{"id":20,"date":"2014-07-07T13:15:20","date_gmt":"2014-07-07T11:15:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.vocento.com\/caipiroska\/?p=20"},"modified":"2014-07-07T13:15:20","modified_gmt":"2014-07-07T11:15:20","slug":"mi-peor-experiencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/caipiroska\/2014\/07\/07\/mi-peor-experiencia\/","title":{"rendered":"Mi peor experiencia"},"content":{"rendered":"<p>Son las 4:45 horas de la madrugada en el coraz\u00f3n de Brasilia. Adormilado, bajo a la\u00a0 recepci\u00f3n del Hotel Mercure L\u00edder, situado a apenas un kil\u00f3metro del estadio Nacional Man\u00e9 Garrincha, donde el s\u00e1bado Argentina super\u00f3\u00a0 B\u00e9lgica. No hay un alma en el hall. Estamos solos un amable recepcionista vestido con el t\u00edpico traje gris y yo, nervioso y apresurado porque en menos de dos horas despegaba el vuelo que ten\u00eda que trasladarme a Belo Horizonte, sede de la semifinal del martes entre Brasil y Alemania.<br \/>\nSurge la conversaci\u00f3n t\u00edpica de un \u2018check out\u2019. Frases breves, casi monos\u00edlabos. \u00bfAlgo de minibar? No, nada, muchas gracias. Tiene que abonar un \u2018breakfast\u2019. Si, los desayunos no est\u00e1n incluidos en las reservas que realizan los medios de comunicaci\u00f3n para sus enviados especiales al Mundial a trav\u00e9s de la FIFA. Saco la tarjeta de cr\u00e9dito, pago 35 reales (al cambio unos 12 euros) y me entrega la factura sin necesidad de requeriral. \u00bfPuede pedir un taxi para que me traslade al aeropuerto?, le pregunto. No hace falta se\u00f1or, ah\u00ed fuera tiene uno. Muchas gracias y buen d\u00eda.<br \/>\nDe pronto, cuando ya me giro con el malet\u00f3n a cuestas y el macuto en el que llevo el ordenador port\u00e1til y la documentaci\u00f3n para trabajar, observo que el recepcionista hace unos movimientos extra\u00f1os, sus ojos quedan en blanco y cae fulminado al suelo. Escucho un ruido seco desde el otro lado del mostrador. Seguramente, se ha golpeado la cabeza contra un suelo fr\u00edo, aparentemente de marmol.<br \/>\nSalto el mostrador pero no puedo hacer nada por reanimarlo. Corro hacia el restaurante pero no hay nadie. Todav\u00eda falta una hora y media para abrir el desayuno. Grito pero nadie contesta a esas horas intempestivas. El hotel est\u00e1 repleto de hinchas argentinos que duermen tras muchas horas de fiesta y alcohol por la celebraci\u00f3n del pase a semifinales. Baja al fin otro hu\u00e9sped, un trabajador brasile\u00f1o que deb\u00eda volar a las siete de la ma\u00f1ana hacia Sao Paulo. Observa la escena, busca por los despachos pero todos est\u00e1n cerrados. Seguimos sin encontrar a ning\u00fan otro trabajador del hotel. El recepcionista yace inconsciente. No lleg\u00f3 al aeropuerto. Me siento impotente. Le urjo al taxista para que llame a un m\u00e9dico.\u00a0 As\u00ed lo hace mientras guarda mi valija en el maletero de su viejo Chevrolet. Conf\u00edo en que, por los gestos extra\u00f1os que hizo antes de caer fulminado, sea un ataque de epilepsia y pueda recuperarse. No s\u00e9 si es una parada cardiaca.<br \/>\nEscribo estas l\u00edneas en estado de schock. Sinceramente, me importa ya muy poco c\u00f3mo enfocar la previa del Brasil-Alemania. Ante experiencias de este tipo, uno s\u00f3lo valora la vida y tratar de escapar del estr\u00e9s y la ansiedad. Confieso que despu\u00e9s de treinta a\u00f1os viajando por el mundo, nunca me hab\u00eda sentido tan mal, ni tan incapaz. Pura inutilidad. Quien fuera m\u00e9dico y no un vulgar periodista. La vida no tiene precio.<\/p>\n<blockquote><p>La amargura de un periodista in\u00fatil que no puede socorrer a un recepcionista de hotel que yace inconsciente.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son las 4:45 horas de la madrugada en el coraz\u00f3n de Brasilia. Adormilado, bajo a la\u00a0 recepci\u00f3n del Hotel Mercure L\u00edder, situado a apenas un kil\u00f3metro del estadio Nacional Man\u00e9 Garrincha, donde el s\u00e1bado Argentina super\u00f3\u00a0 B\u00e9lgica. No hay un alma en el hall. 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