{"id":144,"date":"2008-09-29T10:34:56","date_gmt":"2008-09-29T10:34:56","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/chucherias\/?p=144"},"modified":"2008-09-29T10:34:56","modified_gmt":"2008-09-29T10:34:56","slug":"escenas-mateas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/chucherias\/2008\/09\/29\/escenas-mateas\/","title":{"rendered":"ESCENAS MATEAS"},"content":{"rendered":"<p>I.<\/p>\n<p>No basta con quedarse en Logro\u00f1o durante San Mateo. Hay que demostrar que se est\u00e1 de fiesta. Sudar riojanismo, colgarse un pa\u00f1uelo rojo (o azul), comulgar con el jolgorio. Y el que no se mimetice, que se marche a Salou.<\/p>\n<p>Algunos se lo toman a pecho. Se llenan el cuerpo de vino para mayor gloria del santo. O van a ver a Gorgorito por en\u00e9msima vez aunque sepan que la bruja siempre se lleva las hostias. Y se montan en el Tren Chispita acurrucados por si en ese momento pasa alguien de la oficina por las barracas y le reconocen. Y los comercios, mientras cuadran balances y se pelean con la crisis, llenan los escaparates de cachivaches mateos. El esfuerzo arroja visiones surrealistas. \u00d3pticas que parecen tiendas de ultramarinos con seis botellas y media docena de copas. Tiendas de lencer\u00eda con sacacorchos entre bragas y sujetadores. <\/p>\n<p>Hasta las calles tienen que gritar que es San Mateo. Y las fuentes arrojan vino. Y colocan en el centro de Logro\u00f1o, tiradas de balc\u00f3n a balc\u00f3n, iluminarias con cepas y uvas de colores. Y un cr\u00edo con un pa\u00f1uelo anudado al cuello que viene de Gorgorito y luego va a montarse en el Tren Chispita, se llena de emoci\u00f3n y dice a su padre: &#8220;Mira qu\u00e9 bien pap\u00e1, ya es Navidad&#8221;.<\/p>\n<p>II.<\/p>\n<p>El primer d\u00eda laborable despu\u00e9s de San Mateo, el supermercado parece un economato et\u00edope en v\u00edsperas de un holocausto nuclear. La clientela asalta las estanter\u00edas para reponer los frigor\u00edficos vac\u00edos;  la chavaler\u00eda ataca la secci\u00f3n de bebidas en busca de m\u00e1s ginebra de marcas ignotas y alg\u00fan periodista despistado se hace con un plato precocinado que le saque del paso.<\/p>\n<p>La fila hasta llegar a la caja es tan larga y dolorosa como un martirio. Justo delante de m\u00ed, en un inconcreto punto kil\u00f3metro de la cola, un tipo alto y desgarbado aguarda su turno con una enorme bolsa de comida para perros como \u00fanica compra. Lleva la cabeza llena de rastas y la cara perforada de piercings. Su cuerpo tiene m\u00e1s ro\u00f1a que el palo de un gallinero y desprende un olor extra\u00f1o. Unas destartaladas chancletas protegen sus pies negros como el tiz\u00f3n. Renegridos como la ajada camiseta sin mangas que viste. Como la flauta travesera que lleva colgada al cuello. Como sus bermudas rotas, de las que asoman unos calzoncillos negros. Negros como los cuatro dientes que le quedan en la boca y que ense\u00f1a cuando, mientras espera, sonr\u00ede de lejos al perro de mirada triste que le espera fuera del s\u00faper.<\/p>\n<p>Llega su turno. \u00abSon 4,32 euros, caballero\u00bb, le informa la cajera. El cliente saca del bolsillo una monta\u00f1a de monedas. Las ganancias ( imagino) de los conciertos callejeros en compa\u00f1\u00eda de su esquel\u00e9tico pastor alem\u00e1n. Antes de entregarle el importe exacto, la dependienta le pregunta: \u00ab\u00bfTarjeta Carrefour?\u00bb. Ni siquiera le responde. Cuando sale por la puerta y llega mi turno, la chica me confiesa con un moh\u00edn de complicidad: \u00abEstos turistas no entienden ni gota de espa\u00f1ol\u00bb.<\/p>\n<p>III.<\/p>\n<p>Se atrajeron desde la primera vez que sus miradas se cruzaron. Ella hab\u00eda bajado aquella misma noche a las fiestas con cuatro amigas en un coche. \u00c9l hab\u00eda llegado a Logro\u00f1o despu\u00e9s de cruzar la frontera en los bajos de un cami\u00f3n y recorrer media Espa\u00f1a vendiendo gafas fluorescentes y gorritos de cowboy.<\/p>\n<p>En el bar donde coincidieron serv\u00edan chupitos de ron gratis en la hora feliz y sonaba m\u00fasica de Makoki. Cuando \u00e9l se acerc\u00f3 al grupo de chicas que bailaba en un rinc\u00f3n ofreciendo su mercanc\u00eda, las cinco le rodearon. Le dijeron negro qu\u00e9 ojos m\u00e1s bonitos tienes. \u00c9l no entendi\u00f3 nada. Les extendi\u00f3 los brazos donde llevaba colgados docenas diademas y cientos de relojes y grit\u00f3 para que le oyeran mejor en medio del bullicio: \u00abCinco euros; barato, barato\u00bb. Las amigas se fueron a reclamar otro trago, pero ella se qued\u00f3 pegada a \u00e9l. \u00abSi me regalas una pulsera te doy un beso\u00bb, le susurr\u00f3 poni\u00e9ndose de puntillas. \u00c9l se march\u00f3 con todos los b\u00e1rtulos al siguiente bar, y antes de salir por la puerta y recibir los codazos y pisotones de la marabaunta lanz\u00f3 una mirada furtiva a la chica. Los ojos de ella estaban ah\u00ed para recibirla.<\/p>\n<p>Volvieron a verse a \u00faltima hora de madrugada. Ella hab\u00eda perdido a sus amigas y llevaba el r\u00edmel descorrido. \u00c9l hab\u00eda ganado veinte euros despu\u00e9s de recorrer cien locales y descansaba en un portal solitario. \u00bfTe acuerdas de m\u00ed?, le pregunt\u00f3 la chica.<\/p>\n<p>Al acabar las fiestas de Logro\u00f1o, el vendedor ambulante se march\u00f3 a otras fiestas. Unos meses despu\u00e9s, ella dio a luz a un ni\u00f1o moreno que ten\u00eda los ojos de su padre. Le llam\u00f3 Mateo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. No basta con quedarse en Logro\u00f1o durante San Mateo. Hay que demostrar que se est\u00e1 de fiesta. Sudar riojanismo, colgarse un pa\u00f1uelo rojo (o azul), comulgar con el jolgorio. Y el que no se mimetice, que se marche a Salou. Algunos se lo toman a pecho. 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