{"id":158,"date":"2015-03-16T19:18:19","date_gmt":"2015-03-16T18:18:19","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/?p=158"},"modified":"2015-03-16T19:18:19","modified_gmt":"2015-03-16T18:18:19","slug":"el-espolon-rejuvenece","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/2015\/03\/16\/el-espolon-rejuvenece\/","title":{"rendered":"El Espol\u00f3n rejuvenece"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/cartaasagasta\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/espolon.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-159\" title=\"Nocturno de El Espol\u00f3n. Recreaci\u00f3n de Juan Antonio Salazar\" src=\"\/cartaasagasta\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/espolon.jpg\" alt=\"Nocturno de El Espol\u00f3n. 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De modo que aceler\u00e9 mis pasos para protegerme del aguacero entre cornisas, fachadas y portales, sin ning\u00fan \u00e9xito: todo el lateral por donde transitaba estaba ocupado por una multitud que, aunque breve, se diseminaba de tal modo que resultaba imposible encontrar un sitio donde esperar a que escampara. As\u00ed que empapado alcanc\u00e9 la <strong>calle Laurel<\/strong> adonde me dirig\u00eda, no sin antes echar un vistazo a lo que acababa de ver: cuando a la altura del <strong>Banco Santander<\/strong> me di la vuelta corrobor\u00e9 lo que me maliciaba. Que todo ese frente de El Espol\u00f3n era un frente de juventudes. Que quienes se resguardaban de la lluvia entre <strong>Bret\u00f3n de los Herrero<\/strong>s y <strong>avenida de Portugal<\/strong> eran miembros de una nueva generaci\u00f3n de <strong>logro\u00f1eses<\/strong> que han regresado por donde sol\u00edan sus padres y abuelos: han vuelto a El Espol\u00f3n.<\/p>\n<p>Enorme alegr\u00eda. Porque como te tengo advertido desde anta\u00f1o, lo que m\u00e1s precisa el <strong>Casco Antiguo<\/strong> de tu ciudad y la m\u00eda no son bares. Benditos sean los que all\u00ed se alojen, pero sospecho que ya contamos con un buen n\u00famero de ellos. Tampoco hay gran necesidad por esos lares ni de restaurantes, ni de bazares chinos ni de solares vac\u00edos: de semejante cat\u00e1logo de posibilidades ya est\u00e1 muy surtido el <strong>Logro\u00f1o<\/strong> castizo. Lo que precisa es gente. El coraz\u00f3n de la ciudad deja de latir si sus vecinos se alejan de sus calles y plazas, si ignoran como sucede ahora la historia aut\u00e9ntica de su peque\u00f1a patria. As\u00ed que comprobar, como me hab\u00eda alertado una voz amiga, que en El Espol\u00f3n acampan de nuevo los m\u00e1s j\u00f3venes de entre nosotros me inund\u00f3 de gozo.<\/p>\n<p>Tan contento me puso que desde aquella noche, no tan lejana, enfilo siempre que puedo por el paseo dedicado a tu contempor\u00e1neo, el <strong>Pr\u00edncipe de Vergara<\/strong>. Es una caminata que rejuvenece. No s\u00f3lo porque ahora uno puede compartir ese territorio con la alegre tropa adolescente, en pleno calentamiento noct\u00e1mbulo hasta que llegue la hora del botell\u00f3n en teor\u00eda vetado por la autoridad, sino porque la memoria se rejuvenece igualmente y se traslada a los d\u00edas en que cualquier mocete logro\u00f1\u00e9s ten\u00eda all\u00ed tambi\u00e9n el escenario de sus juegos. Partidas multitudinarias a polis y cacos, vigiladas por el ojo censor de los guardas de parque, colectivo en desuso que tal vez deber\u00eda recuperarse. Interminables pachangas futboleras en <strong>La Rosaleda<\/strong>, con los bancos de piedra como porter\u00edas y como bal\u00f3n, las pelotitas de pl\u00e1stico que vend\u00eda la barquillera apodada <strong>Cari\u00f1o<\/strong>. Garbeos infinitos, sorteando a <strong>Tom\u00e1s<\/strong> el minutero, que conclu\u00edan en la <strong>Concha<\/strong>, el espacio m\u00e1s maltratado del centro de Logro\u00f1o. Un honor que por cierto tiene su m\u00e9rito.<\/p>\n<p>En las ranitas de El Espol\u00f3n dio quien te escribe sus primeros pasos. En el quiosco ya difunto compr\u00f3 durante siglos las revistas y peri\u00f3dicos para casa. En los soportales del <strong>Muro<\/strong> se inici\u00f3 en el noble deporte de mirar escaparates, los de algunos que sobreviven (<strong>Setlan<\/strong>) y los de otros ya desaparecidos, como mi favorito: <strong>Confel<\/strong>, con sus inquietantes maniqu\u00edes, siempre tan repeinados. En todo esto voy pensado hoy mientras atravieso sus baldosas: en que todos estos chicos, siguiendo la estela de aquellos patinadores, suferos, skaters o como se llamen los mozalbetes barbilampi\u00f1os que empezaron hace unos a\u00f1os a deambular por aqu\u00ed para pasmo de sus fans, acaban de reconquistar la plaza principal de Logro\u00f1o.<\/p>\n<p>Una estupenda noticia. Atender sus ruidosas conversaciones desde la distancia, registrar sus carcajadas a menudo guasapeadas, anotar el barullo que trae consigo el exceso hormonal representa un suceso de extraordinaria envergadura. M\u00e1s importante que Logrostock, m\u00e1s decisivo que peatonalizar una calle, m\u00e1s trascendental que una promoci\u00f3n del Irvi. Para el centro de Logro\u00f1o, lo m\u00e1s necesario es que fluya la vida. La vida que garantizan estos chavales que han ganado el coraz\u00f3n de la ciudad. Y el m\u00edo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Querido pr\u00f3cer. La otra noche asist\u00ed a un acontecimiento singular que quiero compartir contigo para que no puedas alegar que no estabas avisado cuando otros te lo relaten. Ocurri\u00f3 que cruzaba El Espol\u00f3n cuando de s\u00fabito empez\u00f3 a llover. A diluviar. 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