{"id":132,"date":"2014-10-26T09:34:22","date_gmt":"2014-10-26T08:34:22","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/?p=132"},"modified":"2014-10-26T09:34:22","modified_gmt":"2014-10-26T08:34:22","slug":"los-invisibles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/2014\/10\/26\/los-invisibles\/","title":{"rendered":"Los invisibles"},"content":{"rendered":"<section itemprop=\"articleBody\">\n<div id=\"ccronica\">\n<p>Alborotado <strong>pr\u00f3cer<\/strong>. Me permitir\u00e1s que hoy te relate un sucedido que me sobrevino la otra noche, cuando volv\u00eda al hogar familiar y un forastero me requiri\u00f3 pregunt\u00e1ndome por una direcci\u00f3n. La verdad es que me sorprendi\u00f3, porque tal petici\u00f3n, antes tan habitual, hoy est\u00e1 en desuso. Se ve que el hombre vive todav\u00eda en los a\u00f1orados d\u00edas previos a google maps y el gps, qu\u00e9 envidiable felicidad. El caso es que me cont\u00f3 que acababa de llegar por tren a <strong>Logro\u00f1o<\/strong> y se maravillaba de la formidable estaci\u00f3n de que disponemos sus habitantes, ese fant\u00e1stico edificio con jard\u00edn colgante incluido al que s\u00f3lo le falta lo esencial: que <strong>Renfe<\/strong> se anime y lo llene de locomotoras. Preferiblemente, de las llamadas r\u00e1pidas.<\/p>\n<p>Ocurri\u00f3 que mientras le indicaba c\u00f3mo alcanzar la calle Villamediana, not\u00e9 que no atend\u00eda a mis explicaciones. Mir\u00e9 hacia donde dirig\u00eda sus ojos y vi a trav\u00e9s de ellos. Y lo que vi no me gust\u00f3. Dos chavales <strong>africanos<\/strong> desfilaban con sus colchones al hombro desde la <strong>Estaci\u00f3n de Autobuses<\/strong> hasta el cercano <strong>pasaje de P\u00edo XII<\/strong> donde duermen en compa\u00f1\u00eda de otros desdichados, miembros de la misma cuerda de menesterosos, humildes navegantes de la tr\u00e1gica hora que atraviesa nuestra civilizaci\u00f3n. Era un espect\u00e1culo penoso, que yo conoc\u00eda como tantos otros <strong>logro\u00f1eses<\/strong>&#8230; aunque desde hace tiempo confieso que ni me inmuto. Estos inquilinos de la pura calle ya son invisibles para m\u00ed. Y sospecho que a mis convecinos les pasa lo mismo.<\/p>\n<p>Lo cual no significa que tengamos unos y otros el coraz\u00f3n de piedra. Acontece simplemente que vivimos abrumados por tanta desgracia que habita a nuestro alrededor, esa avalancha de aflicciones que nos inmuniza para activar en nuestras entra\u00f1as valores que parecen pasados de moda: la piedad, la compasi\u00f3n. Hace meses ya escrib\u00ed en estas p\u00e1ginas a prop\u00f3sito de un mendigo fotografiado mientras ped\u00eda limosna en la<strong> Gran V\u00eda de Logro\u00f1<\/strong>o un art\u00edculo titulado &#8216;El hombre invisible&#8217;. Hoy, el n\u00famero de invisibles crece exponencialmente en proporci\u00f3n directa a nuestra indiferencia.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, mientras cavilaba sobre el impacto que se hab\u00eda llevado ese viajero, quien hab\u00eda transitado en apenas unos metros desde el formidable despliegue propio del siglo XXI que encierra la Estaci\u00f3n de Renfe hasta esas im\u00e1genes de los desheredados de la fortuna vagando por mi ciudad, propias del Londres del siglo XIX que retrat\u00f3 <strong>Dickens<\/strong>&#8230; Mientras le daba vuelvas al cacumen, ca\u00ed en la cuenta de que esos chavales africanos que arrastraban sus colchones iban sonriendo, bromeando entre ellos. Y conclu\u00ed que encarnaban, pese a sus desdichas, una cierta dignidad. La misma dignidad que observ\u00e9 luego en la tele cuando entrevistaban a un grupo de humildes <strong>preferentistas<\/strong>, la dignidad que derrochan los sanitarios que arriesgan su vida para atender a los contagiados por el <strong>\u00e9bola<\/strong>, la dignidad que exhiben entre sus penurias todos esos harapientos jornaleros errantes por Logro\u00f1o: cuando los veo cenar en los bancos junto a la Estaci\u00f3n de Autobuses, me pregunto si alguno de ellos sabr\u00e1 que esa plaza que les acoge se llama <strong>plaza de los Derechos Humanos<\/strong>.<\/p>\n<p><em>(S\u00e9neca: \u00abPobre no es el que tiene poco, sino el que mucho desea\u00bb).<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/section>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alborotado pr\u00f3cer. Me permitir\u00e1s que hoy te relate un sucedido que me sobrevino la otra noche, cuando volv\u00eda al hogar familiar y un forastero me requiri\u00f3 pregunt\u00e1ndome por una direcci\u00f3n. La verdad es que me sorprendi\u00f3, porque tal petici\u00f3n, antes tan habitual, hoy est\u00e1 en desuso. Se ve que el hombre vive todav\u00eda en los [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":44,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[4,64,121,159,162],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/132"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/wp-json\/wp\/v2\/users\/44"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=132"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/132\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=132"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=132"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=132"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}