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	<title>Invasiones | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<title>Invasiones | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Aug 2017 09:51:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/invasiones.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-1839" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/invasiones.jpg" alt="invasiones" width="274" height="417" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/invasiones.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/invasiones-197x300.jpg 197w" sizes="(max-width: 274px) 100vw, 274px"></a></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">El extraño que cohabita en el interior de cada uno puede generar más convulsión que el instintivo miedo a lo desconocido. Sobre esa premisa arma <a href="http://@im_biurrun">Ismael Martínez Biurrun</a> (Pamplona, 1972) su última novela, que es en realidad una triple versión de la misma tesis. ‘<a href="http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=844&amp;osCsid=">Invasiones</a>’ despliega en los tres actos que aglutina la genuina mirada sobre el terror que el autor navarro había dejado intuir ya en sus cinco trabajos precedentes. En esta ocasión no recurre a distopías ni se apoya en andamios artificiales. Le basta <strong>dirigir el radar hacia lo cotidiano</strong> para contagiar la sensación del miedo como algo factible, una opción que late próxima. Tan cerca como en un rascacielos madrileño donde una cena entre dos parejas prevista como la confirmación de un ascenso laboral deviene en catástrofe natural y personal (Coronación), en un decadente complejo turístico entre pinares y carreteras comarcales que se resquebrajan –literalmente– agrietando a la vez la vida de sus inquilinos (El color de la tierra) o en la cumbre de una colina desde la cual la observación del cielo al anochecer desencadena una obsesión criminal (Nebulosa).</span></span></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">Las invasiones a las que alude el título son las <strong>alteraciones en el cromosoma</strong> de cada historia que agitan la sucesión de hechos. La remueven a la manera en que <strong>Martínez Biurrun</strong> suele: primero de forma sugerida, asomándose en primera instancia sólo como una posibilidad difusa, y a medida que los acontecimientos avanzan, apropiándose de la narración hasta un clímax que rehuye de eufemismos y acostumbra a escorarse hacia la crudeza. Unas veces instigado por una plaga de langostas; otras por la indefinible sustancia que supura el terreno quebrado; en el caso del relato que cierra la novela, un meteorito cuya explosión activa instintos brutales. </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">Martínez Biurrun se maneja con autoridad en ambos frentes. En la descripción psicológica, desmenuza el perfil de personajes envueltos en un contexto en apariencia inocuo del que van brotando espinas camino del derrumbe. En el dibujo de las situaciones, combinando la<strong> asfixia de los ambientes</strong> en los que ubica cada escena con hachazos de contundencia que obligan a un permanente estado de alerta. </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;">‘<span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">Invasiones’ es la confirmación de Martínez Biurrun como nombre de referencia en la ciencia ficción nacional. La escalada desde aquel seminal ‘<strong>Infierno nevado</strong>’ (2005) hasta su penúltima y a ratos abrupta ‘<strong>Un minuto antes de la oscuridad</strong>’ (2014) no sólo queda patente en la modulación de una voz propia, que sin huir de los registros más identificables los actualiza para conducirlos a su propio terreno. En su trayectoria se vislumbra además un afán por explorar continuamente caminos distintos, sin acomodarse, haciendo despuntar el miedo allá donde en apariencia gobierna la rutina. La inclusión ahora en una editorial de relumbrón como <a href="http://@ed_valdemar">Valdemar </a>cuyo catálogo acoge a algunos de los más ilustres del género denota también ese salto de calidad hacia una madurez narrativa sin más concesiones que las de una imaginación desbordante. Y para satisfacción del lector exigente, siempre perturbadora.</span></span></span></p>
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