{"id":184,"date":"2015-11-23T16:56:57","date_gmt":"2015-11-23T15:56:57","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/?p=184"},"modified":"2015-11-23T16:56:57","modified_gmt":"2015-11-23T15:56:57","slug":"desayuno-en-muro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/2015\/11\/23\/desayuno-en-muro\/","title":{"rendered":"Desayuno en Muro"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/cartaasagasta\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/11\/muro.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-185\" title=\"Escaparate de Muro, en la calle Marqu\u00e9s de Vallejo de Logro\u00f1o. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/cartaasagasta\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/11\/muro.jpg\" alt=\"Escaparate de Muro, en la calle Marqu\u00e9s de Vallejo de Logro\u00f1o. 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Si alguna vez semejante prodigio tomara forma, siempre he pensado que los dioses del cine y la literatura, los dioses tutelares de lo mejor que nos pasa en la vida, enviar\u00edan a Audrey por <strong>Marqu\u00e9s de Vallejo<\/strong> y le aconsejar\u00edan detenerse ante el escaparate de <strong>Muro (Belleza y Perfumer\u00eda)<\/strong>. Porque ah\u00ed reside, seg\u00fan tengo observado desde el siglo pasado, nuestro particular <strong>Tiffany<\/strong>\u00b4s. Un oasis de belleza, pero no de cualquier belleza: cuando la amiga Holly se detiene a desayunar ante el escaparate de la c\u00e9lebre joyer\u00eda no lo hace tanto, me parece, porque ans\u00ede alguna de los tesoros que all\u00ed se exponen o porque fantasee con el tipo de vida que ella piensa que merecer\u00eda ser suya. Lo hace, como queda m\u00e1s claro en la novela de <strong>Truman Capote<\/strong> que en la pel\u00edcula de <strong>Blake Edwards<\/strong>, porque en ese espacio se aloja una clase de arm\u00f3nica serenidad donde nada malo puede suceder. Donde ni Audrey ni nadie deber\u00edan tener nada que temer. Un lugar apacible donde ella encuentra lo que encuentra cualquiera que visite la famosa tienda de la <strong>Quinta Avenida<\/strong> acaba encontrando: belleza, en efecto, pero ese tipo de belleza que a\u00f1ade un suplemento de confort. El sitio ideal por lo tanto para zamparse unos cruasanes de Iturbe.<\/p>\n<p>Muro ejerce para cualquier logro\u00f1\u00e9s veterano como algo parecido, salvadas sean las distancias que separan el coraz\u00f3n de <strong>Logro\u00f1o<\/strong> del alma de <strong>Manhattan<\/strong>. Yo siempre lo recuerdo como lo que ahora es: un comercio especial. En mi trinidad de tiendas favoritas ocupa desde luego un merecido sitio en el podio, compartido con <strong>Dul\u00edn<\/strong> y <strong>La Mariposa de Oro<\/strong>. Se trata, como sus dos comercios hermanos, de un espacio pulcro, bien cuidado, con la magia de la sencillez y la belleza aliadas en la conquista de potenciales clientes. Su bien proporcionado escaparate, dos ventr\u00edculos de calculada simetr\u00eda, me han tenido desde antiguo entre sus fieles: cautivaba desde luego detenerse ante \u00e9l y curiosear entre la acabada perfecci\u00f3n de los frascos de colonia, la elegancia que despiden los antiguos \u00fatiles de barber\u00eda, el centelleo de los peines de carey y resto de admin\u00edculos que la tienda exhibe como reclamo.<\/p>\n<p>Dentro, el hechizo se mantiene y multiplica. Traspaso la puerta una soleada ma\u00f1ana de oto\u00f1o y me rega\u00f1o a m\u00ed mismo: c\u00f3mo me permito tardar tanto entre visita y visita. Suena un melanc\u00f3lico cuarteto de cuerda por la primorosa megafon\u00eda, las molduras de escayola parecen haberse terminado de ejecutar ayer por la noche y el brillo del delicado maderamen a\u00f1ade un toque de distinci\u00f3n. La mujer que atiende tras el mostrador muestra gentil las muestras que le van pidiendo, dirige con sutileza al extraviado cliente hacia el bot\u00edn prometido, lo envuelve luego con esmerada suavidad y cabal sentido del oficio. Otra mujer (la due\u00f1a del negocio, seg\u00fan creo) deambula sigilosa de aqu\u00ed para all\u00e1. Un hada buena que regala sonrisas.<\/p>\n<p>Efecto placebo. Me informan entonces de que Muro lleva abierta nada menos que <strong>66 a\u00f1os<\/strong> y les deseo que siga funcionando durante otros tantos. Aceptan el cumplido y lo extienden al resto de comercios vecinos, los acrisolados por el paso del tiempo con ese aire de galanura que aqu\u00ed se derrocha. &#8220;Que duren mucho<strong> todas las tiendas de Logro\u00f1o<\/strong>&#8220;, me contesta la dependienta, quien parece sorprendida cuando le cuento que de cr\u00edo sol\u00eda acudir a Muro, que entonces ejerc\u00eda tambi\u00e9n como droguer\u00eda, a reponer los enseres de casa: agua oxigenada, alcohol de desinfectar, colonia&#8230; Entonces era usual su venta a granel y la clientela ingresaba en Muro ignorando un poco la secci\u00f3n de perfumer\u00eda para introducirse directamente en la rebotica que ahora sirve de almac\u00e9n, donde los propietarios de entonces despachaban su mercanc\u00eda.<\/p>\n<p>Yo era m\u00e1s de <strong>Torino<\/strong>. En materia de perfumer\u00eda, quiero decir, mi coraz\u00f3n me guiaba siempre hasta su jurisdicci\u00f3n en <strong>Portales<\/strong>. En realidad, le sigo siendo fiel. Me resulta imposible pasear delante de su desaparecido negocio sin pensar en el gran <strong>Victorino San Miguel<\/strong>, su generosidad perenne, su sonrisa un punto guasona. Pero Muro, que resiste con la gentileza y el decoro que van escaseando entre nosotros, me ha tenido siempre entre sus devotos por ese kharma sutil que despide, la sensaci\u00f3n de que uno regresa a casa cuando recorre la vista por su exquisita decoraci\u00f3n, el aroma de otro mundo mejor que preservan los duendes alojados en la tienda. As\u00ed que uno entender\u00eda perfectamente que cuando una improbable chica logro\u00f1esa decida reencarnarse un d\u00eda en Holly Golightly y decida que en efecto se merece una vida mejor, una vida de verdad memorable, desbordante de finura y encanto, se pase antes por Iturbe y camine hasta Marqu\u00e9s de Vallejo para mordisquear sus cruasanes delante del majestuoso escaparate de Muro. Tan majetusoso como la propia tienda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Si alguna vez resucitara Audrey Hepburn y aceptara encarnarse de nuevo en la memorable Holly Golightly, el personaje que interpret\u00f3 en la no menos inolvidable Desayuno con diamantes. 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