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	<title>Atraco en el banco | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<title>Atraco en el banco | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Feb 2012 12:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><a href="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2012/02/banco1.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-607" title="banco, bankinter, comision" src="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2012/02/banco1.jpg" alt="" width="355" height="236" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2012/02/banco1.jpg 725w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2012/02/banco1-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 355px) 100vw, 355px"></a>El abuelo Tasio <strong>entra en su banco de toda la vida y se topa de bruces con la reforma financiera</strong>. Cuando pone sobre el mostrador los míseros diez euros con que contribuye a su decrépita comunidad de vecinos, el empleado le informa de que debe abonarle <a title="bankinter, comision, operacion" href="http://www.cincodias.com/articulo/finanzas-personales/comisiones-bankinter-cobra-euros-hacer-ingresos-caja/20111102cdscdsfpe_1/">otros dos por la operación</a>. «¿Operación?», le pregunta el yayo, ajustándose el sonotone para comprobar qué parte de la frase no ha oído bien. El oficinista pronuncia un neutro «nuevas normas, señor» y gira la vista a un cartelito escrito en letras traicioneras que sanciona la obligatoria comisión para pagos en metálico en la cuenta de un tercero.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>De nada sirve la pataleta de Tasio. Ni un solo fluorescente parpadea al intentar explicarle que él, como inquilino del inmueble, se está concediendo los diez euros a sí mismo. El empleado se limita a mirarle por encima de las gafas cuando le espeta que nunca antes le han cobrado por algo tan absurdo. <strong>Una cosa es quitar los caramelos rancios y pegajosos del mostrador</strong>. Hasta acata que le nieguen un calendario de propaganda a principios de año. Pero pagar por salir de casa y entregar en mano unas monedas en una sucursal que maneja millones… Al final se pone farruco y amenaza con llevarse su (famélica) fortuna a otra entidad. Ni De Guindos tiembla. Recoge la calderilla, sale altivo por esas puertas empotradas que le hacen sentir un reo y, efectivamente, <strong>se va rabioso a otro banco</strong>. En el que se sienta todos los días y nadie le cobra por usarlo. Todavía.</p>
<p> </p>
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