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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Guasapollas (II)

Ernesto Vergara era un buen agente, o al menos eso opinaba Carlos Hormilleja, su jefe en la sucursal de La Providencial de Seguros donde trabajaban desde hacía diez años. En una reunión con los de la central llegó a presumir de contar con «el mejor empleado de la compañía». Vergara era amable, eficiente y bien dispuesto, pero sobre todo sabía escuchar y aguantaba cualquier chaparrón sin perder la calma ni la sonrisa. Hormilleja no podía creer lo que le enseñaban. Un tipo como Vergara sólo podía haber cometido algo así víctima de una súbita enajenación. El jefe ordenó verlo en cuanto llegara y retomó los papeles aplazados desde el viernes.

Tras la dosis de libertad provisional del fin de semana, a las nueve de la mañana del lunes todo el mundo se ha reintegrado a su respectivo ámbito de reclusión.

Florencio Briones en su despacho, abroncando a su secretaria.

Borja Vergara Briones en el aula, luchando contra las integrales.

Marta Briones en el hospital, a punto de dormir de cintura para abajo a otra víctima de su afición a disputar una pelota.

Fernando Saldaña en la sala, esperando la venida de su Señoría.

Ernesto Vergara en el ascensor, camino de la cuarta planta.

Y su jefe apurando el brebaje que escupe la máquina de la oficina.

 

—Ernesto, ¿qué coño te ha pasado esta noche?

—Ninguno, jefe, y aún así ya ves…

—¡Menos cachondeo encima, joder! Ya estás quitando esa foto antes de que nos perjudique más de la cuenta, ¿me oyes?

—¿Por qué? Es mejor que muchas bobadas que cuelga la gente, y nadie les obliga a retirarlas. Además, fue algo natural…

—Oye, ¿por qué no te vas ahora mismo a Urgencias a que te hagan un escáner de la cabeza? Hay tumores que provocan cosas así.

—Estoy bien, Carlos,  te lo aseguro, y no te preocupes, ¿por qué iba a perjudicar a la empresa lo que yo haga en mi vida más privada?

«La erección del pene es un evento neurovascular modulado por factores psicológicos y hormonales. En la estimulación sexual, los impulsos nerviosos liberan neurotransmisores del nervio cavernoso y factores relajantes de las células endoteliales del pene. La relajación resultante de las arterias y arteriolas que abastecen al tejido eréctil aumenta el flujo sanguíneo del pene y la distensibilidad de los sinusoides. La compresión del plexo venoso subtunical entre las trabéculas y la túnica albugínea ocasiona la oclusión del flujo venoso. La sangre atrapada dentro de los cuerpos cavernosos lleva al pene de la flaccidez a la erección con una presión de unos 100 mm Hg».

Cuando lo anunciaron nadie en la ciudad se explicaba que una mujer tan exquisita como Euge Azárrulla pudiera casarse con el bruto de Florencio Briones. Ella era una chica de buena familia, modosa, recatada y de misa diaria. Él, un broncas con fama de jugador, bebedor y mujeriego pero forrado por el ladrillo. Eugenia educó a su hija en la abstinencia sexual con tanto éxito que la chica no se enfrentó a una erección hasta sexto de carrera. Tuvo que recurrir al libro de Fisiología para entender lo sucedido en un oscuro rincón de la discoteca adonde sus amigas lograron arrastrarla sin que su madre se enterara. Él era un economista en paro llamado Ernesto Vergara.

 

—Sí, papá, estoy en quirófano pero puedo hablar, ¿pasa algo?

—¡¿Que si pasa?! ¿Es que no te has enterado? ¡Serás la única!

—Pues, si no me lo cuentas… (id pasándolo que ahora mismo voy)

—El imbécil de Ernesto, que se le ha ocurrido ponerse de foto en el guasap… bueno, que tienes el móvil en la mano, míralo.

—(…) ¡Ah! Pero… ¿qué es esto?.. ¡No me lo puedo creer!

—¡Joder Marta, no me digas que no sabes lo que es! Y créetelo…

—Pero… será un error, alguien le habrá… o un virus… o algo…

— Sí, un virus, pero al cerebro de ese gili…pollas, hombre.

—A ver, papá, seguro que él nunca… (sí, sí, ya voy, enseguida)

 

El teléfono de Ernesto Vergara no paró de vibrar ni cinco minutos en toda la mañana. Durante horas recibió docenas de reacciones a su inaudita foto de perfil. La mayoría provenían de familiares, amigos, conocidos y clientes que no se atrevieron a escribir una palabra. Sólo emoticonos, unos llorando de risa, otros expresando asombro, burla o enojo. Sólo unos pocos con la suficiente confianza le mostraban su perplejidad con comentarios, los menos celebrado su ocurrencia, los otros reprobándola pero casi todos preguntándose qué le habría sucedido. Por qué lo había hecho. Nadie esperaba algo así de él. Ernesto no era así. ¿Entonces?

 

—Ernesto, ¿puedes hablar?

—Sí, Marta, ahora estoy solo, qué te cuentas, como estás…

—¡¿Qué como estoy?! Pero, ¿te has vuelto loco o qué? ¿Cómo se te ocurre poner esa… marranada para que la vea todo el mundo?

—¿Marranada? Pues hace un tiempo no le hacías ascos…

—Mira, por mí como si te la cortas, no me importa por qué lo has hecho pero haz el favor de quitar eso ahora mismo, ¡¿me oyes?!

—¡Eh, eh!, tranquila, mujer, ¿he de hacerlo por qué tú lo digas?

—No, por Borja, ¿o es que ya no te importa tu hijo?

—Tanto como a ti por lo menos, pero ¿qué tiene que ver con esto?

 

Carlos Hormilleja no era mal tipo pero sus empleados valoraban más que fuera un buen jefe. Además de buena formación en dirección de empresas poseía excelentes habilidades directivas y de relación. El resultado fue un líder merecedor de mejor destino que aquella agencia de seguros en una ciudad de provincias. Pero allí se casó y allí decidía quedarse cada vez que le proponían un ascenso que exigía traslado. En la oficina todos lo consideraban un hombre sereno y comprensivo que empatizaba y nunca perdía los estribos. Solo había una cosa capaz de alterar su equilibrio: que un cliente de toda la vida se le diera de baja.

 

—A ver, a primera hora te he pedido que quitaras la foto, es… la una y cuarto y aún no lo has hecho. Qué pretendes, ¿provocarme?

—En absoluto, Carlos. No pretendo nada. No quiero provocar, ni a ti ni a nadie. Ha sido algo espontáneo, natural, para nada obsceno…

—¡¿Natural?! ¿Te parece natural difundir esa foto por guasap?

—Quero decir que la erección fue algo natural, ¿a ti no te pasa?

—Mira, esta mañana han cancelado la renovación varios clientes de tu cartera, indignados por tu… naturalidad, ¿qué te parece?

—Pues que lo siento, dime quiénes y hablo con ellos ahora mismo.

—Ernesto, si no retiras la foto antes de irnos a comer, no vuelvas.

 

No la había visto desde el desayuno y la revisó mientras engullía su emparedado vegetal disuelto en cola. Temió mirarla con otros ojos, sentir vergüenza al enfrentarse a ella tras haberla hecho pública, pero sucedió lo contrario. Mostrar su pene alzado en el móvil siguió pareciéndole tan normal como su rostro en el carné de identidad. Además, eran su guasap, su pene, su foto, su decisión. Retirarla a pocas horas de colgarla solo por la presión de quienes lo consideraban escandaloso u obsceno significaría darles la razón. Y no se creía la amenaza de Hormilleja. Era un farol, seguro. Se abrasó la lengua con el café, pagó y regresó a la oficina.

 

«Por la presente, le comunicamos que la dirección ha decidido extinguir la relación laboral que manteníamos con Ud. mediante despido disciplinario, en virtud de lo establecido en el art. 54 del Estatuto de los Trabajadores…»

—¡Vaya con Carlitos, qué fulminante! ¿Y qué te ha dicho?

—No ha querido recibirme, me entregó la carta su secretaria.

—A ver… alega desobediencia e indisciplina, claro, no va a poner…

—¿Cómo lo ves? ¿de verdad pueden echarme por eso?

—Mira, si retiras la foto ahora mismo podríamos luchar por la improcedencia, pero si te empeñas en sostenella…

—No pienso hacerlo, Dito. Reconocería que estuvo mal. Lo siento.

 

Deambular por las calles una tarde de lunes de noviembre era una experiencia extraña. En horario de invierno nunca salía de la oficina antes de caer la noche y le sorprendió la animación que reinaba en el centro. Mucha gente paseando por las aceras, curioseando en las tiendas o recibiendo en las terrazas cigarrillo en mano los últimos relejo de un sol inofensivo. Cuando camino de su casa Ernesto Vergara preguntó en un quiosco por el último número de Mundo Pádel alguien cuchicheó a sus espaldas: «mira, es el de la foto». Fingió no oírlo y siguió su camino. Su teléfono no dejaba de zumbar en el bolsillo del pantalón. Respiró hondo. Qué raro era todo.

 

Siempre hubo abusos en el recreo. Pero antaño se ejercían de un modo físico, presencial. Los pequeños matones vejaban a los más débiles o aplicados en un rincón del que nada trascendía. Hoy el esmarfón es un poderoso instrumento para ejercer el acoso psicológico entre adolescentes sin dar la cara pero con una repercusión mayor e incontrolable. El daño es mucho más grave que el insulto o el cachete directos. Ya no es necesario esperar al recreo para escarnecer a la víctima de ciberbullin. El alevín de infame puede hacerlo de manera tan cómoda y cobarde como el francotirador que dispara desde la azotea de su casa.

 

Tío, ¿sabéis lo del viejo de BV?

—Sí tío, lo de la cola en el wa, k yolo!

—A mí ese pipa me la sopla, una vez me hizo un nextazo y ya…

—Pero habéis vsto la foto? ¿no? Os la paso…

—K LOL!!! K jefe…

—ICBI!!, k mierder…

—WTC bya chusta tío, lo paso

—Decir k es el viejo de BV, kdms luego a birras?

—Tg ke chapar mazo y no me renta irme a la keli mamao…

—Okas, XOXO

 

—Hola, soy yo, no sé qué te está pasando y te aseguro que ni me importa, pero que sepas que tu hijo ha venido a casa hecho polvo, por supuesto ha visto tu maravillosa foto en su móvil pero sus compañeros de colegio también y desde entonces no han parado de burlarse de él. Le he dicho que te llame, a ver si a él le haces caso, pero no quiere saber nada, se ha encerrado en su habitación y le he oído gritar, llorar y romper cosas, nunca lo había visto así y lo de menos es que esté en exámenes, es que me da miedo, ¿me oyes, Ernesto? Haz el favor de quitar esa foto y trataré de convencerlo de que fue un error involuntario, pero ahora mismo, por favor…

 

Borja Vergara Briones tenía nueve años cuando papá se fue de casa. No pensaron decirle la verdad, claro. Que él y mamá tuvieron que casarse porque hicieron el amor sin preservativo. Que el yayo Floren amenazó a mamá con desheredarla si no pasaban por el altar. Y que en dos años papá y mamá dejaron de quererse. En cambio, le contaron que papá tenía que irse a vivir a otro sitio por trabajo pero que algunos fines de semana los pasaría con él en otra casa. A partir de entonces Borjita recibió más regalos, fue más veces al cine y jugó más a la videoconsola con su padre que antes. Y cuando tuvo edad de comprender, todo le pareció tan normal.

 

—Borja, soy papá, por favor escucha este mensaje hasta el final, mira, entiendo que estés disgustado y hasta cabreado, pero no conmigo y déjame que te explique por qué, mira, la foto que he colgado en mi perfil de guasap la he pillado de internet, por supuesto lo que ahí se muestra no tiene nada que ver conmigo, ¿me oyes?, nada, y lo he hecho para divertirme un rato, no sabes lo aburrida que es mi vida, de casa a la oficina y vuelta, día tras día, y me apetecía echarle algo de sal y pimienta a tanta insulsez, no te preocupes, en un par de días la retiraré pero antes me habré reído un poco, ¿sabrás perdonármelo? Llámame hijo, anda, chao.

 

Ernesto Vergara se encontró con una inesperada tarde de lunes libre y llamó a Dito Saldaña para echar un partidito. No le venía bien pero aceptó para tratar el asunto. Había renunciado a entender la causa del disparate y solo le preocupaban las consecuencias. Néstor replicó que tampoco sabía por qué había colgado la foto, pero estaba encontrando razones para mantenerla. Como desenmascarar a muchos hipócritas. Tonterías, respondió el amigo, y le recordó que perdería el trabajo si no la retiraba. Ya veré, replicó Vergara al despedirse. Una hora después se arrellanaba en el sofá ante el siguiente capítulo de Black Mirror, bocata de jamón en mano.

 

—Ernesto, soy Carlos, no te he recibido esta tarde porque estaba en videoconferencia con el consejero delegado, alguien se lo ha contado y estaba hecho una furia, no he tenido otra opción que entregarte la carta pero tío, me resisto a perderte, son muchos años y estoy dispuesto a partirme el pecho por ti si retiras ahora mismo esa foto, les convenceré de que fuiste víctima de un jaqueo, o algo, pero si persistes en tu incomprensible actitud no habrá nada que hacer. Esta tarde se han dado de baja más clientes indignados por tu, entrecomillo, «obscenidad», «inmoralidad», «pornografía»…. No nos hagas más daño, por favor.

 

Cuando Vergara apagó la tele se acumulaban en su guasap otros veintitantos mensajes referentes a su provocativa foto de perfil. El tono seguía oscilando entre la jocosidad y la reprobación pero sobre el denominador común de la perplejidad. Además de su jefe, más familiares, amigos, compañeros del gremio y clientes lo felicitaban, censuraban, apremiaban o insultaban. Le divertía que, sin habérselo visto ninguno, todos diesen por hecho que aquel miembro viril elevado a la máxima potencia fuera el suyo. Le extrañó que ningún mensaje fuera de Marta o de su padre, le molestó que un periodista quisiera entrevistarlo y sobre todo le dolió el silencio de su hijo.

 

«La erección nocturna es un fenómeno natural y saludable en un órgano sano que se manifiesta desde la pubertad a la vejez, aunque se da incluso en los bebés. Está relacionada con las fases REM del sueño (sleep-related erections, SRE) y obedece a un mecanismo destinado a proteger la integridad de los tejidos de los cuerpos cavernosos del pene, en el que las arterias que hinchan el pene con sangre rica en oxígeno para revitalizar y regenerar sus tejidos. Son un indicador de salud, ya que se reducen por fatiga, ansiedad o depresión, y las mejores erecciones nocturnas las tienen los sujetos que duermen bien y sueñan mucho».

 

—Dito, ¿te das cuenta?  No lo digo yo, es de un artículo de una prestigiosa publicación médica, The Journal of Sexual Medicine. Lo mío fue justo eso, ¿qué tiene de obsceno o inmoral? ¿Pornográfico? Es la imagen de una función fisiológica espontánea, ni siquiera hubo excitación sexual previa o intención de pelármela, ya que la tenía tan a mano. Amanecí empalmado igual que despeinado, bostezando y con legañas en los ojos. ¿Provocadora? Las miradas deformadas al servicio de mentes retorcidas sí son inmorales y obscenas. Hay gente que no puede ver la foto de una tía buena comiéndose un plátano sin imaginar otra cosa. ¿Tienen la culpa el plátano o ella?

 

Nunca lo hacía pero esa noche apagó del todo el móvil al acostarse. No sabía qué hacer con la foto y decidió aplazar la decisión al amanecer. La que has organizado, musitó llevándose la mano a la entrepierna. Reducido a la mínima expresión, su célebre pene parecía ya dormido. Lo acarició de nuevo y le habló como al cachorro de labrador al que se quiere más que a la familia y es imposible reñir por su última travesura. La que has organizado, repitió antes de apagar la luz y encogerse en posición fetal. Sí, por la mañana lo tendría más claro, como siempre. El descanso nocturno también adormece las emociones. Su último pensamiento fue para Borja. Haría lo que fuese por él. No quería perderlo. Eso, nunca.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 1994.