{"id":89,"date":"2014-05-26T20:19:07","date_gmt":"2014-05-26T18:19:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/?p=89"},"modified":"2014-05-26T20:19:07","modified_gmt":"2014-05-26T18:19:07","slug":"perros-bicis-y-peatones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/cartaasagasta\/2014\/05\/26\/perros-bicis-y-peatones\/","title":{"rendered":"Perros, bicis y peatones"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/cartaasagasta\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/blog1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-90\" title=\"Escena primaveral en el parque del Carmen. Foto de Sonia Tercero\" src=\"\/cartaasagasta\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/blog1.jpg\" alt=\"Escena primaveral en el parque del Carmen. 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Me gusta en verano, cuando haraganean las parejitas por las esquinas m\u00e1s umbr\u00edas; en oto\u00f1o, \u00e9poca en que una luz dorada apu\u00f1ala los parterres y triunfan los ocres y los cobres; en invierno, cuando el arbolado desnudo adquiere una rara poes\u00eda; y en primavera, porque sale a tu encuentro toda la gama de verdes, se alargan los d\u00edas, corretean los ni\u00f1os y brilla la rica flora all\u00ed plantada. Comprender\u00e1s que el paseo merece siempre la pena.<br \/>\nY sin embargo.<br \/>\nSin embargo, desde hace tiempo me resisto a ingresar en el parque. Dudo, titubeo, me lo pienso dos veces. Finalmente, tiendo a mantener la costumbre, aunque alguna tarde he preferido dar un rodeo y evitarme un mal rato: porque desde hace tiempo su corredor central ha sido tomado por <strong>ciclistas<\/strong> con sus <strong>bicis<\/strong> y <strong>perros<\/strong> con sus due\u00f1os. Y qu\u00e9 quieres: no es lo mismo. <strong>El encanto del paseo<\/strong> sucumbe ante las molestias que originan estos paisanos con quienes comparto espacio. Y te aseguro que nada tengo contra ellos.<br \/>\nNada tengo contra los ciclistas, sino al contrario. Desde los tiempos de Orozco tributo sincero homenaje a quienes se sirven del veloc\u00edpedo para conducirse por la ciudad, h\u00e1bito centroeuropeo de nulo arraigo entre nosotros hasta hace cuatro d\u00edas. Como somos muy espa\u00f1oles, seguimos fieles a la tradici\u00f3n de pasar de un extremo a otro de modo vertiginoso: o no vamos en bici, o no sabemos dejar de usarla. Cosa que est\u00e1 muy bien, desde luego, a condici\u00f3n de que no ampute la imprescindible convivencia con el resto de ciudadanos, vulgo, peatones. Por ejemplo, en el parque del Carmen, donde el ciclista goza de un estupendo <strong>carril bici<\/strong> cuya financiaci\u00f3n exigi\u00f3 alguna derrama al erario p\u00fablico para que ahora casi nadie lo emplee en sus recorridos: los ciclistas prefieren pedalear por el centro&#8230; que resulta ser por el mismo itinerario de quienes nos movemos en el coche de San Fernando. As\u00ed que donde antes uno hallaba espacio para la caminata tranquila, ahora choca con una pista americana, mientras se pregunta sobre el aut\u00e9ntico sentido del carril bici y qu\u00e9 opina de esto el <strong>Ayuntamiento<\/strong>. Por no hablar de la olvidada cortes\u00eda social que deber\u00eda impedir circular en bici all\u00ed donde pasean ni\u00f1os, ancianos y futuros jubilados como quien te escribe.<br \/>\nTampoco tengo nada contra los perros. M\u00e1s bien al contrario: veo estupendo que haya quien comparta sus avatares con su mascota y no se me ocultan los beneficios derivados de tal compa\u00f1\u00eda. Un chucho ayuda a combatir la soledad, contribuye a la magia de los d\u00edas y auxilia a amplios sectores de la poblaci\u00f3n a sobrellevar la vida, aunque servidor, desde que vio de ni\u00f1o a <strong>Silvana Mangano<\/strong> en &#8216;Arroz amargo&#8217;, tenga muy claro cu\u00e1l es su animal favorito: el ser humano. Lo cual no importa: lo fundamental es que quienes ocupan el paseo central con sus canes (y las deposiciones de los canes, de raza peligrosa m\u00e1s de uno), paseados tantas veces sin bozal ni correa, hagan caso a este ruego. A esta humilde s\u00faplica. Por favor, que alguien me diga en qu\u00e9 ordenanza est\u00e1 escrito que las bicis y los perros van primero. Que me digan qu\u00e9 debo hacer cuando tropiece de nuevo con el parque del Carmen tomado por mascotas y \u00e9mulos de <strong>Indur\u00e1in<\/strong>. Porque oscilo entre dar un rodeo o jugarme el bigote entre piruetas de los ciclistas y perros con cara de pocos amigos. Entre echarme de mascota un cocodrilo y pasear por ah\u00ed en tanque y a ver qu\u00e9 pasa. Entre mirar para otro lado y resignarme.<br \/>\nQue es lo que acabar\u00e9 haciendo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Glorioso pr\u00f3cer. Como sabes, cada d\u00eda (o casi) cruzo por uno de mis rincones predilectos de Logro\u00f1o: el parque del Carmen. Es el momento central de la caminata ma\u00f1anera o vespertina, porque este jard\u00edn urbano posee un encanto singular a despecho de la hora o de la estaci\u00f3n que atravesemos. 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