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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Guasapollas (III)

II

—«Señoras señores me alegro buenos días, antes de comenzar con la retahíla cotidiana de malas noticias que nos deparan la política, la economía o la meteorología, déjenme contarles la pequeña historia de un tipo que ayer sorprendió a sus contactos de whatsapp con una fotografía de perfil tan insólita como su miembro viril en completa erección. Por supuesto, la obscena imagen, que hoy aparece convenientemente pichelada en la prensa digital, pronto se hizo viral en las redes. De momento se desconoce por qué haría tal cosa este individuo a quien alguien ha bautizado ya como el guasapollas. Y ahora sí, las grandes desgracias del día, en titulares».

A Dito Saldaña casi se le atragantó el cepillo de dientes escuchando a su comunicador favorito abriendo las noticias de las seis. Se abalanzó sobre el móvil, comprobó que su amigo aún no había retirado la foto y lo llamó sin importarle que fuera tan temprano. Estaba apagado o fuera de cobertura y le dejó un mensaje, Néstor, lo están dando en la radio, ¿a qué esperas, tío? Si quitas la foto aún podríamos estar a tiempo de pararlo, un trendintopic puede durar unas horas pero si persistes irá a más y la gente puede perdonar un error si se rectifica rápido pero no tolera los desafíos intencionados a la moral pública,  ese pulso lo vas a perder, ¡te van a machacar!

Cuando encendió el móvil esperaba encontrar un montón de llamadas perdidas y mensajes pero, qué extraño, solo había tres, seguidos, de Dito Saldaña. El primero le contaba que su ocurrencia ya era noticia nacional. El segundo le recordaba que si no retiraba la foto antes de que lo comprobara Carlos Hormilleja podría darse por despedido. Y el tercero le invitaba a enterarse por la prensa digital de que empezaban a llamarlo guasapollas. O sea, el estúpido que había colgado su polla como foto en el guasap. A Néstor se le encogieron las tripas cuando escuchó esa palabra, guasapollas. Soltó un exabrupto y en ese momento decidió que mantendría la foto.

Exhibe su pene como perfil de WhatsApp

(Agencias). No, no se trata de un titular humorístico de El Mundo Today. Un individuo ha insertado de verdad una foto de su miembro viril —erecto, para más inri— como imagen identificativa de su cuenta en la popular aplicación de mensajería gratuita para smartphones. Ayer lunes sus contactos se despertaron sorprendidos por el impacto de la imagen, que tardó minutos en hacerse viral por las redes sociales. Por el momento se desconocen las razones que habrían movido al autor de tamaña extravagancia, al que las redes ya motejan de «guasapollas».

—¡Eh! ¿Habéis leído esto? Escuchad: a un tío se le ha ocurrido colgar su polla tiesa de foto del guasap, pero, ¿dónde vamos a parar? A este lo mandaba yo a Carabanchel, verías que pronto se la bajaban. Ahora, que en su pecado lleva su penitencia, ¿a que no sabéis cómo lo llaman? ¡Guasapollas! Qué bueno, guasapollas, el gilipollas que enseña la polla en el guasap, ¿lo pilláis?

—¡Que sí, Mariano, que lo pillamos, coño! Pero suelta ya de una vez el periódico, que todos los días te lo quedas como si sería tuyo.

—¡Hala, tómalo!, qué mal carácter, hombre… Y no busques el crucigrama que ya está hecho. ¡Julio, echa otro zurito!

Las mismas cajetillas advierten de que «el tabaco mata». Aún así, la gente sigue fumando. También se empeña en vivir en comunidad, aunque la sociedad también puede resultar letal. En épocas más atroces, cuando un miembro del grupo desobedecía sus normas, era discriminado, estigmatizado y en los peores casos, linchado.

Hoy, en cambio, una sociedad civilizada no lapida, ahorca o quema vivo a quien se atreve a quebrantar sus buenas costumbres. La ejecución es incruenta, más lenta y menos tumultuosa pero igual de implacable. La muerte social ya no se aplica en un patíbulo sino en colas, mostradores, barras de tasca y salas de espera.

—¿Qué si me he enterado? ¡Pero si es la comidilla del día! Qué valor, pobre Marta… sí cariño, límpiamela, que es para horno.

—Yo que ella me iba de la ciudad, ¡qué vergüenza! , ¿tú te imaginas?

—Pues no, porque Felipe ya no podría hacer eso ni queriendo.

—Mujer, como eres… Yo soy la última, sí. ¿Y qué me dices del hijo? Con lo majo que es y semejante padre, chica, no me digas.

—(Blandiendo las tijeras) Que me lo dejen, se iba a enterar ese cerdo.

—Anda Resu, confórmate con cortarle la cola a la lubina.

—No se la quites, que de lo que se come se cría, lo digo por Felipe.

—¡Ja, ja! No creo que funcione. Nada más, guapa, cuánto te debo.

Hay muchos mercados: de víveres, viviendas, automóviles y objetos, de dinero, de personas. En los países llamados democráticos existe también un animado mercado de votos. Los partidos políticos son como grandes empresas familiares que precisan vender su mercancía para mantener a los suyos. Nada de lo que suceda fuera de los despachos les es ajeno. Erradicadas las ideologías, sus opiniones sobre cualquier noticia que hagan saltar los medios son las acciones cotizadas en el mercado de valores intangibles que es la Bolsa de la opinión pública. Su valor depende del calculado posicionamiento estratégico ante cualquier cosa que interese a los votantes.

«Ante las informaciones aparecidas recientemente sobre la presunta vinculación de D. Ernesto Vergara con el Partido Conservador, esta Junta no solo desmiente categóricamente que el Sr. Vergara esté o haya estado afiliado nunca a nuestra formación política sino que en tal caso hubiera sido expulsado nada más conocerse los reprobables hechos que se le atribuyen. El Partido Conservador se reafirma tanto en su rechazo de cualquier manifestación de supremacía sexual machista como en la defensa de los derechos del menor, de acuerdo con los principios y valores inspirados en la moral democristiana que impregnan su ideario político».

—Mire usted, los del pecé dirán ahora lo que quieran pero es público y notorio que este individuo es simpatizante suyo, y no hace falta estar afiliado para identificarse con la ideología rancia, casposa y machista que caracteriza a la derecha de este país.

—Ya, pero, dígame, ¿por qué unas señoras militantes de izquierda pueden irrumpir en una misa con las domingas al aire y un señor de derechas no puede enseñar su pene en el móvil? ¿No están ustedes por la libertad sexual, la igualdad de género y todas esas cosas?

—Verá, para el Partido Progresista no es lo mismo un pene erecto que flácido. No confundamos la anatomía con la pornografía.

La doctora Briones soportó una de las peores guardias que recordaba. Permanecer veinticuatro horas seguidas de servicio siempre resulta duro, pero si te respetan por la noche puedes darte por satisfecha. En cambio, después de un día bastante tranquilo, nada más cenar comenzó la fiesta. Primero los gines con su cesárea, luego los traumas con su luxación de hombro, a continuación el otorrino con su operado por la mañana que no para de sangrar y para rematar la faena los cirujanos decidieron dejar de marear la perdiz y abrirle la tripa a su obstruido. Pero lo peor sería el correo electrónico que leyó en el móvil antes de abandonar aquel infierno.

«Estimada señora Briones: nos dirigimos a usted en calidad de tutora legal de su hijo Borja, alumno de Bachillerato en este centro. El motivo es que debido a la conducta inapropiada del padre de este alumno, que no es preciso recordar, la Asociación de Padres de Alumnos considera incompatible tal situación con la permanencia de Borja en un centro docente consagrado a educar a los jóvenes en los valores inspirados por la moral católica. Por tanto, lamentamos comunicarle que a partir del último día de este mes su hijo no podrá continuar sus estudios en el colegio.

Fdo.: Hno. Matías Herrera, Director del Colegio Divino Pastor.»

Ernesto Vergara se lanzó a la calle más dolido que enojado. Sin darse cuenta puso rumbo a la oficina pero antes de llegar recibió un mensaje de Hormilleja: «Ernesto por favor no aparezcas, el despido es firme, lo siento y no lo puedo entender, adiós y suerte». De pronto no supo adonde ir y se refugió en la primera cafetería. Pidió un cortado, tomó el periódico y lo extendió sobre el velador. El televisor, que nadie miraba pero todos oían, emitía en directo un magacín especializado en «temas de calado social». Y justo entonces la presentadora se ocupó de darle calado al tema del tipo que había puesto la foto de su pene en el guasap. ¿Qué opinaban los contertulios del programa?

—Pues qué voy a opinar, que es algo incomprensible, o este tío se ha vuelto majara o está ganando una apuesta porque ya me dirás…

—Yo creo que estamos ante un pervertido, un exhibicionista a gran escala, un depredador sexual y puede que hasta un pederasta…

—Sea lo que sea se sabrá quién es y habría que ponerlo a disposición de la justicia porque aparte de una obscenidad de mal gusto, este individuo está cometiendo un delito.

—¿Obscenidad? ¡Esto es pornografía, pura y dura!

—Pura no sé, dura sí parece, ¿no?

—¡Ja, ja! Un momento que nos pasan una llamada, ¿hola?

—Elvira Castaño, portavoz del movimiento #NoMeJodas, gracias por atendernos,  ¿cómo valora usted el asunto del guasap impúdico?

—Impúdico es un calificativo demasiado amable. Para las feministas exhibir un pene erecto como imagen identificativa de su poseedor es el colmo de la soberbia machista. Aparte, claro, de un delito de exhibicionismo por el que ya nos hemos querellado contra este tipo.

—¿Qué cree que pudo pasarle por la cabeza para hacerlo?

—Esa es la cuestión: nada. El problema de que los hombres tengan un pene y presuntamente un cerebro es que su corazón no puede bombear sangre a los dos al mismo tiempo.

Abandonó la cafetería descompuesto. Aunque no habían pronunciado su nombre, todavía, el asunto de la foto ya era de dominio público. ¿Cuánto tardarían en publicar la identidad del… guasapollas? Camino de su casa tuvo la sensación de que los viandantes se volvían a su paso y lo señalaban con el dedo. De pronto creyó despertar de un sueño, como si lo sucedido el día anterior fuese imaginario, o como reponiéndose de la borrachera que desactiva la memoria. Pero fotografiar su erección y publicarla fue un hecho real que había ejecutado a posta, consciente y sobrio. Y por primera vez pensó que quizá fue una equivocación.

«Todos tomamos malas decisiones que pueden dañar a uno mismo y a los demás. Una gestión correcta del problema exige:

1º. Reconocer el error, sin paliativos.

2º. No torturarse con una estéril autoinculpación.

3º. Evaluar las consecuencias negativas de la decisión, en todos los    ámbitos: personal, familiar, laboral, social.

4º. Intentar detener los efectos perjudiciales si aún fuera posible.

5º. Asumir las posibles responsabilidades derivadas.

6º. Disculparse ante los damnificados con sincera humildad.

7º. Extraer conclusiones positivas para el futuro.»

—Mira Dito, reconozco que no fue una buena idea y no voy a flagelarme por ello. Quizá haya podido causar daño sin pretenderlo, pero a nadie más que a mí mismo porque me han echado del trabajo y a mi edad dónde voy. Sigo convencido de que no hice nada malo, obsceno o inmoral, pero sé que esta sociedad tan puritana nunca lo admitirá. Así que voy a retirar la foto ahora mismo, y espero que todos lo olviden pronto. ¿Sabes cómo me llaman ahí fuera? Guasapollas. Puedo entender que no les guste lo que hice, que me critiquen, me censuren e incluso me condenen, pero no que me estigmaticen con un insulto tan… degradante.

—Néstor, me alegra que entres en razón pero… me temo que ya es demasiado tarde. Aunque la hayas retirado de tu perfil de guasap, la dichosa foto está en todas partes, ha triunfado en las redes, en los medios, hasta la prensa internacional se ha hecho eco de tu… en fin, que el perjuicio está hecho, para ti sobre todo, desde luego, y ahora a ver cómo apagamos un fuego que en solo veinticuatro horas se ha extendido por medio mundo. Ya ves, qué cosas, hasta ayer no te conocíamos más que unos pocos en esta ciudad y hoy eres globalmente famoso. ¿Guasapollas? Denigrante, sí, pero ¿qué esperabas? Son buitres y les has echado una buena carnaza.

—Pues, no sé, nada… no esperaba nada, bueno, supongo que divertirme un rato con las reacciones de la gente, nada más… Quizá no supe calcular las consecuencias, la verdad es que ni me lo planteé, me vi aquello, ya sabes que ocurrió de modo involuntario, sin ninguna excitación sexual, la idea me cruzó por la cabeza y no lo dudé, cogí el móvil y… desde luego no pensé que en cuestión de horas se montaría tal follón, que el pecé sacara un comunicado, que las feministas se rebotasen hasta la querella, que me echaran del curro y, bueno, el colmo del escándalo fariseo, que expulsaran a Borja del colegio, ¿lo sabías?

Aquel día sí tocaba y después de jugar, como casi siempre, Dito Saldaña y Néstor Vergara se tomaban una cervecita en el bar del club. Fueron de los primeros socios y formaban una pareja inseparable. Solo jugaban entre ellos y casi nunca faltaban a su cita bisemanal, martes y jueves a las ocho de la tarde. Mucho más que una actividad deportiva, el pádel era como la argamasa indispensable que mantenía unida con fuerza su vieja amistad.

—Sí, me lo ha dicho Marta, está destrozada y su padre ni te cuento, si lo ves por la calle más vale que te escondas porque podría matarte. ¿Has hablado con tu hijo desde que empezó el lío?

—Lo llamé varias veces, le he mentido diciéndole que la foto no era mía, pero no me contesta y ha acabado bloqueándome el número.

—¡Qué esperabas!, ¿que el chico te riera la gracia, encima?

Nunca lo hacían pero pidieron una segunda caña. Había mucho de qué hablar. Al abogado no le preocupaban tanto la expulsión de colegio e incluso el despido de la empresa, que creía poder revertir, como la querella del colectivo feminista.

—En estos tiempos es mucho peor que te acusen de un delito sexual. En esto, tolerancia cero. Hay que tener mucho cuidado.

—¡¿Delito sexual? ¿Una erección involuntaria es un delito sexual?!

—A ver, Néstor, «El delito de exhibicionismo y provocación sexual requiere como elemento subjetivo del injusto un dolo específico y el ánimo lascivo de provocación sexual que guía al que realiza el acto, que ha de derivarse de un conjunto de circunstancias que rodean el acto exhibicionista, en particular, el lugar en el que se produce». El artículo 186 de nuestro Código Penal es muy claro al respecto: «El que, por cualquier medio directo, vendiere, difundiere o exhibiere material pornográfico entre menores de edad o personas con discapacidad necesitadas de especial protección, será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de 12 a 24 meses».

—Pero… ¡qué dices! ¿provocación sexual?, ¿material pornográfico? ¿de qué estamos hablando? A ver, aunque la mayoría de los adultos sean intelectualmente menores de edad, está claro que mi foto, primero que no es inmoral, y segundo que no ha podido hacerle daño ni a un niño ni al adulto más retrasado…

— No seas ingenuo, tu foto la han visto millones de todas la edades físicas y mentales, y el exhibicionismo ya no consiste en abrirse la gabardina a la salida de un colegio. Hay muchas sentencias condenatorias de gente que ha difundido imágenes de sexo explícito. Y una polla empalmada, perdona que te diga, es exactamente eso.

«El Artículo 185 se refiere a “actos de exhibición obscena” cuyo reproche penal exige la afectación a un bien jurídico como la indemnidad sexual de un menor o de una persona discapacitada.

El delito existe solo si los actos tienen producen un daño, lo que excluye situaciones donde el actor busque implicar al sujeto pasivo provocándolo con actos de índole sexual.

La norma persigue actos como el del exhibicionismo de carácter sexual en las inmediaciones de una escuela, pero no situaciones no dolosas, como las derivadas de un sujeto desnudo que toma el sol en la privacidad de su hogar».

— Dito, hace tan solo unos años estaban prohibidas cosas como el nudismo, que las mujeres enseñaran las tetas en la playa o que dos hombres se besaran en público y ahora tan normal, ¿no?

— Sí pero no estamos dentro de unos años sino ahora, y con la ley actual lo que has hecho es moralmente reprobable y jurídicamente punible. Hay sentencias del Supremo que condenan la «ofensa al pudor o a las buenas costumbres con actos o hechos de grave escándalo o trascendencia», o sea ofender la moral sexual colectiva generando repulsión y hostilidad en las personas, sobre todo cuando afecta a menores, y no hay que buscarlos lejos. Borja, por ejemplo.

Debatían tan concentrados que no advirtieron lo tarde que se había hecho. En el bar solo quedaban ellos y el camarero fue apagando luces con discreción hasta que se dieron cuenta. Antes de coger sus cosas y salir para el aparcamiento, el abogado recomendó a su cliente no hacer ni decir nada al respecto y dejarle actuar. Posibles daños emocionales o afectivos aparte, los asuntos prioritarios, por más importantes, eran el despido y la querella. Retirar la foto apagaría pronto el incendio de las redes, pero el uno y la otra eran como dos locomotoras en marcha que no sería fácil detener. Y quizá era el momento de explicarse ante ese periodista que lo perseguía.

—¡Que por qué lo hice? De verdad que no lo sé, desperté así, como usted muchos días, supongo, me asaltó la idea, no lo pensé, cogí el móvil y… sé que a mucha gente le ha parecido una indecencia pero yo solo vi una función corporal sana y en forma, además, mire, las fotos de perfil del guasap no son para todo el mundo sino para los contactos de uno, no he sido yo quien ha difundido la foto por todos los medios, y a propósito del revuelo que se ha levantado, ya sabe que a veces el escándalo no está en el objeto presuntamente obsceno sino en la mirada que lo percibe y en la mente que procesa la imagen, no ven los ojos sino el cerebro, y la frase no es mía…

«Guasapollas» retira su foto de Whatsapp.  7 Comentarios

@tontolab. Aunque guasapollas se quite la polla, gilipollas se queda.

@ecastaño. Hemos logrado que este machista se trague la foto.

@logeteve. Pues a mí no me hubiera importado tragarme el original, para los años que tiene la está para comérsela.

@ingenious_7284. Ahora se inflará a vender seguros contra gatillazos.

@nolainco. Muy bueno. Pero una cosa es apuntar y otra disparar.

@jmfernandez. No es para hacer bromas y sí para imponer ya un control para que estas cosas no se repitan porque es una vergüenza.

@penelopez. La única forma de evitarlo son unas tijeras de podar.

Aunque visto desde fuera pareciese otro era él, Ernesto Vergara. Sulfurado por los comentarios vertidos sobre lo suyo en la prensa digital, y a pesar de la hora, se puso la sudadera, se calzó las adidas y salió a desahogarse corriendo. Era noche cerrada y mientras trotaba por una avenida desierta se dio cuenta de que iba sin pantalones. De repente se hizo de día y la calle se llenó de gente riéndose del tipo que corría con el culo y los genitales al aire. Trató de tapárselos con las manos pero su pene comenzó a crecer tanto que era imposible disimularlo. Se fue hinchando como un dirigible hasta que reventó y el sueño se diluyó en un mar de sudor.

 

 

 

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 1994.