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	<title>Verano azul oscuro | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<title>Verano azul oscuro | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Aug 2015 16:45:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><a href="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2015/08/Bicicross-BH.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1554" title="Bicicross-BH" src="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2015/08/Bicicross-BH.jpg" alt="bicicross" width="590" height="443" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2015/08/Bicicross-BH.jpg 590w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2015/08/Bicicross-BH-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 590px) 100vw, 590px"></a></p>
<p style="text-align: center;">Mi mejor verano no se pareció al anterior mejor verano. Ni al anterior del anterior. La diferencia principal es que a mi vecino se le quedó pequeña la bicicleta y su madre tuvo la feliz idea de cedérmela ante la mirada turbia de la mía, que vio en ella <strong>una zarría más por casa y una diabólica máquina diseñada para abrirme la crisma</strong>. Sin que ninguna de las dos lo supiera, aquella donación me abrió un universo ignoto. De pronto, los límites del barrio se ensancharon. Las distancias menguaron, la libertad eclosionó y yo dejé de ser un mocoso al que los demás dejaban de lado porque nadie quería llevarme de paquete sus flamantes <strong>Motorettas</strong>. Que aquella bici repintada y llena de bollos no estuviera a la altura estética y aerodinámica del resto no impidió sumarme a un grupo de devoradores de kilómetros urbanos hasta los confines de la ciudad. Lo importante no era a dónde ir ni cuánto calor soportar. La clave era enroscar una toalla al manillar y pedalear lejos. Viajar en dirección contraria, surfear entre la acera y el asfalto, escuchar como un <a title="doppler" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Doppler">efecto Doppler</a> los insultos de los viandantes cuando pasábamos a su lado a toda hostia. Así descubrimos el agua de piscinas donde nunca nos habíamos zambullido y riberas del Iregua que jamás habíamos pisado. Pero sobre todo, la suprema sensación de tirar la bici en una chopera,<strong> robar las cerezas más rojas</strong> y regresar a la ciudad para alquilar en un videoclub la <strong>peli en VHS</strong> <strong>que nos hiciera olvidar a Verano Azu</strong>l.</p>
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