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	<title>Restos de comida | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<title>Restos de comida | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Sep 2016 17:53:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><a href="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2016/09/croquetas.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1716" title="croquetas" src="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2016/09/croquetas.jpg" alt="croquetas" width="641" height="386" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2016/09/croquetas.jpg 641w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2016/09/croquetas-300x181.jpg 300w" sizes="(max-width: 641px) 100vw, 641px"></a></p>
<p style="text-align: center;">Un <strong>pacto en política es como una cena recalentada</strong>. A falta de un menú más nutritivo o algún otro manjar guardado en la nevera, el gobernante extiende sobre el atril del hemiciclo un pacto cualquiera con la textura de esas croquetas que ayer estaban crujientes y hoy son <strong>una bola blandurria de besamel</strong>. No tienen sabor ni consistencia, pero quizás el comensal invitado tenga tanta hambre y obligación de empatizar que acepte un menú revenido. Los pactos son tan livianos y baratos que admiten cualquier sabor. Los hay en infraestructuras, en sanidad, en financiación autonómica, en la reforma del Estatuto, en la gestión demográfica. Acuerdos domésticos en forma de aperitivo y acuerdos región tamaño XXL. En el último <strong>Debate sobre el Estado de la Región</strong>, <a title="ceniceros" href="http://www.larioja.com/la-rioja/201609/06/ceniceros-propone-cinco-grandes-20160906115454.html">José Ignacio Ceniceros</a> planteó cinco. Podrían haber sido diez. O veinte. O dos y medio. Un pacto contra las dobles filas, otro para evitar las despedidas de solteros, alguno en favor de los <strong>cardos sin espinas</strong>. Nunca hay suficientes para saciar el estómago, pero rellenan de forma muy aparente un plato institucional. En las mayorías absolutas cambian las tornas. El Gobierno impone lo que hay que tragar y es la oposición, escuálida y sin acceso a las cocinas, la que oferta pactos para significarse. En ambos casos, lo de menos es consensuar nada. Sólo valen para retratar al otro. Afearle por rechazar esa gran masa de carne que se hace bola al hincar el diente y finalmente queda tan flácida que acaba en el cubo de la <strong>basura orgánica</strong>.</p>
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