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	<title>Chucherías y quincallaescritor &#8211; Chucherías y quincalla</title>
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		<title>Macondo mío</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Apr 2014 09:34:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2014/04/cie.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1307" title="cie" src="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2014/04/cie.jpg" alt="" width="303" height="451" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2014/04/cie.jpg 303w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2014/04/cie-202x300.jpg 202w" sizes="(max-width: 303px) 100vw, 303px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">En cuanto <a title="garcia marquez" href="http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/06/actualidad/1391715274_928706.html">supe que había muerto</a> le fui a buscar. Lo hice con esa pesadumbre untada de vergüenza que provoca hacer lo que debes pero la desidia dilata hasta que sucede una tragedia. Sin embargo, él había perdonado todos estos años mi imperdonable desfachatez de no visitarle y continuaba aguardando como siempre. De pie, con el lomo a la vista de todos y las solapas amarillas, marcialmente alineado en lo alto de la librería con el resto de las S<a title="austral" href="http://www.planetadelibros.com/editorial-austral-33.html">elecciones Austral </a>que no recuerdo dónde ni cuándo compré o quizás robé. Ese ejemplar de &#8216;<strong>Cien años de soledad&#8217;</strong> no tiene el empaque que luego traerían &#8216;<strong>Doce cuentos peregrinos</strong>&#8216;, &#8216;<strong>El otoño del patriarca</strong>&#8216;, &#8216;<strong>La hojarasca</strong>&#8216; y todos los demás que me regalé en ediciones caras con tapa dura. Sigue como lo leí el primer día: con las hojas apergaminadas, el ocre asomando por los bordes y la dinastía de los Buendía ramificada en el prólogo <strong>desde José Arcadio hasta el último Aureliano</strong>. Ahí dentro permanecen también los subrayados que a saber por qué me llevaron a tatuar páginas tan perfectas -«<strong>el aire lavado por la llovizna de tres días se llenó de hormigas voladoras; entonces cayó en la cuenta de que tenía deseos de orinar</strong>»- pero sobre todo se mantiene el Macondo al que aún hoy aspiro exiliarme entre plagas y gallinazos. Ese territorio donde lo extraordinario siempre es posible y la ignorancia la mayor de las virtudes. El único lugar en que, como en mis estanterías y otras tantas, seguirá viviendo <strong>Gabriel García Márquez</strong> después de muerto.</p>
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		<title>El día que vi a Amy Martin</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Jan 2013 17:36:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Rioja]]></category>
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		<description><![CDATA[El yayo Tasio conoció a Amy Martin en uno de esos simposios de figuras periodísticas ficticias que se celebran de tanto en tanto en el salón de un hotel para intercambiar experiencias comunes y estrategias sintácticas. Tras la charla del ponente de postín –creo que fue un tal Zavalita quien ocupó el atril entonces– la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El yayo Tasio conoció a <strong>Amy Martin</strong> en uno de esos simposios de figuras periodísticas ficticias que se celebran de tanto en tanto en el salón de un hotel para <strong>intercambiar experiencias comunes y estrategias sintácticas</strong>. Tras la charla del ponente de postín –creo que fue un tal <a title="zavalita y vargas llosa" href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/17/actualidad/1347908087_263621.html">Zavalita</a> quien ocupó el atril entonces– la organización desplegó una artillería de canapés y vino blanco al fondo de la sala para que los asistentes pudieran charlar distendidamente.<a href="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2013/01/fantasmabuena.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-1004" title="fantasmabuena" src="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2013/01/fantasmabuena.jpg" alt="amy martin" width="320" height="260" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2013/01/fantasmabuena.jpg 320w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2013/01/fantasmabuena-300x244.jpg 300w" sizes="(max-width: 320px) 100vw, 320px" /></a></p>
<p>Ella estaba en el círculo improvisado en el que cayó Tasio. Al abuelo le deslumbró. Hablaba con ese tono pausado pero rotundo de quien lleva <strong>años en el gremio</strong>, intercalando comentarios jocosos en un monólogo donde informaba a sus colegas de sus artículos sobre la industria del cine en <strong>Nigeria</strong>, la central de <strong>Fukushima</strong>, la implementación de medidas contra la crisis en la <strong>Eurozona</strong> o la medición de la felicidad (sic). Y todo, con un caché que no bajaba nunca de <a title="fundacion ideas" href="http://www.publico.es/449529/mulas-y-su-mujer-recibieron-122-000-euros-en-subvenciones">3.000 euros por pieza</a>. El yayo se encogía a cada parrafada de Amy. Se dio cuenta de que, aunque había escogido su mejor ropa para la ocasión, las mangas de la camisa estaban deshilachadas y la boina raída. Pero lo que más le avergonzó cuando Amy se interesó por él fue confesar que sólo hablaba de<strong> las pequeñas cosas que pasan en su barrio</strong>. Y encima, gratis. Al llegar a casa entre confuso y abrumado no me pidió un aumento de sueldo. Sólo exigió que acabemos con esta pantomima y reconozca que yo soy imaginario y <strong>Tasio, real</strong>.</p>
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