarrollado un aroma reductor, cerrado, que con una buena aireación, ¿desaparecen?, haciendo que el vino evolucione a un bouquet mas complejo y agradable. O no. Para ello, conviene trasegarlo a un decantador ancho, donde la superficie de contacto entre el vino y el aire es mayor y por tanto mejor disolución del oxigeno en el vino.

¿Cuanto tiempo antes de consumirlo hay que decantarlo?. Pues no hay una regla general para aplicar a todos, hay cientos de excepciones. Cada vino es distinto. Además las excepciones suelen ser las más atractivas. He probado varias Riojas con mas de 30 años que recién abiertos estaban fenomenales, otros que ni aun después de decantarlos han mejorado, incluso se volvieron imbebibles. No hay reglas.

Si es un hecho, que no hay un criterio claro a la hora de decantar o no. Es fácil encontrarte algunos neoilusionista haciendo enormes esfuerzos decantando “una de esas botellas del 2004 que necesitan decantarse para que expresen todo su potencial y frutosidad”. De igual forma, te puedes encontrar situaciones como las padecidas por Manuel, con un Rioja del 64 turbio y opaco en su copa, por un ¿despiste? de no se quien.

Siento tu mala copa Manuel, y agradezco tu osadía de pedir a un compañero su copa limpia y poder disfrutar de ese vino probamos juntos por primera vez, yo al menos.

El siguiente, la temperatura, el vino y mis anécdotas...

Escrito por: julio 1 comentario 18 Ago 2007 URL Permanente

03 Jul 2007

Cambios y recambios..

Desde diversos foros mundiales nos alertan acerca de los cambios que nos esperan en las próximas décadas, y que según diversos expertos, están producidos en una gran parte por la creciente contaminación medioambiental, la destrucción de la capa de ozono,  y cuya consecuencia mas inmediata esta siendo eso que ya ha empezando a resultarnos familiar, "cambio climático". Por lo que se esta viendo y escuchando, algunos de los problemas actuales, como no podía ser de otra forma, tiene su causa y origen en estas dos palabras. El aumento de la incidencia de algunas enfermedades, la desertización de zonas, los cambios en la agricultura y en los comportamientos humanos, incluso, hasta llegar tarde y cabreado al trabajo son consecuencia de este cambio. No discuto todo esto, puede que sea así, o igual no, pero creo que achacarle todos nuestros males a este cambio es algo simple.
Algo similar ocurre en vinorbe. Parece que todos ¿los problemas?, que nos acechan son una consecuencia de estos cambios medioambientales, para los que curiosamente, la naturaleza no esta preparada. A saber: el alarmante aumento de las producciones por hectárea, el desproporcionado grado en los vinos y la consecuente perdida de acidez de los mismos, el tremendo desequilibrio en la madurez de los azucares y los polifenoles en la uva, la pérdida de los aromas varietales en los mostos y vinos, etc, etc. Todos son consecuencia directa de este cambio climático. De un tiempo a esta parte, no pocos foros, conferencias, congresos y demás "ferias" se están sucediendo a lo largo del mundo tratando todos estos temas y sus posibles soluciones. Fenomenal. Le hemos puesto nombre a todos nuestros males, y a partir de ahora intentar corregirlos. La enfermedad esta descubierta, solo faltan los remedios. Tampoco voy a discutir todo esto, puede que sea así, o igual no. Pero también creo que somos demasiado simples intentando justificar con este cambio ciertas decisiones vitivinícolas que, igual en su momento fueron acertadas, que el tiempo no las ha considerado así, y cuyas consecuencias las estamos sufriendo ahora. A saber, y por cierto, es una lista abierta, a la que espero que alguno más se sume. O debata:
  • Reinado de la variedad tempranillo. God save the Queen.
  • Arranque del viñedo viejo, varietal, y sustitución por joven. Por cierto, cada año se plantan no se cuantas viñas de mas de 40 años. Algunas menos de más de 80.
  • Proliferación de clones muy productivos. Kilos, kilos, kilos, mas kilos por favor...
  • Monoinjerto. Solo vale uno, el resto a la pira.
  • Conquista por la vid de terrenos que nunca fueron suyos. Terrenos cada vez más fértiles y productivos. Mejor un kilo de uva que cuatro de patatas.
  • Uso desmedido, descontrolado e irracional de los abonados. Y del riego, si lo hubiere o lo padeciere.
  • Etc, etc
 
La realidad es, que como en todo, no nos queda otro remedio que adaptarnos al medio que nos ha tocado vivir. La enología esta cambiando a pasos agigantados, y estos vienen determinados por los cambios en la viticultura. Las técnicas de elaboración de hace diez años ya nos son validas. Todo esta cambiando, quizás demasiado deprisa, quizás más de lo que a muchos nos gustaría, pero bueno, así es la vida.

Escrito por: julio 0 comentarios 03 Jul 2007 URL Permanente

29 May 2007

De Revoluciones y Evoluciones..

Las modas y las tendencias siguen dando que hablar. El pasado día 24 de mayo el Consejo Regulador de la DOC Rioja, organizó un encuentro entre bodegueros, jueces y catadores de concursos vinícolas, editores de guías y representantes de la venta directa y del marketing. El objetivo principal, poner sobre la mesa los factores que sitúen al Rioja en la vanguardia del sector. En el ambiente una única pregunta ¿Que es la calidad cuando se habla del vino de Rioja?
Si mi memoria no me falla, fue hace unos 10 o 15 años cuando apareció una nueva tendencia en el mundo vitícola y principalmente en RIOJA. Originados desde varios puntos (neobodegueros, líderes de opinión con otro filón por explorar, nuevos consumidores, etc.), surgieron lo que por entonces se les denomino vinos de "ALTA EXPRESION". A la par, brotaron no pocos artículos de opinión en la prensa especializada, entrevistas con los nuevos gurus enologicos, catas comparativas de lo anterior y lo nuevo, etc, etc, etc. Seria fácil tirar de hemeroteca y ver títulos como "Rioja se mueve", "Los nuevos Riojas arrasan en estos y otros concursos", "La Revolución del Rioja". Básicamente eso, la Revolución del Rioja. Peligroso mensaje.
Las Revoluciones siempre ha traído primero, prohibir lo existente y después aniquilarlos, decapitarlos, borrarlos del mapa. Que se lo pregunten sino al pobre Robespierre. Y eso tristemente ocurrió también en el vino. Primero, eliminar lo que existía en esa época, decapitar al RIOJA. Mandar al baúl de los recuerdos a todas esas marcas y vinos que lo habían puesto en lo más alto del panorama vinícola. De pronto, eso ya no valía. Lo nuevo, sobre todo "los vinos descubiertos por los nuevos gurus", era lo que vendía. Ese era el futuro y esa era el camino a seguir. Pobrecitos de aquellos que no siguiesen esa tendencia, mala suerte se les auguraba.
Ha pasado el tiempo, ese juez inapelable que pone a cada uno en su sitio. Hoy, en la mayor parte de los casos, ya nadie quiere que se le tilde como productor o creador de vinos de "ALTA EXPRESION", huyen como alma que lleva el diablo de esa etiqueta. Para los autores de opinión lo moderno son los vinos con personalidad, complejos, sedosos, con buena estructura, con dominio de la fruta sobre la madera, vinos gratos de beber, placenteros. Algunos de esos que antes aplaudían, la fuerza y la potencia (confundida en muchos casos con hosquedad), la megaextraestructura, ahora, les aburren, ya no valen. Ya no les generan placer. Son bastos, les falta la elegancia de los clásicos, "seria bueno volver la vista atrás". ¡Que caprichoso es el tiempo!
Pues bien, ahora, los que siempre hemos estado en el otro bando (los denostados), comentaríamos el mismo error que los otros en su tiempo, es decir, "Revolucionar el vino" y volver la vista atrás. Esa tendencia de los años 90 fue buena para el Rioja y abrió otros caminos que era necesario explorar. Pero para explorar ese camino no era necesario dejar en la cuneta al resto. Mas habríamos ganado si hubiésemos EVOLUCIONADO. Todos, unos desde lo más o menos clásico y otros desde lo más o menos moderno. El gran lujo que se puede permitir Rioja es, ser la única zona vitícola que puede ofrecer vinos con una amplia gama de estilos: clásicos y modernos, con más o menos fruta, con la madera más o menos presente, pero todos de un altísimo nivel. Y sin duda esta es la gran CALIDAD del Rioja que hace que cuatro de cada diez botellas que se consumen en un restaurante sean de esta Denominación.

Escrito por: julio 1 comentario 29 May 2007 URL Permanente

04 May 2007

Vinos de cata, y los otros...

Que el mundo del vino se mueve y esta de moda es incuestionable. No solo el vino, los aceites, los vinagres, los quesos, las carnes, todo, la gastronomía en general. Hoy nos inquieta el saber, el conocer. Ya no nos vale con el probar por probar. Esto, para el mundo del vino ha sido extraordinario. Extraordinario porque ha traído nuevos consumidores al vino, con nuevos gustos e inquietudes, y sobretodo, muy necesarios e importantes para que este sector no se quede anclado en el pasado (vino = bebida de viejos). Algunos de estos nuevos consumidores no dudan en buscar las últimas novedades en el mercado (no menos de 95 puntos), sin importar la zona vitícola o la variedad, ni por supuesto el precio de la botella, solo la referencia del critico y el prestigio que les confiere. Vinos que generalmente se han destinado a "catas de jurados y profesionales especializados", vinos cargados de color, con importantes notas afrutadas, con intensos aromas de madera (cuanto más nueva y tostada mejor), tánicos, muy alcohólicos, y por supuesto, densos, muy densos. Vinos de cata, de premios, de puntos o de como ustedes quieran llamarlos, pero en la mayoría de los casos, faltos de complejidad, exentos de sedosidad y de armonía, y sobre todo, cortos, muy cortos. Faltos en definitiva de los mejores adjetivos que hacen del vino una bebida deliciosa.
Esto me lleva a proponerles una historia, la historia de un contrasentido. Imaginen: noche del miércoles, céntrico y moderno restaurante. En una de las mesas, dos jóvenes que se conocieron en un curso de cata, rebuscan en la carta de vinos la penúltima referencia de la penúltima guía editada cosida a pots-its y a fluorescente amarillo. Americana sin corbata, "primero tomaremos Sednus Limousin", un nuevo albarino con "nariz de buena intensidad, con aromas de membrillo y manzana compotada, hierba cortada como alfalfa, lías, con una barrica cremosa y herbáceos frescos de hinojo y laurel verde", guía dixit. Mientras el camarero pone y quita los platos apenas sin tocar, los nuevos enochalados, agitan sus copas con maestría, acercan una y otra vez la copa a su nariz, releen las notas de cata intentando buscar el hinojo y el membrillo, suben y bajan la copa apreciando su limpidez, y por ultimo, beben en pequeños sorbitos acompañados de molestos ruiditos. Por cierto, los platos siguen yendo y viniendo impolutos. La guía sigue moviéndose de un lado a otro de la mesa. Suéter en pico, anagrama al pecho, "si te parece, probamos El Escalofrió, un coupage de tempranillo, merlot, cabernet y Syrah", 98 puntos en la guía, 120 euros en la carta, "un día es un día". El camarero acerca la pesada botella, copas nuevas "¿podría decantarlo por favor?". Se mantiene el ritual, copas agitadas con maestría, nuevamente la copa a la nariz una y otra vez,  "color rubí intenso, de capa alta. Aromas de especias orientales, tierra mojada, hongos, balsámicos, especias mediterráneas como el romero, tomillo, pimentón o azafrán. En boca, denso, potente con notas escarchadas, posos de café, con ricos taninos que sostienen al vino", guía dixit. Vuelven los molestos y ruidosos sorbitos. "Esta cerrado, necesita airearse". La cena llega a su fin entre copas, nadie se acuerda de los platos. El camarero, con gran diligencia ofrece llevarse el vino sobrante en unas bonitas bolsas "sino te importa, me gustaría llevarme a casa El Escalofrió, no acabo de coger la el tomillo y el azafrán, en casa con mas tranquilidad volveré a catarlas". Suéter anudado al cuello. Hasta el mes que viene.
En otra de las mesas, dos amigos charlan y ríen mientras cenan. Camisa suelta, mangas al codo. Les acompaña una de esas botellas tradicionales, aborgoñada, Viña no se que. El vino corre con avidez. A las carnes, piden una segunda botella que no terminan con en el postre. Nuevamente, el camarero ofrece la bolsita con la que llevarse el vino "sino le importa y no tienen prisa, nos la llevaremos puesta,  hoy no conducimos".
Esta pequeña historia no es una crítica. Los dos ejemplos son buenos y necesarios, muy necesarios. Únicamente, me sirve para poner sobre la mesa, la existencia de dos tipos de vinos. Unos, los de cata, de concurso o de puntos, o como quieran llamarlos, y los otros, los de beber, los de disfrute y placer. Y esto es una hecho, no es imaginación.

Escrito por: julio 3 comentarios 04 May 2007 URL Permanente

18 Abr 2007

Uno de curiosidades

 
Hace unos días leí un entretenido articulo: "Catar a 30.000 pies de altura" (número 14 del mes de abril de La Revista TodoVino). Trata sobre una curiosa cata de vinos de Rioja, Ribera del Duero, Rueda, Rías Baixas y algunas otras denominaciones, realizada en un vuelo con destino a Nueva York. Varias cosas han llamado mi atención.
Aunque parezca obvio, "un vino equilibrado en tierra sigue siéndolo a 30.000 pies de altura", y esto no deja de ser cuando menos, chocante. Hay cientos de comentarios acerca de las condiciones - logísticas y ambientales entre otras - en las que se debe realizar una cata, y una cabina de un avión (espacio reducido, vibraciones, ruido, etc.,) no aparece en ninguno de ellos. Así que va a ser verdad lo del dicho: lo bueno es bueno, aquí, y en Sebastopol.
Sorprende también que, "los vinos que en tierra tienen una ligera sensación astringente, a 30.000 pies de altura se muestran más agresivos. En cambio los vinos de taninos más redondos o que se han pulido en botella se sienten mas amables y equilibrados". Esto lleva a que  "los vinos de reserva y gran reserva que se cataron se presentaron más sabrosos y redondos que otros tintos de estilo más potente y estructurado que se correspondían con añadas de mas reciente aparición en el mercado". ¡Vaya, vaya con las crianzas largas....!
Uno de los temas de mas interés en la enología y viticultura actual, por no decir El Tema, es la alarmante perdida de acidez que se esta produciendo en los vinos en los últimos años. Los motivos son varios, y en otra ocasión podemos hablar de ello, pero no olvidemos que "el carácter refrescante de un vino es vital en una situación de mayor sequedad ambiental. Y el elemento del vino que más contribuye a aportar esa sensación fresca es la acidez. Los vinos pesados, con acideces relativamente bajas resultan ligeramente mas pesados a bordo". ¡Bendita acidez...!
La última conclusión a la que llegan los autores es, que "los vinos de desarrollo aromático lento, a los que les viene bien la oxigenación, necesitan mucho tiempo en la copa. Funcionan mejor los que se expresan con mas nitidez".
 
Esto es un pequeño resumen del texto (recomiendo leer el artículo completo). La conclusión final podría ser que,  "el tinto perfecto para tomar en un avión, seria un vino de sabores y aromas intensos, cierta carnosidad y estructura, agradables sensaciones golosas, taninos pulidos y perfecta acidez. Por ejemplo: un Rioja a caballo entre el clasicismo y la modernidad, de estructura media, con abundante fruta dulce, tostados y taninos pulidos....". ¿Les suena lo de "Clásicos de Vanguardia"?
 
Señores pasajeros, no olviden abrocharse sus cinturones, pidan su copita de Rioja, relájense y disfruten del vuelo.
 
Todo esto no deja de ser una curiosidad, aunque, ¿sabían que los pasajeros de British Airways consumen mas de medio millón de cajas de vino al año (6 millones de botellas de 0,75 litros), y los de Lufthansa mas de 3 millones? Ojito con la curiosidad.  

Por terminar, amigo Camblor, te dejo un pequeño encargo para tu próximo viaje a España. No olvides tu catavinos para el vuelo, y, cuéntame, cuéntame...

Escrito por: julio 4 comentarios 18 Abr 2007 URL Permanente

06 Abr 2007

y en esto llegaron las virutas..

Por continuar con las nuevas medidas legislativas, llega el turno a la reciente aprobación por parte de la Comunidad Europea del uso de virutas de roble como práctica enológica permitida. Estos nuevos productos mal llamados "alternativos de roble", léase virutas, chips, staves, etc, se vienen usando desde hace años en los Nuevos Países Productores del vino, principalmente Australia y Nueva Zelanda, con el objeto de dotar al vino de los sabores de la madera de una forma rápida y económica, reduciendo costes, y que permite poner el mercado vinos con "sabor a madera a la carta" (mas o menos vainilla, mas o meno regaliz o tostando o especies, o todo lo que ustedes quieran) y, que unido a los modernos sistemas de microoxigenación, permiten acelerar el envejecimiento del vino.
A esta medida se han opuesto de forma oficinal, las Denominaciones de Origen más o menos tradicionales, principalmente Rioja y Ribera del Duero, donde se considera que los vinos de calidad, necesitan de una cuidada y esmerada crianza en barricas de roble. Y la experiencia así lo dice, ya que durante este proceso, el vino sufre complejas reacciones químicas que estabilizan su color, adquiriendo los aromas y sabores propios de cada tipo de roble, y que tras un tiempo más o menos largo en botella, se obtiene un bouquet, eso que hace del vino algo realmente placentero.
Los que nos hemos decidido "tradicionalmente", por esta forma de envejecer los vinos, apreciamos un día si y otro también, como un vino va evolucionando de una forma sorprendente a medida que se desarrolla su crianza, comprobando que las sensaciones que nos proporciona este vino después de seis meses en barrica, cambian a los doce meses y mejoran después de veinticuatro meses. La barrica de roble cede al vino una serie de compuestos de una forma escalonada, primero los más fácilmente extraíbles, y continuación los que necesitan de un mayor tiempo de contacto entre el vino y la madera. Es su historia, y la historia necesita principalmente, tiempo.
Es como hacer el camino de Santiago. Por ejemplo, el australiano cogería una avión para llegar a Santiago de Compostela de una forma rápida y económica, frente al español que lo realizaría en bici o andando. El australiano llega antes si, pero se pierde todas esas vivencias que puede coger en Estella, o en Santo Domingo de La Calzada, o en León si lo hace andando o en bici. ¿Que historia del camino es mas interesante?
Por todo eso y algunas cosa mas, creo que lo forma mas adecuada de hablar de todos estos nuevos productos seria la de "sucedáneos del roble", por que no dejan de ser eso, sucedáneos. ¿Se imaginan a alguien en un restaurante pidiendo un "sucedáneo" de Viña Ardanza, o de Imperial, o de Tondonia?.
Hace uno días nos visito un tipo mal informado (cuantas barricas teníamos, de que tipo, etc), ofreciéndonos todos estos productos, sus bondades, y sobre todo indicándonos la cantidad de dinero que nos podríamos ahorrar. De verdad, me daba una pereza tremenda, explicarle, por ejemplo, ¿un Rioja?

Escrito por: julio 2 comentarios 06 Abr 2007 URL Permanente

29 Mar 2007

A quien corresponda...

El pasado mes de enero el pleno del C.R. de la Denominación de Origen Calificada Rioja aprobó la incorporación al Reglamento de la Denominación de nuevas variedades de uvas blancas y tintas para la elaboración de sus vinos. En el caso de las variedades blanca se ha autorizado la plantación de Verdejo, Sauvignon blanc, Chardonnay y las variedades autóctonas, Maturana blanca, Tempranillo blanco y Turruntés. En el caso de las variedades tintas, las nuevas son todas ellas autóctonas:Maturana tinta, Maturano o Maturana parda y Monastel, en este caso con el fin de recuperar las raíces del patrimonio vitícola riojano y aportar diversidad a su producción vinícola, manteniendo su identidad. Desde este foro nos gustaría hacer dos consideraciones.
En primer, lugar destacaría el esfuerzo realizado principalmente por Fernando Martínez de Toda y Juan Carlos Sáncha. No deja de ser sorprendente que han necesitado más de 20 años, estudios concienzudos y me imagino que varias épocas de desanimo, para que estas variedades minoritarias y autóctonas de Rioja vean la luz.
Nadie duda ya que los vinos blancos de Rioja necesitaban un nuevo impulso, y las nuevas variedades introducidas pueden actuar como mejorantes de los vinos de Viura principalmente, aunque quizas alguna mas se podria haber incluido. Por lo que respecta a las tintas, la importancia estriba en que se recupera parte del material vitícola, material que se esta perdiendo a pasos agigantados, debido principalmente a la erosión genética que se esta produciendo en nuestros viñedos. Hoy, salvo contadas excepciones, todo es tempranillo sobre 110 R con el clon no se cuantos, etc, etc.
La segunda, es la paradoja que se esta produciendo en Rioja. Por un lado somos reacios a la incorporación de variedades foráneas, argumentando, que el dominio del Cabernet Sauvignon en el panorama vitícola mundial, va a relegar al tempranillo de Rioja a un nivel secundario, cosa que puede ser cierta. Pero curiosamente, en nuestros viñedos, se esta produciendo una pérdida varietal importante. Basta con volver la vista atrás y hacer un estudio del patrimonio varietal en nuestros viñedos, en el año 1960, en el 1980 y en el año 2000. Veríamos que hemos pasado de un mayor número de hectáreas de la variedad Garnacha, con importantes hectáreas de Graciano, Mazuelo y Tempranillo, a un dominio casi absoluto de esta última. ¿Por qué no aplicamos el mismos criterio en este caso? ¿No estamos dando mas importancia a una variedad, relegando el resto a un nivel secundario?, ¿ No corremos de igual forma, el riesgo que los vinos de Rioja solo se diferencien por la zona de procedencia del tempranillo?. ¿Quién se acuerda ya de los maravillosos garnachos de Tutelilla, por ejemplo?.
Hoy en día es cada vez mas complicado encontrar vinos varietales de Garnacha, o de Mazuelo, vinos que han estado presentes en los coupages de los grandes vinos de Rioja. A los "clásicos" no nos queda sino ser de nuevo vanguardistas, ir un poco contra corriente, y mantener y aumentar las plantaciones de estas variedades minoritarias, buscando zonas que antaño se consideraban idóneas para la plantación de estas variedades hoy minoritarias. Vinos que han ayudado a mantener la complejidad de los Tempranillos, poniendo su granito de arena para que los vinos de Rioja sean considerados como una parte importante de los grandes vinos mundiales.
 
 

Escrito por: julio 1 comentario 29 Mar 2007 URL Permanente

16 Mar 2007

Como deciamos ayer.....

He tenido en los últimos meses la oportunidad de asistir a varias catas de esas que quedan para siempre en la memoria de uno, y que si algún síndrome senil no me lo impide, espero que formen parte de batallitas a las que algún día poder recurrir.
La primera de ellas fue la organizada en Madrid por la Fundación para la Cultura del Vino, donde se degustaron varias cosechas de Chateau d`Yquem.  No hace mucho, una conocida periodista china, me comentaba la curiosa diferencia que existe entre los occidentales y los orientales, a la hora de valorar los vinos. Nosotros, los occidentales, lo hacemos de una manera puntual, casi esquemática (...aromas de violeta, pimienta y torrefacto, etc, etc,). Pero para los orientales, la degustación no deja de ser una historia, una especie de película de sensaciones, que se van sucediendo una tras otra de forma entrelazada, dejando al final un poso, un recuerdo, un placer. Eso es lo que desprendían estos vinos D´Yquen, un placer, una historia de sensaciones que se iba dibujando a lo largo de una cata, que cada vez se descubría más asombrosa. Primero, los aromas varietales ennoblecidos por el desarrollo del hongo; después los fermentativos, y al final los provenientes de su mimada crianza en barrica, todos ellos entrelazados de una forma sutil y delicada. Memorables las añadas 1988 y 1986, vinos exclusivos y delicados, difíciles de olvida. ¿Volveré a probarlos?
La segunda de estas catas fue de Borgoñas de las cosechas 2002 y 2003, organizada por un buen club de enófilos, amantes de los grandes vinos, y a la que tuve la suerte de asistir, gracias a la invitación de alguien que conoce mi debilidad por los borgoñones. Vinos abiertos de color (que raro), alguno casi velado, con los típicos aromas de su variedad y zona, complejos, delicados, de impresionante paso de boca que dejaban a las claras de donde venían y a donde van. Vinos largos y profundos con una capacidad de envejecimiento casi infinita.
Vienen a cuento estos dos ejemplos, por ser dos casos muy concretos de vinos que se han mantenido en el tiempo, frente al hecho más o menos apreciado que esta ocurriendo en los vinos de este país. Sin lugar a dudas estamos en la Edad de Oro de los vinos españoles. No descubro nada, basta acercarse a las últimas publicaciones internacionales y comprobar su posición en las listas. Y esto no deja de ser una buena noticia para todos. Pero no es menos cierto que estamos ante unos cambios que han llevado a una situación criticable. La moda actual, ha llevado a un estilo de vinos, donde la fuerza y la potencia ha sido mejor valorado, obviando la complejidad y la armonía. Los vinos mas puntuados, generalmente han sido los más intensos y cubiertos de color, donde la fruta y la madera francesa tostada han tenido un carácter dominante. La consecuencia más inmediata, ha sido la importante pérdida del origen de los vinos, y a que cada vez sea más difícil, incluso para los profesionales, distinguir su zona de procedencia. Hemos globalizado nuestros vinos a costa de perder su tipicidad. No es que estos sean ni mejores ni peores que los anteriores, pero hoy en día, cada vez es mas frecuente encontramos con vinos que no sabemos si son Riojas, Riberas o de Alicante. Y esto no es bueno, ni para unos ni para otros ni para los de más allá.
Si tradicionalmente hemos tenido un punto fuerte en los mercados internacionales ha sido, la tipicidad de nuestros vinos, su exclusividad de origen y variedad, ¿porqué debemos ponerlo en juego a cambio de un puñado de puntos?. ¿Se imaginan a los de Sauternes o a los de la Borgoña en esta absurda carrera de fuerza?.

Escrito por: julio 1 comentario 16 Mar 2007 URL Permanente

Sobre este blog

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Clásicos de vanguardia

Julio Sáenz, de 41 años, licenciado en Farmacia por la Universidad de Salamanca, Magíster en Viticultura y Enología y Licenciado en Enología por la Universidad de La Rioja, es el enólogo de la Bodega La Rioja Alta, S.A.
Es miembro del Comité de Cata de los Consejos Reguladores de Rioja y Ribera del Duero desde 1998 y colaborador habitual en diversas publicaciones y congresos técnicos del sector.
Julio Sáenz entró en La Rioja Alta, S.A. en 1996 como responsable del Departamento de Control de Calidad. Durante estos últimos años ha dirigido también los programas de experimentación del grupo y su “nave de experimentación”, uno de cuyo resultados más importantes ha sido el vino Marqués de Haro Reserva 2001, un ejercicio de libertad que compagina la tradición con un moderno estilo enológico.

Sáenz es el responsable enológico de dos de las más importantes iniciativas puestas en marcha por el grupo La Rioja Alta S.A. en los últimos años, el vino Áster, en la Ribera de Duero y el Barón de Oña, en la Rioja Alavesa.

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