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	<title>Chucherías y quincallayayo tasio &#8211; Chucherías y quincalla</title>
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		<title>Todos los muertos</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Feb 2020 10:48:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Rioja]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2020/02/ESQUELAOK-1.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-2211" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2020/02/ESQUELAOK-1.jpg" alt="" width="487" height="468" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2020/02/ESQUELAOK-1.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2020/02/ESQUELAOK-1-300x288.jpg 300w" sizes="(max-width: 487px) 100vw, 487px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Al principio le regañaba. Veía al<strong> yayo Tasi</strong>o explorar con fruición las esquelas que aparecen cada día en el periódico y le afeaba el gesto porque lo creía entre macabro y contraproducente para él, que ya está cerca de protagonizar una de ellas. No sólo hace tiempo que desistí de reprocharle nada, sino que he empezado a compartir su hábito en el que no hay morbo sino homenaje, una reverencia póstuma. Antes siquiera de ver la portada o detenerse en otras secciones, el abuelo se lame la punta del índice y el pulgar para<strong> pasar mejor las páginas y llegar a ‘los muertos’</strong>. Así bautizó los recuadros donde aparecen las defunciones y como sigue refiriéndose a ellas cuando cada mañana las revisa <strong>con meticulosidad de taxidermista</strong>. Lo que encuentra en su viaje a las profundidades de las esquelas es una ingente cantidad de información. En la relación familiar del difunto intuye cómo ha sido su vida. Si ha tenido muchos hijos o la enumeración de la parentela se agota en una línea; si la retahíla alcanza a los bisnietos o ha muerto tan joven que duele la edad que acompaña la <strong>necrológica</strong>. Tasio sigue con el dedo cada referencia, todos <strong>los detalles del funeral y la conducción</strong>, los módulos remachados con un epitafio a veces críptico, siempre emotivo. Al yayo se le escapa una lágrima cuando nadie le ve, como si fuera un amigo íntimo. Y también sé que en su lamento no hay tristeza. Sólo añoranza. Y el ruego de que publique una esquela suya a media página cuando deje de respirar. Le digo que sí, que ese día la suya será la más grande. Pero le miento. Porque <strong>mientras yo viva, él nunca morirá</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">Fotografía: <strong>Miguel Herreros</strong></p>
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		<title>Paso al peatón</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Dec 2019 17:29:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Rioja]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/12/callebuena.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-2186" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/12/callebuena.jpg" alt="" width="644" height="791" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/12/callebuena.jpg 644w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/12/callebuena-244x300.jpg 244w" sizes="(max-width: 644px) 100vw, 644px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Al<strong> yayo Tasio</strong> no le gustan las peatonalizaciones. Lo dice bajito, casi susurrando. Y sólo cuando tiene delante alguien de máxima confianza y un mínimo de empatía. Teme que si alguien le escucha pueda delatarle y <strong>mandarle al paredón</strong> donde se fusila (metafóricamente) a los que van contracorriente. A ese mismo foso donde el fundamentalismo arroja a los que no les hacen gracia las mascotas, quienes nunca han cogido una bici o comen carne sin remordimientos. Si no estuviese maniatado por la dictadura de las corrientes de opinión que definen por decreto qué es intrínsecamente bueno, se atrevería a matizar que lo que realmente le incomodan son las peatonalizaciones que incumplen dos máximas: consulta y efectividad. El yayo observa casi con añoranza esa <strong>fiebre de participación</strong> que ataca a los candidatos en campaña electoral. Para exhibir músculo dialogante, se reúnen cada día antes de acudir a las urnas con asociaciones y entidades, colectivos vecinales y agentes sociales. Los mismos a los que al llegar al poder olvidan sondear su parecer precisamente en aquellas decisiones que más les atañen. Pero lo que de verdad retuerce al abuelo son las peatonalizaciones que al final no miran al peatón. La conversión de calles que, con la excusa de hacer más amable la ciudad y vetar los humos, acaban cedidas a la restauración para que florezcan terrazas y veladores y <strong>el espacio público sea tomado por pérgolas y metacrilato</strong>. Tasio sabe que nadie le oirá porque nada dirá. Sólo aspira a que, si un día sale a la calle y de súbito le han cambiado el asfalto por adoquines, en vez de ser atropellado por un camión de reparto no le arrolle<strong> algún camarero con una bandeja en la mano</strong>.</p>
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		<title>Silencio</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Jul 2019 09:40:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/07/turismomasivok.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-2109" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/07/turismomasivok.jpg" alt="turismomasivok" width="500" height="285" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/07/turismomasivok.jpg 500w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/07/turismomasivok-300x171.jpg 300w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">El <strong>yayo Tasio</strong> conoce un sitio precioso, idílico, de una belleza casi trágica. En la familia intuimos que debe estar cerca de su pueblo porque a ninguno nos consta que durante su juventud haya ido mucho más lejos, pero no ha dicho a nadie dónde se ubica. Ni siquiera yo he podido sonsacarle las coordenadas de ese enclave tan maravilloso que según el abuelo es capaz de <strong>colmar las expectativas del viajero más exigente</strong>. Su descripción le da la razón. Cuenta que desde allí la llegada de la noche es una experiencia cautivadora y los amaneceres, <strong>esos momentos únicos que las personas dejan archivados en su memoria para el resto de sus vidas</strong>. La paz que contagia, según dice, no tiene parangón. Ríete tú de esas islas varadas en mitad del océano que las agencias de viajes venden a doblón como el súmmum del relax. El silencio en este paraje al que sólo el yayo es capaz de acceder es tan profundo que hace daño en los oídos. Da igual hacia donde mires si estás allí. Desde cualquier ángulo la cámara toma encuadres sublimes, paisajes tan bonitos que estremecen. A su alrededor discurren rutas que uno no se cansa de andar y la naturaleza que circunda resulta tan salvaje, tan virginal, que si la miras parece que la estrenas. La gastronomía es exquisita, los lugareños hospitalarios,<strong> el encanto de sus calles magnético</strong>. A cada trazo que Tasio pinta sigo tirándole de la lengua para que me desvele dónde está, cómo puedo llegar este verano. Nunca me lo dirá. Ni a mí ni a nadie. Se lo guarda para él. Aunque ya es tan mayor que nunca volverá a ir. Sólo así lo blindará de convertirse en otro mágico edén más embrutecido por el estrés de los selfis, las colas infinitas y la<strong> obsesión del turista por masificar lo que es único</strong>.</p>
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		<title>Cuéntame</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Apr 2019 07:55:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Rioja]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/04/CARTELES.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-2077" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/04/CARTELES.jpg" alt="carteles" width="660" height="458" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/04/CARTELES.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2019/04/CARTELES-300x208.jpg 300w" sizes="(max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">El <strong>yayo Tasio</strong> añora las campañas electorales de cuando era joven. <strong>Tantos años de franquismo</strong> les habían hecho olvidar (algunos ni la conocían) la gimnasia del voto y aquellas citas con las urnas tenían un aire de novedad, de aire fresco, de juguete sin malear. Posibilismo, algo de inocencia y mucha voluntad, porque el compromiso político no era una opción sino casi una exigencia moral. El abuelo me lo cuenta y yo casi no le creo. Dice que había <strong>carteles con las fotos de los candidatos malpegados</strong> por los rincones.  Simcas 1200 con un megáfono sobre el techo que repiqueteaban eslóganes mientras recorrían el asfalto a paso de burra. El yayo perjura que los mítines se improvisaban en cualquier esquina y los aspirantes asaltaban a sus posibles votantes a pie de calle sometiéndose a lo que fuera, desde un achuchón a un tirón de orejas. Será porque vuelve <strong>el aroma de celulosa de las papeletas</strong> que Tasio no acaba de asimilar cómo ha cambiado aquel amateurismo. De qué manera las redes sociales se han erigido en los púlpitos donde la maquinaria que trabaja para cada formación vomita mensajes artificiales o cómo los que durante años militaron en unas siglas se mudan a otras. Una <a href="https://elpais.com/politica/2019/04/02/actualidad/1554209173_651766.html">epifanía ideológica</a> que, oh casualidad, no acostumbra a conducirles a asambleas de base sino a un puesto de salida en alguna lista que les garantiza seguir viviendo de un sueldo público. Candidatos que pasean las calles como estrellas del rock (convenientemente escoltados) sólo para exhibir una falsa cercanía que busca ocupar las portadas del día siguiente con una foto vertical. Tasio les mira desde lejos con el recelo de quien la experiencia de la historia ha afiliado el olfato para detectar la impostura que busca votos sin conciencia.</p>
<p style="text-align: center;">Fotografía: <strong>Herce</strong></p>
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		<title>San Mateo exprés</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Oct 2018 16:41:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si por el yayo Tasio fuera, San Mateo no duraría ni una semana ni diez días. Descartado el traslado del santo a alguna fecha estival donde el astro no sea tan traicionero para evitar una revolución católica, el abuelo es partidario de concentrar el programa en una sola jornada. Sabe que tampoco satisfaría a ese [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/10/sanmateo.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1998" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/10/sanmateo.jpg" alt="sanmateo" width="433" height="650" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/10/sanmateo.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/10/sanmateo-200x300.jpg 200w" sizes="(max-width: 433px) 100vw, 433px" /></a>Si por el<strong> yayo Tasio</strong> fuera, <strong>San Mateo no duraría ni una semana ni diez días</strong>. Descartado el traslado del santo a alguna fecha estival donde el astro no sea tan traicionero para evitar una <strong>revolución católica</strong>, el abuelo es partidario de concentrar el programa en una sola jornada. Sabe que tampoco satisfaría a ese ADN tan logroñés con querencia a <strong>quejarse siempre por una cosa y la contraria</strong>, pero según su tesis ahorraría <a href="https://www.larioja.com/logrono/san-mateo/encuesta-fechas-prefieres-20180924134738-nt.html">debates estériles </a>y convertiría San Mateo en uno de esos virus de 24 horas que para cuando quieres darte cuenta lo que duelen ya se han pasado. La cosa empezaría (y acabaría) el 21 de septiembre. El disparo del cohete sería, como siempre, el punto de arranque en la plaza del Ayuntamiento. Sin solución de continuidad y aprovechando la excitación de la masa, se desmontaría el tinglado para dar allí mismo un concierto de postín con la respuesta del público al fin garantizada. Antes de los bises hay tiempo para desplazar al mogollón hasta El Espolón y celebrar solemnemente el <strong>pisado de la uva</strong>. De camino, propone agrupar en línea todas las degustaciones que ahora se reparten durante la semana al estilo de esos avituallamientos de la vuelta ciclista, pero recogiendo sobre la marcha panceta, choricillo y lomo con pimientos en vez de <strong>barritas energéticas</strong>. Al fondo, Gorgorito dando estacazos;en un lateral, las peñas de brinco en brinco; más allá, joteros exaltando los himnos locales; en algún hueco vacante, <strong>un Micky falso que venda globos a los niños mientras gira el tren chispit</strong>a. Todo listo ya para la quema de la cuba y, aprovechando la noche, una única pero estruendosa ración de fuegos artificiales.La única duda de Tasio es <strong>en qué minuto libre pinchará Carlos Jean</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fotografía: <strong>Justo Rodríguez</strong></p>
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		<title>El mayor respeto</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Aug 2018 08:48:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Rioja]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/abuelo.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1982" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/abuelo.jpg" alt="abuelo" width="660" height="455" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/abuelo.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/abuelo-300x207.jpg 300w" sizes="(max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">El<strong> yayo Tasio</strong> contendría las ganas de darles un mandoble en la cara a cada uno de los tres, pero cogería a todos de las orejas y se los llevaría al pueblo. Les quitaría el móvil y sin cobertura ni nadie alrededor que les ría sus presuntas gracias, miraría directamente a esos seis ojos para conocer los porqués. Por qué desprecian a los demás. Por qué disfrutan abusando de los más débiles. Por qué la semana pasada se ocultaron detrás de unas máscaras y<a href="https://www.larioja.com/la-rioja/sucesos/imputados-tres-jovenes-20180814124355-nt.html"> rociaron de nata a un anciano sentado en un banco</a> que seguramente se parece mucho a Tasio con la cobarde intención de burlarse de él y subir su hazaña (sic) a <a href="https://www.youtube.com/?gl=ES&amp;hl=es">Youtube</a> para amplificar el desprecio. El abuelo ya barrunta que no encontrará respuesta. Alguien tan despreciable como para ser capaz de perseguir el placer mofándose del otro no puede ser capaz de articular ninguna razón. Un daño además que excede lo físico porque hiere en lo más profundo de la persona, en la dignidad que nadie, y menos tres niñatos sin moral, tiene derecho ultrajar de la manera más vil. Pero, sobre todo, porque su víctima principal ha sido un anciano al que todos (sus atacantes los primeros) deben un <strong>respeto mayúsculo</strong> por las canas que gasta, por el tiempo que ha vivido y tal vez sufrido, porque si una sociedad es incapaz de apreciar y defender a sus mayores tiene <strong>su futuro podrido</strong>. Mientras esos tres jóvenes sobre los que pesará para siempre el asco y la repulsa miran seguramente a Tasio <strong>sin una pizca de arrepentimiento</strong>, el abuelo se congratulará en la confianza de que son una anécdota. Que en la mayoría de los chavales de su edad late un sentimiento de educación hacia todos en general y hacia los más veteranos en particular.</p>
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		<title>Recordar para vivir</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Aug 2018 09:50:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Rioja]]></category>
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		<description><![CDATA[Ingresar en los dominios del yayo Tasio es adentrarse en un abigarrado parque temático de lo aparentemente inútil. Aunque la casa no es ni mucho menos grande, con el tiempo ha desplegado una portentosa habilidad para estirar las estancias donde apilar los objetos más variopintos. En su afán de recopilación no hay síndromes ni locura. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/recuerda.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1979" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/recuerda.jpg" alt="recuerda" width="628" height="509" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/recuerda.jpg 628w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/08/recuerda-300x243.jpg 300w" sizes="(max-width: 628px) 100vw, 628px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Ingresar en los dominios del <strong>yayo Tasio</strong> es adentrarse en un abigarrado <strong>parque temático de lo aparentemente inútil</strong>. Aunque la casa no es ni mucho menos grande, con el tiempo ha desplegado una portentosa habilidad para estirar las estancias donde apilar los objetos más variopintos. En su afán de recopilación no hay síndromes ni locura. Todos los cachivaches reposan almacenados en el mismo espacio donde respira como en una gran empresa de logística, con la única diferencia de que el abuelo es el único gerente de sí mismo capaz de orientarse en ese <strong>orden anárquico</strong>. Basta con preguntar al domador del caos por una foto concreta, las primeras gafas que le recetó el oftalmólogo, la camisa con que se casó. Tasio penetra en su particular manglar, aparta <strong>lianas de polvo y telarañas</strong> y extrae como por ensalmo el objeto invocado. Los trastos forman montañas hasta el techo. Han saturado las cómodas, colonizado estanterías, cubierto paredes, conquistado los bajos de la cama, los altillos de los armarios. No hay rincón sin apreturas. En el universo privado del yayo hay de todo. Y no es una manera de hablar. En algún lado que sólo él conoce reposan fotos de la primera comunión. De la suya y del resto de la familia. A su lado, invitaciones de boda escritas con letra gótica (se ruega confirmación) y los recortes de esquelas de quienes conoció alguna vez. Los souvenirs que le trajimos de todas las vacaciones,<strong> la trenza de mi hermana cuando decidió llevar el pelo corto</strong>, la llave de hierro de la casa del pueblo en ruinas&#8230; Alguna vez, cuando temo que esas torres de chismes fatuos nos sepulten, le sugiero que se deshaga de algunos. Y él me pregunta con estupor por qué quiero <strong>amputar los recuerdos</strong>. Borrar su memoria. Que muera en vida.</p>
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		<title>Sospechosos inhabituales</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Apr 2018 11:06:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/04/libro.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1945" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/04/libro.jpg" alt="libro" width="660" height="363" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/04/libro.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/04/libro-300x165.jpg 300w" sizes="(max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Al<strong> yayo Tasio</strong> le resultó sospechoso en cuanto lo vio de lejos. A otros paseantes con prisa quizás le hubiera pasado desapercibido, para el abuelo lo caló al instante. Estaba repantingado en <strong>un banco del parqu</strong>e, haciendo nada más que mirar al cielo con los ojos cerrados dejándose rociar del tímido sol de una falsa primavera. El resto de los viandantes pasaba a su lado como si fuera una jardinera más, una<strong> estatua de sal</strong>. Pantalones vaqueros de <a href="https://www.zara.com/es/">Zara</a>, cazadora gris abotonada hasta el cuello, zapatillas con restos de barro. <strong>Alguien (sólo en apariencia) anodino</strong>. El radar de Tasio, sin embargo, lo detectó de inmediato. Se colocó lo bastante cerca como para confirmar sus recelos y lo suficientemente alejado para no ser visto y salir huyendo en caso de ser descubierto. Apenas tuvo que aguardar disimulando unos minutos. El chaval se incorporó. Primero asomó una mano. Después, la otra. Pero no estaba vacía. Del bolsillo derecho extrajo algo que desde la distancia le pareció al yayo un viejo teléfono móvil de esos gruesos y teclas rudas. Pero no. Lo vio perfectamente. <strong>Era un libro</strong>. Un pequeño ejemplar de esos con tapas flexibles y solapas desgastadas. Lo abrió por donde tenía una esquinita doblada y&#8230; se puso a leer el papel. Podría haberse conectado a Internet,<strong> compartir chistes bizarros en el grupo de WhatsApp</strong> de sus colegas, malgastar el tiempo libre y sin embargo, ahí estaba:pasando con delectación una página tras otras, en su propia soledad rodeada de gente que iba y venía alrededor, sin dejarse perturbar por el pitido de los coches ni el runrún de las palomas. Tasio no pudo contenerse y salió de su trinchera. Henchido de valentía, le interpeló: ¿<strong>autor, título y editorial</strong>, <strong>por favor</strong>?</p>
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		<title>Turismo inmortal</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Feb 2018 11:11:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No es extraño que al yayo Tasio le asalte de vez en cuando algún turista despistado para preguntarle, mapa en mano, por dónde se va algún lugar señalado. Como el abuelo acostumbra a invertir sus horas muertas deambulando por Logroño para certificar que cada baldosa sigue en su sitio, los visitantes deben verle como una [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/02/cementerio.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft  wp-image-1932" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/02/cementerio.jpg" alt="cementerio" width="261" height="536" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/02/cementerio.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/02/cementerio-146x300.jpg 146w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/02/cementerio-499x1024.jpg 499w" sizes="(max-width: 261px) 100vw, 261px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">No es extraño que al <strong>yayo Tasio</strong> le asalte de vez en cuando algún turista despistado para preguntarle, mapa en mano, por dónde se va algún lugar señalado. Como el abuelo acostumbra a invertir sus horas muertas <strong>deambulando por Logroño</strong> para certificar que cada baldosa sigue en su sitio, los visitantes deben verle como una presa amable para satisfacer su curiosidad. Tasio se traga entonces la mala leche que gasta con los conocidos y regala a los desconocidos su mejor sonrisa de anfitrión, dándose el pisto de cicerone avezado. Si intuye que el foráneo es además de esos que ansía ir más allá de <strong>tomar unos vinos</strong> en la <a href="http://@callelaurel_">calle Laurel</a> o fotografiarse junto a <strong>los rosales de El Espolón</strong> y le interroga sobre algún rincón fuera de la ruta convencional, el abuelo se viene arriba y apunta con el dedo al otro lado del río. <strong>Directamente al cementerio</strong>. Algunos se espantan, como si fuera la invitación macabra de un viejo transtornado. Otros, sobre todo extranjeros habituados a ver los composantos como una parte natural del paisaje urbano, toman la palabra al abuelo y hacen el <strong>delicioso paseo que atraviesa el Ebro por cualquiera de sus puentes</strong>. Allí descubren un espacio tan arrumbado por la historia como fascinante arquitectónicamente y, por supuesto, cargado de paz. Una postal de <strong>simetrías con olor a ciprés y mármol</strong>, donde la colosal tumba de<a href="https://www.cuatro.com/cuarto-milenio/Fernando-Gallego-inventor-prodigioso-diseno_2_2499555103.html"> Fernando Gallego</a> compite con las de Zubía, Blanco Lac, Segundo Arce, el general Zurbano o el<strong> Marqués de Romeral</strong> esperando a que las guías reconozcan que están vivas para el turismo.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">Fotografía: <strong>Juan Marín</strong></p>
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		<title>Ciegos por el hormigón</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jan 2018 11:16:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teri Sáenz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un minuto antes de que estallara la burbuja inmobiliaria colocaron un cartel frente a la casa del yayo Tasio anunciando la enésima promoción de viviendas. El lugar escogido era un solar estrecho, sombrío y con cero glamur cuyo mérito consistía en permanecer vacío cuando las hormigoneras tenían ya tomado el resto de la ciudad vacante. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/01/grua.jpg"><img loading="lazy" class=" wp-image-1917" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/01/grua.jpg" alt="© FERNANDO DAZ" width="495" height="719" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/01/grua.jpg 660w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/7/2018/01/grua-207x300.jpg 207w" sizes="(max-width: 495px) 100vw, 495px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Un minuto antes de que estallara la <strong>burbuja inmobiliaria</strong> colocaron un cartel frente a la casa del <strong>yayo Tasio</strong> anunciando la enésima promoción de viviendas. El lugar escogido era un solar estrecho, sombrío y con cero glamur cuyo mérito consistía en permanecer vacío cuando las hormigoneras tenían ya tomado el resto de la ciudad vacante. Al abuelo le entristeció la noticia como si le hubieran certificado su propia defunción. La parcela donde en breve se levantaría un vulgar bloque de pisos construidos seguramente a toda prisa y a precios desorbitados le abría las únicas vistas que observa desde su propia casa. Una fina línea a través de la ventana del salón que atraviesa<strong> el horizonte hasta las montañas del fondo</strong>. Esas que ha venido disfrutando cada mañana durante años como un privilegio que le llena la mirada de frescor y le informan del cambio de estaciones según el color de las cumbres. El globo de aquella prosperidad vacua pinchó y el proyecto no prosperó. <strong>El cartel acabó oxidándose</strong>. Las malas hierbas reconquistaron la basura acumulada con el paso del tiempo y el solar volvió a ser refugio de <strong>toxicómanos clandestinos, parejas urgentes y gatos sin dueñ</strong>o. Tasio pudo así seguir disfrutando de su atalaya. Hasta ahora. Han removido otra vez los terrenos y hoy mismo han plantado en medio una grúa. La mole metálica ya le hurta parte de las vistas. Cuando vayan levantado alturas las ocultarán del todo entre los lamentos del yayo por q<strong>ue el fin de la crisis sea la resurección de la ceguera</strong>.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">Fotografía: <strong>Fernando Díaz</strong></p>
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