{"id":2080,"date":"2019-04-16T08:33:43","date_gmt":"2019-04-16T07:33:43","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/chucherias\/?p=2080"},"modified":"2019-04-16T08:33:43","modified_gmt":"2019-04-16T07:33:43","slug":"lo-unico-que-importa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/chucherias\/2019\/04\/16\/lo-unico-que-importa\/","title":{"rendered":"Lo \u00fanico que importa"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2019\/04\/moriokaok.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2081\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2019\/04\/moriokaok.jpg\" alt=\"moriokaok\" width=\"660\" height=\"1062\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2019\/04\/moriokaok.jpg 660w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2019\/04\/moriokaok-186x300.jpg 186w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2019\/04\/moriokaok-636x1024.jpg 636w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">En <strong>Tokio<\/strong>, en la inmensidad del populoso <strong>barrio de Ginza<\/strong>, se esconde una modesta librer\u00eda. Se llama <a href=\"https:\/\/www.theguardian.com\/books\/2015\/dec\/23\/japanese-bookshop-stocks-only-one-book-at-a-time\">Morioka Shoten<\/a> y la diferencia respecto a las miles que pueblan Jap\u00f3n entero es que no despacha libros. No lo hace en plural, sino que su propietario ha implantado una peculiar estrategia comercial por la cual s\u00f3lo vende un libro cada semana. O m\u00e1s estrictamente, los ejemplares que la clientela se decide a comprar <strong>del \u00fanico t\u00edtulo que esos siete d\u00edas expone en su escaparate<\/strong> y que es reemplazado por otro al siguiente lunes. La f\u00f3rmula no augura precisamente ingentes ingresos para el due\u00f1o. Incluso es posible que mientras usted est\u00e1 leyendo estas l\u00edneas haya bajado la verja del local para no volver a levantarla nunca m\u00e1s. Hasta que eso llegue a ocurrir, Morioka Shoten ha conseguido el objetivo de su genuina f\u00f3rmula de negocio y que queda lejos del inter\u00e9s econ\u00f3mico. Su propuesta hiperlimitada es en realidad un canto a la singularidad, el ant\u00eddoto contra la saturaci\u00f3n dominante que enga\u00f1a al ciudadano <strong>haci\u00e9ndole creer que la sobreoferta es sin\u00f3nimo de libertad<\/strong>. En esta librer\u00eda no hay pilas desbordantes de betsellers a la entrada. Las estanter\u00edas no est\u00e1n atiborradas de referencias que hacen dudar cu\u00e1l tomar y provocan en el comprador esa sensaci\u00f3n de ahogo que al final disipa adquiriendo la obra que el tendero, que es quien m\u00e1s criterio atesora, le recomienda cuando est\u00e1 grogui. El mismo recorrido, en definitiva, que Morioka Shoten persigue con <strong>un minimalismo que deber\u00eda hacerse extensible a los aludes de informaci\u00f3n<\/strong>, al atrac\u00f3n de promesas, a la turba de mensajes y tuits. Hacer valer que poco es mucho y lo \u00fanico, un bocado exquisito.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Tokio, en la inmensidad del populoso barrio de Ginza, se esconde una modesta librer\u00eda. Se llama Morioka Shoten y la diferencia respecto a las miles que pueblan Jap\u00f3n entero es que no despacha libros. 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