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	<title>Ropa vieja | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<title>Ropa vieja | Chucherías y quincalla - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Aug 2017 10:17:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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<p style="text-align: center;"><strong>Nunca vi tirar nada en casa del yayo</strong> Tasio. Allí todo era eterno y lo que caducaba, se heredaba o renacía. Con el pan duro se hacían sopas de ajo y la carne de un día se transforma al siguiente en <strong>albóndigas</strong>. En las pocas fotografías en papel que el abuelo conserva en una lata oxidada de galletas y dan fe de que una vez fue joven aparece con una <strong>chaqueta de pana marrón</strong>. Las más antiguas, donde todavía era mocete, dejan ver que las mangas le sobresalen y ocultan prácticamente sus dedos. Las hombreras le desbordan la espalda y el tejido reluce. En las imágenes que le suceden va vestido con la misma prenda. Le ajusta mejor, como si el tiempo la hubiera ahormado a su figura, pero el color es más difuso y los bolsillos parecen deshilachados. <strong>Si un día profano su armario</strong>, estoy seguro de que encontraré una solitaria percha. Me da vergüenza confesarle que en mi casa valoramos poco todo y compramos ropa sin mucho criterio. <strong>Un día decretamos que algo es viejo aunque esté nuevo</strong> y acudimos a una de esas <a href="https://www.zara.com/es/">franquicias </a>donde la gente se uniforma para creerse única. A diferencia de Tasio, repaso mis propias fotos que ya no apilo en ninguna caja sino en un disco duro y no encuentro dos donde lleve la misma camiseta. Al yayo se le reconoce al instante. A nosotros hace falta mirarnos a la cara para identificar quiénes somos. Una día, al salir de su piso después de visitarle, empezó a caer un chaparrón de verano. Preguntó si quería una chaqueta para resguardarme y yo no supe cómo agradecerle <strong>un gesto tan sumamente generoso</strong>.</p>
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