{"id":504,"date":"2015-05-28T18:45:39","date_gmt":"2015-05-28T16:45:39","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.vocento.com\/desdelagrada\/?p=504"},"modified":"2015-05-28T18:45:39","modified_gmt":"2015-05-28T16:45:39","slug":"bocadillos-de-nocilla-malabarismos-y-king-cobra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/desdelagrada\/2015\/05\/28\/bocadillos-de-nocilla-malabarismos-y-king-cobra\/","title":{"rendered":"Bocadillos de Nocilla, malabarismos y King Cobra"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.vocento.com\/desdelagrada\/2015\/05\/28\/bocadillos-de-nocilla-malabarismos-y-king-cobra\/doc-nin2\/\" rel=\"attachment wp-att-506\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-506\" title=\"DOC NI\u00d12\" src=\"\/desdelagrada\/wp-content\/uploads\/sites\/110\/2015\/05\/peonza.jpg\" alt=\"\" width=\"370\" height=\"352\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/110\/2015\/05\/peonza.jpg 1417w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/110\/2015\/05\/peonza-370x352.jpg 370w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/110\/2015\/05\/peonza-768x731.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/110\/2015\/05\/peonza-1024x975.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 370px) 100vw, 370px\" \/><\/a>Me encantaba ver por la calle a los chavales haciendo malabarismos con el bal\u00f3n de baloncesto y la merienda camino de casa desde el cole, o de un entrenamiento, o de jugar con los amigos en el patio. Daba gusto ver al cr\u00edo resolver el problema planteado por los dos elementos que ocupaban ambas manos. La dificultad consist\u00eda en botar el esf\u00e9rico con una mano (o mantenerlo dando vueltas sobre uno o varios dedos) mientras con la otra se intentaba sujetar el bocadillo de Nocilla y pegarle un buen mordisco a la vez que la pelota sub\u00eda y bajaba por el otro lado.<br \/>\nUnas veces se hac\u00eda con pericia, otras se ten\u00eda peor suerte y, una de dos, o el bal\u00f3n se escapaba botando lejos del alcance del ni\u00f1o o el bocadillo con la leche, el cacao, la avellana y el azucar iba a parar al suelo. En el primer caso, una carrera arreglaba el asunto. En el segundo, se cog\u00eda la merienda r\u00e1pidamente, una palmadita y dos soplidos al bocata y todo arreglado. No era cuesti\u00f3n de tirar un manjar como \u00e9se por un poco de tierra. Lo de cambiarse el bal\u00f3n de mano entre bocado y bocado era ya para aquellos con un nivel avanzado de prestidigitaci\u00f3n.<br \/>\nY digo que me encantaba, porque es dif\u00edcil ver ahora a un chaval por cualquier peatonal (mucho menos por aceras convencionales) practicar con un bal\u00f3n a la vez que ataca su merienda. Si los llevan, suelen estar dentro de la mochila, mientras caminan obnubilados con la mirada puesta en el m\u00f3vil y en alguna conversaci\u00f3n de WhatsApp con un amigo al que acaban de dejar en la anterior esquina. <!--more--><br \/>\nPor eso, \u00faltimamente estoy encantado viendo en los parques a media tarde a muchos peques intentado liar y tirar sus peonzas con el elemento extra\u00f1o del bocadillo entre la manos. Si es de Nocilla -perdonen la insistencia, pero es el que m\u00e1s le gusta a mis dos churumbeles, el que m\u00e1s me gustaba a m\u00ed de cr\u00edo y el que me viene mejor para explicar gr\u00e1ficamente las escenas que intento explicar-, con el meneo\u00a0 el consiguiente cisco de la peonza, el pan y la cuerda, llegar\u00e1 el momento en el que no se sabr\u00e1 si la mancha de la mano o de la camiseta es de la crema de chocolate o del barro (o de alg\u00fan otro ente extra\u00f1o adquirido del suelo). Como los peque\u00f1os tienen menos escr\u00fapulos que sus padres, pegar\u00e1n el t\u00edpico lamet\u00f3n perruno al elemento, sin asco ni contemplaci\u00f3n alguna, y seguir\u00e1n concentrados en el lanzamiento.<br \/>\nLo de las peonzas de ahora es de hac\u00e9rselo mirar. En mis tiempos, estaba la de cuerpo de madera con punta met\u00e1lica o la de punta met\u00e1lica con cuerpo de madera. Cuanto m\u00e1s vieja y ajada, m\u00e1s pedigr\u00ed adquir\u00eda el lanzador. Ahora, mis hijos de 3 y 5 a\u00f1os me hablan de la King Cobra, la Turbo Cobra, la Diamante, y no s\u00e9 si me est\u00e1n hablando en swahili o si me he quedado a a\u00f1os luz de la evoluci\u00f3n peoncil. Al final, me dejan claro que es lo segundo, porque entre los m\u00faltiples y llamativos colores, los dibujos espectaculares, las puntas giratorias, y los diferentes nombres de figuras que\u00a0 dicen que hacen, acabo por entender lo m\u00ednimo en las conversaciones que se traen con sus amigos.<br \/>\nDefinitivamente, estoy descolocado y fuera de sitio. Pero he recuperado esa sonrisa que me daba ver por la calle a los ni\u00f1os malabaristas de la pelota y la merienda.<br \/>\nAhora han dejado el bal\u00f3n de baloncesto (el de f\u00fatbol tambi\u00e9n pero, qu\u00e9 le voy a hacer, la cabra siempre tira al monte) y est\u00e1n ocupados con esas estratosf\u00e9ricas peonzas. Mis hijos son de esta generaci\u00f3n. Ya me encargar\u00e9 yo de intentar darles el cambiazo y poner una pelota de basket en una de las manos&#8230; Lo que no tengo claro es si les dejar\u00e9 la peonza o el bocadillo de Nocilla&#8230; \ud83d\ude09<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me encantaba ver por la calle a los chavales haciendo malabarismos con el bal\u00f3n de baloncesto y la merienda camino de casa desde el cole, o de un entrenamiento, o de jugar con los amigos en el patio. Daba gusto ver al cr\u00edo resolver el problema planteado por los dos elementos que ocupaban ambas manos. 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