{"id":28,"date":"2010-07-06T09:58:00","date_gmt":"2010-07-06T09:58:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/alacid\/?p=28"},"modified":"2010-07-06T09:58:00","modified_gmt":"2010-07-06T09:58:00","slug":"el-director-merckx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/alacid\/2010\/07\/06\/el-director-merckx\/","title":{"rendered":"El director de Merckx"},"content":{"rendered":"<div class=\"p\" id=\"story-texto\">\n<div class=\"p\">Hace unos a\u00f1os, Miguel Indurain enfilaba una cuesta por el coraz\u00f3n de Italia, en direcci\u00f3n al santuario de Oropa. Detr\u00e1s, al volante, su patr\u00f3n, Jos\u00e9 Miguel Ech\u00e1varri, que ya en la meta, victorioso su pupilo, se confesaba con la prensa: \u00abYa no hay que decirle nada. Yo iba en el coche y me limit\u00e9 a disfrutar. Qu\u00e9 gozada. Parec\u00eda el director de Merckx\u00bb. Merckx, apodado &#8216;El Can\u00edbal&#8217;, fue uno de los monumentos del deporte del siglo XX, un belga que no se limitaba a ganar: s\u00f3lo era feliz arrasando a sus rivales. Hab\u00eda en este caballero un gen competitivo similar al que guiaba a Indurain, s\u00f3lo que a\u00f1ad\u00eda otro don: era insaciable. All\u00ed donde el ciclista de Villava ve\u00eda a un colega de profesi\u00f3n, Eddie Merckx s\u00f3lo intu\u00eda la amenaza de un enemigo. No hac\u00eda prisioneros. Se trata del mismo mensaje que el domingo lanzaba desde la opaca hierba de Londres Rafael Nadal, otro deportista genial, uno que viene a poner patas arriba el escalaf\u00f3n, a revolucionar la historia del tenis, con una mezcla de habilidades que har\u00edan feliz a Indurain: talento m\u00e1s esfuerzo.<\/div>\n<div class=\"p\">A la misma hora en que Nadal despedazaba a Berdych, incapaz de entender qu\u00e9 l\u00f3gica debe aplicarse cuando se pisa territorio sagrado, una final de un Grand Slam, un escenario que ya es el cuarto de estar del mallorqu\u00edn; casi al mismo tiempo en que Borg y McEnroe se frotaban los ojos (uno en la grada, otro en las cabinas de prensa) y confirmaban a la vez que estaban ante uno de los suyos, otro entre los grandes; coincidiendo con esa lluvia de golpes donde se mezclaban la poes\u00eda (ese rev\u00e9s cortado, ese sutil saque de zurdo) y la prosa (qu\u00e9 piernas las de Nadal), Merckx se sub\u00eda al podio del Tour en Bruselas para despachar los premios al ganador de etapa y al maillot amarillo, sin saber que sentado en su asiento de Wimbledon hab\u00eda un caballero que probablemente se sent\u00eda hermanado, sin saberlo, con Jos\u00e9 Miguel Ech\u00e1varri. Ese se\u00f1or con gorrita se llama Toni Nadal y el domingo tambi\u00e9n se pareci\u00f3 al director de Merckx.<\/div>\n<div class=\"p\">Porque su sobrino se ha convertido no s\u00f3lo en el tenista del momento, un jugador que va lanzado a convertirse este verano en el s\u00e9ptimo en hacerse con todos los t\u00edtulos del Grand Slam, sino en una referencia para la siguiente generaci\u00f3n de tenistas. Alguien que ya no necesita que le gu\u00eden y conserva a su t\u00edo-entrenador como talism\u00e1n-amuleto. En alguna academia ya habr\u00e1 un tipo observando sus movimientos, descodificando su juego, aplicando la tecnolog\u00eda al servicio de la creaci\u00f3n de alg\u00fan clon del inimitable Nadal, ignorando que la principal virtud del n\u00famero uno del tenis mundial no se copia, no puede copiarse: esa sabidur\u00eda descomunal para interpretar los partidos, emplear el tono exacto y adecuado en cada momento de cada set, leer los golpes del contrario con esa pericia que le permite ir siempre un poco por delante. El domingo, por ejemplo, gan\u00f3 con <i class=\"i\">superbreak<\/em> sus tres sets. Es decir, conserv\u00f3 siempre su servicio y s\u00f3lo apret\u00f3 en el resto cuando vio una rendija, cuando la puerta se entreabr\u00eda y por el quicio asomaba la conquista del set. La misma medicina que recet\u00f3 a Andy Murray para dejar a la afici\u00f3n local sin un campe\u00f3n brit\u00e1nico desde Fred Perry. <\/div>\n<div class=\"p\">En compensaci\u00f3n, Nadal ofreci\u00f3 una final inmaculada que permiti\u00f3 a los fans de Murray olvidarse de \u00e9l y entregarse a su aut\u00e9ntico \u00eddolo. El entusiasmo de los aplausos finales confirmaba que Wimbledon no s\u00f3lo saludaba a su campe\u00f3n: se rend\u00eda ante una leyenda.<\/div>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos a\u00f1os, Miguel Indurain enfilaba una cuesta por el coraz\u00f3n de Italia, en direcci\u00f3n al santuario de Oropa. Detr\u00e1s, al volante, su patr\u00f3n, Jos\u00e9 Miguel Ech\u00e1varri, que ya en la meta, victorioso su pupilo, se confesaba con la prensa: \u00abYa no hay que decirle nada. 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