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	<title>El ídolo inmóvil | El antropólogo zulú - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Las elecciones, con una mirada... salvaje</description>
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		<title>El ídolo inmóvil | El antropólogo zulú - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Fri, 22 May 2015 16:43:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Rioja</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>A la señora Maritrini no le cae bien Rajoy. Desde que su Josemari se fue a marcar tableta a Georgetown (su hija, que estudia en un colegio bilingüe de Logroño, lo pronuncia yoryestáun), la patrona no ha encontrado nadie en el PP con su carisma y sus abdominales. Rajoy le parece blandito y algodonoso, como sin sangre. Dice que le recuerda a un blandiblub. A mí, en cambio, cada vez que lo veo aparecer por la tele me viene a la mente la historia de Marianum, el ídolo inmóvil.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>A Marianum lo trajeron al poblado unos fulanos que iban rapados al cero y vestidos con una túnica naranja. No era una estatuta –nos aseguraron–, sino un hombre de carne y hueso, pero un hombre que había alcanzado tal nivel de introspección que vivía en un  perfecto estado contemplativo, sin emociones ni pensamientos. Lo subieron a un pedestal, le dejaron un puro encendido y el Marca abierto y ahí se quedó meses y meses, como petrificado. Solo había que renovarle el puro y cambiarle el Marca cada cierto tiempo. Los fulanos de naranja nos dijeron que, gracias a su poderosa energía reconcentrada, resolveríamos todos nuestros problemas si lo elegíamos rey.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Estábamos desesperados y así lo hicimos. Eran días de mucho follón y hasta Mondongo se postró ante Marianum pidiéndole soluciones urgentes: el arroz escaseaba, el clan de los Katalufus quería abandonar la tribu, los del FMI nos estaban tocando los huevos y encima nuestros jefecillos se habían puesto de robar hasta las cartolas. Marianum escuchó nuestros problemas, pero no se movió. Nunca se movió. Algunos problemas se fueron resolviendo por sí solos, a trancas y barrancas, y otros se complicaron aún más y acabaron enquistándose. Sus partidarios decían que Marianum era realmente un sabio que manejaba el tiempo a su antojo y sus detractores aseguraban que sólo era un vago redomado que se echaba unas siestas bíblicas.</p>
<p>Finalmente, un día, de tanto concentrarse en no hacer nada, Marianum implosionó y se convirtió en un cacahuete. Vino un perro y se lo comió.</p>
<p>Ha sido la historia más extraña que jamás hemos vivido en el poblado.</p>
</body></html>
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