{"id":9,"date":"2019-11-12T18:17:33","date_gmt":"2019-11-12T17:17:33","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/basket-viejuno\/?p=9"},"modified":"2019-11-25T12:55:24","modified_gmt":"2019-11-25T11:55:24","slug":"las-ultimas-finales-de-los-new-york-knicks","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/basket-viejuno\/2019\/11\/12\/las-ultimas-finales-de-los-new-york-knicks\/","title":{"rendered":"Las \u00faltimas finales de los New York Knicks"},"content":{"rendered":"<p><strong>Los Knicks disputaron su \u00faltima final hace veinte a\u00f1os. El recuerdo de aquel equipo debe marcar el camino de una franquicia que esta temporada se despe\u00f1a hasta la \u00faltima posici\u00f3n de la Conferencia Este.<\/strong><\/p>\n<p>Hay algo asombrosamente excitante en apoyar a los equipos malditos. La mayor parte de los deportistas y equipos de cualquier deporte han perdido m\u00e1s que han ganado. Osea que las cuentas no salen. Alguien tiene que perder para que haya un ganador. Y \u00e9stos \u00faltimos acaban por conformar el imaginario de las franquicias ganadoras en la NBA, muy escasas, y m\u00e1s en un pa\u00eds como los Estados Unidos.<\/p>\n<p>Sin embargo, los Knicks est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de los meros n\u00fameros. Es cierto que han jugado ocho finales de la NBA y muy pocos pueden decir esto. El problema es que han perdido seis de esas ocho finales y sus dos anillos datan de 1970 y 1973. Otros tiempos. Todav\u00eda alejados de los focos planetarios que iluminan a la NBA desde los a\u00f1os ochenta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"\/\/www.youtube.com\/embed\/vXrtoS0MDD8\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero los Knicks est\u00e1n por encima de todo esto.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 la temporada 1998\/1999 supuso la mejor met\u00e1fora del equipo de baloncesto que juega los partidos como local en la capital del mundo. Aquellos Knicks fueron una avalancha de emociones en la temporada del lockout, de la huelga de jugadores. Un torbellino de milagros en una temporada denostada, por incompleta, tan solo se disputaron cincuenta partidos de temporada regular.<\/p>\n<p>No obstante, aquellos Knicks ten\u00edan algo. Algo que enamoraba. Quiz\u00e1 porque el ser humano tiende a tomar partido por David antes que por Goliat, o por la Rep\u00fablica antes que por el Imperio. O por un equipo destrozado por las lesiones que se plant\u00f3 en la final de la NBA desde el octavo puesto de la Conferencia Este, en vez de por la m\u00e1quina de precisi\u00f3n que simbolizaban aquellos Spurs, que quiz\u00e1 contaban con el mejor juego interior de la historia.<\/p>\n<p>Pero as\u00ed fue. Los Knicks hab\u00edan atravesado una d\u00e9cada de los noventa mayoritariamente ganadora, fundamentada en Pat Ewing, John Starks y el entrenador del showtime y de la gomina, Pat Riley, el gur\u00fa del baloncesto, el entrenador estrella. Sin embargo, aquellos oropeles hab\u00edan pasado. El s\u00edmbolo Ewing encaraba sus \u00faltimos a\u00f1os en la Liga, Starks hab\u00eda sido traspasado a los Warriors y Pat Riley empezaba sus primeros a\u00f1os en una franquicia joven pero muy de moda, los Miami Heat.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"\/\/www.youtube.com\/embed\/1cqQtAN51vM\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Casi nada hac\u00eda presagiar lo que iba a suceder en aquellos playoffs del a\u00f1o 1999. Jeff Van Gundy, un entrenador con pinta de profesor de F\u00edsica y Qu\u00edmica, hab\u00eda salvado su puesto milagrosamente clasificando in extremis al equipo para los playoffs en octava posici\u00f3n. Todo parec\u00eda indicar que los Knicks vender\u00edan cara su piel pero acabar\u00edan cayendo ante los Heat de su exentrenador Pat Riley, Tim Hardaway y Alonzo Mourning. Hubiera sido lo normal. Pero en una serie a cinco partidos, los Knicks pensaron que no. Que mejor otro d\u00eda. Allan Houston anot\u00f3 a ocho d\u00e9cimas del final la canasta ganadora de aquella serie en casa del rival en el quinto partido. A cara o cruz. A vida o muerte.<\/p>\n<p>Y se plantaron en la final de la NBA tras dos series dur\u00edsimas, a cara de perro, t\u00edpicas de aquella conferencia Este de los noventa, donde los partidos simplemente no llegaban casi nunca a cien puntos. Baloncesto duro. Defensivo. Donde los palos estaban esperando a la vuelta de la esquina. Pero los Knicks prevalecieron, a pesar de perder a Ewing (que por aquel entonces ya ejerc\u00eda de baluarte defensivo m\u00e1s que de p\u00edvot anotador), en las finales de Conferencia ante los dur\u00edsimos Pacers de Reggie Miller y Rik Smits.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"\/\/www.youtube.com\/embed\/ho8OT89WI6w\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era aquel de los Knicks un equipo extra\u00f1o. El puesto de base lo compart\u00edan dos jugadores antag\u00f3nicos. Charlie Ward sol\u00eda ser titular, un base afroamericano que hab\u00eda sido jugador de f\u00fatbol americano en la universidad, pero que jugaba como un base blanco. Fr\u00edo, cerebral y poco amigo de acaparar tiros en ataque. Chris Childs pon\u00eda el picante, la mayor\u00eda de las veces desde el banquillo. De explosi\u00f3n tard\u00eda, hab\u00eda sido fichado desde los vecinos Nets para mirar algo m\u00e1s al aro desde la posici\u00f3n de base. Sin embargo, el entrenador Van Gundy prefer\u00eda, en la mayor\u00eda de las ocasiones, el orden que propon\u00eda Ward.<\/p>\n<p>Las alas eran pura poes\u00eda en aquel equipo. Allan Houston, la suspensi\u00f3n interminable, la elegancia hecha jugador de baloncesto. Saliendo de los bloqueos o llevando al defensor al poste. &#8216;Hilo de seda&#8217; Houston le llamaba Andr\u00e9s Montes. Otro acierto del maestro.<\/p>\n<p>Latrell Sprewell hab\u00eda llegado aquel verano de 1998 desde Golden State a cambio del s\u00edmbolo Starks, aquel que defend\u00eda a Michael Jordan en los playoffs de los primeros noventa. &#8216;Clemenza&#8217; Starks, otra genialidad del maestro Montes. Sprewell era todo lo contrario a Allan Houston. No hab\u00eda nada de elegancia en su juego, pero el bal\u00f3n terminaba en la canasta. Tambi\u00e9n resultaban antag\u00f3nicos. Como cuando en una boda suena el &#8216;Follow the leader&#8217; y luego le sigue el &#8216;Highway to Hell&#8217;. Distintos pero complementarios. Un lujo para el espectador.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"\/\/www.youtube.com\/embed\/3XfJLi9DC3o\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el juego interior era donde se torc\u00eda la cosa. Larry Johnson y Pat Ewing, ambos ya machacados por las lesiones, ten\u00edan que defender en aquellas finales a la segunda versi\u00f3n de las torres gemelas de Texas, Tim Duncan y David Robinson. Porque s\u00ed. Los rivales eran los San Antonio Spurs. De Duncan, de Robinson, de Sean Elliott&#8230; y de Gregg Popovich.<\/p>\n<p>Popovich encaraba su segunda temporada como entrenador jefe en la liga. De joven, se hab\u00eda graduado en Estudios Sovi\u00e9ticos, una curiosa licenciatura universitaria en los tiempos de la Guerra Fr\u00eda. De c\u00f3mo lleg\u00f3 Popovich a general manager de los Spurs de San Antonio ya casi nadie se acuerda. Pero lleg\u00f3. E hizo la jugada maestra mejor orquestada desde la canasta de Belov en los Juegos Ol\u00edmpicos de M\u00fanich 1972. Tras una d\u00e9cada de los noventa exitosa pero est\u00e9ril bajo el paraguas del anotador David Robinson, el p\u00edvot formado en la Marina de los Estados Unidos se lesion\u00f3 para toda la temporada. Sin su estrella, aquellos Spurs se desplomaron&#8230; y Popovich destituy\u00f3 a su entrenador Bob Hill para elegirse a s\u00ed mismo como su sucesor. Ya era entrenador jefe.<\/p>\n<p>El resto es historia. Los Spurs fueron agraciados con el n\u00famero uno del draft de 1997. Tim Duncan. Popovich se la jug\u00f3 y le toc\u00f3 el gordo de Navidad. Con Duncan y Robinson, las victorias caer\u00edan por su propio peso, se dijo. Y as\u00ed fue. Competir contra aquellos Knicks desvencijados fue, en realidad, su recompensa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"\/\/www.youtube.com\/embed\/XZcKcWXa4tE\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y as\u00ed llegaron las finales. Pat Ewing hab\u00eda ca\u00eddo en la Final de Conferencia. Los p\u00edvots suplentes de los Knicks eran el jovenc\u00edsimo Marcus Camby, Kurt Thomas y Chris Dudley. &#8216;Samurai&#8217; Camby hab\u00eda llegado a Nueva York tras dos decepcionantes temporadas en Toronto y Dudley era el t\u00edpico p\u00edvot blanco, grande y falto de cualquier cosa que se aproximara al talento, al menos sab\u00eda bloquear y cerrar el rebote. Pero defender a Duncan y a Robinson era otra cosa. Larry Johnson era una ala p\u00edvot bajito, tambi\u00e9n limitado por las lesiones, falto de la explosividad que le hab\u00eda encumbrado como uno de los mejores Power Forward de la liga en los Charlotte Hornets. As\u00ed que, aunque pudieran ser una de las finales m\u00e1s desniveladas de la historia de la liga, los Knicks dieron el callo. Forzaron cinco partidos, ganando el tercero. 4-1. Poco m\u00e1s hab\u00eda en el zurr\u00f3n. Pero la leyenda de los Knicks se agrand\u00f3.<\/p>\n<p>La leyenda de la maldici\u00f3n, de otra final perdida. Pero de una final donde el p\u00fablico anim\u00f3 a los Knicks, como los presentes en una final de Grand Slam cuando uno de los tenistas se pone dos sets abajo. Quer\u00edamos m\u00e1s espect\u00e1culo. M\u00e1s \u00e9pica. M\u00e1s resistencia. Y los Knicks cayeron con el honor reservado para los mejores. Ewing forz\u00f3 para volver a romperse. Se hizo a\u00f1icos el tal\u00f3n de aquiles para poner fin a su f\u00edsico privilegiado. Pero hicieron so\u00f1ar al Madison, en el cruce de la s\u00e9ptima con la octava, a Spike Lee, que ya por entonces se sentaba en la primera fila del pabell\u00f3n. Y para recordar al mundo que siempre es m\u00e1s divertido apoyar a los malditos.<\/p>\n<p>P.D.: Phil Jackson gan\u00f3 sus dos primeros anillos como jugador de los Knicks en aquellas finales de 1970 y 1973. El Se\u00f1or de los Anillos se convertir\u00eda m\u00e1s tarde en el \u00fanico terr\u00e1queo que cuenta con m\u00e1s anillos que dedos en las manos&#8230; pero ninguno m\u00e1s engrosar\u00eda las vitrinas de los Knicks.<\/p>\n<\/div>\n<script type=\"text\/javascript\">\n\nvar addthis_config = {\"data_track_clickback\":false,\"data_track_addressbar\":false,\"data_track_textcopy\":false,\"ui_atversion\":\"300\"};\nvar addthis_product = 'wpp-3.1';\n<\/script><script type=\"text\/javascript\" src=\"\/\/s7.addthis.com\/js\/300\/addthis_widget.js#pubid=9305eec6019d56629be3fba9162e7048\"><\/script>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los Knicks disputaron su \u00faltima final hace veinte a\u00f1os. El recuerdo de aquel equipo debe marcar el camino de una franquicia que esta temporada se despe\u00f1a hasta la \u00faltima posici\u00f3n de la Conferencia Este. Hay algo asombrosamente excitante en apoyar a los equipos malditos. 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