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	<title>ÚLTIMA LLAMADA | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<title>ÚLTIMA LLAMADA | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Sep 2008 10:53:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Un mal día cometí el error de dar mis datos personales a una teleoperadora. Fue en un momento de debilidad, en el trance que sucede a una comida copiosa y precede a la siesta de pijama y orinal. El teléfono sonó y, antes de que pudiera reaccionar, una voz cristalina y un punto miedosa reclamó [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><img src="/chucherias/files/telefono.jpg" id="img_0" class="imgcen" height="168" width="179">Un mal día cometí el error de dar mis datos personales a una teleoperadora.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Fue en un momento de debilidad, en el trance que sucede a una comida copiosa y precede a la siesta de pijama y orinal. El teléfono sonó y, antes de que pudiera reaccionar, una voz cristalina y un punto miedosa reclamó precipitadamente mi colaboración para no se qué encuesta sobre algo de hábitos de lectura en no me enteré bien qué contexto sociológico. </p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>En vez de declinar aquella petición como exigían las circunstancias, me apiadé de la interlocutora. Repantigado en el sofá, infectado quizás por los efluvios que provoca el Valdemar del 2003, sufrí un ataque súbito de bondad imaginándome las consecuencias que un no rotundo podría provocar en aquella chica. Como inmerso en esos túneles que –dicen– aparecen a los que la muerte acecha, me sobrevinieron en un segundo mil imágenes de esa chica maltratada por su jefe. Denostada por ser incapaz de llevar hasta su despacho una mísera encuesta de un nombre cualquiera del listín telefónico como el mío. Despedida, parada, arruinada, mendigando un contrato por horas en una ETT, enganchada tal vez al crack para superar aquel día que yo rechacé su amable petición.</p>
<p>Para evitarle ese suplicio y mi propio remordimiento, aplacé mi siesta diez minutos respondiendo a cada una de sus preguntas. Cuál es su nombre, dónde vive, qué lee, cuántos libros compra, cuándo fue la última vez que acudió a una biblioteca. Fue acabar la encuesta y experimentar una extraña sensación de satisfacción que hizo de aquella la más reconfortante de las siestas.<br>
Al día siguiente, a la misma hora, recibí otra llamada. Esta vez era una firma de telefonía explicándome sus bondades. Y otra. Y una aseguradora médica. Y otra. Y una agencia inmobiliaria. Y otra. Y otra chica suplicante. Y otra más. Desde entonces ya no me puedo echar la siesta. Y cuando me traspongo, sólo oigo voces huecas. Sueño con cuestionarios.</p>
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