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	<title>Chucherías y quincallalibro &#8211; Chucherías y quincalla</title>
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		<title>Sigilo</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Nov 2019 10:42:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; No hay que viajar a otros mundos ni fabular situaciones extraordinarias para experimentar el miedo. La semilla del terror también puede dormir en los lugares más reconocibles e Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972) sabe cómo despertarla. Es lo que el autor navarro ha venido ejercitando en su ya dilatada obra enrolado siempre en las [&#8230;]]]></description>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/11/SIGILOOK-2.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-2174" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/11/SIGILOOK-2.jpg" alt="" width="224" height="340" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/11/SIGILOOK-2.jpg 224w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/11/SIGILOOK-2-198x300.jpg 198w" sizes="(max-width: 224px) 100vw, 224px" /></a></p>
<p>No hay que viajar a otros mundos ni fabular situaciones extraordinarias para experimentar el miedo. La semilla del terror también puede dormir en los lugares más reconocibles e <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ismael_Mart%C3%ADnez_Biurrun">Ismael Martínez Biurrun</a> (Pamplona, 1972) sabe cómo despertarla. Es lo que el autor navarro ha venido ejercitando en su ya dilatada obra enrolado siempre en las filas del thriller fantástico y es la fórmula sobre la que reincide en su última novela. ‘<a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=5853011&amp;id_col=100500&amp;id_subcol=100502">Sigilo</a>’, sin embargo, no se estanca en las señas de identidad que le han convertido en uno de los narradores más relevantes del género y da un paso al frente con una historia donde la cotidianidad convive con lo paranormal. El resultado es un libro inquietante, turbador e imprevisible con el que Martínez Biurrun reta a la imaginación del lector y remueve valores que se presumen blindados como la familia. Los miembros (vivos y muertos) de <strong>una de esas sagas llevan las riendas</strong> de ‘Sigilo’. Por un lado Fede, guardia de seguridad de un solitario y fantasmagórico rascacielos a punto de ser demolido. Por el otro, su hermano Andrés, maltrecho física y emocionalmente que cree encontrar en la atropellada extorsión a un empresario la vía de escape hacia el futuro. Cualquier futuro. Y entre ambos aunque no de forma equidistante, su madre Claudia, que convive con el fantasma del difunto marido y padre en compañía de Magaly, la empleada de hogar que le acompaña en el tránsito hacia mundos paralelos donde los espectros remueven un pasado acallado que se desbroza página a página, golpe a golpe. Martínez Biurrun arma sobre esos pilares el andamiaje de un relato que va bifurcándose cuando parece que la resolución está a punto de arribar. Con una arquitectura plagada de <strong>recovecos y zonas en penumbra</strong>, sobre las historias particulares de cada protagonista gravitan las de otros secundarios hasta confluir todas esas tramas en una resolución sorprendente que cumple el objetivo de cualquier narración: hacer discurrir la lectura por la senda de la incógnita hasta una salida no siempre cómoda ni de regusto amable. El oficio del autor navarro se denota en esa apuesta por una estructura exigente, por unos perfiles que desde una presunta vulgaridad revelan facetas angulosas. Pero, sobre todo, por la habilidad para la recreación a través de la escritura de imágenes de una potencia visual desbordante y que se suceden a ritmo casi cinematográfico. Con esos recursos y una confesa devoción por los clásicos, Martínez Biurrun sale indemne de la prueba más ardua a la que se enfrenta: introducir <strong>en un contexto de realismo ingredientes de ciencia ficción</strong> que no sólo no chirrían, sino que acaban dotando al conjunto de singularidad a la vez que permiten a la trama conducirse por vías ajenas al convencionalismo. ‘Sigilo’ ahonda de esa forma en territorios ya explorados en (‘<a href="/">Invasiones</a>’, 2017) y validan la <strong>buena salud de un género</strong> que transciende fronteras. Geográficas y mentales</p>
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		<title>El último vagón</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Jul 2019 15:42:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En los años 20 y 30 del siglo pasado, el Gobierno de México recurrió a un peculiar sistema para atender la educación de los hijos de los trabajadores del ferrocarril y agricultores en las zonas más desfavorecidas e intrincadas. Las escuelas se instalaron en rudimentarios vagones varados en lugares remotos y la falta de medios [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/07/vagonok.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-2116" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/07/vagonok.jpg" alt="vagonok" width="400" height="614" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/07/vagonok.jpg 400w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/07/vagonok-195x300.jpg 195w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/07/vagonok.jpg"><br />
</a></p>
<p><span style="font-size: large;"><span style="color: #222222;"><span style="font-family: 'Times New Roman', serif;">E</span></span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Times New Roman', serif;">n los años 20 y 30 del siglo pasado, el Gobierno de México recurrió a un peculiar <strong>sistema para atender la educación de los hijos de los trabajadores del ferrocarril y agricultores</strong> en las zonas más desfavorecidas e intrincadas. Las escuelas se instalaron en rudimentarios vagones varados en lugares remotos y la falta de medios fue suplida por el entusiasmo de maestros tan comprometidos con un alumnado sin recursos como anónimos para el resto del mundo. El último de aquellos vagones es el eje sobre el que gira la última novela de la barcelonesa <a href="http://www.umbrieleditores.com/es-ES/autores/autores/donate_angeles-02243?id=02243">Ángeles Doñate</a>. O más bien, el desenlace de la decisión por parte de las autoridades de clausurar el aula denominada Escuela Artículo 123 ‘Malinalli Tenepatl’ en la que ejerce Ernesto, un maestro ya anciano y casi ciego cuya figura encarna también el de la resistencia a finiquitar una etapa y un modelo de vida.</span></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"><span style="font-size: large;">Doñate recurre para su propósito literario al relato en un doble plano. Por un lado, el de la historia de Ikal, un niño de once años e hijo de uno de los obreros ferroviarios que junto al resto de sus compañeros vislumbra a través de su profesor el universo que la selva y la pobreza les niega. Las riendas del otro hilo conductor quedan en manos de Hugo Valenzuela, el prometedor inspector sobre quien recae la última palabra sobre ‘Malinalli Tenepatl’ <strong>enfrentado al dilema de obedecer a su instinto (y las promesas de ascenso) o avalar la clausura de la escuela-vagón</strong> tras la cual hay tejida una soterrada red de intereses económicos, inmobiliarios y hasta de prestigio social del país. </span></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"><span style="font-size: large;">Alrededor de <strong>Ikal y Hugo Valenzuela</strong> se proyecta otro puñado de personajes tantas veces olvidados que imprimen una pátina de intriga a un libro que ya desde las primeras páginas revela su intención de fondo: el alegato de valores universales que transcienden el escenario escogido para ubicar la historia como la amistad sin filtros, la fidelidad a principios humanos innegociables, el reconocimiento de las raíces que cimentan la identidad.<strong> Doñate no escribe de oídas</strong>. Su relato es fruto de la experiencia vivida en los últimos años como participante activa en diferentes proyectos sociales por toda América Latina en los que ha cosechado los perfiles, situaciones, conflictos y emociones que le han servido para construir su narración. La razón seguramente por la cual ‘El último vagón’ logra transpirar una generosa carga de verdad a través de la ficción, con un tampoco velado homenaje a la educación pública en general y a los maestros vocacionales en particular en cualquier parte de planeta. </span></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"><span style="font-size: large;">Tras su debú (en coautoría) con ‘La sonrisa de un perro’, la proyección literaria de Ángeles Doñate tomó velocidad con ‘<a href="http://@BrunoCazalibros">El invierno que tomamos cartas en el asunto</a>’ y ‘El alma de la radio’. ‘El último vagón’ confirma que su carrera es de fondo y la meta, <strong>girar el foco hacia donde pocos miran</strong>.</span></span></span></p>
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		<title>Seres vacíos</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Jan 2019 09:51:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuatro de cada diez personas no tienen nada dentro. Es probable que alguna de ellas esté muy cerca de usted. En la cola del supermercado, compartiendo la misma oficina, en la sala de espera de la consulta donde aguardan a que el médico de cabecera les atienda en seis minutos. Si pudiera aproximarse sigilosamente a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/01/libroBUENA.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-2043" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/01/libroBUENA.jpg" alt="librobuena" width="600" height="450" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/01/libroBUENA.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/01/libroBUENA-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Cuatro de cada diez personas no tienen nada dentro</strong>. Es probable que alguna de ellas esté muy cerca de usted. En la cola del supermercado, compartiendo la misma oficina, en la sala de espera de la consulta donde aguardan a que <strong>el médico de cabecera les atienda en seis minutos</strong>. Si pudiera aproximarse sigilosamente a ellas y golpearles con los nudillos percibiría el eco que desprende el vacío. <strong>Un sonido metálico y ausente, casi gélido</strong>. Ese tipo de oquedad absoluta que no corresponde a los recipientes que alguna vez han contenido algo y sólo destilan los que nunca han albergado dentro nada más que silencio y telarañas. Se trata de casi el 40% de la población que en su vida ha leído un libro, según acaba de publicar el <a href="https://www.efe.com/efe/espana/cultura/mejora-el-indice-de-lectura-en-espana-aunque-mas-del-40-nunca-lee-por-ocio/10005-3495904">Barómetro</a> que elabora anualmente la <strong>Federación del Gremio de Editores</strong>. O para ser estrictos y ténebres, incluidos aquellos que alguna han pasado páginas por obligación pero jamás por placer. Ninguno ha podido por tanto registrar en su memoria algún universo propio al sumergirse en una novela, dejarse arrastrar por un cuento o picotear un haiku. Fantasías intransferibles. Divergentes incluso a las que el autor tuvo en la mente cuando las escribió y con el sello de originalidad que la dictadura visual de la televisión es incapaz de proporcionar. Son los mismos que en los momentos de pena o ansiedad, de rabia o simplemente aburrimiento, han perdido la ocasión de escapar por el túnel de la imaginación regalada por otros. No han mutado en héroes por capítulos. Ni han podido disfrutar siendo un villano a tiempo parcial. Morir en un punto y aparte y renacer en el siguiente párrafo. O sin más: <strong>saborear historias ajenas que llenan todos los vacíos</strong>.</p>
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		<title>Manual de uso</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Aug 2018 09:40:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Hágase con uno. O hasta con varios. No es ni siquiera obligatorio que lo compre. Puede tomarlo prestado temporalmente de una biblioteca pública y, en caso de que tenga un sentido extremo de la propiedad y opte por adquirirlo, dispone de una amplísima de gama de precios, tamaños y niveles de desgaste. El contenido desaeado [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/libros.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-1973" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/libros.jpg" alt="libros" width="538" height="341" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/libros.jpg 630w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/libros-300x190.jpg 300w" sizes="(max-width: 538px) 100vw, 538px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Hágase con uno. O hasta con varios. No es ni siquiera obligatorio que lo compre. Puede tomarlo prestado temporalmente de una biblioteca pública y, en caso de que tenga <strong>un sentido extremo de la propiedad</strong> y opte por adquirirlo, dispone de una amplísima de gama de precios, tamaños y niveles de desgaste. El contenido desaeado también está en su mano. Las opciones respecto a la historia que esté escrita en sus páginas son inabarcables. Sólo depende de sus gustos, aunque si me permite una sugerencia,<strong> le aconsejo un punto de infidelidad</strong> y decantarse por criterios subjetivos. Déjese embaucar por el diseño de la portada, el olor que desprende la tinta o el comentario estimulante de algún conocido que ya lo haya leído. Si usted se fía de alguien, su criterio literario no puede ser malo y podrá así tejer <strong>una red invisible de referencias mutuas</strong> muy útiles cuando ya no queda nada que decir. Incluso si al llegar al punto final no experimenta esa satisfacción plena que le habían pronosticado, también eso le avalará para poder discutir sin ningún afán más allá que la porfía inútil. Déjese llevar. <strong>Picotee entre títulos improbables</strong>, autores ignotos, obras denostadas por la crítica, géneros en los que nunca haya militado. El volumen que se caiga de la estantería cuando esté rebuscando entre los anaqueles también es un buen candidato. Puede atreverse con los clásicos sin renunciar a explorar nuevos territorios. Y viceversa. La oferta es casi infinita y el tiempo, aunque limitado, se estira misteriosamente cuando la lectura se convierte en vicio.<strong> No se preocupe si el papel se arruga, si le caen unas gotas de aguas o alguien ha subrayado antes una frase certera</strong>. Ese libro es ahora un libro único.</p>
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		<title>Sospechosos inhabituales</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Apr 2018 11:06:34 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Al yayo Tasio le resultó sospechoso en cuanto lo vio de lejos. A otros paseantes con prisa quizás le hubiera pasado desapercibido, para el abuelo lo caló al instante. Estaba repantingado en un banco del parque, haciendo nada más que mirar al cielo con los ojos cerrados dejándose rociar del tímido sol de una falsa [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/04/libro.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1945" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/04/libro.jpg" alt="libro" width="660" height="363" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/04/libro.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/04/libro-300x165.jpg 300w" sizes="(max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Al<strong> yayo Tasio</strong> le resultó sospechoso en cuanto lo vio de lejos. A otros paseantes con prisa quizás le hubiera pasado desapercibido, para el abuelo lo caló al instante. Estaba repantingado en <strong>un banco del parqu</strong>e, haciendo nada más que mirar al cielo con los ojos cerrados dejándose rociar del tímido sol de una falsa primavera. El resto de los viandantes pasaba a su lado como si fuera una jardinera más, una<strong> estatua de sal</strong>. Pantalones vaqueros de <a href="https://www.zara.com/es/">Zara</a>, cazadora gris abotonada hasta el cuello, zapatillas con restos de barro. <strong>Alguien (sólo en apariencia) anodino</strong>. El radar de Tasio, sin embargo, lo detectó de inmediato. Se colocó lo bastante cerca como para confirmar sus recelos y lo suficientemente alejado para no ser visto y salir huyendo en caso de ser descubierto. Apenas tuvo que aguardar disimulando unos minutos. El chaval se incorporó. Primero asomó una mano. Después, la otra. Pero no estaba vacía. Del bolsillo derecho extrajo algo que desde la distancia le pareció al yayo un viejo teléfono móvil de esos gruesos y teclas rudas. Pero no. Lo vio perfectamente. <strong>Era un libro</strong>. Un pequeño ejemplar de esos con tapas flexibles y solapas desgastadas. Lo abrió por donde tenía una esquinita doblada y&#8230; se puso a leer el papel. Podría haberse conectado a Internet,<strong> compartir chistes bizarros en el grupo de WhatsApp</strong> de sus colegas, malgastar el tiempo libre y sin embargo, ahí estaba:pasando con delectación una página tras otras, en su propia soledad rodeada de gente que iba y venía alrededor, sin dejarse perturbar por el pitido de los coches ni el runrún de las palomas. Tasio no pudo contenerse y salió de su trinchera. Henchido de valentía, le interpeló: ¿<strong>autor, título y editorial</strong>, <strong>por favor</strong>?</p>
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		<title>Viejos amigos</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Mar 2018 17:49:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Entro en casa del yayo Tasio y le noto más extraño que de costumbre. Inclinado sobre la mesa camilla que preside el salón, aprieta un bolígrafo con el que despliega a paso de burra su caligrafía temblorosa sobre un papel en blanco. Al lado, un sobre y un sello. Me informa de que se trata [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/03/telefono.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1935" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/03/telefono.jpg" alt="telefono" width="660" height="502" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/03/telefono.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/03/telefono-300x228.jpg 300w" sizes="(max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Entro en casa del <strong>yayo Tasio</strong> y le noto más extraño que de costumbre. Inclinado sobre la mesa camilla que preside el salón, aprieta un bolígrafo con el que despliega a paso de burra su caligrafía temblorosa sobre un papel en blanco. Al lado, un sobre y un sello. Me informa de que se trata de un artefacto llamado <strong>carta</strong> que puede enviarse a cualquier parte del mundo. <strong>No hace falta conexión a Interne</strong>t; sólo introducirlo en una boca metálica conocida como buzón. Mientras está completando el escrito, le llaman por <strong>teléfono</strong>. El suyo es muy particular. No puede llevarlo de aquí para allá, porque tiene un cable conectado a la pared. Al acabar de hablar, es él quien marca para hablar con un tercero. Sí, utiliza el dedo para completar <strong>un número que empieza por 941</strong>. Pero lo hace de un modo insólito, incrustando el índice sobre los agujeros de una ruleta. Hasta que la circunferencia no vuelve a su sitio como regurgitando perezosamente, no puede hacer girar el siguiente número. Antes de retornar a la mesa, me pregunta si quiero escuchar música. No me atrevo a negarme. Quita el trapo de ganchillo que protege del polvo el <strong>tocadiscos</strong> y extrae un vinilo plano de los que tiene apilados en la estantería del mueble. Lo deposita delicadamente sobre la superficie giratoria y coloca encima un brazo metálico acabado en una minúscula aguja. Como por arte de magia, <strong>de aquel trozo de plástico brota una música</strong> que llena la estancia. Aún noqueado, me despido del yayo Tasio hasta la próxima semana. Antes de marchar, me regala algo semejante a un ladrillo de papel relleno de hojas con letras fijadas con tinta. Es un <strong>libro</strong>, me aclara. Y se lee pasando una página tras otra. Le doy mil gracias. Todas analógicas.</p>
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		<title>Mil mamíferos ciegos</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Oct 2017 17:25:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/10/milmamiferosciegosportada.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-1865" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/10/milmamiferosciegosportada.jpg" alt="milmamiferosciegosportada" width="369" height="582" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/10/milmamiferosciegosportada.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/10/milmamiferosciegosportada-190x300.jpg 190w" sizes="(max-width: 369px) 100vw, 369px" /></a></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">Tras una abultada trayectoria literaria cristalizada desde en dos obras ilustradas hasta en su participación en varios <strong>volúmenes colectivos</strong> –‘La Aldea de F.’ y ‘Pelos’– y un transgresor libro de relatos propio –‘Casi tan Salvaje’–, <strong>Isabel González</strong> (Zaragoza, 1972) debuta en el territorio de la novela fiel a la originalidad apuntada hasta ahora y una voz tan genuina como los universos que explora. El andamiaje sobre el que construye <a href="https://twitter.com/dosbigotesedit?lang=es">‘Mil mamíferos ciegos’</a> está sostenido por tres personajes enmarcados inicialmente en mundos distantes. El primero en asomar es Yago, un hombre desterrado de sí mismo que vagabundea aislado en el bosque mientras talla troncos y envía cartas en una búsqueda incansable de lo mismo que huye. En el contraplano, Santi y Eva se debaten en la ciudad contra sus <strong>demonios personales de pareja</strong> con la obligación de quererse pese a ellos mismos.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">González construye sobre ese trío un crisol de contrarios que es precisamente uno de los imanes de la novela. Un enfrentamiento constante entre la naturaleza y lo urbano, la comunión social y la soledad del individuo, <strong>la necesidad de amor y el placer del desencanto</strong>. La autora extiende esa contraposición del fondo a las formas con un especial gusto por la experimentación, estructurando la novela en capítulos protagonizados de manera alterna por uno y los otros junto a sus respectivos mundos hasta que todo confluye en un sorprendente final. Una apuesta por la antítesis que alcanza también a la propia edición de la novela con la introducción de tramas en diversos colores e incluso interpelaciones a modo de fractura del hilo conductor, superando así el libro como una simple acumulación de palabras hasta convertirlo en un artefacto físico sin el que resulta imposible entender la historia que contiene. En ese nada condescendiente balanceo entre escenarios enfrentados, ‘Mil mamíferos ciegos’ se inclina, o al menos aporta sus momentos más lúcidos, en el hábitat que acoge a Yago. Quizás por su reconocida querencia hacia lo rural como origen y refugio, González captura en el retrato interior de su personaje y el paisaje donde se inscribe una esencia que destila el olor de otras propuestas que en los últimos tiempos toman <strong>el campo como punto de partida y meta</strong>, unas veces a modo de ensayo y otras como recurso narrativo. En el caso de la escritora aragonesa afincada en Madrid no cabe impostura en esa tendencia y se decanta por envolver con ese aroma lo que acaba siendo <strong>una fábula adulta sin moraleja</strong>. O, mejor dicho, tantas como cada uno de los lectores pueda reconocer de acuerdo a su propia experiencia. Ahí reside también otra de las singularidades de este desasosegante debú:interpelar sin exigir una sola respuesta.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">Sin embargo, uno de los más estimulantes hallazgos de ‘Mil mamíferos ciegos’ es el acerado uso del lenguaje. Es esa reverberación poética con la que González presenta cada escena y disecciona el (intrincado) reverso de sus protagonistas la que dota al libro de una rotundidad que le condecora como una de las firmas con mayor proyección de entre quienes militan <strong>más allá de los convencionalismos y la ortodoxia</strong>.</span></span></span></p>
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		<title>Siempre libro</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Aug 2017 10:59:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Rioja]]></category>
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		<description><![CDATA[El mejor regalo que le hecho al yayo Tasio es el que nunca le di. El día de su último cumpleaños se me pasó por la cabeza comprarle un libro electrónico. Además de acumular un catálogo inabarcable de rarezas, el abuelo siempre ha sido un lector voraz como atestiguan las abarrotadas estanterías de su casa, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/libros.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-1854" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/libros.jpg" alt="libros" width="347" height="552" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/libros.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/libros-189x300.jpg 189w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/libros-644x1024.jpg 644w" sizes="(max-width: 347px) 100vw, 347px" /></a><strong>El mejor regalo que le hecho al yayo Tasio es el que nunca le di</strong>. El día de su último cumpleaños se me pasó por la cabeza comprarle un <a href="https://www.amazon.es/libro-electronico/s?ie=UTF8&amp;page=1&amp;rh=i%3Aaps%2Ck%3Alibro%20electronico">libro electrónico</a>. Además de acumular un catálogo inabarcable de rarezas, el abuelo siempre ha sido un lector voraz como atestiguan las abarrotadas estanterías de su casa, así que vi en aquel dispositivo el <strong>obsequio</strong> idóneo para alguien único. No recuerdo por qué retrasé comprarlo y la mañana que le invitamos a comer –él nunca lo hace, no sé si por negar que se hace viejo o evitar sólo aflojar la cartera– me presenté a la mesa con las manos vacías pero adelantándole que en breve tendría todas las novelas que quisiera a su disposición en formato electrónico. Tasio escupió la<strong> cucharada de caparrones</strong> que acaba de meterse en la boca y amenazó con desheredarme mientras engolaba la voz defendiendo sus libros de papel. Los cientos que tiene y los que dejará de tener. Porque la <strong>liturgia literaria</strong> del yayo no sólo incluye oler los capítulos antes de devorarlos, sino acariciar las tapas, doblar la esquina de la página cuando el sueño le vence, manchar los márgenes. Y sobre todo, regalar los que más le gustan en cuanto llega al punto final, igual que recibe los que sus amigos le entregan para que experimente las sensaciones compartidas. Porque los libros no son para el abuelo un <strong>patrimonio material</strong>, sino un hilo que cose <strong>imaginaciones simétricas</strong> y convierte en su dueño a quien lo tiene en las manos. Y esa carnalidad, dijo antes de soplar las velas, nunca podrá ser <strong>plástica, fría e inodora</strong>.</p>
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		<title>Invasiones</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Aug 2017 09:51:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Rioja]]></category>
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		<description><![CDATA[El extraño que cohabita en el interior de cada uno puede generar más convulsión que el instintivo miedo a lo desconocido. Sobre esa premisa arma Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972) su última novela, que es en realidad una triple versión de la misma tesis. ‘Invasiones’ despliega en los tres actos que aglutina la genuina mirada [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/invasiones.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-1839" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/invasiones.jpg" alt="invasiones" width="274" height="417" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/invasiones.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2017/08/invasiones-197x300.jpg 197w" sizes="(max-width: 274px) 100vw, 274px" /></a></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">El extraño que cohabita en el interior de cada uno puede generar más convulsión que el instintivo miedo a lo desconocido. Sobre esa premisa arma <a href="http://@im_biurrun">Ismael Martínez Biurrun</a> (Pamplona, 1972) su última novela, que es en realidad una triple versión de la misma tesis. ‘<a href="http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=844&amp;osCsid=">Invasiones</a>’ despliega en los tres actos que aglutina la genuina mirada sobre el terror que el autor navarro había dejado intuir ya en sus cinco trabajos precedentes. En esta ocasión no recurre a distopías ni se apoya en andamios artificiales. Le basta <strong>dirigir el radar hacia lo cotidiano</strong> para contagiar la sensación del miedo como algo factible, una opción que late próxima. Tan cerca como en un rascacielos madrileño donde una cena entre dos parejas prevista como la confirmación de un ascenso laboral deviene en catástrofe natural y personal (Coronación), en un decadente complejo turístico entre pinares y carreteras comarcales que se resquebrajan –literalmente– agrietando a la vez la vida de sus inquilinos (El color de la tierra) o en la cumbre de una colina desde la cual la observación del cielo al anochecer desencadena una obsesión criminal (Nebulosa).</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">Las invasiones a las que alude el título son las <strong>alteraciones en el cromosoma</strong> de cada historia que agitan la sucesión de hechos. La remueven a la manera en que <strong>Martínez Biurrun</strong> suele: primero de forma sugerida, asomándose en primera instancia sólo como una posibilidad difusa, y a medida que los acontecimientos avanzan, apropiándose de la narración hasta un clímax que rehuye de eufemismos y acostumbra a escorarse hacia la crudeza. Unas veces instigado por una plaga de langostas; otras por la indefinible sustancia que supura el terreno quebrado; en el caso del relato que cierra la novela, un meteorito cuya explosión activa instintos brutales. </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">Martínez Biurrun se maneja con autoridad en ambos frentes. En la descripción psicológica, desmenuza el perfil de personajes envueltos en un contexto en apariencia inocuo del que van brotando espinas camino del derrumbe. En el dibujo de las situaciones, combinando la<strong> asfixia de los ambientes</strong> en los que ubica cada escena con hachazos de contundencia que obligan a un permanente estado de alerta. </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;">‘<span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: medium;">Invasiones’ es la confirmación de Martínez Biurrun como nombre de referencia en la ciencia ficción nacional. La escalada desde aquel seminal ‘<strong>Infierno nevado</strong>’ (2005) hasta su penúltima y a ratos abrupta ‘<strong>Un minuto antes de la oscuridad</strong>’ (2014) no sólo queda patente en la modulación de una voz propia, que sin huir de los registros más identificables los actualiza para conducirlos a su propio terreno. En su trayectoria se vislumbra además un afán por explorar continuamente caminos distintos, sin acomodarse, haciendo despuntar el miedo allá donde en apariencia gobierna la rutina. La inclusión ahora en una editorial de relumbrón como <a href="http://@ed_valdemar">Valdemar </a>cuyo catálogo acoge a algunos de los más ilustres del género denota también ese salto de calidad hacia una madurez narrativa sin más concesiones que las de una imaginación desbordante. Y para satisfacción del lector exigente, siempre perturbadora.</span></span></span></p>
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		<title>El alma de la radio</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Apr 2017 10:25:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[crónica]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[radio]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[Hubo una época en que los barrios no eran ninguna frontera ni las familias una adición de individuos ajenos en hogares blindados. Los mocetes salían a la calle a jugar sin miedo, la juventud tenía la seguridad de que sus expectativas superarían a las de sus padres y la mayoría de las mujeres callaba lo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="color: #000000;">Hubo una época en </span>que los barrios no eran ninguna frontera ni las familias una adición de individuos ajenos en hogares blindados. <strong>Los mocetes salían a la calle a jugar sin miedo</strong>, la juventud tenía la seguridad de que sus expectativas superarían a las de sus padres y la mayoría de las mujeres callaba lo que la sociedad no estaba preparada para oír. En aquel tiempo previo a las redes sociales, las auténticas redes sociales se tejían en torno a tertulias improvisadas en sillas a la puerta de un portal y cocinas donde las conversaciones se cocían a fuego lento. Las voces que salían de la radio eran el pegamento para unir a las personas que empezaban a conocer aquella cosa llamada libertad y nadie era consciente de que un día no demasiado lejano Internet lo jodería todo. Hasta allí viaja <strong>Ángeles Doñate</strong> en ‘<a title="El alma de la radio" href="@Ediciones_Urano">El alma de la radio</a>’.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><a href="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2017/04/radio1.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1795" title="radio" src="/chucherias/wp-content/uploads/sites/7/2017/04/radio1.jpg" alt="radio" width="400" height="612" /></a></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;">En su segunda novela tras la exitosa ‘El invierno que tomamos cartas en el asunto’, que ha sido traducida a seis idiomas, la periodista catalana reconvertida en retratista de emociones cambia de escenario sin alterar en exceso ni el registro ni el punto de mira. Como en su anterior trabajo, Doñate se apoya en las misivas que en este caso los oyentes remiten a la conductora del programa ‘El Consultorio de la Señorita Leo’ –un homenaje confeso al mítico <strong>&#8216;Consultorio de la Señorita Francis’</strong>– para radiografiar una Barcelona en plena transición no sólo política sino social que es en realidad el diagnóstico de la España del momento. Lo que Virtudes Leo dentro de la emisora y Aurora en la soledad de su hogar descubre en las líneas que se compromete a responder pese a las trabas para desvelar una fealdad anticomercial es una realidad cruenta. Jóvenes frustradas por su entorno, mujeres enfrentadas a la disyuntiva entre los sentimientos y los estereotipos que la época esperaban de ellas. Y, sobre todo, episodios de <strong>violencia de género</strong> emparedados entre los muros conyugales. La obra ofrece una doble lectura. La amabilidad de su escritura y el paisaje añejo que describe invitan a disfrutar de un libro dominado por la coralidad e historias cruzadas de gente corriente que unas veces coinciden y otras se alejan. Bajo esa capa de costumbrismo palpita una reflexión sobre temas imperecederos encarnados en la galería de personajes que pueblan una sociedad que empezaba a desperezarse de sus miedos. La soledad, la incertidumbre, las relaciones personales y el amor en sus todas sus formas se agitan en ‘El alma de la radio’ con esa habilidad que despliega Doñate para llevar de la mano al lector a través de una gran historia conformada por las pequeñas historias de cada protagonista. De entre todos ellos sobresale Aurora/ Virtudes Leo como eje sobre el que gira el resto y ejemplo de esa dualidad intrínseca al ser humano. La exitosa locutora sin rostro que da sostén a las esperanzas de sus oyentes, mientras fuera de ese papel brujulea indecisa en busca de su destino.</span></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="color: #000000;">‘<span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;">El alma de la radio’ reafirma las bondades apuntadas por Ángeles Doñate en ‘<strong>El invierno que tomamos en el asunto</strong>’ y agrega una dosis extra de madurez narrativa, alumbrando un libro que reivindica la literatura de los sentimientos y el cotizado placer de la lectura sosegada.</span></span></span></p>
<p align="JUSTIFY">
<p>&nbsp;</p>
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