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	<title>Chucherías y quincallacaja &#8211; Chucherías y quincalla</title>
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		<title>Un extraño caso</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Jun 2013 09:15:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2013/06/renta20122.jpg"><img loading="lazy" class="alignright  wp-image-1123" title="renta2012" src="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2013/06/renta20122.jpg" alt="" width="318" height="238" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2013/06/renta20122.jpg 400w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2013/06/renta20122-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 318px) 100vw, 318px" /></a>El <strong>yayo Tasio</strong> ha asistido a uno de esos fenómenos que rozan lo paranormal y acaban marcando la vida de uno. Urgido por <strong>Hacienda</strong> y su condición de ciudadano de bien a cumplimentar la declaración de la renta, el abuelo había tomado la determinación de no dejarla en manos de un vecino tan viejo como él que siempre se prestaba a rellenar esa maraña de cuadrículas y porcentajes a cambio de marcarle <strong>la ‘X’ en la casilla de la iglesia</strong>. El cambio de planes le obligó a buscarse otra alma caritativa que le hiciese aquella labor insondable y, a ser posible, le saliera a devolver. Con el miedo de quien se adentra en una gruta tenebrosa, entró en una caja de ahorros del centro en la que tiene cuatro perras con la maletita ajada donde porta las escrituras del piso y los extractos de la pensión que dan fe de su raquítica economía. Su sorpresa fue mayúscula cuando le invitaron a sentarse para cumplimentar la declaración en un momentito ya que una de la citas había fallado. Un chico amable sin ínfulas de broker de<strong> Wall Street</strong> ni cara de perro le rellenó los papeles en un pispás. Mientras concluía su trabajo, Tasio empezó a especular cuándo saltaría la trampa. En qué momento le obligarían a domiciliar su nómina, le exigirían dos euros por ingresar uno, le cargarían alguna comisión o le intentarían colocar unas preferentes. El chaval le devolvió gratis el hatillo con una sonrisa y el abuelo, además de darle las gracias, supo que además de un banco malo hay alguna caja buena.</p>
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		<title>Colchón financiero</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 09:57:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El yayo Tasio guardó su primer jornal debajo del colchón. El abuelo era entonces un chaval de buena mano con el azadón, así que con las perras que ganó un verano labrando tierras ajenas sólo se le ocurrió hacer lo mismo que había visto en su casa toda la vida: guardarlo donde pudiera tenerlo a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2012/05/colchon21.gif"><img loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-726" title="colchon2" src="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2012/05/colchon21.gif" alt="" width="311" height="414" /></a>El yayo Tasio <strong>guardó su primer jornal debajo del colchón</strong>. El abuelo era entonces un chaval de buena mano con el azadón, así que con las perras que ganó un verano labrando tierras ajenas sólo se le ocurrió hacer lo mismo que había visto en su casa toda la vida: guardarlo donde pudiera tenerlo a mano. Un día abrieron un banco en el pueblo. Aunque quizás sea mucho decir. En realidad era una lonja que repintaron de colores chillones. Colocaron <strong>un enorme cartel en el dintel anunciando que aquello era la caja de todos</strong> y pusieron al frente a un amable hombre con carrera que le trataba como un rey. Le saludaba todos los días por su nombre, al llegar Navidad le regalaba un calendario y siempre que la entidad anunciaba alguna promoción, le llamaba el primero para indicarle que por unas pesetas más le regalaba tres sartenes o un albornoz.</p>
<p>El empleado se jubiló joven. En su lugar llegó un chaval que nunca se quitó la corbata y le llamaba señor Anastasio. Empezó a hablar al abuelo en un lenguaje ininteligible. Le dijo algo de <strong>fusiones, liderazgo, acciones, inversiones en bolsa, variables y rendimientos a medio y largo plazo</strong>. El yayo, que para entonces había amasado una gavilla de ahorros gracias a una mezcla de tesón en el trabajo y racanería en el gasto, llegó una mañana y <strong>le pidió que los metiera en un sobrecito</strong>. Es del mismo color del que hoy, cuando le ayudaba a hacer la cama, he visto asomar entre las lamas del somier.</p>
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